Poc5008a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20020405

Título: El Nombre de Jesucristo

Original en audio: 5 min. 31 seg.


Amigos:

Este es un día muy hermoso para meditar en el Nombre de Jesucristo, especialmente, por aquella expresión que dice el Apóstol San Pedro, esa proclamación valiente que hace de la grandeza y de la riqueza que se esconde en el Nombre de Jesús.

Dice Pedro, como acabamos de oír: "Ningún otro puede salvar; bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos" Hechos de los Apóstoles 4,1-12.

¡Qué grande es, entonces, el Nombre de Jesucristo! Y corresponde a nuestro corazón enamorarse de ese Nombre y hacerlo prevalecer por encima de todo otro nombre.

De inmediato recordamos, también, aquella expresión que dice el Apóstol San Pablo, allá en la Carta a los Filipenses.

Ustedes recuerdan cómo dice Pablo que: "Al Nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y entre los muertos, y toda lengua proclame que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre" Carta a los Filipenses 2,6-11. El Nombre de Jesús es nombre grande, el Nombre que nos revela la Salvación.

Un nombre es la puerta por la que entramos a la verdad, a la realidad de una persona. No se trata de un talismán que se pronuncia. Se trata de el resumen y se trata de la puerta del misterio de Jesucristo.

A través de la invocación del Nombre de Cristo, traemos a nuestra memoria, a nuestro corazón y a nuestra admiración todo el misterio de Jesucristo; toda la verdad y toda la realidad de Jesucristo. Por eso, estar cerca del Nombre de Jesucristo, es tener siempre fresca en nuestra memoria toda la obra maravillosa de su amor, toda la obra maravillosa de su salvación. En Él tenemos la Salvación.

Permanecer en Jesucristo, permanecer en el Nombre de Jesucristo, es conservar fresca en nuestra memoria la vida de Jesús, la Pasión de Jesús, la muerte de Jesús.

Las Llagas de Jesucristo, mis hermanos, son Llagas frescas. Las Llagas de Jesús no cicatrizan. Las llagas de Jesús están frescas con la primavera eterna que significa la Pascua. Esas llagas no cicatrizan.

La oferta de su amor está siempre fresca. Si cerraran las Llagas de Jesús, se acabaría la Eucaristía, porque en la Eucaristía bebemos la santísima Sangre del Señor. Las Llagas del Señor Jesucristo no cierran; la fuente de Sangre nunca termina. Ese principio de Amor y de Salvación nunca se acaba.

Permanecer en el Nombre de Jesús es permanecer en la frescura, en la eterna lozanía de un amor que nunca se marchita, que nunca declina. La mañana de la Pascua es la mañana de un día que no tiene ocaso.

Jesús no envejece; Jesús se presenta ante nosotros, Jesús se pasea ante nosotros hoy con la misma verdad, con la misma realidad, con la misma gracia de la primera mañana de Pascua. Y así, nos ofrece su amor eternamente joven, nos ofrece su amor que no declina, que no cambia, que no envejece, que no cicatriza.

¡Qué hermoso pensar, qué hermoso considerar, en nuestro corazón, lo que significa esta Pascua permanente del Señor! ¡Qué hermoso pensar que, al recibir la santísima Hostia, al recibir la santísima Sangre, estamos bebiendo de esta fuente del misterio de la Pascua.

Vamos a seguir esta celebración con una consigna muy clara en nuestro corazón: si el amor de Jesús no envejece, si las Llagas de Jesús no cicatrizan, el misterio de Jesús está vivo, está permanente en mí.

Y por eso, con la invocación del Nombre del Señor, vamos a tener siempre fresca en nuestra alma esta realidad de la Pascua del Señor. Predicar siempre, amar siempre, como si la Resurrección hubiera sucedido en la mañana de ese día. Así tiene que predicar uno.

Ustedes son evangelizadores por vocación. Ustedes son gente que le trae mucha más gente a Dios. Y por eso los invito, en el Nombre del Señor: tengan fresco el misterio de la Pascua, hablen siempre como si ese mismo día hubiera resucitado el Señor.

Porque así es la juventud de Cristo y así es la hermosa lozanía de su misterio, de su amor y de sus Llagas.

Amén.