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Fecha: 19970611

Título: El don de la mision y del apostolado

Original en audio:: 6 min. 33 seg.


Queridos Hermanos:

Estas lecturas nos invitan a meditar sobre el don de la misión y del apostolado. Lo primero que comprobamos es que la misión de los apostoles es una polongación de la misión de Cristo y de la misión del Espítitu Santo. Como sabemos, la palabra misión significa enviar, mandar.

Y lo que nos ha enviado el Padre Celestial en primer lugar no son apóstoles, sino ese Apóstol con A mayúscula, ese gran Enviado del Padre que es Jesucristo; y lo que nos ha enviado el Padre, en primer lugar no son actividades o trabajos, sino esa gracia, ese don del Espíritu Santo.

Algunos de los Padres de la Iglesia decían que Cristo y el Espíritu Santo eran como las dos manos del Padre Celestial, y con esas dos manos ha levantado al hombre caído y lo ha reconstituido en su dignidad de hijo de Dios, de cuerpo de Cristo, de templo del Espíritu Santo.

Entonces la misión en la Iglesia nace de la misión de Cristo y nace del don del Espíritu Santo. Pero aquella lectura de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta algo más sobre el contexto, sobre el jardín en el que se puede dar esa mata de la verdadera misión.

Se trata en primer lugar, de una comunidad que envía; dentro de esa comunidad llena de Dios y de oración, en la que había profetas y maestros, en la que había la instrucción de los apóstoles, hay como una especie de copa que se va llenando, y el rebozarse de esa copa, es la misión.

La primera lectura sirve para hacer toda una meditación, por ejemplo, sobre el carisma de nuestra Comunidad y sobre aquello de la predicación, como es el rebozarse de la contemplación; claro que no es el rebozarse de una persona solamente, sino el rebozarse de una comunidad.

La comunidad de Antioquia tiene profetas y tiene maestros, tiene inscripciones, enseñanzas de los Apóstoles, momentos de oración, y a través de esas celebraciones y esa oración se va calentando el corazón, hasta que un día caliente, ardiente, quemado, como el corazón de Isaias, se atreve a decir: "Aquí estoy Señor, envíame" Isaías 6,9.

Pero sería imprudente decir: "Aqui estoy, envíame" Isaías 6,9, si el corazón no está lleno del fuego del Espíritu Santo.

Entonces, lo que tenemos es que la misión nace de Cristo y nace del Espíritu Santo, y en últimas de Dios Padre, que luego tiene su lugar propio dentro de la Iglesia y dentro de una Iglesia que está en oración, en ayuno y llena de enseñanza; y finalmente, se trata de una misión que no sólo nace, sino que está siendo dirigida por el mismo don del Espíritu.

Ellos sabían a dónde iban, salen de Antioquía, de Siria y se dirigen en un lugar a ese viaje misionero, que toma su ruta por el mar Mediterráneo; pero más que en sus planes, tienen la confianza puesta en Aquel que los ha enviado, es decir, en el Espíritu Santo; tienen una idea de hacia dónde van, pero sobre todo saben en cuáles manos, en qué poder, en qué gracia, en qué sabiduría, están caminando.

Qué tal aplicar esto a nuestros grandes y pequeños apostolados, entre otras cosas, para que puedan llamarse verdaderamente apostolados, palabra derivada de eso inmenso y bello que es ser apóstol; entonces nuestros apostolados nacen de una comunidad orante, donde se conoce y donde se quiere conocer más a Dios, y así enviado por esta comunidad, en las manos del Espíritu y en la fuerza del Espíritu, queremos que Cristo sea más conocido, más servido, más amado.

Si nuestro corazón se pone en estado de misión, porque es lo primero que hay que enviar, y si éste arde de ansia de que Cristo sea más conocido, más amado, mejor servido, seguramente esos apostolados o ejercitaciones apostólicas darán un fruto más copioso para el Reino de Dios.

Y nosotros mismos comprobaremos qué significa eso de ponerse entre Dios y Dios, entre el Dios que con su amor nos impulsa, y el Dios que con su pobreza, en la persona de los que reciben la misión, nos llama.

Ponerse entre Dios y Dios, entre el mandato de Dios y la pobreza de Dios, para que sólo Él y su gloria, aparezcan, resplandezcan, para que todo honor, para que todo poder, para que todo amor sea suyo.