Pasion de Cristo 16

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Tema 16: Jesus de nuevo ante Pilato. Lucas 23,13-25

Mientras vamos siguiéndo el camino de Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión, creo que a todos nos sucede que muchas veces nos identificamos con algunas de las escenas que se viven en este drama que es el vértice de toda la bondad y de toda la maldad.

No hay maldad más grande que la muerte de un inocente, pero no hay tampoco bondad más grande que la misericordia y el perdón que brotan de ese sacrificio. Y uno se identifica con distintos aspectos de la Pasión, a veces por lo que uno mismo está viviendo, aquello que le sucede a Cristo a veces uno dice: “Es como lo que yo estoy padeciendo o he padecido”.

Cuando una persona, por ejemplo, está pasando por una enfermedad muy grave se siente triturado por dentro, tal vez resulta como natural identificarse con la tortura, con el dolor que padeció Cristo en su cuerpo durante estas horas de la Pasión y sobre todo en la crucifixión; o de pronto, cuando uno se ha sentido abandonado por los amigos, puede mirar también lo que vivió Cristo y decir: “Algo semejante le pasó a mi Señor”. Otras veces uno se identifica con escenas de la Pasión, no mirando directamente a Cristo, sino a las personas cerca de Cristo.

Creo que muchos de nosotros podemos identificarnos con el Apóstol San Pedro que cometió esa traición, porque nuestros pecados también nos recuerdan que hemos traicionado a Jesucristo, o talvez podemos sentirnos que somos como aquellas mujeres que salen al encuentro de Él y que lloran con un llanto que ya en ese momento es terriblemente doloroso, es terriblemente estéril, y algo de eso les dice Él cuando se las encuentra.

El pasaje que vamos a meditar hoy también tiene una conexión muy profunda con nuestras vidas. Resulta que en el evangelio según San Lucas, se nos presenta a Cristo frente a Pilato, en dos ocasiones: y esta es una característica especial de Lucas, pues esto no aparece en los otros evangelios.

Según la narración que nos hace este Evangelista, Cristo es llevado primero ante Pilato, y en un primer momento Pilato quiere quitarse el problema de encima y envía a Cristo donde Herodes. Este es un hombre vanidoso, superficial, con el cinismo que da el poder mal habido y la riqueza sucia, Herodes mira a Jesús como una especie de “milagrero”, como una diversión; Cristo no entra en el juego de Herodes, entonces Herodes, disgustado, lo devuelve donde Pilato.

Pilato toma una decisión

”Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo y les dijo: Me han traído a este hombre, como alborotador del pueblo, pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he hallado en él ninguno de los delitos de los que le acusan. Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y los soltaré.” Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: “¡Fuera ése, suéltanos a Barrabas!” Este había sido encancelado por un motín que hubo en la ciudad y por un asesinato.

Pilato les habló de nuevo, con la intención de librar a Jesús. Pero ellos seguían gritando: “¡Crucifícale, crucifícale¡” Por tercera vez les dijo: “Pero qué mal ha hecho éste? No encuentro en Él ningún delito que merezca la muerte; así que le daré un escarmiento y le soltaré.” Pero ellos insistían, pidiendo a grandes voces, que fuera crucificado y arreciaban en sus gritos.

Pilato sentencio que se cumpliera su demanda. Soltó, pues, al que habían pedido, al que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entrego a su deseo”.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Hay varias cosas que destacar aquí, pero antes de entrar en los detalles, quiero comentar que son muchos los santos que se han identificado con este Barrabás, porque Barrabás sí era culpable y eso lo tenia claro todo el mundo, lo tenia claro Pilato y por eso lo tenia en prisión y el motivo era por motín y asesinato.

Lo tenia claro la gente, porque si le piden a Pilato que suelte a Barrabás, es porque había esa costumbre entorno a la fiesta de Pascua (liberar a uno de los condenados). Así que todo el mundo sabía que Barrabás era culpable, y el mismo Barrabás, y sin embargo Barrabás queda libre de su castigo, queda libre de la muerte, es rescatado de la muerte.

Y el lugar de él, que era el culpable, Cristo toma su sitio, pero resulta que Cristo es el inocente, Cristo no merece la muerte, pero la acepta, la recibe, y gracias a que Cristo recibe esa muerte, Barrabás que en cambio sí la merecía, queda libre.

Este misterio, este intercambio, viene a ser como el resumen de lo que es toda la Pasión de Cristo; a mí personalmente no me cuesta trabajo ponerme en el lugar de Barrabás y descubrir que también yo soy culpable, que mucho de lo que es culpa y de lo que es pecado en mí, seguramente está a la vista de la gente, como Barrabás era culpable a la vista de todo el pueblo.

Y sin embargo Cristo, aceptando su Pasión, muriendo por mí ha traído esa libertad. Por su puesto, viene también a mi memoria la frase de Santa Catalina de Siena, que llorando delante de la cruz, le dice al Crucificado: Esto no puede ser, porque yo soy el ladrón, y tú eres el ajusticiado”.

Hay un intercambio ahí, por supuesto que ese intercambio tiene que ver con un exceso de amor y este exceso de amor va mucho más allá de la justicia, que es un aspecto que tenemos que destacar en toda la Pasión de Cristo.

En términos de justicia, lo único que podía suceder era que Cristo fuera liberado y que Barrabás fuera condenado, eso era lo que pedía la justicia.

Pero hay que destacar que Cristo aquí, de acuerdo con el designio de Dios Padre, no está aplicando esa clase de justicia, uno incluso podría decir que aquí no se hace justicia, que lo que se está realizando aquí es mucho más que justicia, pertenece a un orden nuevo, pertenece al orden de la caridad, de la gracia, de la misericordia, de la redención.

En realidad, en el Antiguo Testamento ya aparecían algunas señales de esto mismo que comentamos, en el Salmo 130, en la Liturgia de las Horas 129, le decimos al Señor: ”Si llevas cuenta de los delitos, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto” Salmo 130,3. Las dos frases son importantes.

En realidad, todos somos Barrabás, en realidad y ante la presencia de Dios, del Dios santo y majestuoso, toda lengua tiene que callar, toda frente tiene que agacharse, todos tenemos que humillarnos en la presencia de Dios.

Porque si hemos cometido pecado, por supuesto eso nos humilla, pero llegamos también a entender que los pecados que no hemos cometido, ha sido fundamentalmente porque Él mismo nos ha sostenido.

Como dice el lema de alguna comunidad religiosa: “Dios a algunos los salva levantándolos y a otros no dejándolos caer”. Pero en ambos casos es Dios, el Dios es único protagonista, es Dios el único santo, es Dios el único bueno y por eso toda rodilla tiene que doblarse delante del Señor, y toda frente tiene que abajarse y toda lengua tiene que callar.

Dice el Salmo: “De ti procede el perdón, y así infundes respeto” Salmo 130,4. Yo creo que esto es muy importante, el respeto del lo que hablamoss en este Salmo corresponde a lo que nosotros llamamos el temor de Dios.

Pero observemos en qué consiste el temor de Dios, no es el miedo que se siente ante un garrote, no es el miedo, no es el temor que se siente frente a una tragedia o frente a un poder que se lo puede tragar a uno.

Cuando, por ejemplo, un oso que me persigue con furia en le bosque, lo que siento es pánico, porque la fuerza de él puede destrozarme puede despedazarme; pero resulta que no es así como Dios crea en nosotros ese don del Espíritu, ese don que se llama el temor de Dios.

El temor de Dios es lo mismo que dice el Salmo 130: “De ti procede le temor y así infundes respeto” Salmo 130,4.

Efectivamente, para perdonarse necesita otra clase de poder, un poder que es mayor que el del oso enfurecido, un poder más grande, ¿y por qué es más grande perdonar que atacar? Porque como vemos en el caso de Barrabás y como vemos en el caso de la confesión, lo que Dios hace al perdonarnos es crearnos de nuevo, es tan bella la teología del sacramento de la Confesión.

El sacramento de la confesión o de la reconciliación, es una participación en el poder creador de Dios, es sentir que Dios nos está creando, que nos está haciendo de nuevo.

Entonces, el poder del osos enfurecido es poder para destruir lo que ya existe, mientras que el poder del perdón es infinitamente superior porque es el poder para construir, para crear más allá de lo que ya existe.

Entonces Dios se gana todo nuestro respeto, Dios se gana todo nuestro amor, Dios se gana toda nuestra gratitud; Dios se gana el reconocimiento de su soberanía, no principalmente porque "¡uy, me va a aplastar! Uy, me va a triturar! ¡Uy, Me va a echar al infierno!" Dios no es un oso enloquecido, Dios se gana todo mi respeto porque es capaz de perdonarme.

Hay que decir algo sobre la manera como obra Pilato, porque si bien es cierto que uno se puede identificar con Barrabás, también a veces hay que identificarse con Pilato aquí, y voy a decir por qué.

Observemos de nuevo que aparece el número tres, hemos escuchado muchas veces las tres negaciones de Pedro, pero resulta que el número tres en la Biblia tiene una importancia muy grande.

El número tres es el número que completa un proceso, cuando se dice, por ejemplo, que Cristo estuvo tres días y tres noches en el sepulcro, la idea no es pensar en setenta y dos horas contadas por un cronómetro.

Ese número tres quiere decir un proceso completo, cuando decimos que Jesús estuvo tres días, así como Jonás estuvo tres días en el cetáceo, tres días quiere decir que en tres días tiene que completarse el proceso, es decir, realmente hay que morir.

En un lenguaje más filosófico, más abstracto, más formal, aquello de los tres días de Cristo, lo que quiere decir es: la completa, real muerte de Cristo, es decir, es una afirmación: “Tengo que morir realmente, la muerte tiene que acontecer en mí, totalmente”. Eso es lo que dice Cristo.

Y vemos las tres negaciones de Pedro, más que un conteo material, lo que quiere decir es que él lo negó completamente, completa y absolutamente; y aquí en el pasaje que hemos leído, Pilato tres veces dice: “Por tercera vez le dijo: "¿Qué mal ha hecho éste, no encuentro en él ningún delito” San Lucas 23,22, tercera vez que lo dijo.

¿Esto qué quiere decir? Quiere decir que Pilato estaba radical y completamente convencido de la inocencia de Cristo; si lo dice por tercera vez, es porque se ha completado el juicio y el veredicto de Pilato,la frase exacta es: “No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte” San Lucas 23,22.

Ese es el veredicto de Pilato, esa es su sentencia y él era el representante del Imperio Romano.

Y se supone que los romanos son los grandes adalides de la justicia, –todavía en las universidades donde se estudia Derecho hay clases de Derecho Romano-. ¿Y por qué estudiamos Derecho Romano y no derecho hindú, o derecho hudaritico o derecho sudafricano? Pues porque resulta que el Derecho Romano es toda una referencia para la historia de la humanidad.

Y el representante del Derecho Romano aquí, el representante del Imperio aquí es Pilato, y Pilato por tercera vez dice: “Este hombre es inocente”; es decir, él estaba radical y completamente convencido de eso, eso es lo que nos quiere decir el texto.

Pero ahora observemos cuál es la actitud, cuál es la respuesta de la gente: “Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados, a todo el pueblo” San Lucas 23,13.

Y entonces dice eso que lo va a castigar y que lo va a soltar, ¡qué tal eso, es inocente pero lo voy a castigar!, ¿qué clase de juez es ese? ¡Es inocente pero lo voy a castigar!

Eso indica un hombre que desde el principio está dudoso, un hombre que desde el principio no está firme en sus principios, –valga la redundancia-, dicho de otro modo, este es un hombre sin principios, él por un lado está representando la justicia, pero por otro lado, desde el principio, es un hombre en duda.

Y el que está en duda, le sucede como a aquel muchacho que estaba viendo la predicación de San Pablo, según nos cuentan los Hechos de los Apóstoles; pero el muchacho estaba sentado en el borde de la ventana, estaba medio adentro y medio afuera.

Y al final se durmió y se cayó hacia el lado de la calle, y lo encontraron muerto, entonces al final San Pablo tuvo que hacer el milagro de resucitar este muchacho.

Y lo importante es que cuando esto sucede es porque el muchacho está en el borde, lo que nos quiere decir la Biblia de muchas maneras es que es peligroso estar en el borde porque es muy fácil caerse.

Eso fue lo mismo que le sucedió a Herodes, acuérdense que Herodes también estaba en el borde con respecto a San Juan el Bautista, Herodes estaba convencido de que Juan el Bautista era un profeta, y la Biblia nos dice que Herodes oía con gusto la predicación de Juan Bautista y le pedía consejo en muchas cosas.

O sea Herodes sabía que Juan Bautista era un profeta, pero estaba dividido porque tenía su asunto con aquella mujer, que era la esposa de su hermano, entonces él trataba al mismo tiempo de estar con Juan el Bautista, y de estar con su adulterio, que tenia incluso características de incesto.

Estaba en el borde y el que está en el borde termina cayéndose; entonces cuando llegó la ocasión la hija de Herodías, le dijo: “Bue,no ahora necesito que decapites a Juan el Bautista”, y cayó.

Lo mismo le pasa a Pilato y Pilato dice: “Pues sí es inocente, pero le voy a dar una golpiza, le voy a dar unos cuantos latigazos. ”Como quien dice, está en el borde, está tratando de balancear y de darle gusto a todo el mundo.

Por un lado quiere que quede claro que él es un hombre verdadero, pero por otro lado también quiere darle gusto a los magistrados. Y fíjense lo que termina sucediendo.

Este texto también es una invitación a que no imitemos a Pilato, en el libro del Deuteronomio capitulo seis, nos dice el Señor: “Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu corazón” Deuteronomio 6,4.

El Señor nos pide lo mejor y todo de nuestro corazón; no es fácil, cometemos incoherencias, tenemos dificultades, pero el hecho de que nosotros fallemos o nos equivoquemos en esto, pues únicamente indica lo cerca que estamos de Pilato y lo lejos que podemos estar de Cristo.

Acerquémonos, mis hermanos, a este señor Jesús, que no dice una sola palabra en este pasaje y sin embargo, Él es el que domina la escena.

¡Qué la gloria sea para Él, que Él nos otorgue la conversión de corazón!