Pasion de Cristo 08

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Fecha: 20080201

Título: Tercera Hora de Agonia en Getsemani

Original en audio: 16 min. 14 seg.

San Mateo: 26,36-46


Queridos Aigos:

Aquí todos unidos en torno al misterio del dolor y del amor de Cristo. Algunas personas se extrañan que le demos tanto tiempo a la Pasión del Señor, me acuerdo una amiga que me dijo una vez: "A mí no me gusta la Cruz de Cristo; yo prefiero solamente ver al Cristo Resucitado, o ver a Cristo multiplicando los panes, o enseñando a las multitudes".

Esta amiga sentía un rechazo ante esa imagen del Cristo bañado en sangre, bañado en dolor, o el Cristo que llora. Pues finalmente llora nuestros pecados ¿no? Esta querida amiga, después cambió su punto de vista, y lo que la hizo cambiar fue que descubrió algo esencial, algo que todos debemos descubrir.

Cada una de esas lágrimas es una sílaba de un poema de amor. Lo que tenemos en la Pasión de Cristo, es la poesía del amor de Dios escrito con sangre humana, esa es la Pasión de Cristo. Y sobre todo cuando miramos a Jesús en la Cruz, como lo vamos a tener que mirar a medida que avancemos en estas meditaciones. Sabemos que Cristo en la Cruz fue despojado de sus vestiduras.

Pero eso, ¿qué quiere decir? Eso quiere decir que ese Cristo estaba vestido con su Sangre, ese fue su ornamento sacerdotal, Jesús estaba vestido de Sangre, esa es la estola, esa es la casulla de Jesús. Esto es muy hermoso tenerlo en cuenta para que nosotros, por ejemplo, sacerdotes, sepamos con qué actitud tenemos que celebrar la Santa Misa.

De pronto algún sacerdote esté escuchando estas palabras, y decía San Carlos Borromeo a los sacerdotes: "Cuando vayas a atender a una persona, piensa cuánto le costó a Cristo, piensa que fue sangre lo que le costó esa alma". Lo mismo hay que decirle al sacerdote cuando va al altar: "No te vayas revestido solamente del alba, de la casulla, vístete de la Sangre de Jesús, porque así fue como Jesús celebró la Misa del Calvario en su propia Sangre".

Como nosotros estamos así enamorados de la Sangre de Cristo, que es el poema del amor de Dios, entonces nos detenemos en cada uno de los aspectos de esta Pasión, por eso este es el tercer programa que dedicamos a la agonía de Jesús en el Huerto.

Cada uno de los programas se refiere a una de las versiones que tenemos de esa agonía. Primero escuchamos la parte de San Marcos, luego a San Lucas y ahora vamos, el día de hoy, con San Mateo.

Notaremos que la versión de San Mateo y la de San Marcos son muy parecidas, sin embargo hay algunas pequeñas diferencias que también habrá que destacar en su momento. El texto de San Mateo lo encontramos en el Capítulo veintiséis, los versículos del treinta y seis al cuarenta y seis.

"Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: "Siéntense aquí mientras yo voy más allá a orar. Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentir tristeza y angustia; Y les dijo: "Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos"" San Marcos 14,32-34.

Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: "¡Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí! Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Volvió donde sus discípulos, los halló dormidos; y dijo a Pedro: "¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo? Estén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil" San Marcos 14,35-38.

"De nuevo se apartó por segunda vez a orar: “Padre si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.” Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras" San Marcos 14,39-40.

Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: "¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. Levántense. Vamos. El traidor está a punto de llegar" San Marcos 14,41-42.

¿Qué vamos a destacar en esta ocasión sobre esa oración de Cristo? Observemos que se trata de un acto sacerdotal, observemos que Jesús está intercediendo, que es lo propio del sacerdote. A mí me gusta la palabra interceder. Resulta que interceder viene del latín, como tantas palabras de nuestro idioma español, y literalmente lo que quiere decir es: ponerse en medio.

Eso es lo que quiere decir interceder. "Intercedere" es: ceder entre, de la misma raíz viene, "proceder", "retroceder", ese ceder no se refiere a dar, sino se refiere a, diríamos, dar un paso, avanzar, o retroceder, o en fin.

En el caso de interceder es: meterse entre. Jesús en Getsemaní está haciendo la labor del puente, que esa de las imágenes predilectas de Santa Catalina de Siena. Cuando Santa Catalina va a describir la vida de Cristo y la misión de Cristo, lo que dice es: “Él es el puente”, puente es el que se puso en medio.

Ese es Jesucristo, el que se puso en medio, se puso en medio de la santidad de Dios y el pecado de los hombres, y así quiso ser para nosotros el Dios Santo y compasivo, y así quiso ser para el Padre, el Hijo amoroso y obediente.

Es impresionante el tamaño de Jesucristo. Jesucristo, intercediendo, tenía que vencer la distancia, una distancia infinita entre Dios que todo lo puede, y nuestra naturaleza que es tan frágil; entre Dios que todo lo sabe, y nuestra ignorancia que es tan acusada; entre Dios que es pureza que es santidad, y nosotros que estamos salpicados de tanta suciedad y tanto barro.

Y Jesús tenía esa misión: cubrir esa distancia, eso es ser sacerdote, eso es interceder, es ofrecer oblaciones, sacrificios, oraciones para cubrir esa distancia. Y yo destaco el aspecto sacerdotal, no por hablar únicamente del sacerdocio ministerial, que por ejemplo Dios me ha concedido, sino porque tú que me estás oyendo, si eres bautizado, participas de esa misión de Cristo.

Tu misión es ser puente, tu misión es interceder, tu misión es hacer posible que Dios llegue hasta los hombres y que los hombres lleguen hasta Dios, tu misión es ser presencia, sonrisa de Dios, corazón de Dios, que pueda llegar a esta humanidad agobiada, a esta humanidad necesitada, a esta humanidad rebelde y enferma.

Ser corazón de Dios para los hombres y al mismo tiempo ser llaga de los hombres ante Dios; presentarle a Dios esta humanidad. ¡Qué hermosa es la labor del puente! ¡Pero qué dura! Por eso Jesús siente que su Corazón es tensionado hasta el punto de ruptura, por eso siente que se muere, porque es demasiado para Él, es demasiado.

Ser Dios para los hombres, ser hombre para Dios, presentarle a los hombres la bondad de Dios, presentarle a Dios las necesidades de los hombres, eso es ser puente. Ese es el misterio de Getsemaní, eso es lo que tú y yo tenemos que ser, hermanos, eso es lo que tenemos que ser.

Llegar donde los hombres con la bondad de Dios y llegar donde Dios con las miserias de los hombres. Llegamos donde los hombres con la bondad de Dios, presentándoles cómo es Dios en su ternura, en su compasión, en su misericordia, en su poder; y llegamos donde Dios, con las necesidades de los hombres, rogando que Dios sane, que Dios perdone, que Dios libere, que Dios haga su obra perfecta en ellos.

Eso trae lágrimas, eso trae lágrimas, no se puede hacer labor de puente, si no es siguiendo el camino de Cristo, eso significa que nos estiren; una de las torturas más terribles que ha inventado la humanidad, es eso, estirar a la gente.

Es lo que se llamaba "el potro", halaban a las personas hasta reventarlas. El que quiera ser puente que sepa que vivirá esa tortura, ¿por qué? Porque si yo voy donde los hombres a presentarles el rostro amoroso de Dios, me van a tratar a mí como tratan a Dios, ¿y cómo tratan a Dios?

Con desprecio, con blasfemia, con burlas, con ingratitud. Si yo quiero ser mensaje de Dios para los hombres, yo no puedo esperar que me traten de otra manera. Así me van a tratar, con desprecio, con ingratitud, con blasfemia; así recibieron a Cristo, así me van a recibir a mí.

Y si yo quiero ser la necesidad viva de los hombres delante de Dios. Pues entonces, ¿qué tengo que tener sobre mí? Lo que tuvo San Pablo, lo que tuvo Santa Catalina, lo que tuvo el Padre Pío: las llagas; y eso duele. Tengo que tener las llagas de la humanidad en mí. Entonces, tener el corazón de Dios para los hombres, ya eso suena poético; pero cuando pienso cómo me van a tratar, como cuando pienso cómo me van a rechazar, entonces ya no suena tan poético.

Porque los que rechazan a Dios, también me rechazan a mí, lo dice el Santísimo Señor Jesucristo, en el Evangelio de Juan: "Si me han rechazado a mí, los van a rechazar a ustedes” San Juan 15,20.

Yo no puedo ser embajador de Dios, y esperar que me traten mejor de lo que trataron al que Él envió, eso no puede suceder. Y si quiero ser embajador de los hombres ante Dios, pues yo tengo que llevar como San Pablo; decía San Pablo: "Yo llevo en mi cuerpo las señales de Cristo" Carta a los Gálatas 6,17. Yo tengo que llevarlas.

Entonces, yo tengo que llevar en mi corazón las angustias del secuestrado, tengo que llevar en mi corazón la soledad asfixiante de la viuda, tengo que llevar en mi corazón la pregunta punzante del enfermo terminal, tengo que llevar en mi corazón la ira del que ha perdido un amigo en combate.

Todo eso tengo que llevarlo; mi corazón tiene que estar triturado. Hay una frase tan hermosa, pero tan terrible que dijo San Ignacio de Antioquia: “Yo soy trigo, me tienen que moler, porque si no, no sería hostia". Y es verdad, una hostia no se hace juntando granos de trigo y poniéndolos sobre un platico.

Hay que molerlos, me tienen que moler para que haya una hostia. Y es con el corazón triturado como nosotros nos presentamos ante Dios para decirle: "Misericordia, misericordia, misericordia, Señor, para este mundo".

Yo creo, mis hermanos, que desde este ángulo podemos entender un poquito más lo que había en el Corazón de Jesús, y lo que significa Getsemaní. Nosotros sólo con la ayuda de Cristo podremos participar en algo de lo que significa ser puente, ése llevar a Dios hasta los hombres y llevar los hombres hasta Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén.