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¿Y en qué consistía el sudario? El sudario era una tela larguísima, ¡larguísima! Puede ser de unos cinco metros o más: una tela rectangular, muy larga. Se acuesta al muerto ahí, y el muerto queda cubierto abajo y encima por esa especie de sudario. El sudario que se conserva en la ciudad de Turín nos da una idea de cómo era ésto. Ustedes han visto fotos o quizás alguno haya ido allá: una tela larguísima, unos cinco metros, y tiene algunas manchas que no se reconoce a simple vista en qué consisten.  
 
¿Y en qué consistía el sudario? El sudario era una tela larguísima, ¡larguísima! Puede ser de unos cinco metros o más: una tela rectangular, muy larga. Se acuesta al muerto ahí, y el muerto queda cubierto abajo y encima por esa especie de sudario. El sudario que se conserva en la ciudad de Turín nos da una idea de cómo era ésto. Ustedes han visto fotos o quizás alguno haya ido allá: una tela larguísima, unos cinco metros, y tiene algunas manchas que no se reconoce a simple vista en qué consisten.  
  
No sabemos si ése fue el sudario que se utilizó en la muerte de Cristo; hay indicios poderosos que dicen que sí, hay otra gente que desconfía; siempre pasa esto. En todo caso, el sudario era esa tela rectangular larga. Situaban el cadáver ahí; al cadáver le amarraban la mandíbula y también le ponían, -se acostumbraba algunas veces-, monedas sobre los párpados, para que los párpados no se retrajeran y dejaran al descubierto la cuenca del ojo. Es decir, tenían todo un sistema: envolver en la tela, poner el sudario, amarrar la mandíbula, etcétera.  
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No sabemos si ése fue el sudario que se utilizó en la muerte de Cristo; hay indicios poderosos que dicen que sí, hay otra gente que desconfía; siempre pasa esto. En todo caso, el sudario era esa tela rectangular larga.  
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Situaban el cadáver ahí; al cadáver le amarraban la mandíbula y también le ponían, -se acostumbraba algunas veces-, monedas sobre los párpados, para que los párpados no se retrajeran y dejaran al descubierto la cuenca del ojo. Es decir, tenían todo un sistema: envolver en la tela, poner el sudario, amarrar la mandíbula, etcétera.  
  
 
Cuando enterraron a Cristo, este procedimiento se siguió; pero, se siguió de una manera apresurada. Sabemos que Nicodemo aportó cerca de veinticinco o treinta kilos de estas sustancias aromáticas, entre ellas mirra. Mas, no hubo mucho tiempo, realmente, de preparar el cadáver, sino fue casi dejarlo en ese lugar, envolverlo en la tela, ponerlo sobre el sudario y tal vez echar algunas de estas sustancias.  
 
Cuando enterraron a Cristo, este procedimiento se siguió; pero, se siguió de una manera apresurada. Sabemos que Nicodemo aportó cerca de veinticinco o treinta kilos de estas sustancias aromáticas, entre ellas mirra. Mas, no hubo mucho tiempo, realmente, de preparar el cadáver, sino fue casi dejarlo en ese lugar, envolverlo en la tela, ponerlo sobre el sudario y tal vez echar algunas de estas sustancias.  
  
La razón por la que había que apresurarse tanto, es porque Cristo fue crucificado en viernes, o sea, víspera de sábado. Sin embargo, para los judíos el día empieza con la caída del sol. Es decir, cuando cae el sol el día viernes, ya empezó el sábado: ya no se puede hacer nada. Siendo así que Cristo murió sobre las tres de la tarde, -entre las tres de la tarde y la caída del sol, que pudo haber sucedido sobre las seis y tanto-, tenían apenas unas pocas horas para hacer todo ésto que hemos dicho: traer las sustancias aromáticas, envolver el cadáver y meterlo en esa recámara interior. ¡Y la persona que vio todo ese proceso fue Juan!
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La razón por la que había que apresurarse tanto, es porque Cristo fue crucificado en viernes, o sea, víspera de sábado. Sin embargo, para los judíos el día empieza con la caída del sol. Es decir, cuando cae el sol el día viernes, ya empezó el sábado: ya no se puede hacer nada.  
  
Los sepulcros de la gente adinerada tenían dos recámaras; ya dijimos que en la del fondo iba a reposar el cadáver. El cadáver quedaba sobre una mesa, acostado sobre la mesa. No se utilizaba ataúd y tampoco se metía el cadáver en tierra como nosotros hacemos, o en muchos lugares se hace. El cadáver yacía sobre una especie de mesa, ya dispuesto con esto del sudario que hemos mencionado también. Ésa era la recámara del fondo: un espacio pequeño, no era muy grande. Y antes de esa recámara quedaba como una pequeña sala: muy pequeña; es decir, cabrían dos o tres personas, sentadas o incómodamente paradas.  
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Siendo así que Cristo murió sobre las tres de la tarde, -entre las tres de la tarde y la caída del sol, que pudo haber sucedido sobre las seis y tanto-, tenían apenas unas pocas horas para hacer todo ésto que hemos dicho: traer las sustancias aromáticas, envolver el cadáver y meterlo en esa recámara interior. ¡Y la persona que vio todo ese proceso fue Juan!
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Los sepulcros de la gente adinerada tenían dos recámaras; ya dijimos que en la del fondo iba a reposar el cadáver. El cadáver quedaba sobre una mesa, acostado sobre la mesa. No se utilizaba ataúd y tampoco se metía el cadáver en tierra como nosotros hacemos, o en muchos lugares se hace.  
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El cadáver yacía sobre una especie de mesa, ya dispuesto con esto del sudario que hemos mencionado también. Ésa era la recámara del fondo: un espacio pequeño, no era muy grande. Y antes de esa recámara quedaba como una pequeña sala: muy pequeña; es decir, cabrían dos o tres personas, sentadas o incómodamente paradas.  
  
 
¿Y la idea cuál era? La idea era que esa recámara, que era la primera que se encontraba porque la otra estaba al fondo, servía para congregarse a hacer oración. Se reunían y rezaban algunos salmos, hacían algunas oraciones: cosa que es interesante, porque muestra que para los judíos había ya alguna forma de experiencia de oración cerca de los difuntos y probablemente por los difuntos. Este es un tema polémico con los protestantes, que dicen que no hay que rezar por los muertos.  
 
¿Y la idea cuál era? La idea era que esa recámara, que era la primera que se encontraba porque la otra estaba al fondo, servía para congregarse a hacer oración. Se reunían y rezaban algunos salmos, hacían algunas oraciones: cosa que es interesante, porque muestra que para los judíos había ya alguna forma de experiencia de oración cerca de los difuntos y probablemente por los difuntos. Este es un tema polémico con los protestantes, que dicen que no hay que rezar por los muertos.  
  
Estaban, entonces, las dos recámaras y luego la entrada al sepulcro. ¡La entrada! ¿Qué era la entrada? Era algo muy sencillo: era un hueco  excavado en la piedra, en la roca, y por consiguiente había que entrar incómodamente allá. Ese hueco es el que se tapaba con una gran piedra. Hacía falta, por tanto, el concurso de varias personas, -usualmente hombres muy fuertes-, para mover una piedra. O sea, calcula tú que por pequeño que fuera ese hueco, tenía que tener sesenta, setenta centímetros de alto. De ese tamaño debía ser la piedra, y mover una piedra como la descrita anteriormente, requiere bastante fuerza.  
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Estaban, entonces, las dos recámaras y luego la entrada al sepulcro. ¡La entrada! ¿Qué era la entrada? Era algo muy sencillo: era un hueco  excavado en la piedra, en la roca, y por consiguiente había que entrar incómodamente allá. Ese hueco es el que se tapaba con una gran piedra.  
  
¡Así fue sepultado Jesús! Y la persona que vio todo entre los discípulos, fue Juan. Pedro no había visto cómo había quedado el cadáver de Cristo. Cuando llega María Magdalena con esta noticia de que se han llevado el Cuerpo de Jesús, sucede lo que cuenta el evangelio: "Van corriendo los dos. Juan llega primero pero no entra primero" (''véase'' San Juan 20,4). Le da la primacía al que es primero entre los apóstoles, a Pedro. Pedro entra y se da cuenta de que están unas telas, que están las cosas ahí, pero no puede hacer sentido de eso que ve. Entonces, entra Juan y sucede lo que hemos oído en el evangelio. Dice aquí: "Entró también el otro discípulo, y vio, y creyó" (''véase'' San Juan 20,8).  
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Hacía falta, por tanto, el concurso de varias personas, -usualmente hombres muy fuertes-, para mover una piedra. O sea, calcula tú que por pequeño que fuera ese hueco, tenía que tener sesenta, setenta centímetros de alto. De ese tamaño debía ser la piedra, y mover una piedra como la descrita anteriormente, requiere bastante fuerza.
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¡Así fue sepultado Jesús! Y la persona que vio todo entre los discípulos, fue Juan. Pedro no había visto cómo había quedado el cadáver de Cristo. Cuando llega María Magdalena con esta noticia de que se han llevado el Cuerpo de Jesús, sucede lo que cuenta el evangelio: "Van corriendo los dos. Juan llega primero pero no entra primero" (''véase'' San Juan 20,4). Le da la primacía al que es primero entre los apóstoles, a Pedro.  
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Pedro entra y se da cuenta de que están unas telas, que están las cosas ahí, pero no puede hacer sentido de eso que ve. Entonces, entra Juan y sucede lo que hemos oído en el evangelio. Dice aquí: "Entró también el otro discípulo, y vio, y creyó" (''véase'' San Juan 20,8).  
  
 
¿Por qué creyó? Juan entra y se da cuenta de que todo está como lo habían dejado el viernes. Todo está igual, pero no está Cristo. Obviamente, si alguien se roba un cadáver, no se va a poner en el trabajo de primero desnudar el cadáver y luego volver a poner todas las telas exactamente como estaban.  
 
¿Por qué creyó? Juan entra y se da cuenta de que todo está como lo habían dejado el viernes. Todo está igual, pero no está Cristo. Obviamente, si alguien se roba un cadáver, no se va a poner en el trabajo de primero desnudar el cadáver y luego volver a poner todas las telas exactamente como estaban.  
  
''¿Por qué Juan llega a la fe? Porque se da cuenta de que todo está como lo habían dejado el viernes: está todo, menos el Cuerpo de Jesús. Nadie se roba un cadáver desnudo, nadie se hubiera puesto en  ese trabajo. ¡El Señor ha vencido! ¡El Señor ha vencido a la muerte! Juan lo descubre. Juan se da cuenta de que Cristo tenía que vivir eso. Juan empieza a abrirse al misterio maravilloso de la fe y de la victoria del Señor. Ahora, la muerte ya no tiene poder sobre él.''  
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''¿Por qué Juan llega a la fe? Porque se da cuenta de que todo está como lo habían dejado el viernes: está todo, menos el Cuerpo de Jesús. Nadie se roba un cadáver desnudo, nadie se hubiera puesto en  ese trabajo.''
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''¡El Señor ha vencido! ¡El Señor ha vencido a la muerte! Juan lo descubre. Juan se da cuenta de que Cristo tenía que vivir eso. Juan empieza a abrirse al misterio maravilloso de la fe y de la victoria del Señor. Ahora, la muerte ya no tiene poder sobre él.''  
  
 
Y también nosotros, guiados por la fe de los Apóstoles, nos abrimos a ese universo nuevo que Dios ha creado para nosotros en la Persona de su Hijo. Por eso nos dice San Pablo: "Pongan todo el corazón en los bienes del Cielo, no en los de la tierra. Ustedes han muerto. Su vida está escondida con Cristo en Dios" (''véase'' Colosenses 3,1-3).  
 
Y también nosotros, guiados por la fe de los Apóstoles, nos abrimos a ese universo nuevo que Dios ha creado para nosotros en la Persona de su Hijo. Por eso nos dice San Pablo: "Pongan todo el corazón en los bienes del Cielo, no en los de la tierra. Ustedes han muerto. Su vida está escondida con Cristo en Dios" (''véase'' Colosenses 3,1-3).  
  
 
¡Aleluya!
 
¡Aleluya!

Revisión del 17:53 1 abr 2012

Fecha: 20110424

Título: "Juan vio y creyó". ¿Por qué Juan llega a la fe?

Original en audio: 8 min. 9 seg.


Hermanos:

Las lecturas de hoy nos cuentan cómo llegaron los discípulos a la convicción de que Cristo se había levantado de la muerte. Es especialmente importante el evangelio. Juan fue el único de los discípulos de Cristo que estuvo cerca de la Cruz. Juan acompañó el descendimiento del Cuerpo de Cristo de la Cruz, y Juan también vio cómo quedaba puesto el Cuerpo de Jesús en el sepulcro.

Recordemos que los judíos sepultan sus muertos, o sepultaban sus muertos, de una manera que nos puede parecer extraña: eran sepulcros excavados en la roca. Es un tipo de roca sedimentosa; no es roca granítica, sólida, sino como de sedimento, y es relativamente fácil de excavar. Entonces, el sepulcro consistía como en dos recámaras: por lo menos los sepulcros de la gente rica.

Jesús fue sepultado en un sepulcro que no era suyo, sino en un sepulcro nuevo, de una persona adinerada. Y las personas adineradas tenían un sepulcro que consistía en dos espacios: dos recámaras. En la parte del fondo se ponía el cuerpo envuelto en telas y lleno de sustancias aromáticas, sustancias muy penetrantes, obviamente, para cubrir el olor propio de la corrupción del cadáver. Así que se envolvía a la persona en esas telas, básicamente en un sudario.

¿Y en qué consistía el sudario? El sudario era una tela larguísima, ¡larguísima! Puede ser de unos cinco metros o más: una tela rectangular, muy larga. Se acuesta al muerto ahí, y el muerto queda cubierto abajo y encima por esa especie de sudario. El sudario que se conserva en la ciudad de Turín nos da una idea de cómo era ésto. Ustedes han visto fotos o quizás alguno haya ido allá: una tela larguísima, unos cinco metros, y tiene algunas manchas que no se reconoce a simple vista en qué consisten.

No sabemos si ése fue el sudario que se utilizó en la muerte de Cristo; hay indicios poderosos que dicen que sí, hay otra gente que desconfía; siempre pasa esto. En todo caso, el sudario era esa tela rectangular larga.

Situaban el cadáver ahí; al cadáver le amarraban la mandíbula y también le ponían, -se acostumbraba algunas veces-, monedas sobre los párpados, para que los párpados no se retrajeran y dejaran al descubierto la cuenca del ojo. Es decir, tenían todo un sistema: envolver en la tela, poner el sudario, amarrar la mandíbula, etcétera.

Cuando enterraron a Cristo, este procedimiento se siguió; pero, se siguió de una manera apresurada. Sabemos que Nicodemo aportó cerca de veinticinco o treinta kilos de estas sustancias aromáticas, entre ellas mirra. Mas, no hubo mucho tiempo, realmente, de preparar el cadáver, sino fue casi dejarlo en ese lugar, envolverlo en la tela, ponerlo sobre el sudario y tal vez echar algunas de estas sustancias.

La razón por la que había que apresurarse tanto, es porque Cristo fue crucificado en viernes, o sea, víspera de sábado. Sin embargo, para los judíos el día empieza con la caída del sol. Es decir, cuando cae el sol el día viernes, ya empezó el sábado: ya no se puede hacer nada.

Siendo así que Cristo murió sobre las tres de la tarde, -entre las tres de la tarde y la caída del sol, que pudo haber sucedido sobre las seis y tanto-, tenían apenas unas pocas horas para hacer todo ésto que hemos dicho: traer las sustancias aromáticas, envolver el cadáver y meterlo en esa recámara interior. ¡Y la persona que vio todo ese proceso fue Juan!

Los sepulcros de la gente adinerada tenían dos recámaras; ya dijimos que en la del fondo iba a reposar el cadáver. El cadáver quedaba sobre una mesa, acostado sobre la mesa. No se utilizaba ataúd y tampoco se metía el cadáver en tierra como nosotros hacemos, o en muchos lugares se hace.

El cadáver yacía sobre una especie de mesa, ya dispuesto con esto del sudario que hemos mencionado también. Ésa era la recámara del fondo: un espacio pequeño, no era muy grande. Y antes de esa recámara quedaba como una pequeña sala: muy pequeña; es decir, cabrían dos o tres personas, sentadas o incómodamente paradas.

¿Y la idea cuál era? La idea era que esa recámara, que era la primera que se encontraba porque la otra estaba al fondo, servía para congregarse a hacer oración. Se reunían y rezaban algunos salmos, hacían algunas oraciones: cosa que es interesante, porque muestra que para los judíos había ya alguna forma de experiencia de oración cerca de los difuntos y probablemente por los difuntos. Este es un tema polémico con los protestantes, que dicen que no hay que rezar por los muertos.

Estaban, entonces, las dos recámaras y luego la entrada al sepulcro. ¡La entrada! ¿Qué era la entrada? Era algo muy sencillo: era un hueco excavado en la piedra, en la roca, y por consiguiente había que entrar incómodamente allá. Ese hueco es el que se tapaba con una gran piedra.

Hacía falta, por tanto, el concurso de varias personas, -usualmente hombres muy fuertes-, para mover una piedra. O sea, calcula tú que por pequeño que fuera ese hueco, tenía que tener sesenta, setenta centímetros de alto. De ese tamaño debía ser la piedra, y mover una piedra como la descrita anteriormente, requiere bastante fuerza.

¡Así fue sepultado Jesús! Y la persona que vio todo entre los discípulos, fue Juan. Pedro no había visto cómo había quedado el cadáver de Cristo. Cuando llega María Magdalena con esta noticia de que se han llevado el Cuerpo de Jesús, sucede lo que cuenta el evangelio: "Van corriendo los dos. Juan llega primero pero no entra primero" (véase San Juan 20,4). Le da la primacía al que es primero entre los apóstoles, a Pedro.

Pedro entra y se da cuenta de que están unas telas, que están las cosas ahí, pero no puede hacer sentido de eso que ve. Entonces, entra Juan y sucede lo que hemos oído en el evangelio. Dice aquí: "Entró también el otro discípulo, y vio, y creyó" (véase San Juan 20,8).

¿Por qué creyó? Juan entra y se da cuenta de que todo está como lo habían dejado el viernes. Todo está igual, pero no está Cristo. Obviamente, si alguien se roba un cadáver, no se va a poner en el trabajo de primero desnudar el cadáver y luego volver a poner todas las telas exactamente como estaban.

¿Por qué Juan llega a la fe? Porque se da cuenta de que todo está como lo habían dejado el viernes: está todo, menos el Cuerpo de Jesús. Nadie se roba un cadáver desnudo, nadie se hubiera puesto en ese trabajo.

¡El Señor ha vencido! ¡El Señor ha vencido a la muerte! Juan lo descubre. Juan se da cuenta de que Cristo tenía que vivir eso. Juan empieza a abrirse al misterio maravilloso de la fe y de la victoria del Señor. Ahora, la muerte ya no tiene poder sobre él.

Y también nosotros, guiados por la fe de los Apóstoles, nos abrimos a ese universo nuevo que Dios ha creado para nosotros en la Persona de su Hijo. Por eso nos dice San Pablo: "Pongan todo el corazón en los bienes del Cielo, no en los de la tierra. Ustedes han muerto. Su vida está escondida con Cristo en Dios" (véase Colosenses 3,1-3).

¡Aleluya!