Pasion de Cristo 25

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20070901

Segunda hora de agonía en la Cruz. Cuarta palabra: “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?”

Tiempo en audio: 15 min. 58 seg.

Marcos 15, 33-35

Queridos amigos, les habla Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores. Nosotros seguimos recorriendo los minutos de las horas de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo; Porque es nuestro derecho y es nuestro deber conocer ése amor, el amor que allí brilla en las horas angustiosas pero tan fecundas del amor redentor del amor inmenso de Jesús.

Por eso tomamos en cada una de estas reflexiones un momento, un instante, una mirada, una palabra de nuestro Señor queriendo como bebernos, como saborear todo aquello que Él quiso darnos; se ha dicho de la Sagrada Escritura que hay que aprender a leerla con el mismo espíritu con el que fue inspirada y por eso uno necesita pedir la asistencia del Espíritu Santo cada vez que va a tomar la Sagrada Escritura, rogando a ése Espíritu, tu Paráclito que así como inspiró ese texto, así nos permita estar en sintonía con él de manera que recibamos el bien que está en esa Palabra.

Yo creo que algo parecido hay que decir de la Pasión de Cristo, nosotros necesitamos unos ojos que estén lavados que estén ungidos, bendecidos por el amor de Cristo, ungidos por el Espíritu Santo, porque ese amor que consagró la ofrenda de Cristo en la cruz; ese es el mismo espíritu que necesitamos para comprender lo que estaba sucediendo allí.

Muchos de los que estaban alrededor de la cruz no entendían lo que sucedía, es más, instigados por el poder la las tinieblas se burlaban de Cristo, no comprendían lo que estaba pasando allí, para poder nosotros ese libro que es la Pasión del Señor, necesitamos siempre la Espíritu Santo.

Y es que hay como muchas contradicciones o como muchos desafíos a nuestra mente en la Pasión del Señor, cómo encontrar amor en medio de tanto odio, cómo encontrar la paz en medio de tanta guerra, cómo encontrar misericordia cuando todo lo que se ve es crueldad, cómo encontrar redención si lo que vemos es redención y derrota.

Pero me parece que el desafío más grande se resume en esa frase que nos va a ocupar en esta oportunidad, lo que leemos en el evangelio de San Marcos 15, 33-35: “Cuando llego la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena, y a la hora novena Jesús exclamó con fuerte voz “Eloí, Eloí, ¿ lema sabactaní? “ Que traducido significa: “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado?.

Y sin embargo en ésa palabra con toda su dureza, con todo su dolor; también podemos encontrar tres enseñanzas: La primera. Qué cerca está Jesús de todos los dolores, y de todos los adoloridos y de todos los dolientes de esta tierra. Frases parecidas a esta que dijo Cristo Jesús, las hemos escuchado muchas veces seguramente cuando una persona pasa por un tiempo especialmente doloroso, por una terrible calumnia por una enfermedad cruel y prolongada, por la traición de un amigo, por un accidente infortunado.

Cuando una persona pasa por esas circunstancias, fácilmente expresa su frustración, su descontento usando palabras como estás, las palabras de Cristo, y así como es verdad que a través de su encarnación, Jesús el Verbo de Dios se hizo carne, y habitó entre nosotros, así también aquí en la Cruz lo vemos vestido de nuestras llagas, lo vemos sepultado por las mismas angustias y dolores que conocemos, lo mismo rodeado de las mismas o peores traiciones, llagas, golpes y hay algo positivo en esto y es que lo descubrimos “hermano” nuestro, hermano del sufrimiento.

Creo que la persona que llega al colmo del dolor grita: ¡ “¿Dios mío por qué me dejas por qué me abandonas?”¡ Esa persona tiene un hermano en la adorable persona de nuestro Señor Jesucristo, y esto es precioso, no hay una persona no importa cuanto sea su dolor, no importa cuan grande sea la ofuscación de su mente, nadie esta totalmente solo, siempre esta Jesucristo.

Una segunda enseñanza es ver a Cristo orando, esta frase: “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?” esa frase proviene del Salmo 22, Jesús orando en la cruz, y esta también es una lección impresionante para nosotros porque a veces en medio de nuestro dolor se nos olvida orar, Jesús a quién llamamos con justicia “ Nuestro Divino Maestro” Hoy nos enseña a recorrer el camino en medio del sufrimiento, el camino será siempre la oración, porque en la oración nosotros recobramos el hilo dorado del plan de Dios.

Los momentos traumáticos de nuestra vida son como esas cañadas oscuras de las que habla el Salmo del Buen Pastor, y en esas cañadas y en esas angustias lo que necesitamos es encontrar el hilo dorado del plan de Dios, en medio de esas tinieblas lo que más necesitamos es encontrar esa pista para no separarnos del único que nos sacará de las tinieblas.

Es muy fácil equivocarse, es muy fácil hundirse simplemente en la nada, en el resentimiento, en el caos, pero el Señor nos muestra algo distinto, nos invita a perseverar en la oración así nuestra oración sea dolida, así nuestra oración sea con lagrimas, así las palabras salgan a borbotones como con ira de nuestra boa hay que orar, hay que dar, no nos podemos negar la posibilidad de orar, hay que hacerlo; y por eso mis hermanos incluso en esa paradoja del Crsito que dice al papá: “¿Por qué me has abandonado?” hay una luz de sabiduría para nosotros.

Pero todavía digo más, “Dios mío” dijo Jesús, uno superficialmente podría creer que el momento de la prueba es el momento en el que se pierde la fe, pero resulta que esta oración de Cristo puesta en nuestra boca, es la más preciosa profesión de fe, porque hasta cierto punto creer en Dios cuando las cosas salen bien digamos que tiene su mérito pero no es demasiado difícil; en cambio creer en Dios cuando no entendemos su plan, creer en Dios cuando la vida está contradiciendo nuestros deseos, creer en Dios cuando los soportes que teniamos se derrumban y sentimos que vamos como en caida libre.

Creer en Dios ahí, ahí es donde se necesita y ahí en donde se necesita la grandeza de la fe, esa es la fe a la que estamos llamados, esa es la fe a la que nos invita Jesús. La Carta a los Hebreos llama a Jesús “El Autor y Consumador de nuestra fe” Es muy profunda la pregunta: ¿Tuvo Jesús fe? Es un tema que desborda esta sencilla meditación.

Yo solo anotaría dos pequeñas cosas, en la fe hay dos elementos: hay un elemento que es aquello en lo que creemos y hay otro elemento que es la entrega de confianza, ese darnos a aquel en quién creemos, ciertamente la fe como contenido no es propia del Hijo de Dios en esta tierra porque en Jesús solo existe la persona del Verbo y por consiguiente no podemos hablar de fe en Jesucristo en ese sentido.

Nosotros necesitamos hablar de fe para tener algún conocimiento de quién es Dios, pero Jesús no necesitaba esa clase de fe para conocer a Dios, en ese sentido Jesús no tenia fe, sino que tenia visión tenia un conocimiento clarísimo de papá de papá Dios, en ese sentido Cristo no tenia fe, sino tenia conocimiento pleno mirando al cielo.

Pero en otro sentido sí se puede hablar de una fe une Jesús que es en el sentido del acto de entrega, esa donación perpetua, perfectísima, del Hijo de Dios a la voluntad del Padre; esa obediente y amorosa sumisión al querer del Padre, no es otra cosa sino la expresión de una entrega sin límites, de una confianza sin limites y Jesús expresa esto en el mismo evangelio de Marcos por ejemplo cuando dice: “Todos me van a abandonar” Pero no quedo solo, queda mi papá.

Entonces en ese sentido se puede hablar de una fe en Jesús, no en el sentido de un conocimiento porque Jesús no necesitaba fe para conocer, tenia un conocimiento más claro de lo que nosotros podemos expresar con palabras, pero en cuanto a entrega en cuanto a donación se puede hablar de alguna forma de fe en Jesús.

Y este Jesús el Consumador y el Autor de nuestra fe, realiza especialmente esa obra de engendrar y consumar la fe cuando nosotros pasamos por los abismos más profundos cuando sentimos que todo se hunde, cuando no encontramos una pista, ahí la fe se hace perfectísima, y esa fe perfectísima es la que merece recompensa, y es la que trae finalmente la dadiva, la que trae la recompensa, la que trae el precio precioso que Jesús gano para nosotros.

Entonces mis hermanos recojamos las lecciones de esta preciosa escena de la pasión de Cristo, miremos como con temblor al Hijo de Dios en medio de su tribulación, y digámosle desde el fondo del alma ¡ Gracias porque estás a mi lado, gracias porque quieres mi Maestro y porque de ti recibo el don más precioso fundamento de todos los dones la fe.

¡Sea Bendito el nombre de Cristo hoy y siempre¡. Amén.