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Fecha: 20020405

Título: Para evangelizar, vive el Evangelio y practica el Evangelio

Original en audio: 33 min. 44 seg.


Una de las razones por las que amo tanto esta celebración que Dios nos concede realizar hoy, es porque disponemos de tiempo. Queremos acercarnos al banquete de la Palabra Divina, queremos alimentarnos, y tenemos tiempo, hemos reservado tiempo para Él.

Y esa es una buena noticia, porque cuando quitamos la presión del tiempo, entonces nuestra atención se dirige más confiadamente, más reposadamente, más amorosamente a la Palabra que Dios nos regala. Es lo que queremos hacer ahora, tomar así la Palabra del Señor.

Yo quiero destacar, en La primera lectura, cómo sucedieron cinco mil conversiones por un discurso que hizo Pedro. Pedro repite prácticamente las mismas palabras a las autoridades judías y éstas, lejos de convertirse, se endurecen.

Las mismas palabras, dichas por la misma persona, tienen frutos muy diversos. Nosotros habíamos escuchado en el lunes de esta Octava de Pascua, habíamos escuchado cómo Pedro predica en el día de Pentecostés y anuncia que la resurrección ha sucedido en Jesucristo.

En el día martes Pedro dice estas palabras a la multitud: "Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis Dios lo ha constituido Señor y Mesías" Hechos de los Apóstoles 2,36.

El efecto de esas palabras nos lo cuenta San Lucas en lo que sigue: "Estas palabras les traspasaron el corazón y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Pedro les contestó: convertíos, bautizaos todos" Hechos de los Apóstoles 2,37-38.

Volvamos a la lectura de nuestro viernes, la lectura de hoy: “Los sumos sacerdotes preguntan a Pedro y a los otros apóstoles: ¿con qué poder o en nombre de quién habéis hecho esto?" Hechos de los Apóstoles 4,7. Y Pedro dice, entre otras cosas: Qquede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis, y a quien Dios resucitó entre los muertos" Hechos de los Apóstoles 4,10. Es el mismo mensaje.

Y aquí podemos aprender varias cosas. Primera: un verdadero predicador tiene el mismo Evangelio para todos. El Evangelio no es uno para los ricos y otros para los pobres, uno para los poderosos y otro para los súbditos, uno para los de una raza y otro para los de otra.

Segunda cosa que podemos aprender: El Evangelio no es magia, el Evangelio no tiene un efecto mágico. Las mismas palabras, dichas con el mismo poder del Espíritu, por la misma persona, tuvieron resultados muy diversos.

¿Cuál fue el resultado de las palabras que dijo Pedro frente aquella multitud? Conversión: "Estas Palabras les traspasaron el corazón y entonces dijeron: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Hechos de los Apóstoles 2,37. Esa fue la respuesta que ellos dijeron.

¿Y cuál es la respuesta de las autoridades judías? Eso es lo que vamos a tener en la lectura de mañana sábado de la Octava de Pascua: "Los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas viendo la seguridad de Pedro y Juan y notando que eran hombres sin letras, se sorprendieron" Hechos de los Apóstoles 4,13.

Los verbos son importantes: ¿qué hicieron las autoridades judías? Se extrañaron. Se sorprendieron; ¿qué hizo la multitud?: "Estas palabras les traspasaron el corazón y preguntaron: ¿qué tenemos que hacer?" Hechos de los Apóstoles 2,37. Unos, se arrepintieron; otros, se extrañaron. Esas son las dos actitudes ante la presencia de Cristo en la Historia.

Hay gente que se encuentra con Cristo, y se arrepiente y encuentra la vida; hay gente que se encuentra con Cristo y se extraña, y no encuentra otra cosa sino su propia dureza.

Extrañarse ¿qué es? Aquí hay alguien raro, y aquí hay algo raro, punto. De ahí no pasa. ¿Qué es convertirse? ¿Qué es arrepentirse? Es ser traspasado por el poder de la Palabra del Señor. Nos dice San Lucas: "Estas palabras le traspasaron el corazón" Hechos de los Apóstoles 2,37.

Cuando Dios rompe el corazón, da un nuevo corazón. Si el corazón no se rompe, envejece; si el corazón no se rompe, se endurece. Es una gracia que Dios rompa el corazón. Es un gran regalo que Dios rompa el corazón. Porque si Dios no rompe el corazón uno podrá tener extrañeza, pero no tendrá vida; uno podrá sorprenderse, pero no convertirse. Es el mismo discurso, es el mismo Espíritu, es el mismo predicador, pero en un caso, se convirtieron; en otro caso, se extrañaron.

Podemos aprender más de ese mismo texto. Las autoridades judías preguntan: "Con qué autoridad o en nombre de quién?" Hechos de los Apóstoles 4,7. Hacen una pregunta. Eso es lo propio del que tiene o pretende tener el control de la situación. Las preguntas las hace el que manda, las hace el superior.

Esa dureza de ese corazón no es porque sí. La dureza nace de la soberbia, y la soberbia se expresa en que ellos van a analizar el caso Jesús. Quieren poner en el microscopio de su razón, quieren pasar por la reja de su análisis, quieren estar seguros de estar controlando lo que va a suceder. ¡Qué triste es la vida de quien pretende controlarlo todo! ¡Qué seca y qué pobre es la vida de quien pretende controlarlo todo!

Una vida controlada es una vida sin sorpresas. Una vida sin sorpresas es una vida sin regalos, y una vida sin regalos es una vida sin gracia, en los dos sentidos de la palabra: una vida que no tiene sabor, y una vida que jamás conocerá el tamaño el amor divino. Esa también es enseñanza de hoy.

Estos pretenden acercarse al misterio de Jesucristo y al misterio de la Palabra con las poderosas herramientas de sus conocimientos de la Ley, con las poderosas herramientas de sus lazos de parentescos, -ellos formaban una casta, era la casta de los sumos sacerdotes-, ellos sentían que tenían la verdad: "Poseemos la verdad, y nosotros como posesores de la verdad, venimos a analizar el caso de ese Señor que ustedes dicen que ha resucitado. Vamos a analizar ese caso revoltoso y aburrido. A ver, empecemos por el principio: ¿en nombre de quién se supone que sucedió este caso, el caso 245 del cinco de abril? Analicemos el caso".

Cuando Jesús es un caso para analizar, cuando pretendemos pasar a Jesús por nuestros microscopios y por nuestras rejillas, entonces nada sale, entonces nada aparece Lo único que queda es la extrañeza.

En estos días de Semana santa, ustedes seguramente habrán visto algunos programas, por ejemplo, de estos sobre la Sábana Santa, y ustedes habrán visto las reacciones de distintos científicos: algunos científicos dicen: Yo realmente me acerqué a la fe", y otros dicen: "Yo simplemente no me puedo explicar qué sucede ahí". Eso es, o te conviertes o te extrañas, punto. No es más.

Cuando nosotros empezamos a aplicarle nuestro instrumental y pretendemos mantener el control del proceso enseñanza-aprendizaje, el proceso análisis y síntesis, cuando pretendemos, a través de nuestras herramientas conceptuales o las que sean, cuando pretendemos así, acercarnos al misterio de Jesús, lo último que queda es: bueno, pues, finalmente no entiendo qué es esto, no termino de entender qué es esto". Y ahí queda todo, en la extrañeza.

Una extrañeza que tiene un nombre especial en La Biblia. La Biblia llama a esa extrañeza, es decir, a esa especie de deslumbramiento que sufre la mente cuando no quiere doblegarse ante Dios, la llama "confusión". La confusión en el lenguaje bíblico no es el tener ideas enredadas simplemente. La confusión es el acto de quedar uno sobrepasado por un fenómeno que no puede abordar de ninguna manera, pero frente al cual tampoco puede rendirse.

Cuando uno se acerca a Jesucristo pretendiendo controlar, a lo máximo que va a llegar es a la extrañeza. Uno trata de dar alguna razón: "Era un loco, era un poeta, era un romántico, era una especie de filósofo, era un maestro espiritual más", ¡cuántas cosas han dicho de Jesucristo! Pero cuando intentamos pasarlo por la reja y llegar a una conclusión, no resulta.

Por ejemplo, "era un líder político", pues muy torpe como líder político, porque este líder político que habla del perdón a los enemigos, no va a llegar muy lejos. Así no va a llegar muy lejos.

Entonces, "era un loco", pero toda la sensatez de su propuesta, de su camino, no cuadra. Siempre hay algo que no cuadra. Hoy tenemos que escoger, hermanos, si queremos frente a Jesucristo quedarnos con la extrañeza de los sumos sacerdotes, o queremos quedarnos con la conversión, con la gracia de conversión que tuvieron aquellos de la primera multitud.

El Apóstol San Pedro les dice: "Porque le hemos hecho un favor a un enfermo nos interrogáis" Hechos de los Apóstoles 4,9. ¡Me encanta el Espíritu Santo! ¡Me fascina! ¡Me da alegría leer eso!

En otra predicación, que ustedes pueden acceder en fraynelson.com, en otra predicación hablábamos sobre Jesús ante los poderes de este mundo, y es impresionante en el proceso de la Pasión de Jesucristo cómo Jesús, que estaba siendo juzgado, juzga; desde su silencio y desde su palabra, termina juzgando a los poderes que pretendían juzgarlo a Él. ¡Es impresionante!

Eso es lo mismo que sucede aquí. Uno se puede imaginar los sumos sacerdotes que entran, Anás. Confieso, Anás me cae gordo hasta que ya. Me cae mal. Hay que orar por el eterno descanso de Anás. Porque es que, si ustedes leen fino, resulta que Anás no era el sumo sacerdote. Eso se había vuelto una rosca espantosa que se iba turnando el poder, y en el juego de esa rosca, el que se supone que era sumo sacerdote el año en que mataron a Cristo, era Caifás.

Pero cuando fueron a interrogar a Jesucristo, el que hizo las preguntas fue Anás. Prueba que el que estaba detrás moviendo los hilos, era Anás; él ponía y quitaba sumos sacerdotes, pero el que estaba detrás de todo manejando el asunto era él.

Bueno, entonces, aparece toda esta familia sacerdotal: “Nosotros que somos los que mantenemos la paz en esta tierra, los que mantenemos el pueblo en funcionamiento, los que hemos tenido el talento, la astucia, la sabiduría inconmensurable para manejar las relaciones con el Imperio Romano; nosotros, dignos de toda alabanza, vamos afrontar el caso de ese Señor que dicen que se murió y que resucito, que..."

Entran estos y formulan la pregunta: “Ajam, ajam, a ver, primera pregunta: "¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso?" Hechos de los Apóstoles 4,7. Lo que es la soberbia humana: "Eso", ¿y sabe qué era “eso"? "Eso" era la curación de un paralítico, un paralítico de nacimiento.

Lo que hemos venido escuchando en la Santa Misa. Era un paralítico de nacimiento que con la sola palabra de Pedro, en el nombre de Cristo, se había levantado y había entrado dando brincos en ese templo, y saltaba, y alababa a Dios, y gritaba. Esa historia, que es la historia de una persona, que es la alegría y la sanación de un hijo de Dios, esa historia queda reducida en la versión de Anás a tres letras en español: "Eso"

"Eso" es que le dieron vida a alguien; "eso" es que se preocuparon por alguien; "eso" es que Jesús, "eso" es que Dios le trajo salud, le trajo salvación a alguien; pero a ellos no les interesa ni la salud, ni la salvación. Les interesa que el orden, ese orden que han construido laboriosamente con una inteligencia muy grande, manejando la situación, porque ellos son los expertos. -Ustedes no vayan a creer que Anás era ningún tonto-, Anás era un genio, no pudo haber sido otra cosa sino un genio.

Anás era un genio de la política. Anás manejaba las situaciones. Hay un rey de pacotilla que se llamaba Herodes, Herodes hijo. Hay un rey de pacotilla que hay que saber manejarlo; hay un Poncio Pilato que hay que saber manejarlo; hay unos fariseos que hay que saber manejarlos. Él sabía manejar todo, tenía todo bajo control, pero Jesús trajo desorden.

"Entonces vamos a ponerlo orden a este desorden", eso es lo que piensa Anás. Y entonces: "Bueno, se cuenta que hay un desorden que empezó allá en el templo con un señor "brincoletiando"... ¡Es vida! ¡Oye, es que es vida, es que es salud, es que es alegría! Pero es que la vida, la salud y la alegría no importan para Anás.

A Anás le interesa que su situación, la que él ha logrado tejer con toda su política y con toda su genialidad, que eso funcione. Que ese inmenso andamio de intrigas, conversaciones, alianzas...., ¿A cuánta gente había casado Anás? Es que Anás era dueño de la vida de Israel: él determinaba los matrimonios en la alta clase, él era el que resolvía las cosas, y por dentro en su corazón sentía el valor de su genialidad.

"-Pero hay un desorden". "-Pues vamos a solucionar ese desorden". A ver, ¿con qué poder? Se dice que hay algo por fuera de mi control. Me han llegado rumores de que hay algo que está fuera de mi control, ¿me puede explicar, por favor, qué fue lo que pasó?"

Y empieza Pedro por decir: “Usted nos va a juzgar por un bien que hemos hecho", piense lo que significa esa frase. "Usted es el juez, ¿cierto? ¿Y desde cuándo los jueces juzgan por hacer el bien? ¿Qué juez eres tú que juzgas por hacer el bien?" Por eso digo que me fascina el Espíritu Santo.

Así como Jesús, habiendo sido denunciado y juzgado, termina por ser el juez de sus mismos jueces, así está obrando Pedro aquí: "¡Ah! Ahora usted me juzga por un bien que hago. Ahora hay que juzgar a los buenos. Ahora hay que juzgar al bien. Están tan desocupados de problemas y de casos malos, ¿que ahora empezaron a juzgar los casos buenos?" ¡Qué potencia la del Espíritu Santo!

¿Sabe cómo se dice eso en griego? en griego eso se llama “parresía”. Parresía es una expresión que indica el valor, que indica la desenvoltura, que indica la naturalidad, que indica la transparencia de una persona, -eso se lo dio el Espíritu Santo a éstos-, que indica la potencia que obra en algunas personas, particularmente se predica de los Apóstoles, esa potencia con la que hablaban ellos, porque Anás ¡por favor, lo que era Anás! Es que ustedes no se pueden imaginar lo que era Anás en esa sociedad.

A los palacios y a la casa de Anás no entraban sino los del grupo selecto, los de la nata, de la crema, del curubito, allá no entraba nadie, eso era la gente más importante, y aquí está Pedro diciéndole: "Oiga, don barbuchas, ¿entonces ahora usted está juzgando lo bueno? ¿Ahora empezaron a juzgar por las cosas buenas? ¡Es el poder del Espíritu!

Y sirvió, porque vamos a escuchar en la Santa Misa de mañana, que es la primera frase de la Misa de Mañana, que las autoridades no esperaban eso. Ellos estaban acostumbrados a que se levanta Anás, y se dispersan sus enemigos. Esa frase es de un salmo de Dios.Pues, ellos estaban acostumbrados a aplicarse eso; o sea: “Por favor, se levantó Anás! A ver, ¡tiemblen! ¿Por qué no tiemblan? Y Pedro le dice: “Bueno, y usted ahora juzga lo bueno, ¿es la cosa?"

Y luego les dice esta otra cosita: “Bueno, como nos interrogan para averiguar qué poder curó ese hombre, que quede claro a ustedes y a todo Israel: fue el nombre de Jesucristo, a quien ustedes crucificaron” Hechos de los Apóstoles 4,9-10.

¿Quién juzga a quién? "Fue el nombre de Cristo, a quien ustedes crucificaron, y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Jesús es la piedra que desecharon ustedes, arquitectos" Hechos de los Apóstoles 4,10-11. "¿Ustedes no son los que hacen andamios y hacen obras maravillosas para estupefacción y asombro de las naciones? ¿Ustedes no son los genios de este cuento?"

"Señores arquitectos, se les pasó una piedra. Ustedes desecharon la piedra que era. Ustedes quitaron el cimiento que dura. Ustedes perdieron su oportunidad". "Jesús es la piedra que ustedes desecharon, señores arquitectos, ahora es la piedra angular” Hechos de los Apóstoles 4,11, "ahora es el gran cimiento y ningún otro puede salvar bajo el cielo, ni hay otro nombre que pueda salvarnos" Hechos de los Apóstoles 4,12.

¡Qué poder de palabra! ¡Qué valor! ¡Qué potencia de Espíritu Santo! Y éstos no estaban acostumbrados a eso. Estos estaban acostumbrados a que la gente empezara, y eso consta en la literatura antigua, lo primero, así recomendaban los retóricos de esos tiempos antiguos, que lo primero que tenía que hacer, especialmente el acusado, era lo que se llamaba "la captatio benevolentiae", es decir, primero tenía que congraciarse con el que lo iba a juzgar. Eso es lo que en buen castellano colombiano se llama "lambón", tenía que ser un lambón, y tenía que adular al juez.

Más o menos, lo que Anás estaba esperando es que Pedro dijera: "¡Oh, venerable entre todos! Sacerdote y príncipe de sacerdotes, fuente de sabiduría, tú que juzgas en la casa de Judá, oye con paciencia mi discurso…” Y empieza Pedro: "Oiga, ¿usted no dizque es arquitecto, y ahora juzga las cosas buenas? Y ustedes mataron al Mesías". Uno se imagina al viejito por allá como temblando en sus barbas y diciendo: "Bueno, y ahora ¿yo qué hago? ¿Qué pasó?"

Lo que vamos a oír mañana en la Santa Misa: Los ancianos y los escribas viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras” Hechos de los Apóstoles 4,13. "Un momento, si aquí los estudiados somos nosotros. Ya nos hemos quemado las pestañas. Tenemos postgrados y somos gente muy avanzada". Acuérdense lo que decían los fariseos, los fariseos decían: "Es que estos que no conocen la Ley son unos malditos".

Pues ese mismo elitismo tenían los saduceos dentro de su propio campo. Y dicen: "Bueno, esto aquí ¿qué pasó? ¿Qué es este desorden? El desorden está más grave de lo que pensábamos. "Se sorprendieron y decubrieron que habían sido compañeros de Jesús. Y Entonces, viendo junto a ellos al hombre que habían curado, no encontraron respuesta" Hechos de los Apóstoles 4,13-14.

¡Bendito sea Dios! ¡Primera vez que se quedó sin respuesta Anás! Porque ese era el genio que tenía respuesta para todo, el hombre que arreglaba todos los problemas, el hombre que tenía solución para todo. "-Que Mira, que ya no va a ser el procurador Poncio Pilato, sino Festo". "-¡Ah! ¡Maravilloso! Y ¿cómo es esto? Cuéntame ¿cómo es esto? y empecemos hacer la política con el otro", y como era el hombre que resolvía todo, pero bendito sea Dios, le llegó una que no supo resolver.

Ustedes pensarán por las expresiones que yo utilizo, porque no tengo ni de lejos la perfección espiritual del Apóstol Pedro, ustedes pensarán que Dios cuando hace estas cosas está como desquitándose. Eso no es cierto. Dios obra así y Dios confunde a la gente porque la ama.

La confusión que produce Dios es un principio de amor. Lo mejor que ha podido hacerle Dios a Anás, y lo mejor que hace Dios muchas veces en nuestra vida es ponernos en un estado de confusión. Hay una confusión que trae la salvación, mis queridos amigos. ¿Cómo así? No me miren con esa cara que hay explicación. Mire, lo que sucede es esto: cuando una persona tiene respuesta para todo, su mundo resulta impermeable. No se le desarma nunca su lógica. Su imperio permanece entero.

Eso es lo peor que le puede pasar a uno, si el imperio de uno permanece entero, y si uno permanece impermeable, ¿cómo va a recibir el tesoro de la gracia? ¿Cómo va a recibir la salvación? Por eso, benditas confusiones! ¡Bendito el momento en el que uno siente: "No sé, ¿y ahora?" ¡Bendito el momento! Decíamos, Dios produce dos cosas: Dios produce o conversión, o extrañeza, pero ambas nacen de la misericordia.

La extrañeza que Dios produce no es por lucirse: "Soy más inteligente que ustedes", "les puedo proponer un problema más grande que ustedes"; la extrañeza que Dios produce es una manera de decir "mira que tu mundo es limitado; mira que tu imperio tiene fronteras; mira que no todo lo controlas. Sal de ese imperio. Bájate de esa nube. Rompe tu mundo, y oye una palabra diferente".

Entonces se quedaron estos sumos sacerdotes llenos de extrañeza, y dijeron: "Y ahora ¿quién podrá defendernos?" Se quedaron sin respuesta, no supieron qué hacer, porque lo que les dijo Pedro tenía un único problema: era verdad.

Y era una verdad tan sencilla, tan simple, tan clara que no se podía negar. Era tan verdadero como el señor que estaba curado ahí delante de ellos, y ahí estaba el paralítico curado, y ahí estaba Pedro hablando, y ahí estaban ellos, y de pronto empezaron a sentirse estúpidos, y dijeron: "¡Salgan un momento!" Y no les cuento más porque esa es la homilía de mañana, no podemos pegar dos homilías, ¡sería el colmo! De manera que esa es la historia, mis queridos amigos, esa es la historia del discurso de Pedro, esa es la historia del poder del Espíritu Santo.

De todo lo que hemos dicho podemos sacar muchas aplicaciones para nuestra vida, pero sólo destaquemos una, y es: pidamos al Señor, los que estamos convencidos de la resurrección de Cristo, pidamos al Señor el don del Espíritu para tener también ese valor, para poder hablar abierta y gozosamente de la resurrección del Señor.

Pedro no estaba pensando en humillar a Anás. Pedro no estaba pensando en ganarle la discusión a Anás. Pedro, lo mismo que Jesús ante Pilato, Pedro ante Anás estaba amando.

Esa confusión, llevar a la persona a ese límite, mostrarle que su imperio no era todo, era una manera de amarle, es un acto de amor. Desde ese amor que viene de Dios es posible la predicación. Desde ese amor que viene de Dios puede fluir el Espíritu del Señor para que también nosotros demos testimonio.

Y desde luego, pues ya ustedes recordaran que Cristo les había dicho a los Apóstoles: "A ustedes los van a llevar a los tribunales, y los van a juzgar, y eso será ocasión de que den testimonio de mí frente a los poderosos” San Mateo 10,18. Se está cumpliendo en el pasaje de hoy lo que Cristo les había dicho. Ahí están dando testimonio de Cristo ante los poderosos. ¿Sabe qué pienso yo? Que ese es el momento para dar testimonio frente a los poderosos, ese es el momento.

El Evangelio no se propaga, hermanos, buscando aquí quién tiene influencia para ver cómo ése influye en el otro, y el otro, claro, me lleva a éste, y éste influye en los de más allá; y así, a través de éste yo muevo aquí, empujo acá, tuerzo aquí, y así llega el Evangelio. Eso no funciona así. El Evangelio no funciona así, y la Iglesia, mi amada Iglesia Católica ha tenido unos errores y unos horrores por pretender hacer ese juego que no era el juego de los Apóstoles sino de los sumos sacerdotes.

El juego de buscar dónde oprimo, dónde influyo, qué corazones me gano, en qué círculos tengo que entrar. Jesús nunca le dijo a los Apóstoles: "Ustedes sean mis Apóstoles mío, pero procuren ir entrando, poco a poco, vayan entrando en los círculos de poder; vayan entrando en los círculos de influencia; vayan logrando los resortes de las.... Y vayan allá influyendo para que desde allá..."

Jesús no dijo eso. Y la Iglesia se ha equivocado demasiado en eso. La Iglesia que amo y que tú también amas se ha equivocado demasiado en eso: en tratar de seguir ese tipo de resortes y tratar de hacer esas cuentas.

Lo que dijo Cristo lo dijo muy sencillito y muy clarito: “Ofrezcan el pan para el que tiene hambre, y la salud para el que está enfermo, y la conversión para el que se arrepiente, y la libertad para el que está oprimido. Ofrezcan a ese que espera, a ese que necesita”.

Y ¿a qué horas vamos a evangelizar a los poderosos? Tú tranquilo. En el momento en el que poderoso te llame y diga: "O,iga ¿qué es la "guachafita"?" En ese momento evangelizas al poderoso.

Hacerle el juego a las influencias es uno de los grandes desastres que ha cometido la Iglesia, y por eso hemos perdido demasiada gente, demasiada gente.

Que venga a nosotros el Espíritu del Señor y nos convenza de la fuerza que tiene el Evangelio cuando es Evangelio. No hay que buscar demasiado a los poderosos, ni hay que buscar demasiado a los inteligentes, ni hay que buscar demasiado a los sanos, ni hay que buscar demasiado a los influyentes. Hay que tener a Jesús tan vivo que los demás digan: "¿Qué está pasando aquí?" Y los poderosos digan: "Hay algo fuera de mi control". En ese momento empezará la evangelización de ellos.

Hermanos, Dios sólo evangeliza nuestra pobreza. Sólo llegamos a Dios a través de nuestra pobreza. Hacer negocios con las fortalezas, con las riquezas o con los poderes de la gente o de la sociedad, no sirve para el Evangelio. No funciona. Nunca ha funcionado. No. No es por ahí. No. No. Por ahí no. Lo que funciona es: Tú vive, practica el evangelio y ten paciencia,aAlgún día sonará tu teléfono, y entrará un mensaje a tu e-mail: "Anás te escribe". Perfecto, ha llegado el momento de evangelizar a Anás, ha llegado el momento de predicar a Anás.

Así funciona. Ese fue el proyecto de Jesús. ¿Cuánto nos vamos a demorar en entender esto? No sé, pero ya empezamos.

Que la gloria sea para Dios y que el Espíritu del Señor nos convenza.

Amén.