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Fecha: 20000609

Título: Es preferible equivocarse tratando de amar, que saberse equivocado por no haber amado.

Orignal en audio: 27 min. 54 seg.


La basílica de San Pedro tiene una cenefa gigantesca, que va relatando este pasaje en latín. La basílica de San Pedro tiene forma de cruz, y este pasaje fue escrito en la nave central, siguiendo la parte alta del muro, dado vuelta por toda la pared.

Como es un lugar impresionante, sobre todo por lo que significa para nuestra fe, es muy fácil conmoverse ahí si uno tiene alguna sensibilidad, y una de las frases que me hacia llorar en la basílica de San Pedro era esta de Pedro, porque es la basílica de Pedro y es la frase de Pedro: “Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero” San Juan 21,17.

Pedro, como dice tan bellamente San Agustín, había negado tres veces a Cristo y ahora Cristo le pregunta tres veces por el amor a Pedro. Con esa triple confesión de fe, Pedro de alguna manera se recupera de su triple negación, había negado tres veces a Cristo, y aquí tres veces proclama su amor.

Ya eso solo es muy conmovedor para uno. Jesús le dio la oportunidad a Pedro que lo había traicionado, le dio la oportunidad de resarcirse, de levantarse.

El Apóstol Pablo en sus cartas tiene expresiones parecidas, por ejemplo dice: “Así como en otro tiempo ustedes entregaron los miembros de su cuerpo al pecado, ahora utilicen su cuerpo, sus fuerzas para la justicia que viene de Dios" Carta a los Romanos 6,19.

Dios le da a uno oportunidad de resarcirse, Dios le da a uno oportunidad de corregirse, y las mismas manos que sirvieron para hacer mal tienen que aprender a hacer bien, eso ya nos lo dijeron desde la Cuaresma.

Allá nos decía Dios por boca del profeta Isaías: “Ya dejen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien” Isaías 1,16-17. Si utilizaron mal sus ojos, si utilizaron mal su boca, si su corazón lo utilizaron mal, si su cuerpo fue mal usado, aprendan a utilizar las cosas bien, y como Pedro, Dios les dará también a ustedes ocasión de resarcirse.

Dios nos había dicho por boca de Ezequiel, que Él no quiere la muerte del pecador, lo que quiere es que se convierta y viva. Aprenda a hacer el bien, haga el bien. “No puedo hacer mucho bien”, pues Dios no dijo: "Haz mucho bien", dijo: "Haz el bien, el bien que tú puedes. Porque el bien que puedes hoy, es la mejor preparación para el mucho bien que podrás hacer mañana".

Esta es una primera reflexión que nos hacemos con este pasaje tan hermoso. La segunda reflexión proviene de qué es lo que Cristo le pregunta a Pedro. Le pregunta por el amor: "¿Me amas?" San Juan 21,15-17.

El gran doctor místico de la iglesia católica, San Juan de la Cruz, nos advierte a todos que el examen final de la vida es el amor: “En la tarde de la vida os examinarán en el amor”. Uno puede perder todas las asignaturas, pero esa no se puede perder, hay que amar.

Uno puede equivocarse en muchas cosas, por citar de nuevo a San Agustín, siendo este portento de inteligencia, hacia el final de su vida él se puso a revisar sus propios escritos, y entonces tuvo que sacar otra obra, pequeñita, que se llama “Las Retractaciones”, cosas de las que él veía que dtenía que desdecirse.

¡Qué inteligencia! ¡Qué lumbrera!, tuvo que desdecirse. Qué no diremos nosotros pobres mortales, que no tenemos ni la preparación, ni las luces, ni la santidad de estos grandes doctores. Uno se puede equivocar en muchas cosas, pero hay una asignatura que hay que estudiar, una asignatura que no tiene vacaciones, una asignatura que es la fundamental: amor.

El mismo Dios que nos dijo: “Amarás a tu Dios con todo el corazón” Deuteronomio 6,5, pues cuando nos va juzgar lo que pregunta es en primer lugar eso: "-¿Me amaste con todo el corazón? "-No, pero es que, ¿cómo? Es que..." "-¿No podías tu distinguir entre el mundo, la vida, las criaturas, tus enemigos… y yo?"

¿Quién puede decir que confunde a Dios con el mundo? Nadie, Dios es distinto del mundo. ¿Cómo negarle el amor a Dios? El principio de afirmación de la vida está en el amor a Dios.

El lunes pasado estábamos en un encuentro con un grupo, con el grupo que ustedes conocen de vírgenes seglares, ellas y sus familias. Entonces surgió una pregunta que fue la pregunta del día: ¿Para qué sirve esa vida de ustedes?

Más o menos la pregunta era: ¿como qué producen? ¿Como qué hacen? ¿Tienen por ahí un colegito, un hospital, alguna cosa que sea como visible, que se vea que ustedes están solucionando el mal del mundo? Entre otras respuestas a esa pregunta, hubo una que me gustó muchísimo, la respuesta que daba Claudia.

Claudia decía: "Es que nuestro camino y nuestra vocación es una manera de vivir el primer mandamiento, es una manera de amar a Dios sobre todas las cosas.

Me encanta esa respuesta, porque en un mundo que sólo parece creer en lo que ve, en un mundo que sólo quiere quedarse con lo que ve, aunque eso es mentira, porque la gente hoy cree en lo que sea. Esa cosa es mentira, eso de que sólo se cree en lo que se ve, eso es mentira. Eso se dice solamente para atacar a Dios y a la Iglesia.

cuando ya no se trata de Dios ni de la Iglesia, creen lo que sea, en una aroma, en una luz, en una estrella, en lo que sea. Decía Gilbert Chesterton: “desde que la gente se dice atea, no es que ya no crea, sino que cree en cualquier cosa”. Eso es muy sabio y muy cierto.

Pero bueno, en este mundo, pues, que se las da de que sólo cree lo que ve, y que sólo admite lo que ve, cosa que es mentira porques la gente cree cualquier bobada, en este mundo así, la respuesta de Claudia a mí me llega al alma: “Es que se trata de amar a Dios sobre todas las cosas”.

Amar, ese es el problema, esa es la pregunta y esa es la respuesta. Y Dios nos pregunta por el amor.

Pues nosotros aplazamos la pregunta de Dios, la enredamos y nos enredamos: "-No, es que la gente" "-¿Y tú no puedes distinguir entre la gente y Yo?" "-Es que la vida, la vida que me ha tocado, el mundo, la violencia..." "¿Y tú no puedes distinguir entre eso y Yo? ¿No ves que, precisamente, la primera respuesta para todo eso soy Yo mismo? ¿Y no ves que separándote de mi pierdes la capacidad de responder a todo eso?"

La gran pregunta es esa: ¿Me amas? Y es la pregunta que Dios nos repite hoy. Pero pregunta que también sirve para levantar y purificar nuestros afectos. Es muy fácil dejar de amar a Dios y creer que se le sigue amando. Lo digo porque uno ama las ventajas de una cierta fe, o una cierta manera de creer, o de una cierta consagración también.

En esto también nos instruye Jesucristo. Después de la multiplicación de los panes, según lo relata el evangelio de Juan, la gente iba detrás de Él y lo buscaban. Jesús los mira de arriba abajo y dice: “Ustedes me buscaban, no porque hayan entendido las señales, sino porque comieron hasta saciarse” San Juan 6,25, "ustedes están amando su estomago".

De manera que este tema del amor a Dios tiene como dos etapas. Una, nos tenemos que preguntar todos si realmente amamos a Dios, sin disculpas: "Que el mundo me odió"," -gran bobo, pues para resolver lo que hay en el mundo estaba Yo! Pero si no se pegó a mí, si no se unió a mí, entonces ¿de quien es la culpa?"

Este es el tema que os toca a todos. Pero luego, este mismo tema se plantea en un segundo nivel, y es: ¿realmente estoy amando al Dios de los dones, o estoy amando a los dones o a Dios? ¿Estoy pegado del Dios que da todas las cosas, o estoy pegado de las cosas, las ventajas, las amistades que me da Dios?

La primera pregunta nos atañe a todos, la segunda pregunta se dirige especialmente para aquellos corazones que ya han caminado un poquito en la fe, y que corren el riesgo de decirse mentiras.

"Pues mira, tú no me estas amando, tú me estás haciendo trampa. Tú no me amas a mí, amas lo que yo te doy, amas la gente que te pongo por delante, amas las ventajas que te ha traído la conversión. Amas las ventajas, pero no me amas a mi".

Este es el diálogo que Dios establece con un corazón cuando lo quiere purificar. Por eso ya Cristo nos advirtió en el capítulo 15 de San Juan: “El Padre Celestial corta las ramas que no dan fruto, y poda a las que sí dan fruto” San Juan 15,2.

O sea que hay que podar las ramas que dan fruto, no las malas, las buenas hay que podarlas. Y Dios poda las ramas, ¿cómo las poda? Indudablemente, estoy hablando para los que ya han caminado en la fe; indudablemente, a través de las contradicciones de nuestra voluntad; indudablemente, a través de las pérdidas inesperadas de esos seres que amamos y que eran para nosotros una señal de Dios.

Recordemos la historia de aquella religiosa que decía: “Llegué a apegarme tanto a ese sacerdote que predicaba sobre el desprendimiento”. Uno siempre tiende a apegarse, a amarrarse a alguna una cosa. Y en caso de desesperación, hasta a un padre se amarra uno, ¡qué caray!, "con en estas descaseses pues por lo menos un padre amigo", como decía el campesino, ¡no?

Pues sí, ahí es donde Dios pregunta: "Bueno, ¿y a mí? ¿Y qué queda para mi? Yo veo que usted quiere a fulanito, a zutanito, a menganita; yo veo que ahí usted ha formado como su pequeño club. Ya tiene su chimenea. Resulta que sus amigos son una chimenea y yo soy un masmelo en su chimenea".

Y Dios dice: "Me niego a ser el masmelo, yo no puedo ser la gotica de dulce que le completa su esquema maravilloso".

Entonces Dios, con una Providencia admirable nos da consuelos, caricias... ¡Una caricia que le haga a uno Dios, uno queda uno listo, redondo! Dios da consuelo, da caricias, pero Dios también quita, y quitar es quitar. ¡Quita!

"¿De manera que usted dice que no puede vivir sin esta persona? Espere, ¡quítela de ahí! ¿Siguió viviendo? "-¡Si!" "-¿Entonces? El que da la vida soy Yo, el Señor de la vida soy Yo! ¡Yo soy la vida de Claudia!

Claro que Dios no hace eso como lo hice yo aquí, brutalmente con una patada, no; para eso están otros caminos: un ataque cardiaco, un accidente, en fin, otras maneras, Dios sabe cómo hace sus cosas, todo llega a su tiempo, todo lega a su manera.

Y Dios, a su manera, dándole a cada uno lo que sabe que cada uno necesita, conduce los corazones a que descubran, según su Providencia, el amor que viene de Él. La presencia del amor en El.

Si tuviéramos que buscar el teso para esto, el doctor de esto, el duro, yo creo que es San Juan de la Cruz, ¡ese señor sí que sabía de eso! Ese sí sabía de desprendimiento, ese sí sabía de buscar a Cristo como es Cristo, desnudo.

Entonces, si Cristo está desnudo, hay que estar dispuestos a ser desnudados. Pero este lenguaje por favor, olvídelo persona que esta empezando, porque entonces va a decir estupideces: "¡Ay, qué Dios tan cruel! ¿Cómo se le ocurre a Dios hacer eso? ¿Y por qué hace Dios eso? ¡Me parece muy horrible su Dios!

Y todo ese género de tonterías. Eso se entiende es cuando ya va pasando el tiempo, y cuando uno va viendo: Oiga, sí, realmente sí, verdad que sí".

Quien les está diciendo esto ha tenido varios de esos desprendimientos. Yo creo que de las personas que nosotros hemos amado en casa, una persona que haya reunido como el amor y la admiración de todos, mi tia, Lyda, la madrina de bautismo.

Es que no es uno ni uno ni dos ni tres los que dicen que ella era santa, y su espíritu de piedad, de humildad, de servicio, de pureza, de oración, esa manera obrar y de entregarse, la manera de ejercitar la caridad con sus papás y con nosotros.

Resulta que ella era lae noticias de nosotros menor, o casi la menor de la casa, fue la primera que se llevó Dios. Y estos días qhe estado trabajando un poco en Internet, tratando de aprender a dar testimonio de la fe en Internet, o diseñando alguna página, bueno.

Y estaba escribiendo mi testimonio; obviamente, a uno se le vienen las lágrimas a los ojos. Pero bueno, Lyda, murió el veinte de junio de 1980, hace veinte años, yo acababa de cumplir quince.

Mi papá llegó a Barranquilla, dondevivía LYda, el 19 de junio, se pusieron a hablar. Mi papá la actualizaba contándole noticias de nosotros, y le decia por ejemplo, cuando llegó al capítulo Nelson, entonces le dijo a mi tía: “No me extrañaría que Nelson terminara de sacerdote”, le dijo mi papá, el 19 de junio por la noche, el veinte ella murió de un ataque terrible, una embolia fulminante, que estaba relacionado con un problema genético, que iba ahí, escondido, larvado, creo que no había cumplido cuarenta y cinco años de edad.

Para nosotros eso fue muy duro, pero yo me ponía a pensar.... O sea, yo creo que Lyda está en el cielo, ¿no? Eso también lo piensa mucha decir gente.

Fíjese usted que Lyda se fue el 20 de junio y ese fue el año en que nació mi vocación. El 15 de agosto de ese año, unos dos meses después de la muerte de ella, cuando yo estaba en un grupo de oración que también se reunía los viernes, como éste, y estaba en Misa, como ahora estamos, vino una luz muy fuerte en mi alma.

Y lo cierto del caso es que esa certeza que dejó esa luz, esa impronta que dejó esa luz en mi alma es como un norte en mi vida. Pero cuando ya nació la vocación, ¿dónde estaba Lyda para decírselo? Eso es un poco duro. Es un poco complicado, porque uno sabe que en muchos momentos, ella hubiera podido disfrutar de muchas cosas.

Gracias a Dios yo no soy invocador de muertos, pero yo he sentido la presencia de ella muchas veces, sin yo pedirla o reclamarla, porque eso sería espiritismo. Tal vez si hay una persona frente a la cual yo hubiera querido celebrar la Santa Misa, es frente a ella. Seguramente está sucediendo así porque los santos participan de las Misas.

O sea que esos desprendimientos existen. Un año después o dos años después, entonces vino la historia de otra la otra persona que era muy piadosa, muy cercana a nosotros, la abuela. Para resumirles el cuento, es peligroso ser pariente mío, porque se me han muerto casi todos.

Y luego en la Comunidad me ha sucedido lo mismo. Yo tenía un amigo, un amigo entrañable en el noviciado, llegamos aquí, profesamos, y llegamos aquí al Convento, y el hombre a los pocos meses ya tiene clara una decisión: "yo me voy de esta comunidad".

Me encontré hace poco con él, allá en Roma, es monje benedictino y parece que se siente muy feliz en eso; pero era la persona con la que mejor podía compartir muchas cosas

"Pues tú vas a aprender que sin esa persona también vives, porque Yo soy la vida tuya", me dice el dice el Señor.

Cualquier diría: "Es cruel Dios", no, no es cruel. ¡De esa certeza que me da el amor de Él y de esa certeza que me da la vida de Él sale la fuerza con la que yo predico! Si hay fuerza en mi palabra se debe al amor que ha hecho su obra en mi vida. Y uno no se convence del amor sino así, cuando no queda otra manija, cuando no queda de dónde agarrarse sino del puro Dios y del puro amor.

Y bueno, yo podría contarles muchos nombres pero a uno le da como cierta pena hablar tanto de uno. Una señora que fue como mi mamá espiritual dentro del grupo de oración, ese grupo de oración clave, el que me ayudó a dar el paso del siglo, del mundo al convento, Marina de Urrea.

Nosotros hablábamos mucho con ella y orábamos mucho, realmente ella tuvo una función como de maternidad espiritual conmigo, y con ella aprendí yo qué significa la maternidad espiritual.

Una cosa graciosa, porque nosotros a mi mamá nunca le dijimos "mami", siempre "mamá"; además, a ella tampoco le gustaba el diminutivo. Pero a Marina sí había más de una persona que le decía "mami".

Y es la única persona a la que yo recuerdo haberle dicho "mami", así. Bueno, yo entre aquí a la comunidad, y se fue Andrés; como al año, Marina se fue para los Estados Unidos. De vez en cuando hablamos por teléfono.

O sea que eso existe, eso es real. Y Dios lo hace, Dios quita personas, pero lo hace con tanta sabiduría, con tanta misericordia, con tanto amor y con tanta luz, que uno termina entendiéndolo, y uno termina agradecido de eso. Un gran amigo fraile, entrañable amigo que tuve aquí en el convento, con el que trabajamos en tantas cosas, hoy está retirado de la comunidad. Y así sucesivamente.

Esta es la segunda o tercera parte en donde iba de la homilía, la pregunta por el amor: "¿Me amas?" Y la purificación del amor. A mí me ha tocado ir aprendiendo a estar dispuesto a eso. Creo que uno nunca terminará de aprenderlo.

Pero, déjenme decirlo también así, porque yo me imagino que así como yo quiero a la gente, también hay personas que lo quieren a uno. Yo creo que la purificación Dios la quiere de parte y parte.

En último lugar, quiero subrayar la otra parte de la pregunta de Cristo. Porque Cristo cuando le habla a Pedro le dice, aquí está: "Cristo, Nuestro Señor, le dice a Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" San Juan 21,15.

¡Qué pregunta tan difícil! "¿Me amas más que éstos?" San Juan 21,15. Ya es bien complicado que le pregunten a uno por el amor, y ahora es: ¿Me amas más que estos?" San Juan 21,15.

Y donde Pedro responde: “Señor, tú sabes que te quiero” San Juan 21,15. Jesús le dice: “Apacienta mis corderos” San Juan 21,15.

Y ahí hay una última enseñanza para nosotros. Última en lo que puedo compartir con ustedes.

Resulta que Jesús le dice: "¿Me amas más que éstos?" San Juan 21,15. Esa sobredosis de amor ¿es para qué? Es la sobredosis que lo hace capaz de apacentar los corderos. Hay una correlación entre el exceso de amor que le pide Cristo, y la misión de amor que le encomienda Cristo.

Ese plus de amor: “más que estos” San Juan 21,15, esa sobredosis de amor: “Más que éstos” San Juan 21,15, es lo que se necesita para apacentar los corderos, “más que estos” San Juan 21,15, una sobredosis de amor.

La sobredosis del pastor, el pastor es una persona que ha recibido una sobredosis de amor. Esto vale en primer lugar para el Papa, sucesor de Pedro, una sobredosis de amor; vale para los obispos, vale para los sacerdotes, vale para toda persona que de alguna manera tiene una responsabilidad de pastor con alguien.

Yo desde luego lo aplico a mi caso. Cuando a una persona se da una sobredosis de algo, pues se embriaga, se traba, se dopa, se va. Una copita de licor usualmente no hace nada, una sobredosis de licor produce una embriaguez, una ebriedad.

Dios quiere que nosotros, los que trabajamos en su viña y en su Reino, Dios quiere que nosotros tengamos una sobredosis de amor. No basta con que hayamos experimentado el amor, paso número uno; no basta con que tengamos amor, paso número dos; tenemos que estar embriagados de amor, paso número tres. Hay que llegar a la embriaguez del amor.

Eso fue lo que paso el día de Pentecostés, estaban tan embriagados de amor, que la gente decía “Están borrachos” Hechos de los Apóstoles 2,12.

Yo quiero eso, necesito eso; el ser humano necesita embriagarse de algo, ustedes me lo han oído muchas veces, y si uno no aprende a embriagarse de Dios y del amor de Dios y del Espíritu Santo, entonces uno se embriagará de licor, o de sexo, o de plata, o de sangre.

El pueblo romano, como cuenta la película "El Gladiador", se embriagaba de sangre: "A ver, ¡destájelo!" Se embriagaban de de sangre. Uno necesita embriagarse de algo, embriagarse de terror. Este gran escritor, Edgar Allan Poe, no sólo era alcohólico, él necesitaba embriagarse de terror, el terror también causa una embriaguez.

Sentir terror causa embriaguez, porque causa la sensación de estar poseído como por algo que es superior y que cambia la percepción del mundo y que quebranta la racionalidad del exterior. El ser humano necesita embriagarse de algo. Dios nos quiere embriagados de amor.

Los que están ebrios, hacen tonterías. Creo que fue también Chesterton el que dijo: “El primer deber de un hombre enamorado es ponerse en ridículo”. Si tú quieres saber si la persona realmente te ama, mira cunátos ridículos hace. Si nunca hace el ridícul, ¡échalo! ¡No sirve!

La persona tiene que cometer ciertos excesos, tiene que mostrar que es capaz de salirse un poquito de su esquema, hasta hacer el ridículo. Como yo por ejemplo, fíjense la cantidad de ridículos que yo habré hecho, los que me hacen falta, más los que hago.

Una vez estaba predicando, por ejemplo, en Bolivia, estaba predicando y no sé por qué resulté hablando de la cumbia, -ah, era por un canto carismático que era como una cumbia-, entonces terminé allá bailando con la gente la cumbia. “La cumbia cienaguera que se baila suavezona”.

Claro, el espectáculo, yo me pongo a pensar y me digo: "¡Qué oso!" El espectáculo era ciertamente grotesco, porque el baile depende en parte de la gracia del cuerpo, ¿no? Se supone que bailar es darle armonía al movimiento, ¡no hacer temer a la gente que uno se va a caer tarima abajo!

Entonces yo veía que la gente me miraba y me miraba, pero con los ojos abiertos, yo creo que era de miedo, y ahora caigo en cuenta. Dirían: "¿A qué horas se viene tarima abajo el gordo ese?" La gente estaba realmente preocupada.

Yo quiero amar a Dios así, quiero amar a Dios casi hasta el extremo de lo ridículo, quiero salir por Él, quiero que me pasen cosas por Él, ya me han pasado varias, quiero que me pasen. Prefiero equivocarme tratando de amar, que saberme equivocado por no haber amado.

Que Dios, Nuestro Señor, venga con el poder de su Espíritu a nuestras vidas, y nos transforme y nos embriague.