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Fecha:19970624

Título: En el nacimiento de Juan Bautista Dios vuelve a hablar a su pueblo

Original en audio: 3 min. 16 seg.


Celebramos el nacimiento de Juan Bautista. En realidad, cuando la Iglesia celebra a los Santos, llama día natalicio o día de su nacimiento aquel en el que nacen para la gloria del Cielo. Y por eso, en los demás santos, se celebra es el día de su partida de esta tierra, no el día de en el que nacen para esta tierra.

Algo de singular debe tener este nacimiento para que sea también una excepción en las celebraciones de la liturgia de la Iglesia. Y así es efectivamente, porque este nacimiento es un regalo no sólo para Zacarías y para Isabel, una pareja que era estéril, sino es un regalo que sana el oprobio de la esterilidad de Israel.

Isabel recibe la felicitación de los vecinos y parientes porque el Señor le ha hecho una gran misericordia, pero esa felicitación no era sólo para Isabel, era una felicitación para todo el pueblo, porque como nos cuentan los libros de los Macabeos, hacía ya mucho tiempo que no se escuchaba la voz del Señor.

Dios había callado y ahora, por boca de Zacarías y por boca ya de los gemidos, de los llantos, de las risas de este bebé, Dios vuelve a hablar a su pueblo.

Este es Juan Bautista, que es la voz, como dice San Agustín, la voz que preparaba camino a la Palabra, que es Cristo; este Juan Bautista rompe el silencio de Dios, este Juan Bautista muestra ya la piedad del Señor que vuelve el espíritu de profecía a su y pueblo, y por eso, la llegada de Juan Bautista, es anuncio, y anuncio cercano de la llegada de Jesucristo.

Lo que celebramos entonces, es la cercanía de Cristo, el cumplimiento de las promesas de Dios y el haberse borrado el oprobio de Israel.

Y por eso, con cánticos, meditando la Palabra de Dios y ofreciendo la Eucaristía, bendecimos al Señor porque ha cumplido sus promesas; bendecimos al Señor porque aún en medio de la esterilidad, y de esa esterilidad vergonzosa como era la de Isabel, Él puede presentar las obras de su brazo, realizar lo que parecía imposible, en favor de su pueblo y para gloria suya.

Bendito sea este día, y que Dios sane también nuestras esterilidades, aquello que parece perdido dentro de nuestra vida, para que su promesa se cumpla y para que su gloria crezca.