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Fecha: 20010504

Título: Desprendernos de todo para seguir y anunciar a Jesucristo

Original en audio: 9 min. 53 seg.


El Padre Prior de nuestro convento me ha pedido que dirija unas palabras, cosa que hago con sumo agrado, queriendo también interpretar los sentimientos de Fray Alfonso Cely, compañero en esta responsabilidad, en este llamado que nos hace Dios a través de la obediencia.

Se trata de renovar nuestra presencia en los Llanos Orientales de Colombia, y es una ocasión en que, como ustedes pueden entender, confluyen los más diversos sentimientos. Existe la alegría, existe la ilusión por una obra que nace y existe también una cierta nostalgia, esa conciencia de las deficiencias que cada uno de nosotros tiene, y en este caso nosotros, o particularmente yo.

Y es desde ese torbellino, podríamos decir, de emociones, desde donde salen estas palabras. Y creo que lo primero que nace ahí es un sentimiento inmenso de gratitud.

La vida espiritual requiere de un gran desprendimiento, un gran desapego, pero creo que hay unos apegos que son saludables para nosotros, porque creo que todo religioso debe mantener siempre una unión de corazón, una sintonía con las casas de formación, el estudiantado, el noviciado, el postulantado, que siendo conventos como los demás, son también algo más, podríamos decir, porque en ellos toma forma la vida Dominicana.

De manera que al dejar una casa de formación, siempre existe ese sentimiento de gratitud.

Verdaderamente, como me lo recordaba hace poco nuestro Padre Provincial, los superiores que hemos tenido en estos últimos años, han sido particularmente benignos, magnánimos, generosos en su apoyo, y he podido experimentar en ellos, así como en la comunidad de frailes estudiantes, la vigencia, podríamos decir, el encanto, el delicioso sabor de la vida Dominicana.

Creo que las deficiencias que todos tenemos, nunca nos deben apartar de la vista esa realidad, esa presencia del sueño y del ideal de Domingo en medio de nosotros y también esa obra de la gracia que se prolonga incluso en medio de nuestras mediocridades.

En segundo lugar, quiero referirme a lo que nos dice la Carta a los Corintios, ya que esta celebración coincide con la fiesta de los Apóstoles Santiago y Felipe. Llama la atención en el texto que hemos escuchado, cómo Pablo, que había estado tantos meses en Corinto, que le había dedicado tanta atención a esta comunidad, después de un tiempo, tiene que volver a lo esencial.

En el capítulo quince, de donde está tomada esta lectura, lo que hace Pablo es volver a lo esencial: "Os recuerdo el evangelio que os proclamé" 1 Corintios 15,1. Yo creo que ahí hay un mensaje para todos y especialmente para quienes estamos en estos tránsitos, no sólo quienes vamos para Villavicencio, sino quienes llegan a esta casa de formación.

Recordar lo esencial, reapropiarse del Evangelio, tomarlo como norma de vida, percibirlo de nuevo en toda su lozanía y su frescura, y por lo mismo, desprenderse de tantas cosas.

Yo creo que todos hemos tenido la experiencia, y seguramente más de una vez, de cambiar de lugar de asignación, e incluso cambiar de habitación y notar cómo cada cambio nos desembaraza de una cantidad de cosas, e incluso también de esquemas, ideas, relaciones, afectos, proyectos.

Es necesario podar, es necesario volver a lo esencial, y en este sentido no sólo quienes estamos cambiando físicamente de asignación, sino que creo, que todos nosotros estamos llamados a una purificación, a una limpieza, a una poda, a un volver nuestros ojos al Evangelio y dejarnos encantar, fascinar, enamorar por el Evangelio.

En tercer lugar, y como una última reflexión, la presencia de Cristo. El evangelio de Juan se explaya en varios capítulos contándonos las confidencias íntimas del Maestro con sus Discípulos.

Es muy fuerte el contraste entre el estilo de San Marcos que se concentra más en los hechos, en la obras, en lo que Cristo hizo o padeció, y este Evangelista Juan, que se detiene amorosamente en esa Cena de despedida dedicándole varios capítulos, como repasando en su corazón cada sílaba pronunciada por el Maestro, como queriendo, lo mismo que hacemos nosotros con la Eucaristía, que ni la más pequeña partícula se pierda.

Y ese tesoro de recuerdos del Evangelista, pues hemos escuchado hoy esa parte en que Cristo se muestra como Camino, Verdad y Vida, en que Cristo habla de sí mismo como el que revela al Padre y en que Cristo abre también las puertas de la confianza, para que nosotros sepamos que si Él ha querido venir a unirse a nosotros, es para que nosotros vivamos unidos a Él, y nuestra intenciones sean las suyas, lo cual significa que nuestros dolores estén siempre cerca de Él y nuestras intenciones y necesidades le pertenezcan entrañablemente.

Pienso al momento de decirle gracias a esta comunidad, en el momento de partir y buscar un nuevo horizonte, que estas palabras de Cristo adquieren un relieve muy singular.

Él es el que está con nosotros, Él es el que se deja oír pero el que también oye; Él es el que con su palabra nos dirige, pero también el que está abierto a nuestras palabras; Él es el que nos hace partícipes de sus intenciones, pero el que también se apropia de nuestras intenciones.

Le pido a Dios que tenga misericordia de nosotros, en particular los que vamos a iniciar esta obra; le pido a Dios, en nombre de Cristo, que nos envíe el Espíritu Santo, para que aquello que en otro tiempo y en circunstancias tan duras, tuvieron que realizar hermanos nuestros, en particular Fray José de Calazans, también en estos tiempos tenga una continuación especialmente en una misma obra de Evangelio y de fidelidad y unidad a la Iglesia.

Gracias, pues, a todos, y como decía el Padre Prior al principio, verdaderamente confiamos en sus oraciones.

Aunque yo no sé si uno debe ponerse tan solemne, tan trascendental, siendo así que estamos aquí tan cerquita y que seguramente nos veremos con alguna frecuencia, pero aunque la distancia sea poca, sabemos que allí, para que verdaderamente se implante y crezca la vida Dominicana, se necesita mucho más de lo que nosotros somos y de lo que nosotros podemos.

Dios nos bendiga a todos.