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Fecha: 20000428

Título: La pregunta que debemos hacernos en esta Pascua: ¿de quien estamos tratando de ser amigos?

Original en audio: 17 min. 29 seg.


Amados Hermanos:

Tratemos de comprender el disgusto tan terrible de los sumos sacerdotes.

La primera lectura va siguiendo el hilo de aquel milagro que realizaron, en el nombre de Jesucristo, Pedro y Juan. Seguramente recordamos, este era un paralítico de nacimiento que pedía limosna en la puerta del templo.

Y resulta que llegaron Pedro y Juan, y les pidió limosna, y Pedro le dice: "Pues oro y plata no tengo; pero lo que tengo, te lo doy: En nombre de Jesús, levántate y anda" Hechos de los Apóstoles 3,6. Y, efectivamente, se realiza el milagro.

Y esto convoca la fe de mucha gente, y cuando la cosa se va creciendo,los sumos sacerdotes intervienen.

Es muy importante, creo yo, entender el disgusto de ellos, porque si comprendemos qué era lo que a ellos no les gustaba, creo que comprenderemos también qué era lo que estaban predicando los Apóstoles, y eso es clave para saber qué significa evangelizar.

Porque los evangelizadores por excelencia son precisamente los Apóstoles, y como dice San Pablo, "nosotros estamos edificados sobre el Evangelio que ellos predicaron". No son palabras mías, dice ahí el texto: "Mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos" Hechos de los Apóstoles 4,1.

"Se indignaban de que enseñaran al pueblo y anunciaran la resurrección de los muertos por el poder de Jesús" Hechos de los Apóstoles 4,2.

Tratemos de comprender esto porque es un poco extraño: ¿por qué a ellos les preocupaba eso? Nosotros ya sabemos, por otro pasaje del Evangelio, que los saduceos no creían en la resurrección.

Una vez, para burlarse de Cristo, fueron donde Él y le dijeron: "Hay una ley por allá de Moisés en la que se dice que si un señor se casa, y muere sin dejar descendencia, un hermano de ese señor debe casarse con esa viuda para dejar alguna descendencia, de manera que no se extinga el nombre del hermano, sino que por lo menos la cosa quede en familia".

Entonces le llegaron con esa ley de Moisés y le dijeron: "Hubo una mujer que estuvo casada con siete hermanos, y ya después se murieron todos, entonces si hay resurrección, ¿de quién va a ser mujer esa mujer cuando todos resuciten?" Era como un juego lógico, un juego de palabras en el que querían poner en aprietos a Jesucristo.

Por ese pasaje sabemos que los saduceos no creían en la resurrección, y no sólo no creían sino que les daba ira, indignación que se enseñara la resurrección, y uno pregunta por qué, y esa repuesta dura de los sacerdotes es más notable todavía cuando pensamos en la actitud que tomaron los paganos.

Hubo un rey llamado Festo, del cual nos hablan los Hechos de los Apóstoles, un rey que alguna vez tuvo que escuchar a Pablo, el Apóstol. Pablo estaba con su predicación y tuvo que oír que Festo no le entendió mucho.

Pero cuando fue a mandar a Pablo para que lo juzgara el César en Roma, entonces le dijo allá al César:" Mire, este señor, yo no sé, tiene algún problema, tiene un alegato", y le dijo:"Es que tiene un muerto que se llama Jesús, y Pablo dice que no, que sí vive, y yo no entiendo nada de eso".

"No entiendo", pero no toma una actitud de rabia, de indignación, en cambio, los fariseos, dice aquí: "Estaban indignados de que se enseñara al pueblo y se anunciara la resurrección de los muertos" Hechos de los Apóstoles 4,2.

Como quien dice, estos sumos sacerdotes y estos saduceos sí percibían lo peligroso, lo revolucionario, lo subversivo del mensaje de la resurrección, y aquí me pregunto yo: ellos lo percibían, un pagano, como el rey Festo, no lo percibía, pero ellos sí.

O sea que los Apóstoles sabían el peligro de lo que estaban anunciando, los Apóstoles lo sabían, claro; los sumos sacerdotes comprendían que ese era un mensaje subversivo, un mensaje revolucionario, un mensaje capaz de cambiarlo todo.

Un pagano como Festo no lo entendía. Aquí viene mi preocupación: ¿y el pueblo católico lo entiende? ¿Nosotros entendemos la carga de dinamita tan terrible que es la noticia de la resurrección? ¿Entendemos lo que significa predicar la resurrección, lo que conlleva predicar, anunciar la resurrección?

O tal vez a nosotros lo de la resurrección nos deja más o menos como al pagano Festo: un poco perplejos. Festo no estaba bravo con Pablo, más bien decía: "Tengo a un señor un poco chifloreto, que de tanto estar lea y lea esas Escrituras y esas religiones, pues finalmente se le corrió una teja, se le zafaron todas las tuercas, y está diciendo que un difunto resultó vivo". Así miraba la cosa Festo.

Pero no aparecía como un personaje peligroso, en cambio los sacerdotes estos sí veían peligro, ¿cuál era el peligro que veían ellos? ¿Cuál era ese peligro? ¿Por qué es tan peligroso el mensaje de la resurrección? Y de ahí viene otra pregunta: si nosotros creemos que Jesucristo resucitó, ¿por qué ese mensaje no es peligroso en nuestros días? ¿Qué pasó con la dinamita de la resurrección?

Es una pregunta que tenemos que hacernos, especialmente durante esta Octava de Pascua, ¿qué ha sucedido con eso?

Y por eso, aunque todas estas lecturas sean tan hermosas, por eso quiero concentrar la atención en ese punto, quiero invitarlos, mis hermanos, a que nos concentremos en ese punto, porque si no entendemos la dinamita de la resurrección, tampoco sabemos qué estamos celebrando, tampoco sabemos qué es Pascua, cuál es el peligro de la resurrección.

Y la cosa era tan seria que entonces los llamaron a juicio y les dijeron: "¿Con qué poder y en nombre de quién habéis hecho eso?" Hechos de los Apóstoles 4,7.

"Pedro, lleno del Espíritu Santo, dice: Mire, que le quede claro a todo el mundo que fue en nombre de Jesucristo, a quien vosotros crucificasteis, y a quien Dios resucitó de entre los muertos" Hechos de los Apóstoles 4,8-10.

Bueno, ahí uno podría suponer algo, tal vez lo de la resurrección se convertía como en una señal de acusación: "Ese Mesías, al que ustedes crucificaron, a ese Dios lo resucitó" Hechos de los Apóstoles 4,10.

Pero cuando Pedro y Juan estaban antes predicando en el templo, no estaban predicando en términos de levantar a la gente contra los sumos sacerdotes, la cosa no va por ahí.

¿Donde está el poder revolucionario, subversivo, transformador de la resurrección? ¿Dónde está esa fuerza? ¿En qué consiste esa fuerza? Esa es la pregunta que necesitamos que nos quede profundamente metida en el corazón.

Porque de aquí deduzco yo, sin querer dármelas de profeta ni mucho menos, no profeta en el sentido de aquel que anticipa el futuro, sino profeta en el sentido de aquel que quiere escrutar el corazón del pueblo de Dios; de aquí deduzco yo que nuestro pueblo es más pagano que otra cosa.

S nosotros tenemos más la actitud de Festo que la actitud de los sumos sacerdotes o de los Apóstoles, seguramente es que estamos más cercanos al pagano Festo que a la fe de los Apóstoles, y eso es gravísimo.

Bueno, pero digamos algo de la respuesta porque no todo puede ser pregunta sobre pregunta. ¿Dónde está el poder de la resurrección? ¿Por qué es tan grave? ¿Por qué se sucedió eso? Cuando los saduceos vieron que el pueblo se estaba movilizando dijeron: "Es hora hora de intervenir". Intervinieron indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran la resurrección.

¿Por qué? ¿Por qué los saduceos no podían creer en la resurrección? ¿Quiénes eran esos tales saduceos? Los saduceos eran casi todos de familia sacerdotal, bueno, ese es un dato que hay que tener en cuenta.

Segunda parte, los saduceos tenían garantizado su nivel social, y tenían garantizado su género de vida ,gracias a las amistades de orden político que tenían con Herodes y con los del partido de Herodes, es decir, con la gente del poder.

Los saduceos estaban vinculados con el poder, con el poder efectivo, porque ser amigo de Herodes y ser amigo de Pilatos, significaba tener la capacidad de la fuerza física, la fuerza pública, la fuerza de los ejércitos, y eso es lo que ellos querían: el poder de las influencias, el poder de las armas, el poder del dinero, el poder del culto.

Ese era el universo de los saduceos, el poder. La persona que está interesada en los poderes de esta tierra, se le resquebraja, se le agrieta todo su mundo si los poderes de esta tierra, cuando caen sobre un inocente y lo matan, no logran exterminarlo porque ése resucita.

La resurrección es creer el el poder absoluto que tiene atados a todos los poderes de esta tierra. Lo máximo que pueden hacer los poderes de esta tierra es lo que hicieron con Jesús: apresar a un inocente, burlarse de un inocente, castigar a un inocente torturar a un inocente y matar a un inocente.

Ese es el escándalo del poder convertido en ídolo, y lo que mató a Jesucristo fue eso, que todos los que intervinieron no querían perder su cuota de poder.

Pilato no quería arriesgar sus alianzas políticas con los principales líderes, Herodes no quería meterse en ese avispero, los sumos sacerdotes querían asegurar su posición, cada uno estaba luchando por su cuota de poder.

Y esa alianza entre los poderes de esta tierra, que termina siendo una alianza con el príncipe de este mundo, con Satanás, esa alianza es la que causa la muerte a Cristo.

Pero si Cristo resucita, quiere decir que esa alianza de poderes no es la que tiene la última palabra, y hay un poder que está más allá de todos esos poderes.

Y por eso la resurrección nos pone de frente al misterio mismo de la vida: ¿cómo quieres vivir tú? Esa es la pregunta que nos trae la resurrección, ¿cómo quiere vivir? ¿Quieres vivir haciéndole cola, o mejor, mendigando como lambón y como interesado de los poderes de esta tierra?

¿Quieres ser de la camarilla de los poderes políticos, públicos, científicos, culturales, religiosos, económicos? ¿Quieres ser servidor de los poderes de esta tierra, o quieres ser servidor del poder que es más fuerte que todos los poderes de esta tierra?

Esta es la dinamita que trae el anuncio de la resurrección, y esta es la diferencia entre creer en el Resucitado y no creer en el Resucitado, entre creer en la resurrección y no creer en la resurrección.

Cuando una persona no cree en la resurrección sólo le queda una alternativa: buscar amigos, buscar amigos en esta tierra, no le queda más, tratar de hacer amigos, y hay gente a la que se le va la vida en esto, tratando de conseguir amigos.

¿Amigos para qué? "Hombre, porque esa es la gente que tiene la plata, esa es la gente que tiene la sartén por el mango, esa es la gente que tiene la influencia, esa es la gente que manada en esta tierra".

Sí, en esta tierra manda, ¿y todo acaba con esta tierra? Esa es la pregunta. Hay gente que dice: "-Sí, sí , sí, yo lo que creo es en esta tierra, porque después que uno se muere no se sabe lo que va a pasar.".

Pues usted pertenece al partido de los saduceos, para usted un crucificado resucitado es un estorbo, porque el crucificado resucitado es el que la gente tenga una motivación por encima de todas las camarillas, de todos los lambones, de todos los tráficos de influencias, de todas esas estructuras cómodas pero cómplices de Satanás en las que tan fácilmente entramos, incluso cuando estamos en la Iglesia.

Porque también dentro de la Iglesia, se puede presentar y se presenta, que busquemos, que mendiguemos, que terminemos tratando de ser "el amigo del amigo de..." ¿no? Como les pasa a algunas adolescentes que tienen sus ídolos de la canción: "Yo tengo una amiga que tiene una prima que una vez saludó de mano al cantante tal".

Así también puede pasar en la Iglesia, también nosotros podemos hacer ídolos de las personas, o ídolos de los puestos, o ídolos de la investiduras, de las dignidades, o ídolos de la teorías o de las teologías, de todo eso podemos hacer ídolo.

La resurrección es el mensaje que es dinamita no sólo para el mundo, es dinamita también para la Iglesia, es una fuente continua de renovación, es una pregunta perpetua, que la podemos traducir en términos existenciales de esta manera: ¿de quién estás tratando de ser amigo? Yo creo que esa es la pregunta con la que hay que irse hoy para la casa. Tú que te esfuerzas en tantas cosas, tú que estás tratando de asegurar ¿qué? ¿Para qué? Par tus hijos? ¿De quién estás tratando de ser amigo?

Seguramente, muchos de nosotros tendríamos que responder como los saduceos: "Estoy tratando de buscar a Herodes", estoy tratando de buscar a los que tiene la sartén por el mango, los que pueden mandar matar, los que pueden mandar torturar, los que tiene harta plata, los que mandan en el poder político, público, eclesiástico, lo que sea, estoy tratando de asegurarme eso".

Tú que te estás tratando de asegurar eso, ¿has leído con atención el mensaje explosivo de la resurrección? ¿Has comprendido que más allá de esos poderes Dios tiene un mensaje que desde el cielo se ríe de ellos?

Fíjate que Dios ni siquiera se tomó la molestia de vengarse de ellos, ese es un Dios majestuoso, un Dios soberano, no se tomó la molestia de salir a perseguirlos, ya les había dejado dentro, desde la creación de ellos, les había dejado dentro una voz suya, la voz de la conciencia, que la podemos apagar durante esta tierra y embruteciéndonos, drogándonos o 16:04 , pero que despertará necesariamente a la hora de la muerte.

No es necesario perseguirlos, no es necesario vengarse de ellos. Ese es el Dios soberano, ese es el Dios majestuosos en el que nosotros tenemos puesta nuestra fe, y ese es el mensaje portentoso, el mensaje explosivo de la resurrección.

¿De quién estás tratando de ser amigo? Cada uno tiene que buscar una respuesta sincera, un respuesta profunda y real a esa pregunta, ¿a quién estoy tratando? ¿A cuánta gente se le va la vida, por favor, "a ver si se logra la pareja, a ver si se logra el trabajito, a ver si se logra la platica, a ver si se logra el puestico"?

Por encima de eso, ¿no hay nada distinto, no hay nada que enamore tu corazón, no hay nada que lo eleve? "No lo hay"; eres de los saduceos, y seguramente sentirás indignación ante una predicación que tiene para decirte eso: que hay un poder que está por encima de todos esos poderes.

Por eso, mis hermanos, preguntémonos hoy de corazón de quién queremos ser amigos, de quién pretendemos ser amigos, y preguntémonos hasta dónde creemos en el poder de la resurrección de Cristo y en lo que significa buscar como amigo a Aquél que resucitó a Cristo de entre los muertos.