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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020405

Título: Una Pascua para todos

Original en audio: 8 min. 23 seg.


Amigos:

Hemos repetido, después de la primera lectura, esa frase que les dijo Pedro a las autoridades judías: "La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular" Hechos de los Apóstoles 4,11.

El Dios en que nosotros creemos, es un Dios capaz de sorprendernos. Y lo que yo le pido a Dios para esta celebración, el milagro que le pido, es que traiga una sorpresa muy bella, muy linda y muy fecunda para todos ustedes.

El Dios en que nosotros creemos, es un Dios capaz de sorprendernos. A veces desechamos un camino, y era el camino por donde venía Dios. Y Dios nos da una sorpresa, porque llega por donde nosotros no esperábamos que llegara.

Un Santo muy grande de la Iglesia, que se llama Agustín, San Agustín, cuando era jovencito, conoció la Biblia, pero la desechó: "¡Ah, leer Biblias!" Le pareció que la Biblia estaba mal escrita, mal redactada.

Desechó la Biblia, pero la vida dio vueltas, y un poco después, al cabo de unos años, a través de la Biblia, Dios le habló muchas cosas. Ahí se cumplió lo que dijo Pedro a las autoridades judías y que también nosotros hemos repetido. Era como una piedra que se había desechado, pero vino de ahí la salvación.

Eso es lo mismo que celebramos en la Pascua. En la Pascua celebramos una transformación, un cambiazo que hizo Dios. Porque tomó la hora más triste del mundo y el acontecimiento más vergonzoso de la historia, tomó lo más espantoso, que fue la Cruz, y le dio un cambiazo total.

Porque con la Resurrección de Cristo, ahora nosotros miramos la Cruz, y ya no es una señal de derrota, sino más bien entendemos, que es el principio de la victoria del Señor.

Lo que yo le pido a Dios en esta Santa Misa, es que traiga una Pascua para todos, especialmente para los que se puedan sentir más tristes, más solos. Hay horas muy tristes en esta vida, que se parecen como al Viernes Santo.

Son horas muy tristes y muy oscuras. Pero Dios, Nuestro Padre, es un Dios que da sorpresas, y es un Dios que puede cambiar las cosas. A veces, de los momentos más complicados y más tristes, es de donde nace la semilla y la flor más hermosa.

Pero hay una especie de condición. Resulta que la lectura nos dice, que hubo mucha gente que se convirtió, mucha gente, como unas cinco mil personas, cuando Pedro hizo esa predicación. Pero, "se convirtieron", -nos dice San Lucas-, "abrazando la fe" Hechos de los Apóstoles 4,4.

Cuando llega el momento duro de la vida, como que todo se oscurece. Pero hay personas, como estos cinco mil hombres de los Hechos de los Apóstoles, que en medio de esa oscuridad, toman un rayo de luz, un rayo de fe, y sin enredarse con las cosas humanas, o con las cosas mundanas, encuentran la voz de Dios.

Yo sé que esto puede parecer fábulas bonitas, historias piadositas para algunas personas. ¡Tal vez! Pero, ¿y qué tal que la vida de uno de ustedes cambie? Esa será la Pascua.

¡Esa será la Pascua! Y esta Eucaristía tiene poder para eso, para traer ese rayo de esperanza y esa oferta de fe.

Si nosotros abrazamos la fe, si nosotros le decimos al Señor: "Esta es la hora oscura de mi vida. Esto es como mi Viernes Santo, Señor", -aunque es viernes de la Octava de Pascua-. "¡Este es como Viernes Santo! ¡Pero tú puedes transformar mi Viernes Santo en un Domingo de Pascua! Tú puedes transformar esta hora. Tú puedes; yo no puedo".

Porque a uno, a veces, se le acaban las razones, y uno humanamente hay momentos, que no tiene nada más que decir. Cuántas veces, cuando vamos a dar esos saludos de pésame, encontramos que las palabras llegan hasta la garganta. ¡Qué más va a decir uno! ¿Qué puede decir uno?

Ante ciertos dolores que tiene esta vida, ¿uno qué puede decir? Las palabras humanas se acaban. Entonces, uno tiene que decirle al Señor: "A mí se me acaban mis palabras y se me acaban mis razones, Señor. Se me acaban. Pero yo creo que tú puedes: Tú sí, de pronto yo no. O mejor dicho, estoy seguro de que yo no. Quizás, tú sí".

Bueno, eso suena un poquito irrespetuoso decirle a Dios: "De pronto tú sí puedes cambiar mi vida". Pero es que hay una historia muy bonita de un hombre que fue ateo y se convirtió. Y él se convirtió, porque hacía la oración de los ateos. La oración de los ateos es ésta: "Dios, si tú existes, haz que yo te conozca, si eso es posible".

¡Pobre ateo! ¡Qué más podía rezar! Pero fue sincero en su corazón y buscó. Jesús dice: "El que busca, encuentra" San Mateo 7,8.

Hay momentos en que uno no se siente muy seguro de nada. Seamos sinceros. A veces uno no se siente ni seguro de Dios. No lo digo por ofender a Dios, Nuestro Señor, sino por la fragilidad que tiene el corazón humano.

En esos momentos, todavía uno puede rezar y todavía uno puede decir a Dios: "Señor, yo no puedo. Tal vez tú sí puedes. Yo quiero tener abierta mi vida, para que esta historia y este momento tan duro, tú lo transformes. Porque yo sé que tú has transformado muchas vidas".

Ese es el mensaje hermoso de esperanza, que tiene la Pascua para nosotros.