Pasion de Cristo 13

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Fecha: 20070605

Título: Jesús ante Caifas y el Sanedrin

Original en audio: 20 min. 12 seg.

San Lucas 22,63-71


Queridos Amigos:

Acompañando el camino de Jesús, caminando con ustedes junto a Jesús en las horas más dramáticas, no sólo de su vida, sino de la historia de la maldad; porque lo que estaba en juego en medio de esa confusión, de tortura, traición y dolor, lo que estaba en juego ahí era el futuro mismo, el destino mismo de la humanidad.

Ningún descubrimiento científico, ninguna obra de arte, ningún libro, ninguna poesía, ningún alimento, ningún invento, nada se puede comparar con lo que logró Jesucristo para nosotros en esas horas.

Las horas de la Pasión de Cristo, son las horas densas por excelencia, y la densidad quiere decir plenitud de significado. Podemos decir que cada una de las gotas de Sangre de Cristo es un discurso de amor que viene del cielo; podemos decir que cada una de las gotas de su sudor y de su sangre, es una declaración del amor de Dios, es una denuncia de la gravedad del pecado, y es un anuncio del poder de la gracia.

Por eso nosotros nos detenemos, nos demoramos, posamos nuestros ojo en la Carne lastimada de Jesús, porque creemos aprender a leer sus Llagas.

Santa Catalina de Siena hablaba del Cuerpo lacerado de Cristo como una especie de biblioteca de amor, y decía que cada una de las grandes Llagas en las manos, en los pies y en el costado, cada una de esas cinco Llagas era como el comienzo de un capítulo, en esa obra maravillosa, -hoy diríamos enciclopedia-, en esa enciclopedia del amor que es Cristo Crucificado.

Hoy por ejemplo, queremos mirar a Jesús ante el Consejo superior de su pueblo, lo que se llamaba el Sanedrín. Es una institución que no tiene equivalente exacto en nuestra organización civil o judicial actual. El Sanedrín vendría a ser algo parecido a lo que en algunos países llaman el Supremo, o la Corte Suprema de Justicia.

No había una autoridad para asuntos penales o legales; los judíos no tenían una autoridad superior a la del Sanedrín, en ese sentido equivaldría como a la Corte Suprema de Justicia; pero el Sanedrín era muchas otras cosas.

En algunas Biblias se le traduce con la palabra "senado" en español, viene de senatus en latín, y "senatus" viene de "señor", que es la persona mayor. Algo de eso queda en español, cuando, por ejemplo, nosotros hablamos de "demencia senil", esa senilidad indica la edad avanzada, el anciano.

De manera que el Senado es como el Consejo de los Ancianos, el Senatus en Roma indicaba eso: aquellas personas que, antes, por su edad, pero después, el término significa su experiencia, su importancia, son como los primeros, son como los príncipes –eso significa la palabra príncipe, el primero, el que va de primero-, son como los príncipes, son como los príncipes de la patria; el Senado.

Podemos decir que el Sanedrín equivalía como a ese Senado. En los libros del Levítico y del Deuteronomio en la Biblia, se habla de los ancianos y de la importancia de consultar a los ancianos. El Sanedrín venia a recoger esa tradición; de manera que era como un cuerpo deliberativo, era como un cuerpo legislativo también.

O sea que por una parte tenía lo que nosotros llamaríamos hoy el Poder Judicial, y por otra parte tenia también el Poder Legislativo, pero tenia también el poder que nosotros llamamos el Poder Ejecutivo.

Lo que sucede es que ese Poder Ejecutivo estaba como suspendido por la presencia del Imperio Romano. Entonces, los jefes de ese Senado, es decir, los sumos sacerdotes y la gente más influyente del Sanedrín lograban el poder ejecutivo a través de sus influencias, a través de sus intrigas, a través de su política con los romanos, y el ejemplo más dramático que tenemos de ese Poder Ejecutivo es, precisamente, que ellos se resuelven a condenar a Cristo a muerte, y lo logran.

Aunque no tiene Poder Ejecutivo, lo logran presionando, influyendo de muchas maneras en Pilato, que era el Procurador romano. De manera que el romano, terminara haciendo lo que ellos querían. Con un poco de lo que hoy llamaríamos "lobby", o con un poco de intriga, podían tener los tres poderes: judicial, Legislativo y Ejecutivo.

Así que Jesús llega al Senadrin y es realmente a enfrentarse con los poderes de su propio pueblo, y lo primero que llega a nuestra mente es aquello que dice en el evangelio de Juan, capitulo primero: "Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron" San Juan 1,11.

Porque es que además el Sanedrín tenia otra clase de poderes, como nos cuenta el Evangelista Lucas 22,63-71; ahí nos cuenta Lucas que Jesús es llevado al Concilio de los ancianos del pueblo, es la traducción que tiene la Biblia de Latinoamérica; el Concilio de los Ancianos del pueblo, o sea, lo que llamamos el Sanedrín, y allí estaban los principales sacerdotes, y allí estaban los escribas.

Entonces, a parte de los poderes civil, judicial, Ejecutivoy Legislativo, el Sanedrín también reunía el poder religioso, de modo que oponerse al Sanedrín terminaba siendo equivalente a renegar de la fe, a renegar de la religión, y eso para un judío tenia que ser la condenación a muerte.

De acuerdo con la Ley de Moisés, el Sanedrín también tenia ese poder, y el hecho que Lucas mencione a los escribas es muy importante, porque los escribas eran como la clase intelectual de la época.

Se les llamaba escribas porque ellos tenían ese don, –tan escaso en aquella época-, de poder leer y escribir. Y tengamos en cuenta que en una cultura tan marcada por la religión, el saber leer y escribir era fundamentalmente un modo de acceder a la Ley, acceder a lo que nosotros llamamos Sagrada Escritura.

Y lo importante de esto ¿qué es? Que el que podía acceder, el que podía leer la Sagrada Escritura y leer sus comentarios, muchos de los cuales han pasado a lo que se llama el Talmut judío, el que puede leer la Escritura y el que puede leer el Talmut, tiene una ventaja enorme sobre el común de la población.

Porque entonces su titulo es el de "Maestro". Los escribas ni siquiera tenían sueldo, pero su influencia social era muy grande porque ellos eran considerados maestros, el título era "Rabí", el maestro, el que enseña.

Entonces realmente, el Sanedrín congregaba todo lo que podía ser poderoso en ese pueblo, todo lo que podía ser fuerte en ese pueblo, y cuando Lucas nos dice que ahí estaban los principales de los sacerdotes y que ahí estaban los escribas, lo que nos está diciendo es que Jesús está frente a todo lo que es fuerte en su propio pueblo.

Y es esta institución poderosísima, es esta institución irrevocable, por encima de la cual se supone que no hay nada más, y es esta institución precedida por el sumo sacerdote, que en esa época era Caifás, un sumo sacerdote un poco títere, porque como mencionamos en otra oportunidad, el poder detrás del trono seguía siendo Anás.

Caifás era el sumo sacerdote en aquella época, según los arreglos políticos que se habían inventado los mismos saduceos –la familia sacerdotal-, es el Sanedrín precedido por el sumo sacerdote, el que le hace la pregunta fundamental, le hace esa pregunta a un hombre que está despedazado por la tortura, por el cansancio, por la deshidratación; es el hombre que viene de la humillación, es el hombre que ha sido violentado, que ha sido fraturado en su ánimo.

A ese hombre que ha pasado por una noche espantosa, infernal de tortura, y de humillación, y de oprobio, y de escupitajos, y de azotes, a ese hombre así, se le lleva ante el poder. Entonces veámos el contraste: es el hombre pisoteado, Jesuscrsito, es el hombre masacrado, es el hombre torturado, es el hombre despojado de su divinidad, que es llevado ante el gran poder.

Debía ser algo muy sencillo. Se supone que el diálogo debía ser breve, se supone que Jesús tenía que rendirse, estaba desgastado, no lo habían dejado descansar un solo segundo, no había podido dormir, no había podido comer, no había podido beber, había perdido mucha sangre y había sido sometido a toda clase de ultrajes.

A este Jesús, molido, lo llevan ante el poder más grande y le preguntan: "Ahora dinos sí eres el Ungido" San Lucas 22,67, o sea el Mesías. La palabra ungido en español, equivale a Mesías en hebreo, que equivale a Cristo en griego, es importante recordar esa equivalencia.

Traen a Jesús así torturado, humillado, pulverizado, piensan ellos, y le preguntan: "Dinos si tú eres el Ungido" San Lucas 22,67.

Por supuesto que como todas las ideas que había sobre el Mesías en aquella época, eran las de un Mesías victorioso, una especie de general que vuelve en victoria de sus batallas, para ellos no había discusión posible, lo único que podía hacer Jesús era tirarse a sus pies, pedir algo de misericordia, arrepentirse de lo que había enseñado, y salir como un perrito regañado.

Eso era lo que ellos estaban esperando seguramente: "¡Ya tiene que estar molido este hombre, a ver, dinos si eres el Mesías, dinos si eres el Cristo, dinos si eres el Ungido de Dios"; "¿Eres tú el Elegido?" San Lucas 22,67; "¿tú, a quien hemos tratado como nos ha parecido, tú, al que hemos golpeado hasta saciarnos, tú, que ni siquiera puedes adivinar quién te golpea?"

Entonces responde Jesucristo, de un modo sorprendente: “Si os lo digo, no creeréis; si os pregunto, no responderéis. Pero de ahora en adelante el Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios" San Lucas 22,68-69. Y ellos se sorprenden porque ellos sabían de qué estaba hablando Jesús.

¡Ese lenguaje de Cristo es tan precioso y tan preciso! "Si os lo digo, no creeréis" San Lucas 22,68, esa frase significa: "El problema no está en mí; yo no he cambiado porque ustedes me torturen, ni ustedes han cambiado al torturarme; ustedes siguen siendo los mismos incrédulos que buscaban esta oportunidad”.

Y luego dice: "Si os pregunto, no responderéis" San Lucas 22,67, esa frase es muy importante, porque en el Sanedrín el que tenía el derecho de cuestionar, el que tenía el derecho de hacer las preguntas, era el que tenia el papel de juez y como de representante de Dios.

Por eso recordamos que es Anás el que también le pregunta a Jesús, y aquí el Sanedrín es el que le pregunta a Jesús, seguramente por boca de sus sumo sacerdote Caifás: "A ver, dinos" San Lucas 22,60, y Jesús dice: "No, es que yo también puedo cuestionar". ¡Es impresionante, la fortaleza de Jesús nos deja asombrados!

"Si os pregunto, no responderéis" San Lucas 22,67, y añade: ”El Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios" San Lucas 22,69, una frase que era inequívoca para ellos; esa expresión alude a un texto del profeta Daniel, en el que se presenta al representante de Dios, al enviado de Dios, al ungido de Dios como un figura de Hijo de hombre, que se sienta a su diestra.

Lo que está diciendo Jesús es: "Claro que yo soy, yo lo soy", y entonces le preguntan todos en el colmo del estupor: "¿Entonces tú eres el Hijo de Dios?" San Lucas 22,70, aludiendo a ese texto del profeta Daniel.

Y Él les respondió: "Vosotros lo estáis diciendo" San Lucas 22,70, como preguntándoles qué se siente tener en la boca esa frase; "son ustedes los que lo están diciendo" San Lucas 22,70.

Sin embargo los corazones de estos acusadores de Cristo, están ciegos y duros y lo único que ellos concluyen es: "¡Bueno, ya que más necesidad de testimonios, ya lo podemos condenar por su propia boca!"

Uno queda indudablemente entristecido de ver esa dureza del corazón humano que se cierra a la evidencia, para ellos esto era un problema ya resuelto, para ellos Jesús únicamente podía tirarse al suelo, en llanto, en humillación, en confusión y pedir un poco de misericordia.

Y resulta que se presenta para decirles: "Son ustedes los culpables, porque no creen, son ustedes los que no aceptan el juicio de Dios; yo sí soy el enviado de Dios, en mí sí se están cumpliendo las Ecrituras, y ustedes con su propia boca hacen bien en reconocerlo".

Eso dice Jesús después de haberlo sometido a una tortura infame. ¡Qué grande es Nuestro Señor Jesucristo! ¡Cuánta gentileza, cuánta bondad, pero también cuánta luz y cuánta fuerza en sus palabras!

Sigamos, mis hermanos, en la contemplación de la Pasión de Cristo. Yo les invito a que nos volvamos fanáticos de la Pasión de Cristo, que miremos, que contemplemos el dolor de Jesús y el amor de Jesús con algo del mismo amor, del mismo fuego que lo movió a Él, para llegar hasta esos extremos.

El mismo Jesús nos regale de ese amor y de esa luz, y que nosotros nos sintamos gozosos de pertenecer a su rebaño y de anunciar sus maravillas.