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Fecha: 20010420

Título: “¿Por qué arrojaste a Cristo?'’’

Original en audio: 26 min. 28 seg.

Hermanos,

El discurso de Pedro a los sumos sacerdotes es una expresión de la libertad que trae el Espíritu.

Los sumos sacerdotes de los judíos se imponían a la gente utilizando dos cosas: las amistades con otros poderosos, porque ellos se cuidaban mucho de mantener la amistad con Herodes, y de mantener buenas relaciones con Pilato, y así sucesivamente; y el miedo. Ser amigo de los fuertes y producir miedo. Esa era la autoridad de los sumos sacerdotes.

Que si lo pensamos mejor, se reducía a la prepotencia, a la frase de todos los imperios en esta tierra: ‘’tú, me haces caso, porque yo te puedo hacer daño’’ Esa es la prepotencia de las armas. Esa es la altivez de los campos de tortura. Ese es el método de las fuerzas armadas de distintos cortes en nuestro país: ‘’me haces caso; y me, vas a obedecer porque si no, yo te daño; te hiero”

Pero Dios rompe ese cetro. Quita ese miedo, y esa es la primera enseñanza que quiero destacar hoy: ‘’Dios libera del miedo en el que se sustentan todos los imperios de la tierra’’

No se nos olvide que Cristo llamó al demonio: ‘’príncipe de este mundo’’ Tampoco se nos olvide que en las tentaciones, el demonio le dice a Cristo: todo esto te daré porque todo es mío” Y Cristo, de alguna manera, no negó esa frase.

Los imperios que tienen sus raíces en esta tierra se sustentan, están soportados por el miedo. El Reino que trae Dios necesita quebrantar, necesita superar ese miedo, porque sólo cuando se rompe ese miedo aparece la libertad de la pascua, que ya es libertad del resucitado, pero que empieza a ser libertad de los que creemos en el resucitado.

Examinemos las palabras de Pedro y dejemos el tamaño de libertad de Pedro el absoluto desparpajo, dice Lucas: ‘’es que estaba lleno del Espíritu Santo’’ (Véase, Hechos de los Apóstoles 4,8) Por eso habló así. La pregunta de ellos es: ‘’con qué poder’’ ellos les interesa.

Se supone que los del poder somos nosotros. ¿Qué otro poder apareció por ahí? Y Pedro le dice que si hay otro poder. Entonces, ‘’el pueblo escuchadme’’ (Véase, Hechos de los Apóstoles 4,8) Y empieza por juzgarlos a ellos. ¡Ojo! Él es el juzgado, Pedro es el que está siendo sometido a juicio, pero Pedro juzga a los que lo están juzgando.

Eso se parece, a lo que creo que ya me hayan escuchado en otra oportunidad, cuando estaba Jesús con Pilato. También, Pilato conoce el lenguaje del poder: ‘’no sabes que tengo poder para matarte o poder para soltarte’’ (Véase, San Juan 19,9) Tengo poder. Haga alguna cara. No ve que tengo poder.

Cristo le dice a Pilato: ‘’tu no tendrías ningún poder sino lo hubieras recibido’’ (Véase, San Juan 19,11) Ahí empieza por desarmar la mentira, y luego agrega: ‘’por eso el que me entregó a ti, tiene un pecado mayor’’ (Véase, San Juan 19,11b)

Ahí resulta juzgado Pilato: ‘’tú estás en pecado y el que me entregó a ti tiene un pecado peor que el tuyo’’ Aunque se pretendía juzgar a Cristo, es Cristo el que juzga. Lo mismo sucede aquí, se pretendía juzgar a Pedro, y es Pedro el que juzga.

Y juzga en tres niveles: primero, muestra la mentira del acto que está sucediendo con una frase perfecta, magistral: ‘’jefes del pueblo, y senadores, todos aquí que son los importantes escuchadme: le hemos hecho un favor a un hombre y nos interrogáis para averiguar ¿qué poder curó a ese hombre? (Véase, Hechos de los Apóstoles 4, 8b-9)

¡Bonito juicio el de ustedes! Que buscan a los que hacen el bien. Ese es el primer juicio. ¿Tienes realmente la autoridad qué crees? ¿Crees que puedes juzgar, tú que sometes a juicio al que hace el bien? Porque le hemos hecho un bien, nos juzgan. ¿Qué jueces son ustedes? Cuando se demuestra la iniquidad del proceso, se demuestra la iniquidad del juez, y eso es lo que hace Pedro en primer lugar.

Aquí viene el segundo juicio: ‘’quede bien claro a todos vosotros, y a todo Israel ha sido en nombre de Jesucristo, a quien vosotros crucificasteis’’ (Véase, Hechos de los Apóstoles 4,10) ¡Qué libertad!

Lucas utiliza técnicamente una palabra del griego: ‘’parrecía’’ Parrecía significa lo que estamos meditando en este momento: es esa actitud, podríamos decir, de libertad, audacia, de vencer la timidez, el encogimiento, el complejo. Cristo con el poder de su Pascua rompe todos esos complejos, y hace que la persona pueda hablar con parrecía, con libertad.

Hoy escuchábamos un testimonio de parrecía aquí, cuando tú nos estabas hablando, Inés; tu decías que eres una persona tímida, que sufre, y tiene problemas; tal vez, ignorante en muchas cosas, y todo eso lo va encerrando a uno, y va sintiendo: ‘’yo qué voy a poder hacer’’ ‘’Soy un pecador’’ ‘’Soy pequeño’’ ‘’Soy débil’’ ‘’Soy ignorante’’ ‘’Yo qué puedo hacer’’

Pero llega el poder del Señor, llega el poder de la Pascua y dice: ‘’un momento: ‘’hay algo más grande que eso que te está encadenando, que te está limitando’’ Y así es como habla Pedro, y por eso se quedaban ellos aterrados.

La Biblia lo dice en algún lugar: “viéndolos hablar quedaban espantados” (Véase, Hechos de los Apóstoles 2,12) ¡Oiga, estos no se asustan! ¿Cómo así? ¡Se supone que la gente se debe asustar cuando nosotros hablamos, y nadie se asusta! Esos discípulos de Cristo no son gente que se asuste.

Pedro los juzga: ‘’vosotros crucificasteis, y a quien Dios resucitó de entre los muertos’’ (Véase, Hechos de los Apóstoles 4,10) Ese es el tercer juicio. La resurrección es el tercer juicio. ¿Por qué? Porque vosotros crucificasteis es un juicio: ‘’sois culpables’’

A quien Dios resucitó quiere decir: ‘’sois impotentes. No sois tan fuertes como creéis’’ Fíjate las tres cosas que les dice Pedro. ¡Terrible! Primera: “ustedes son incoherentes, porque van a juzgar al que hace una cosa buena” Segunda: ‘’ustedes son culpables’’ Y tercera: ‘’ustedes son débiles, impotentes, no pueden todo lo que creen que pueden’’

Las palabras de Pedro se levantan por encima de ese juicio y juzgan al que pretendía juzgarle, y dice: ‘’Jesús es la piedra que desechasteis y se ha convertido en piedra angular ningún otro puede salvar’’ (Véase, Hechos de los Apóstoles 4, 11-12) Esas palabras últimas de Pedro ya no son más juicio; son el anuncio de la salvación.

Y aquí viene la segunda enseñanza del día de hoy. La primera: ‘’esa maravillosa libertad’’ Pero, la segunda enseñanza es: ‘’toda denuncia genuinamente cristiana conduce a un anuncio de salvación’’

La denuncia cristiana no termina en decirle al otro: ‘’usted es un incoherente, culpable, debilucho. Púdrase’’ La denuncia es: ‘’descubra su realidad, hombre. Descubra lo que usted realmente es y lo que puede. Descubra su desnudez. Descubra su condición para que descubra su salvación. Entérese de su condición para que conozca su salvación’’ Esa es la verdadera denuncia cristiana.

Esta mañana, hablábamos con el querido Alex sobre el servicio a los pobres y me él explicaba muy bien: ‘’hay que salvarse de un servicio ideológico a los pobres’’ El servicio ideológico a los pobres es aquel que pretende hacer del pobre un instrumento para una causa, por ejemplo: un plan político, o la respuesta a un interrogante filosófico, o el principio de una construcción económica de un país, o de una región; eso es: ‘’un uso del pobre’’ Es una manera de usar al pobre.

Pero el cristianismo no es eso; porque el que quiere usar al pobre tiene que producir odio, resentimiento. El motor que hace que los imperios de esta tierra se destruyan para que surjan otros que también se destruirán, para que surjan otros que también se caen para que nazcan otros; es el odio.

Y lo dice La Biblia en el Libro de la sabiduría: ‘’por la soberbia y por la codicia el poder pasa de una a otras naciones’’ Es decir que los poderes de esta tierra se van sucediendo unos a otros, a través de un motor que es el odio.

Es decir que la sucesión de imperios que se dan en esta tierra tienen como fuerza una denuncia sin salvación; acusación sin misericordia, y eso fue lo que pretendió el marxismo: llamar a los pobres y convocarlos para que reúnan ¿qué? ¿Su amor? No. Para que reúnan su odio. Para que acumulen su odio y con la fuerza de ese odio produzcan ¿qué? Otro imperio que ya se cayó.

¡Por Dios! ¿Qué sentido tiene esto? El cristianismo no es eso. El cristianismo no es la acumulación del odio por medio de la denuncia para producir otro imperio que va a tener la misma suerte que el que se ha caído.

El cristianismo rompe ese círculo infernal, ese círculo mentiroso. ¿Cuál es el círculo? El círculo es: surge un imperio que prometió mucho, pero que por el egoísmo de los que gobiernan y por la codicia de aquellos que no les alcanzan los beneficios, engendra un odio que luego produce una insurrección que hace caer ese imperio; para que vuelva a empezar la historia.

Ese círculo lo rompe el cristianismo. Lo rompe ¿cómo? Trayendo junto con el vigor y la libertad de la denuncia; el vigor y la bendición de la salvación.

Esto es lo que nos dice Pedro: la realidad de ustedes es: ‘’incoherencia’’ La realidad de ustedes es: ‘’culpa’’, y la realidad de ustedes es: ‘’impotencia’’. Esa es su realidad, y el que quiera sentirse muy grande, tiene que leer el libro del Profeta Ezequiel; me hace remecer el profeta Ezequiel cuando le habla a uno de esos tiranos que se creía un gran dios, pero que va a sufrir el mismo destino de todos los que se enseñorean y se creen grande cosa.

Dice Ezequiel: ‘’tú vas a seguir diciendo que eres dios enfrente de tus asesinos’’ ¡Qué pregunta tan impresionante! Cuando eso que te va a matar sea un golpe de estado, sea un suicidio, sea un atentado, o sea la enfermedad, o la vejez frente a tu limitación; seguirás diciendo: ‘’soy grande’’ ‘’Soy rey”

Hitler decía: ‘’un reino de por lo menos mil años’’ ‘’Tercer Reich, tercer reino, mil años, el magnífico, y ahora con ustedes ‘’yo’’ ¡Qué tontos somos! Ese círculo que se repite de los imperios de la tierra lo rompe el cristianismo; lo rompe poniendo junto con el vigor de la denuncia el esplendor de la belleza, de la gracia.

De modo que para conocer si una persona es cristiana, no hay que mirar si tiene gran vigor para denunciar, sino también, si tiene gran belleza para consolar. Si tiene gran estilo para infundir esperanza de salvación.

Y por eso Pedro, con sus últimas palabras, está queriendo traer a sus propios enemigos a ese camino: ‘’no busquen más. Bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre’’ Y sea esta nuestra tercera y última enseñanza: ‘’no se nos ha dado otro nombre’’ Eso es tan cierto. ¡Claro! Yo creo que uno no lo entiende, ni yo creo que lo entienda bien todavía.

Pero, mire, esa frase sí que es clave porque, tal vez, uno dice: ‘’bueno, pero eso serán esos sumos sacerdotes que eran impíos. Cómo se les ocurre crucificar a Cristo. Eso fue una cosa que sucedió allá en el siglo primero’’

Lo que Pedro les está diciendo es: ‘’ustedes desecharon a Cristo, y lo arrojaron de sus vidas. Lo desecharon de la tierra de los vivos. Botaron a Cristo lejos; ahora, vayan y recójanlo’’ Es lo que les está diciendo: ‘’la piedra que desecharon los arquitectos” (Véase, Hechos de los Apóstoles 4,11)

Y luego les dice, sabe una cosa: “no hay otro nombre” (Véase, Hechos de los Apóstoles 4, 12) ¡Eso es tan bello! Lo que les dice Pedro es: “vayan, y recojan el Cristo que botaron”

Y en esa clave visto así, mis hermanos, no es una cosa del siglo I, es la misma que Dios le dice a uno. Por ejemplo, algunos de nosotros aquí, como mi amigo, y como yo que tenemos historias parecidas en muchas cosas; hemos tenido esa experiencia. Hubo un momento en la vida en el que dijimos: ‘’mire, tanto Cristo, más bien no’’ Ahí lo desechamos.

Y pasan los días, las semanas, los meses, y los años; y después ¿qué le toca hacer a uno? Devolverse allá. ¿Cómo era que decía? Hay que volver al Cristo que deseché. Volver a ese Cristo.

Entre nosotros, por ejemplo, los religiosos cada rato en las predicaciones nos dicen un mensaje, o nos dicen mensajes que van como en esta línea: ‘’te acuerdas… ¿qué querías ser tu cuando eras novicio? ¿Te acuerdas, por qué botaste a ese Jesús? ¿Por qué lo botaste? Si en ese momento soñabas con consagraciones, con pobreza, castidad, obediencia, ministerio, amor a los pobres’’ ¿Por qué ese Jesús de ese momento, por qué lo tiraste?

Uno da y da vueltas, y luego dice: ‘’sí. Si, está bien. Me devuelvo’’ Le toca a uno devolverse. Uno siempre tiene que devolverse a ese Cristo que botó. ¿Cuándo lo botó? ¿Cuándo lo arrojó? Tal vez, en la infancia.

Hay un caso que conozco de una persona que decía: ‘’experiencia bellísima de Dios la que yo tuve en la primera comunión’’ Y pasó, y pasó el tiempo de la vida. Muchas cosas buenas y muchas cosas malas. Muchas cosas terribles y muchas cosas sublimes.

Y después de todo ese tiempo un retiro espiritual, un momento de amor para poder decir: ‘’hoy me siento como cuando la primera comunión’’ Recoge el Cristo que arrojaste algún día. Vuelve al Cristo al que le diste la espalda alguna vez.

Lo que Pedro les está diciendo es eso: ‘’el mismo que botaste, porque te parecía inútil, uno no desecha sino lo inútil, ahora es lo único útil para ti. ¡Vuelve al Cristo que botaste!

¿Por qué arrojaste a Cristo? Porque me pareció que no era interesante. Porque me pareció que era muy exigente. Porque medio rabia que no me atendiera en mi problema. Porque no obró como yo quisiera” Por mil razones. Cada uno de nosotros tiene alguna razón; tiene una disculpa para decir por qué botó a Cristo; por qué arrojó a Cristo.

Y por eso cada uno de nosotros tiene que encontrar también un Pedro; un momento; una ocasión en el cual dice: ‘’está bien. Voy a volver’’ Vuelve. Fíjese que ese fue el grito grande que nos dieron en el Viernes Santo, cuando estábamos besando, venerando, adorando el misterio de la cruz.

Te acuerdas los famosos improperios ¿no? ‘’pueblo mío ¿qué te he hecho, en qué te he ofendido?’’ Es el lamento de Dios ¿por qué te fuiste? ¿Por qué te fuiste? Pero, aquí estoy. Te estoy esperando. Me arrojaste. Me botaste de tu vida. ¿Por qué te fuiste? Pero aquí estoy.

Entonces, pasa la vida, y a uno le cuesta mucho trabajo creer que sí, que a través de Jesús; de esa humildad, y de esa oración, y de ese perdón; que eso sirva para algo. Eso cuesta mucho trabajo creerlo, y uno cada rato coge la cruz, y cada rato la arroja otra vez.

¿Cómo hace para creerle a esa cruz? ¿Cómo hago para creer que si es por ahí? Que si es, a través, de ese silencio, y es a través de esa renuncia, y es a través de esa caridad. ¿Cómo puedo creer que cuando todo se cierra, cuando nadie me escucha, cuando el cielo parece de bronce; como dice el Libro del Deuteronomio, cómo puedo creer que otra vez, ese Dios va hacer algo por mí?

Eso duele mucho, y por eso Jesús nos aguarda. Y como muestra el Evangelio: ‘’ya tiene las brasas encendidas’’ Hay que llegar a Él. Él tiene como esa confianza; tiene como esa certeza del mensaje; como esa certeza del poder del amor.

San Pablo decía: ‘’sé de quién me he fiado’’ Pablo sabía la verdad de la victoria. Cristo conoce cuál es el amor que ha dado, y sabe que ese amor es poderoso, y Cristo ya está preparando el encuentro cuando volvamos. No es sólo cuando lleguemos al cielo.

Cristo ya está preparando mi encuentro para cuando yo le vuelva a creer a la cruz; cuando yo vuelva a creer que sí, que es eso, eso, y sólo eso, y que no hay otro nombre por el cual podamos salvarnos.