Sjbn007a

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 23:18 21 jun 2011 de Fraynelson (Discusión | contribuciones) (Protegió «Sjbn007a»: Fin [edit=sysop:move=sysop] (caduca el 06:00 22 jun 2011 (UTC)))

Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20100624

Título: Para dejar de obrar mal, la voz poderosa de Juan Bautista, y para aprender a obrar bien, Jesucristo con su gracia y la guia de su Espiritu.

Original en audio: 11 min. 0 seg.


Podemos decir, queridos hermanos, que esta fiesta del nacimiento de San Juan Bautista es como la prolongación de aquella alegría, de aquella admiración que llenó a la gente en las montañas de Judea.

"¿Qué va a ser este niño?" (véase San Lucas 1,66). Aunque no tenían una respuesta, una luz parecía brillar en sus ojos sabiendo que este niño, este Juan, era él mismo una visita de la misericordia divina. Así que nosotros, al celebrar esta solemnidad de Juan Bautista, estamos prolongando esa alegría.

También nos gozamos ante esta manifestación de la misericordia del Señor. Y es bueno que sepamos exactamente cuál es esa gracia, cuál es ese regalo que Dios nos dio en la persona de Juan Bautista. Me parece que la mejor manera de describirlo, es haciendo una comparación con Jesús, Nuestro Salvador.

Porque, sucede esto: cuando una persona se aparta del camino, se necesitan dos cosas. Primero, que deje de alejarse, y segundo, que tome el camino de vuelta, que regrese a su camino correcto.

La conversión tiene esas dos cosas. Primero, uno tiene que rechazar el pecado: éso es dejar de alejarse. Y segundo, uno tiene que abrirse a la gracia de Dios, al perdón, al amor de Dios, y dejarse guiar por Él.

Lo primero, no irse más lejos, y lo segundo, regresar. Acuérdate de la famosa Parábola del Hijo Pródigo. Este muchacho se alejó de su padre, pero las circunstancias de la vida, primero, y luego esa reflexión que él mismo hizo, detuvieron ese alejamiento.

Hubo un momento en el que él ya no se alejó más; y segundo, tomó una resolución: "Volveré a la casa de mi padre" (véase San Lucas 15,18).

En ésto consiste la vida divina, en ésto consiste la vida del Espíritu. Primero, en que uno ya no se aleje más, en que uno ya deje el pecado, y segundo, en que uno acepte la gracia y el amor de Dios.

Por eso nos dice en otro lugar el Profeta Isaías: "Dejad de obrar mal; aprended a obrar bien" (véase Isaías 1,16-17). Y de ese modo vuelve la vida de Dios a nosotros.

"Dejad de obrar mal" (véase Isaías 1,16), es el primer paso. "Aprended a obrar bien" (véase Isaías 1,17), es el segundo paso. Se necesitan esos dos pasos.

Lo mismo encontramos en la conversión de aquel famoso avaro que aparece en el Evangelio de Lucas, un hombre llamado Zaqueo, que era recaudador de impuestos. Él le dice a Jesús, porque Jesús fue a quedarse en su casa: "Si a alguien le he hecho mal, voy a restituir" (véase San Lucas 19,8). Pero, también dice: "Voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres" (véase San Lucas 19,8).

Fíjate: dejó de obrar mal y por éso va a restituir lo que quitó. Pero, además aprendió a obrar bien; por tanto, dice: "Voy a dar la mitad de mi fortuna a los pobres" (véase San Lucas 19,8).

¿Y por qué destaco tanto ésto de los dos pasos? Porque éso es exactamente lo que encontramos cuando comparamos a Juan y a Jesús. Juan fue una voz vigorosa llamando a todo el pueblo a que dejara el camino del pecado.

De ahí que se hable de Juan recordando las palabras del Profeta Isaías: "Una voz clama en el desierto. Enderezad el camino del Señor, que toda hondonada se levante, que toda cima se abaje" (véase Isaías 40,3-4). ¡Enderezarle el camino a Dios! ¡Dejar de obrar mal!

Pero, luego vendrá Jesús y sólo en Jesús podemos nosotros recibir esa fuerza para obrar bien. El mismo Jesús dijo a los Apóstoles que le preguntaron extrañados: "¿Y entonces quién puede salvarse?" (véase San Mateo 19,25), y Jesucristo respondió: "Para el hombre es imposible, pero no para Dios" (véase San Mateo 19,26). ¡Para Dios todo es posible!

Y luego declaró abiertamente que Él mismo era la oferta de salvación de Dios. Jesús lo declaró expresamente cuando dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (véase San Juan 14,6), o cuando dijo: "El que tenga sed, que venga a mí y que beba" (véase San Juan 7,37), o cuando dijo: "Yo soy el Pan vivo bajado del Cielo; el que me coma no morirá para siempre" (véase San Juan 6,51).

Se ve entonces cuál es la relación entre Juan y Jesús. Juan representa el primer paso, paso indispensable para la conversión: dejar de obrar mal.

Juan es aquel que con su voz robusta, con su temperamento fuerte, con su carácter agreste, nos recuerda la gravedad del pecado y empuja en nosotros la decisión a dejar de pecar.

Éso es lo primero y éso es lo que quería decir el bautismo de Juan. Así lo explica San Pablo: "El bautismo de Juan era para remisión de pecados" (véase Hechos de los Apóstoles 19,4).

Pero, luego tiene que venir Jesús, y Juan anunció que vendría Jesús. Porque, dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene otro que es mayor que yo, y Ése bautiza con Espíritu Santo y con fuego" (véase San Lucas 3,16).

Y sólo con la acción de ese Espíritu nosotros podemos aprender a obrar bien. Porque, como dijo San Pablo: "Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios" (véase Carta a los Romanos 8,14).

Entonces, ahí encontramos por qué hay que alegrarse en esta fiesta. Porque Juan es el comienzo del camino recto, porque Juan representa esa primera etapa, ese momento que también tiene que llegar a tu vida y a mi vida.

Cuando una persona anda en malas compañías, tiene que tomar dos decisiones: primera, "yo tengo que dejar estos amigos viciosos que me he conseguido; tengo que dejar esta gente perniciosa que no me ayuda para nada". Éso es dejar de obrar mal.

Pero, luego tiene que tomar otra decisión: "Yo tengo que emplear bien mi tiempo; yo tengo que conseguir buenos amigos; yo tengo que unirme a un grupo de mi parroquia; yo tengo que unirme a un grupo del Santuario; yo tengo que empezar una vida de piedad".

Para lo primero, para dejar el pecado, nuestro gran auxilio está en esa voz poderosa de San Juan Bautista. Ya vendrá Jesús a tomar nuestra naturaleza débil pero ya arrepentida, y entonces la colmará con su gracia y nos guiará con su Espíritu. Éso es aprender a obrar el bien.

Cada uno tiene que tomar esas dos decisiones. Cada uno piense, hermano, de qué tiene que arrepentirse, en dónde tiene que suspender, en dónde tiene que devolverse. Para que esta fiesta no pase en vano, tenemos que preguntarnos éso.

Si eres una persona dada a la murmuración y con esa lengua haces daño espantoso, y de tu boca no salen sino alacranes, escorpiones y serpientes, pues, lo primero es tomar la decisión: "Tienen que salir de mi boca las malas palabras". Pero, luego vendrá la segunda decisión: "Tienen que llegar a mi boca las buenas palabras".

Si eres una persona de mente impura, una persona que pasea y revuelve en su mente una cantidad de imágenes o recuerdos que son desagradables a Dios, hay que salir de esos malos pensamientos. Y ésa es una decisión. Pero, luego viene la otra decisión: "Tengo que llenarme de buenos pensamientos".

Así funciona la conversión, y ése será el fruto maravilloso y perdurable de esta fiesta de Juan Bautista.