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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990409

Título: No desesperemos de los dias mas tragicos de nuestra vida

Original en audio: 13 min. 25 seg.


La expresión que hemos repetido, junto con el salmo, es: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular! Salmo 118,22. Esa frase está en el Salmo 118, según la numeración de la Biblia, es una frase que entonces es muy anterior a Jesucristo, pero una frase que los Apóstoles le aplican a Jesucristo.

Cristo es la piedra desechada por los arquitectos, que se convierte en piedra angular o piedra fundamental de la nueva construcción. Algo desechado a lo que toca volver, algo desechado que vuelve a estar en uso, algo desechado que se convierte en primero y principal.

Cristo fue desechado, así nos lo encontramos en la Cruz, desechado; quedó rechazado por su pueblo, ignorado pero por el Imperio, traicionado por los discípulos, renegado. Este Cristo rechazado se convierte, por su resurrección, en la piedra fundamental en la que se apoya toda la nueva construcción.

Podemos aplicar eso mismo a nuestra propia vida, en este sentido: hay que descubrir a Cristo como rechazado, para poder descubrir luego a Cristo como fundamento, como fundamental. Suele suceder, que la persona que no ha descubierto a Cristo como desechado y como rechazado, tampoco lo decubre nunca como piedra fundamental de su vida.

El que no se admira y no se abisma ante Cristo como lo más inútil de esta tierra, tampoco lo descubre como fundamento, como comienzo, como principio para una construcción que supera las construcciones de esta tierra.

¿Y en qué momento Cristo es el rechazado de nosotros? ¿Cuándo Cristo es ese rechazado? Pues en muchas ocasiones. Esto se entiende mejor con algunos sencillos ejemplos. Cuando el mensaje de cristo nos parece imposible, ahí lo estamos rechazando.

Por ejemplo, Cristo dice que el perdón a los enemigos: "!Qué perdón a los enemigos, eso no se puede, eso es imposible, eso o sirve para nada, eso...!" ¡En ese momento estamos rechazando a Cristo, en ese momento!

Cristo nos invita a la perfección: "Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto" San Mateo 5,48, "¡ah, eso no se puede, eso será para quién sabe quien; en esta vida qué perfecciones ni qué no perfecciones, eso no se puede!" Ahí estamos rechazando a Jesucristo.

Pero no hay que desesperarse de haber rechazado a Jesucristo, porque ese Cristo rechazado es la piedra rechazada que de pronto algún día puede convertirse en la piedra angular y fundamental de tu vida .

Repito, la gente más convencida en Cristo que yo haya conocido siempre fue gente que en algún momento vio a Cristo como o más inútil, como lo imposible, como lo más extraño. "¿Cuándo tendrá Cristo algo que ver con mi vida? Nunca, si mi vida va por otro lado, si mi vida es otro estilo, yo voy por otro camino".

A veces esas personas que tienen a Cristo más rechazado, son las personas que tiene a Cristo como el centro maravilloso de su existencia.

Esto es muy paradójico, porque yo casi que prefiero a las personas que han rechazado a Jesucristo, que lo han visto como el que sirve para sus vidas, a veces esas personas están más cerca de encontrarse con el Dios verdadero, que las personas que siempre han estado como en una especie de agua tibia, que siempre creen que han tenido fe, que siempre creen que han sido cristianos.

Quizá algo así es lo que explica el Apocalipsis cuando dice que "ojalá fueras frío o fueras caliente, porque a los tibios los vomitaré de mi boca" Apocalipsis 3,16. Ese estar pero no estar, ese mirar y nunca comprometerse, ese asomarse pero no meter la mano en la candela, ese, eso sí es trágico.

Parecer y no ser, es peor que simplemente no ser; es mejor no ser y no parecer, pero no ser y sí parecer, es una mentira con la que uno se engaña, y una mentira que sólo redunda en desgracia de uno mismo.

Por eso, si para alguno de ustedes Cristo no ha significado mucho o no significa mucho, yo no voy a desesperarme; si estas palabras a alguien le parecen despreciables o le parecen inútiles, yo no voy a desesperarme.

San Pablo conocía de la predicación de los Apóstoles y sabía de la predicación de los cristianos y le parecía que era la cosa más absurda, más ridícula y sobre todo más blasfema de este mundo, y por eso creyó que tenía que perseguir a los cristianos. Y no se daba cuenta que yendo detrás de los cristianos ya estaba muy cerca de seguir a Jesucristo.

El que persigue a los cristianos, ya está persiguiendo a Cristo. Y sabemos lo que pasó, porque Pablo lo comenta en la Carta a los Filipenses: "Yo estaba persiguiendo a Cristo, hasta que Cristo me alcanzó; Él también me estaba persiguiendo a mí" Carta a los Filipenses 3,12.

Entonces una primera aplicación es esa: no desesperemos de los días más trágicos de nuestra vida, no desesperemos de los tiempos más áridos o más oscuros de la existencia, probablemente son esos los tiempos en los que estamos más cerca de Dios.

Y en cambio, cuando creíamos que teníamos muy buenas relaciones, serán únicamente sólo relaciones humanas o relaciones públicas, pero no relaciones divinas, eran relaciones humanas, pero no relaciones divinas; seguramente cuando teníamos buenas relaciones humanas con la Iglesia, teníamos malas relaciones divinas con el Altísimo.

Y eso pasa: uno puede tener relaciones humanas muy decorosas, muy urbanas, muy cordiales, muy amigables con la gente de la Iglesias, y sin embargo estar muy lejos de Dios. No nos fiemos demasiado en ese tipo de relaciones. A veces, repito, los momentos que están más cerca de la manifestación del Señor son los momentos que parecen más estériles.

¿A quién le van a servir más estas palabras? Esto que estoy diciendo, esta predicación ¿a quién le puede servir más? Tal vez no a la persona que ya se siente segura y convencida y a gusto en medio de la Iglesia. Parece que Cristo más de una vez habló para aquellos a los que nada parecía convencerlos.

Cristo es terco en su búsqueda, incluso después de una noche de trabajo infructuoso, tiene cara para decirle a los Apóstoles: "Echen la red otra vez" San Juan 21,6.

Y esta es la segunda idea que quería compartir con ustedes, la tomamos del evangelio. Aquella noche no cogieron nada, Jesús se presentó, los discípulos no sabían que era Jesús, este es un común denominador de las apariciones del Resucitado, algún día hablaremos sobre esto, ¿cómo era posible que no lo reconocieran?

La pregunta que hace Cristo: "Muchachos, ¿tenéis pescado?" San Juan 21,5, es la pregunta que devuelve a esos pescadores a su realidad, a su vacío, ¿es que no sabía Cristo que no habían pescado nada? Claro que lo sabía, pero se lo pregunta porque así los devuelve a ellos, los lleva a ellos a su propia realidad, a su propio vacío, los hace conscientes de su propia indigencia.

Ellos contestaron que "no" San Juan 21,6, les dice: "Echad la red a la derecha" San Juan 21,6. Esta técnica la suele utilizar Cristo muchas veces, y con esto termino mis palabras.

Cristo muchas veces nos hace conscientes de nuestra nada para luego darnos su todo. Es como la contrapartida de que nosotros le hemos rechazado a Él, y después lo descubrimos a Él como lo más importante. Así también Él, primero nos muestra que no tenemos nada, para luego darnos todo.

Y que no tenemos nada ¿qué significa? Cristo se pone a conversar con nosotros, es una conversación un poquito más larga que esta pregunta que les hace a los discípulos, a estos solamente les preguntó: "Tenéis pescado?" San Juan 21,5, ¡claro que no tenían pescado!

"¿Tenéis pescado?" Es: "¡Vuelvan sus ojos a sus manos, a sus redes, a sus barca y dense cuenta que no les funcionó! ¡Ese es un momento glorioso para uno! Cuando uno vuelve los ojos a la vida y dice: "¡Hola, no me funcionó, no funcionó! Nos quema "no me funcionó".

Mi fuerza, mi astucia, mi pericia, mi estilo, mis conocimientos, yo que me las sé todas", y Cristo dice: "-¿Y tus pescados?" "-Verdad, ¿no? Verdad que yo había salido a pescar y cero, ¿no?" Nos cuesta contestarle que "no".

"-¿Y tus pescados?" Esa es la pregunta que nos hace Cristo, "-¿no dijiste que ibas a salir por la vida a conquistar y a recoger? ¿Y tus pescados?" "-No, no, ni uno". "-Bueno, entonces, ya que sabemos que ni uno, no tengo necesidad de regañarte, ya la vida ha sido muy dura contigo, ahora, vete, y echa la red a mi manera".

"Tus metas, tus modos, tus estilos, tus estrategias, fracasaron, ¿cierto que sí fracasaron?" "-No, no fracasaron". "-Y tus pecados?" "-No, mentiras, sí fracasaron". "-Bien, ya que te fracasaron tus métodos, tus fines, tus estilos, ¿qué tal que lo hagamos a mi modo?"

Por eso Juan se puso a pensar la cosa y dijo: "Quién tiene este estilo? Yo aquí no he visto este estilo, ¿quién es el de estas?" Y sintió en su corazón: "¡es el Señor!"

Ese momento de presentarse uno amanecido, cansado, agobiado, resalado, sin un pescado, eso no es muy agradable, y que encima le pregunten: "¿Y sus pescados?" Como renovando el dolor y echándole limón a la herida, eso no es muy agradable.

Pero Cristo lo hace pasar a uno por esas: "-¿Y tus pescados?" "-Nada, no hubo". Cuando uno llega a esa conclusión, entonces Cristo dice: "Mire, yo tengo otro estilo". Pero fíjate una cosa: es otro estilo, pero es el mismo mar.

Mi papá tiene este chiste: resulta que una vez jugaban dos equipos, jugaban un partido de fútbol. Y el equipo "A" le dio una paliza brutal al equipo "B".

Luego un reportero va adonde los del equipo "B" y los entrevista: "-Bueno, ¿qué pasó?" Y dice el jugador estrella del equipo "B", después de semejante paliza, dice: "-Tú puedes decir lo que quieras pero esa cancha es una porquería". Y el reportero, que no sólo era reportero, le dice: "-¿Y el otro equipo en dónde estaba jugando?"

Entonces lo mismo pasa aquí: Cristo lo devuelve a uno al mismo río, al mismo mar, al mismo lago; ahí adonde usted dijo que no, ahí donde usted dijo: "-Este lago es una porquería, ahí nadie saca nada"."-¿Que nadie saca nada? Vaya, al mismo lago, vaya, vaya, y ahora eche la red en mi nombre". Al mismo lago, eso es clave.

Cristo no le da a uno otra vida; ni por las curvas se ve reencarnación en la Biblia. No es otra vida, no es como quien dice: "Bueno, ahí no se podía, de verdad que no se podía, pero vaya e intenten a este otro charquito, a este otro acuario, y ahí sí saquen todo lo que quieran". No.

Cristo lo devuelve a uno ahí, pero ahora es "a mi modo". Y entonces uno cambia sus metas, uno cambia su estilo, uno cambia su mente y dice: "Oiga, ¿y qué tal que yo hubiera estado equivocado de arriba a abajo? ¿Qué tal que sea verdad que mi vida haya estado equivocada así?"

Y con eso en mente, ¿uno qué hace? ¡Red al hombro, mijo, de nuevo al agua, y una pesca abundante, una pesca maravillosa, y después, un desayuno apetitoso con el Resucitado!