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Fecha: 20030611

Título: Vivir el reinado de Dios

Original en audio: 20 min. 38 seg.


Desde muy antiguo, queridos hermanos, la Iglesia Católica le ha dado el nombre de apóstol a Bernabé, este es el testigo de Cristo a quien estamos recordando con júbilo en el día de hoy.

Estamos celebrando la santidad de Dios, siempre la Iglesia celebra la santidad de Dios, hoy la celebramos presente en la vida y en la obra de Bernabé.

San Bernabé fue un hombre que estuvo muy asociado a la labor misionera de las Apóstol San Pablo, estos dos fueron compañeros en sufrimientos, en alegrías, en esperanzas, fueron perseguidos igualmente.

Y aunque nosotros recordamos mucho más al Apóstol Pablo, especialmente por sus cartas, es indudable el liderazgo y el servicio maravilloso que Bernabé prestó a la Iglesia en aquellos primeros y decisivos años.

San Bernabé nos ayuda a preguntarnos y a meditar sobre lo que significa ser apóstol, y esto es lo que también nos plantea el evangelio de hoy.

Jesús habla a sus Apóstoles y les describe con unas pinceladas amplias, llenas de colorido esa labor maravillosa "Id y anunciad que el Reino de Dios está cerca" San Mateo 10,7.

Esta es la consigna fundamental del apóstol, tiene que contar que el Reino de Dios está cerca, es decir, tiene que hablar, pero junto a eso tiene que dar señales.

Sí, las señales son de dos clases, por una parte las señales propias del poder del Espíritu Santo, ahí entra el curar enfermos, el resucitar muertos, el limpiar leprosos, el echar demonios; pero luego están las otras señales que se caracterizan todas por la palabra "desprendimiento".

El apóstol es una persona que está suelta, que está desprendida, que está libre de los intereses y de los reinos de esta tierra, precisamente para anunciar la riqueza, la hermosura del Reino de los Cielos; ése es un apóstol.

Alguien que ha sido liberado del dominio, incluso de la tiranía que tienen las cosas, los placeres, los afectos, no quiere decir que no los tenga, sino que está suelto de todo eso; es alguien suelto, es alguien libre de esta tierra y con una libertad que le permite cantar lo que es el Reino de los Cielos.

Un apóstol tiene que dar las señales del Espíritu, tiene que llevar consigo las señales de Jesús y esto significa que va produciendo salud, va produciendo vida, va produciendo libertad, así podemos traducir lo que ha dicho el Señor en el evangelio. Curar a los enfermos es producir salud, resucitar a los muertos es producir vida, expulsar a los demonios es producir libertad.

El llamado singular que recibieron hombres como Pablo o como para Bernabé indudablemente se queda para ese momento fundacional de la Iglesia, es decir, nosotros ya no tenemos otra comunidad de Corintios a los cuales escribirles cartas para engordar la Biblia, ese momento requería de esas personas, pero nosotros podemos participar también de la gracia del apostolado.

Y esto es lo que quisiera compartirles para terminar esta reflexión. Hemos dicho que un apóstol tiene tres características: lo primero, que anuncia el Reino de Dios; lo segundo, que tiene las señales del Espíritu; y lo tercero, que está desprendido, que está libre de los imperios de esta tierra.

Nosotros podemos participar de la gracia del apostolado entrando también en esas tres dimensiones. Necesitamos estar muy sueltos, necesitamos estar muy libres, necesitamos estar sueltos y libres, necesitamos estar sueltos y libres de las cosas y también de las personas.

Aparentemente esto sólo lo pueden realizar aquellos que pertenecen a una comunidad religiosa o aquellos que se dedican de tiempo completo a predicar el Evangelio; pero eso tampoco es del todo cierto.

Porque uno puede estar en una comunidad religiosa y sin embargo estar atado por muchísimas cosas, puede estar atado por cantidad de prejuicios, no necesariamente una profesión o un voto que se hace o unas Órdenes que se reciben, son prueba de libertad.

Si entramos más a fondo lo que significa esta libertad, entenderemos que se trata sobre todo de darle permiso a Dios para que disponga de todo lo que nosotros somos, de todo lo que tenemos, de todo lo que pensamos, soñamos y queremos, así entramos nosotros en la dimensión del apostolado.

Tomemos todo lo que somos, los conocimientos que hemos recibido, los amores que nos rodean, el dinero que tenemos, el tiempo, las fuerzas, y digámosle a Dios: "Te doy permiso de disponer de todo cuanto yo tengo; que seas tú el que primero en disponer de mis cosas, de mis afectos, de mi tiempo, de mi dinero. Te doy permiso, Señor", ahí está.

Ya se trate de un religioso, ya se trate de un sacerdote, o ya se trate de una persona casada, separada o viuda, esta actitud le deja libres las manos a Dios para que empiece a usarse, y el Señor Dios necesita toda clase de apóstoles.

Es hermosa la labor que realizan, por ejemplo, valientes religiosas en lugares muy difíciles de la geografía de nuestra patria, pero Dios necesita apostolado no sólo allá en esa jungla, no sólo en las ciudades o poblados pobres.

Necesita apóstoles regados por las oficinas, necesita apóstoles metidos en los comercios, necesita apóstoles que sean como espías santos de su amor, metidos en el Congreso de la República, en la administración pública, en las cortes constitucionales, en los juzgados.

Necesitamos apóstoles metidos en los consultorios, en los talleres de carpintería y también allí donde se diseña la publicidad o donde es hacen obras de arte.

En todas partes los necesitamos, y seguramente allá nunca va a entrar un sacerdote y no va a llegar nunca una religiosa; allí Cristo Jesús te llama a ti para que tú, con una gracia de apostolado, poniendo tu conocimiento, tu trabajo al servicio del Reino, estés disponible para que Él haga su obra.

Pero, atención, dijimos que un apóstol tiene que tener las señales del Espíritu y hemos resumido las señales del Espíritu en esas tres: producir salud, producir vida, producir libertad.

Cuando a uno le dicen que Jesús mandó a los Apóstoles con la consigna de curar enfermos, uno la puede tomar muy suave y decir: "-Ah, eso no me toca a mí; yo no tengo carisma de sanación, lo tenía el padre Tardif, pero se murió, de manera que yo no tengo que preocuparme de eso porque yo no tengo ese carisma", estuvo hecho.

Está bien, tú no tienes carisma de sanación, pero tú sí puedes producir salud, tú puedes evitar muchas enfermedades, ¿no te ha pasado que entras a un determinado lugar y sientes que el ambiente está enrarecido? ¿No te ha pasado que tú sientes que la gente te enferma en un determinado lugar? Tú puedes ser una causa de salud en ese lugar.

¿No será que si Dios te llevó a ese sitio es para que tú produzcas salud ahí? Hay gente que a donde la llevan produce neura, produce enfermedad, envenena el ambiente. Tú puedes ser una persona que a donde la lleven produzca salud.

¿Y como puedes tú producir salud? De muchas maneras, orando escuchando, aconsejando, aliviando tensiones, deshaciendo rumores, callando murmuraciones. Si a ti, que trabajas en una oficina, te dicen: "Si sabe que fulanita dijo que usted..." Obra como pide la Sagrada Escritura, conviértete en una tumba, lo que entre a ti que no salga de ti.

Cada virus que tú matas es una enfermedad que tú liberas, si los chismes o murmuraciones, mentiras o difamaciones llegan a ti y de ti no salen, quiere decir que tú estás librando al ambiente de mucha enfermedad; tú puedes librar al ambiente, tú puedes librar el entorno de muchas dolencias y de muchas enfermedades.

Cuando veas a una persona triste en tu salón de clase o a un vecino o a una vecina, tú puedes dar la espalda y seguir, o puedes pensar si de pronto no será un llamado de Jesucristo; porque tal vez esa persona, si tú le dedicas cinco minutos, puede soltar unas cuantas lágrimas, puede decir unas cuantas confidencias y puede empezar a descansar, y ahí puede empezar una maravillosa amistad.

Y a esa persona seguramente otro día le volverás a hablar y la acercarás al sacramento de la confesión; a esa persona le volverás a hablar y la acercarás a la Biblia; a esa persona le volverás a hablar y le traerás la salud.

Si quieres tener la gracia del apostolado en tu corazón, hazte esta pregunta: "¿Yo produzco salud a mi alrededor? ¿Las personas que se encuentran conmigo reciben salud? Son tres, ¿no? Salud vida y libertad.

Unos de los elogios más lindos que se dicen de aquella Santa que tanto amo, Catalina de Siena es: "Nadie se acercó a ella sin alejarse siendo mejor". Qué maravilloso polo de vida de Santa Catalina, quien se acercaba a ella recibía esas tres cosas: recibía salud, recibía vida y libertad.

Catalina de Siena no pertenece al siglo primero, ella es del siglo catorce, pero tenía la gracia del apostolado; tú también le puedes pedir al Señor que te dé la gracia del apostolado y con esa gracia tú vas a producir salud, y todo el mundo necesita salud.

No todas las personas están dispuestas a ir a una conferencia a donde habla un cura, no todo el mundo está dispuesto a ir a un congreso carismático, o está dispuesto a ir a una Iglesia, esas personas viven en medio de la jungla, así sea la jungla de cemento y en esa jungla Dios quiere apóstoles, y tú puedes ser uno de ellos.

Tres son las características del apóstol: es libre de los imperios de esta tierra, ya de eso hablamos, tiene el poder del Espíritu, ya de eso hablamos, pero sobre todo, un apóstol es alguien que anuncia el Reino de Dios.

Esta parte es muy hermosa, ser apóstol de Jesús es anunciar el reino de Dios, pero bueno, anunciar el Reino de Dios, ¿qué es anunciar el Reino de Dios? Cuando nosotros leemos en la Escritura encontramos que Jesús predicaba diciendo: "convertíos porque el reino de Dios está cerca" San Mateo 10,7.

Seguramente tú puedes tomar una posición cómoda y decir: "Eso tampoco me toca a mí, porque yo mañana no voy a llegar a mi oficina diciendo: "conviértete, ha llegado el Reino de Dios; no, yo mañana no puedo hacer eso, yo no puedo llegar mañana a mi salón de clase a decir: "Muchachos, conviértanse, el Reino de Dios ha llegado".

Tal vez esas palabras, así tal cual, no las puedes y no la debes decir. Pero hay muchas maneras de anunciar el Reino de Dios, muchísimas, y de esas otras maneras no te vas a escapar fácilmente, por ejemplo, vamos a ver varios casos.

Cuando una persona recibe un insulto o recibe una injusticia, lo que todos esperamos es que esa persona procure vengarse.

Si tú estás en tu oficina y tú recibes una injusticia y los demás se dan cuenta que te trataron mal, los demás están esperando que tú busques la ocasión de vengarte, porque saben que eso te entristeció o que eso de disgustó; pero imagínate que tú recibes una injusticia y tú no buscas venganza, y la gente sabe que tú no eres ningún cobarde, pero tu no buscas venganza.

Imagínate que tú recibes una injusticia y cuando alguien te pregunta: "-¿Qué vas a hacer?" Tú respondes algo tan sencillo como: "-Le voy a pedir a Dios que conserve la paz en mi corazón y le voy a pedir a Dios que cumpla su voluntad en esa otra persona".

Con esa frasecita tú estás anunciando que el que reina en ti es Dios, que en ti no reina la envidia, que en ti no reina la venganza, que en ti no reina el egoísmo; tú estás mostrando que en ti reina Dios, lo estás mostrando así con esa sencillez.

Anunciar el Reino de Dios no es muchas veces tener grandes discursos, sino que es la manera como tú reaccionas a lo que sucede, es eso sobre todo, ahí es donde se sabe.

Si tú, por ejemplo, tienes un comportamiento amable, cariñoso con las demás personas, lo que mucha gente está esperando, si tú eres un hombre, es que tú vas a resultar siendo gallinazo, aprovechado con las mujeres que están por ahí cerca, especialmente si tú tienes algún tipo de poder.

Pero imaginémonos que tú eres un hombre, tú eres un caballero, y todo el mundo sabe que tú eres un hombre y que eres bien hombrecito, y así como eres bien hombrecito, eres cariñoso; pero siempre respetuoso, respetuoso del hogar de todos, respetuoso de tu propio hogar.

Si tú eres un déspota, no testificas el Reino de Dios; si tu eres un gallinazo tratando de aprovechando de cuanta muchachita te pongan cerca, no estás anunciando el Reino de Dios; pero si tú tienes calidez y a la vez eres justo, y a la vez eres cariñoso, y a la vez eres puro, la gente dice: "¿Aquí qué está sucediendo?" ¿Sabes que está sucediendo? Está sucediendo Dios, Dios está sucediendo.

Anunciar el Reino de Dios, hermanos míos, no es tanto un asunto de decir muchas palabras, es decir la palabra justa en el momento justo; porque siempre habrá alguien que pregunte: "-¿Por qué actúas así? ¿Y usted por que no se une a la juerga, a la fiesta, a la tomata? ¿Por qué no se une? ¿Por qué no nos vamos con este poco de viejas a esta discoteca que ya tengo contratada?"

Tú puedes echar un gran discurso y tú puedes decir una frase muy corta, y una frase muy corta puede ser: "-Dios me regaló un hogar tan bello que ni quiero, ni puedo ir allá". Es una frase; pero con esa frase tú anuncias que el que reina en mí es Dios, en mí no reina el licor, en mí no reina el placer fácil, en mí está reinando Dios.

Anunciar el Reino de Dios es hablar; pero atención, hablar a tiempo, yo no les estoy invitando a ustedes a que sean, me perdonan la comparación, como algunos recién convertidos, especialmente de religiones cristianas no católicas, que sienten que tienen que aturdir, que tienen que rellenar los oídos de los demás con versículos de la Biblia.

Por favor, para bien de la Iglesia no se vuelvan cansones, para bien de la Iglesia no saturen a los demás con fanatismo.

Vivan el Reino de Dios, vivan a Dios reinando en ustedes, y cuando alguien le pregunten, porque siempre alguien les va a preguntar, tengan una frase, sólo una frase, como la que decía este caballero, el compañero de oficina que le propone el supuestamente gran plan y el otro dice: "Dios me ha regalado un hogar tan bello, que realmente no quiero lo que tú me propones".

Ante una frase como esa, ¿qué queda claro? "Realmente Dios reina en este hombre". Eso es el Reino de Dios, eso es anunciar el Reino de Dios. Claro que en la Iglesia Católica mi Dios está haciendo maravillas y tal vez en tu caso, no sólo con estos comentarios que pertenecen a la vida de cada día, sino también con un ministerio de predicación, tal vez tú puedas servir al Señor.

No descartemos la posibilidad de que Dios te llame a ti al ministerio de la predicación, hoy y cada vez mas hay laicos que se preparan para predicar, no se les olvide que el que da catequesis en una parroquia está anunciando el Reino de Dios, el que tiene la clase de religión en un colegio está anunciando el Reino de Dios, y si lo hace bien, porque hay catequistas que anuncian el reino del aburrimiento y hay sacerdotes que predican el reino del sueño.

Pero tú puedes predicar el Reino de Dios, tú puedes predicar a Dios reinando, tú puedes mostrar que Dios está reinando en ti.

Y hay laicos, hombres y mujeres, que se preparan incluso más, y se preparan para ir a misiones, y en sus ratos libres, en sus ratos de descanso sacan un tiempo para contarles a otros hermanos suyos testimonios maravillosos de lo que Dios está haciendo; son verdaderos apóstoles del siglo veintiuno.

Esa es la gracia del apostolado: muy libres de los reinos de esta tierra, muy llenos del poder del Espíritu y muy capaces de anunciar el Reino de Dios.

Que la intercesión de Bernabé, este hombre justo y poderoso, con el poder de Dios, despierte vocación al servicio del Evangelio en muchos de nosotros.

Amén.