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De Wiki de FrayNelson
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En muchos lugares, especialmente de América el día 4 de mayo se celebra la fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago. Este Santiago es llamado Santiago el Menor, es el autor de la carta de Santiago que aparece en nuestras Biblias, en el Nuevo Testamento encontramos después de los Evangelios los Hechos de los Apóstoles y después de este libro viene toda una serie de cartas, fundamentalmente 14 cartas de san Pablo y luego hay otras: la carta a los Hebreos, dos cartas de Pedro, una carta de Judas, una carta de Santiago y tres cartas de san Juan. Después de todas estas cartas, tanto las de san Pablo como las de los demás apóstoles, encontramos el libro del Apocalipsis; esa es la distribución del Nuevo Testamento.

Santiago el Mayor es el hermano del apóstol san Juan, porque dentro de los discípulos de Cristo había dos parejas de hermanos: Simón y Andrés eran hermanos y Santiago y Juan eran hermanos, ese Santiago hermano de Juan, que como él, era pescador en el lago de Galilea, ese Santiago es llamado Santiago el Mayor, es el gran apóstol y patrono de España, su fiesta es en otro momento. Por ahora estamos hoy recordando a Santiago el Menor, y con toda la venia y respeto hacia el apóstol Felipe, quisiera destacar unas dos o tres cosas sobre esta carta de Santiago.

Lo primero que nos llama la atención en la carta de Santiago, es que el lenguaje es sumamente duro, es un lenguaje rudo, especialmente cuando se trata de denunciar el pecado, cuando se trata de hablar de todo lo que nosotros cometemos, por ejemplo, con nuestra boca, con nuestra lengua, el peligro de las calumnias, el peligro de la murmuración, cosas que el Papa Francisco nos ha recordado con su estilo propio; esa clase de pecados Santiago lo denuncia de una manera muy fuerte.

Luego, otra cosa que nos llama la atención es cómo nos habla sobre la necesidad de ser fieles a la ley de Dios, esto puede ser nuevo porque parecía, ya desde antiguo, ya desde los primeros tiempos de la Iglesia, a algunos les pareció que el tema de la ley ya había desaparecido, es decir, “como nosotros no somos judíos sino cristianos, y la ley fue dada a los judíos, entonces ya no importa la ley”, pero resulta que Santiago el Menor nos habla del camino de la ley perfecta, y en ese sentido esta carta de Santiago va muy de cerca en el estilo del Evangelio de san Mateo, allí donde Cristo dice: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (5,17); ese no es el lenguaje más popular hoy, se que para muchas personas el tema de la ley es anticuado, pero es que resulta que sin una referencia clara, externa, comunitaria sobre lo bueno y lo malo, simplemente quedamos en manos del capricho y el apóstol Santiago, el Menor, nos está recordando a través de su carta, que necesitamos referencias claras sobre lo bueno y lo malo. Habrá circunstancias personales, habrá situaciones específicas, pero la gran referencia sobre el bien y el mal definitivamente la recibimos y la aprendemos a través de una predicación pública y eso es lo que nos ofrece la ley. No quiere decir que repitamos los rituales de la ley de Moisés, porque había aspectos que eran temporales dentro de esa ley.

En tercer lugar siempre en ese tono fuerte, la carta de Santiago nos está recordando que hay que llegar a las obras, que no nos quedemos simplemente en los sentimientos, en la subjetividad de “yo creo, yo tengo una gran fe, yo vivo mi fe a mi manera”. Nos dice claramente este apóstol en su carta: “la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta” (Sant 2,17). De modo que la carta de Santiago es como una especie de despertador, es un documento que nos está invitando a tomar en serio nuestra fe y que nos está diciendo: “si de verdad eres, lo que dices que eres, se te tiene que notar, tiene que verse que eres de verdad cristiano”