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Fecha: 20110611

Título:

Original en audio: 4 min. 21 seg.


Dos son los libros de la Biblia que principalmente nos han acompañado durante el tiempo pascual.

Este tiempo litúrgico de la Pascua empezó con la solemne Vigilia Pascual allá en Semana Santa y se prolonga durante cincuenta días hasta llegar a la Fiesta de Pentecostés. Y ya estamos muy próximos, con el favor de Dios, en una horas estaremos celebrando la efusión del espíritu Santo.

Qué nos dejan estos pos libros? De hecho las lecturas de este día en la Misa están tomadas del capítulo último de los Hechos de los Apóstoles y del capítulo último del evangelio de Juan.

¿Que nos dejan esos libros? Hablemos de los Hechos de los Apóstoles: empezó contándonos precisamente de la fiesta de Pentecostés, y ha tenido como dos hilos conductores: primero, esa presencia del Espíritu que va guiando a la comunidad cristiana de sus orígenes, que va alentando, es como el motor del apostolado, pero también es el timón, va guiando. Cuántas veces en los últimos capítulos, sobre todo, de este libro de los Hechos, nos encontramos con que decía. "El espíritu no les permitió entrar a tal parte; los llevó a tal otra parte"da de la Iglesia.

El Espíritu Santo es la vida de la Iglesia, y este es un hilo y esta es una enseñanza que ha acompañado todo el libro de los Hechos de los Apóstoles y que ahora definitivamente debe quedar con nosotros.

El otro hilo que ha recorrido todo este libro es aquel mandato de Cristo, que es mandato y es promesa: "Seréis mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines del orbe" Hechos de los Apóstoles 1,8.

Efectivamente, lo que ha sucedido a lo largo este libro es como una serie de hondas expansivas: hemos visto con alegría, hemos visto, yo diría paso a paso, esa expansión, de modo tal que el amor que el cristiano lleva por dentro e incluso las persecuciones que le acechan por fuera son ambas motivo para ir más lejos, para ir más allá.

Y así termina de hecho el libro de los Hechos de los Apóstoles con el relato de Pablo en prisión, pero sabemos que para los romanos, después de dos años de tener en prisión a una persona sin formularle cargos, sin llevarlo a juicio, debía quedar libre. De modo que el Pablo que aparece en ese último capítulo de los Hechos de los Apóstoles es el hombre que otra vez va a quedar libre, el hombre que ya se encuentra en la ciudad de Roma y que va a seguir predicando el Evangelio.

Según tradiciones bastante bien fundamentadas, alcanzó a ir hasta España, probablemente hasta la región de Tarragona, en el Mediterráneo, y luego eventualmente murió en la ciudad eterna, murió en Roma.

Mientras tanto el evangelio de Juan nos ha mostrado a Jesús como el Hijo del Dios Vivo, como el Pan Vivo, como el Pastor que da la vida, como aquel en quien tenemos que permanecer para recibir la vida porque Él es la vid; Aquél también que nos promete al Espíritu vivificante, al Espíritu Santo de Dios.

Estas, mis hermanos, son las enseñanzas centrales para que nosotros nos dejemos guiar por ese Espíritu, para que nosotros recibamos esa vida y para que seamos misioneros. Así como somos discípulos sentados a los pies del Maestro, aprendiendo de su amor y de su luz, así también tenemos que lanzarnos al mundo, tenemos que aprender a pronunciar el nombre de Jesús y a conquistar corazones para nuestro amado Salvador.