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Fecha: 19990521

Título: "Ustedes no son los del mundo"

Original en audio: 26 min. 27 seg.


La primera lectura del día de hoy nos presenta un curioso resumen de la predicación del Evangelio. Y lo llamo curioso porque es el Evangelio visto por un incrédulo. Este hombre, Festo, tenía cierto poder en la región y es visitado por el rey Agripa, que tenía un poco de más poder en la región, y Festo le comenta el caso de Pablo.

La versión de Festo es la versión que tiene el mundo incrédulo sobre Jesucristo, como una persona que no tiene fe en el Evangelio; repasemos un poco sus palabras y veamos qué sentido tienen ya que la Iglesia nos la ofrece en este día.

Festo ve los conflictos entre las personas, hasta ahí llegan sus ojos; los sumos sacerdotes y los ancianos quieren condenar a este hombre, y este hombre tiene unas teorías sobre religión, y mira lo que dice: "Ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo" Hechos de los Apóstoles 25,19.

Esa era todo el problema para Festo, los unos dicen que se murió y se quedó muerto, los otros dicen que ese difunto está vivo. Y Festo no podía entender cuál es el problema, ¿cómo puede reunirse tanto odio contra un hombre sólo porque dice que un difunto está vivo?

Y Festo dice: "Yo, perdido en semejante discusión le pregunté que si quería ir a Jerusalén a que lo juzgasen allí" Hechos de los Apóstoles 25,20. Pero como Pablo ha apelado pidiendo que lo deje en la cárcel para que decida su majestad. Pablo era un ciudadano romano y había un derecho que tenían los ciudadanos romanos que consistía en apelar al Emperador, al César.

Claro que el Emperador vivía tan ocupado, que podían pasar hasta dos años para atender a una persona, y eso fue lo que sucedió con Pablo precisamente. El Derecho Romano decía que no se podía tener por más de dos años a una persona sin juzgarla, entonces a Pablo le salió miedo a su estrategia, podemos decir.

Si miramos las cosas desde el punto de vista de Pablo, miren lo que pasó: él estaba en Jerusalén, la cosa se puso tan difícil que ya parecía que iban a despedazar a Pablo, y fue cuando el dijo: "Yo soy fariseo, hijo de fariseos y me juzgan porque espero en la resurrección de los muertos" Hechos de los Apóstoles 25,10-15.

Eso dijo en una asamblea donde habían fariseos y saduceos, y resulta que los fariseos no creen para nada en la resurrección. Y a raíz de esa discusión, entonces Pablo pasó a ser juzgado en últimas por Félix y luego por un sucesor, que fue Festo.

y Festo entonces habló con Agripa, y así Pablo terminó yendo a Roma, y allá en Roma duró los dos años que pedía la Ley Romana, y como nunca lo atendió el Emperador y la Ley Romana decía que no podían durar más de dos años, entonces Pablo quedó otra vez libre.

Duró dos años privado de la libertad, pero había muchos grados de cárcel o de la privación de la libertad en la Ley Romana, por ejemplo, había arresto domiciliario, un arresto que era muy rígido porque se suponía que estaba encadenado casi todo el tiempo un ciudadano romano.

¡Bienaventurado este soldado romano que dio muchas de las mejores predicaciones de todos los tiempos! En todo caso, desde el punto de vista de Pablo, la cosa salió bien, porque Pablo duró allá dos años en Roma y nunca lo atendió el Emperador, y quedó libre y parece que fue ahí, después de esa libertad, que él siguió su camino hacia Hispania, que llamaban los Romanos, España, que llamamos nosotros.

Estuvo evangelizando un tiempo, parece que era el límite del mundo conocido, todavía no había sucedido lo que llamamos el descubrimiento de América, y luego volvió a Roma y ahí se acabó su vida en esta tierra, y cuando volvió a Roma y fue condenado, y de acuerdo con la tradición, murió a espada, murió decapitado.

Pero ya que sabemos la historia, volvamos a esta escena en la que Festo, un incrédulo, cuenta su versión sobre lo que es el Evangelio. Para él el Evangelio es un problema de religión y para él el Evangelio es un problema de un difunto que dicen no que está vivo, no, que está muerto”.

No le ve sentido alguno a eso, esa es la versión de Festo. ¿Por qué era tan problemático esto de la resurrección? Festo, seguramente, era un hombre tranquilo, sin mayores problemas, diciendo: "¿Cuál es el problema? Admitan los unos que el difunto está vivo".

¿Cuál es el problema de enseñar la resurrección? Esa es la pregunta que tenemos que meditar en este día, ¿cuál es el problema de predicar de que Cristo ha resucitado? ¿Por qué ese mensaje resultaba insoportable para los oídos de los judíos?

Y no sólo eso, sino que después se haría insoportable para los oídos del Imperio Romano, ¿Por qué ese mensaje podría ser insoportable para todos los poderes si no están fundados en Dios? ¿Por qué?

Tal vez muchos de nosotros no tendríamos una respuesta para eso, tal vez muchos de nosotros estaríamos tan perplejos como Festo: ¿Es la predicación del Evangelio un problema de religión? Hay mucha gente hoy que cree que es así, y que cree que es un problema de religión.

Ustedes que vienen de un mundo pagano donde cada persona tiene su religión, donde las religiones ya no pelean unas con otras. Festo se extraña de que se pueden hacer tantos problemas, muertos, cárcel por un problema de religión.

La religión, se tiene una religión o se tiene otra, o se pasa uno a otra religión, y es importante tener religión, pero esa es la visión de Festo, esa es la visión del paganismo: Tenga usted su religión, viva usted su religión y respete las Leyes del Imperio, punto. Aprenda a convivir en este Imperio, aprenda a vivir con nosotros en esta tierra, no se meta con los demás viva y deje vivir.

Que resucitó, que no resucitó, bueno, está bien; que su religión dice que está vivo, que no está vivo, ya; esta era la posición de Festo, evitémos problemas. Festo no se da cuenta de qué es lo que está en juego.

Eso no me preocupa tanto, Festo, al fin y al cabo, era un pagano; lo que sí me preocupa es que muchos cristianos no saben lo que está en juego, muchos cristianos tampoco saben qué es lo que pasa con que haya resucitado, que no haya resucitado.

Ha resucitado el Señor, vamos a proclamar eso, nos caen encima los sumos sacerdotes y nos persigue el Imperio, ¿por qué pasa eso? La resurrección de Jesucristo no es una vuelta a la vida, a esta vida, yo creo que cuando Festo oía hablar de resurrección se imaginaba algo como la resurrección de Lázaro, es decir, una persona que estuvo muerta y que por una especie de prodigio extraño volvió a esta vida, algo así como la reanimación de un cadáver.

Festo no le ve las implicaciones, ni comprende el problema y está perdido en esa discusión, porque para él la resurrección es como reanimar a un cadáver, es como volver a esta vida, pero ese no es el sentido de la resurrección.

Pablo lo dice en algunos de sus escritos: "La muerte ya no tiene poder sobre Él; Cristo resucitó una vez y para siempre; la muerte ya no tiene poder sobre Él" Carta a los Romanos 6,9.

Lo último que se puede hacer para dominar a una persona es matarla, cuando la muerte ya no tiene poder sobre una persona, nadie tiene poder sobre esa persona, ahí vamos descubriendo la gloria de la resurrección.

"La muerte ya no tiene poder sobre Él" Carta a los Romanos 6,9. Esto significa también que la constituciones, las culturas, los poderes ya no tienen jurisdicción sobre el Resucitado; este Resucitado, que es Jesucristo, ha predicado un camino, una vida, un amor y una alianza.

Si Dios resucita a Jesús de entre los muertos, esa aprobación de Dios a la vida de Jesucristo se convierte en la norma para todos los que creemos en Cristo, y eso quiere decir que las enseñazas y el camino de Jesucristo son nuestro camino y nuestra forma de vida.

Y que si alguien pretende impedirnos esa forma de vida, ese alguien lo peor que puede hacernos es matarnos, pero si vamos detrás de Cristo y si estamos unidos a Cristo ni siquiera eso va a detenernos.

Si Cristo resucitó, su enseñaza, su ejemplo, su camino son nuestro camino, y todos nosotros, los que creamos en Cristo, seguiremos entonces por ese camino; y si alguna ley, imperio, persona, poder visible o invisible tratan de frenarnos, nosotros, los que creemos en Cristo, sabemos que los poderes de esta tierra no pueden hacer nada más allá de la muerte.

Y que Cristo, que ha vencido a la muerte, es más fuerte, unidos nosotros a Él, que cualquier cosa que se pretenda hacer con nosotros.

Pobre Festo, Festo es un ignorante, Festo no ha entendido cuál es el problema; Festo no ha entendido, que en ese prisionero nobilísimo, en ese excelso prisionero, hay una fuerza que es mayor que todo el Imperio al que Festo representa; Festo no se da cuenta de que en ese Pablo y de que en esos desarrapados que van con Pablo y en esos pobrecillos que van con él y que creen en lo mismo, ahí hay una fuerza que es mayor que toda fuerza de esta tierra.

Festo se siente orgulloso de su Imperio, dice: “Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas, el acusado se tiene que carear con sus acusadores" Hechos de los Apóstoles 25,16.

Festo conoce las costumbres romanas, para Festo si hay algo grande es el Imperio Romano, y la grandeza de ese Imperio, que tienen allá en justa y grande, está representada precisamente por él; "no es costumbre romana" Hechos de los Apóstoles 25,16. Me imagino con qué solemnidad lo dijo Festo.

Eso dijo Festo, que aparece como el poderoso, mientras que Pablo aparece como el pobrecillo, y parece que Festo puede disponer de Pablo y hasta razón tiene, lo puede sacar de la cárcel; Festo puede disponer de Pablo, pero la palabra de Pablo y la vida que hay en Pablo es más fuerte que la palabra de Festo y que la vida de Festo.

Y el reinado que anuncia Pablo, el reinado de la gracia, el reinado del Espíritu, el reinado del Resucitado es más fuerte, así Pablo esté preso; es más fuerte la palabra del preso que la palabra que de su carcelero; la palabra de Pablo es más fuerte que la palabra de Festo, y así Festo mande a la muerte a Pablo.

En otra ocasión decía Pablo, y lo escuchábamos hace poco en la Santa Misa, decía el Apóstol San Pablo: "A mí no me importa la vida, a mí lo que me importa es terminar mi carrera, cumplir mi labor" 2 Timoteo 4,7.

Díme, ¿cómo vas a dominar a una persona que dice: "A mí no me importa la vida?" ¿Con qué la vas a asustar? ¿Cómo la vas a coaccionar? ¿Qué presión puedes hacer sobre ella, si no le importa la vida?

Pero ahora Festo sólo ve una discusión entre religiones: “¡Ah!, que se murió, que está vivo”; pronto el Imperio empezaría a comprender que lo que había en esa nueva estirpe de gente, en esos extraños cristianos, lo que había ahí era una fuerza invencible, una fuerza indómita, una fuerza indomable.

Si tú oyes a una persona que dice: "A mí no me importa la vida", hay dos posibilidades, o estás ante un suicida o estás ante uno de estos santos; no te importa la vida, ¿qué significa? ¿Qué no aprecias lo que eres? No, significa que lo aprecio tanto, que lo he puesto ya, lo mío y mis intereses están en las manos de aquel que vive mi camino y mi destino, no están en tus manos, Emperador, no están en tus manos, Festo.

Mis intereses, mi camino y mi vida están en las manos firmísimas, en las manos segurísimas, en las manos llenas de majestad y poder de mi Señor Jesucristo; ahí está mi vida, no me importa la vida porque ya está bien asegurada, porque ya está en ese depósito y está ahí segura, ya no tengo que preocuparme por ella.

Así el cristiano se diferencia de otros dos tipos de seres humanos, el cristiano que sabe que su vida está, como dijo san Pablo, "con Cristo, escondida en Dios" Carta a los Colosenses 3,3; el que sabe eso se diferencia de otros dos tipos de personas: de aquellos que se la pasan cuidando esta vida, y de aquellos que han renunciado amar a esta vida.

Aquellos que han renunciado a amar a esta vida y que son discípulos de la nada, y que son ovejas del abismo, y que son apóstoles del absurdo, esos son inofensivos. Los llamo los existencialistas, un día se pegarán un tiro, o se tirarán de un edificio, o se tomarán un veneno. Para efectos del Imperio eso no importa, como seres humanos sí que nos importan.

Entonces de los tres tipos de personas, hay unos que no aman a esta vida, porque son discípulos de la nada y apóstoles del abismo y predicadores del absurdo, a esos el Imperio no les tiene miedo.

Hay otra gente que vive cuidando esta vida, que es miedosa y que intenta a toda costa sostener sus intereses, esos son los más importantes para el Imperio, porque esos son los que se les puede dominar, esa es la gente a la que se le puede asustar, esa es la gente a la que se le puede decir: "-Te voy a torturar", "-te voy a perseguir", "-te voy a matar", y la gente tiembla y dice: "-¡Ay!, entonces yo obedezco y voy a ser como todos".

Pero hay una raza extraña, una raza nueva que tiene su precursor en hombres como este prisionero San Pablo, hay una estirpe extraña que no le tiene miedo a la vida, porque tampoco predica la nada; una raza que no se preocupa por la vida, porque siente que esa vida ya está escondida en Cristo, en Dios y siente que el Resucitado tiene poder por encima de la muerte.

Esa gente, ojalá seamos nosotros de esa gente, esa gente a la que no le importa la vida porque ya la tiene asegurada, esa gente va por esta tierra, va por este mundo, pero no es de este mundo, aunque obedezca a las leyes civiles, nos las obedece por reverencia al imperio humano, ni por simple acuerdo o conveniencia con los otros seres humanos, lo obedece porque en su conciencia descubre también ahí querer de Dios.

Pero cuando esas leyes del civil pretende ir en contra de la ley de su conciencia, "a mí no me importa la vida, repite San Pablo; “que adoras al Emperador”, "no lo adoro"; "que te matamos", "ustedes le llaman a eso muerte, yo le llamo abrirme la puerta; ¡ábranme la puerta! y me darán la vida verdadera, ¿cuál es el problema?".

¿Qué va a hacer el mundo de una raza como nosotros? ¿Qué va a hacer el mundo con gente como nosotros a la que no se le puede dominar? Por eso decía Cristo en su oración del capitulo diecisiete:: "El mundo los va a odiar", "el mundo los va a rechazar" San Juan 17,14, pues claro, y por eso decía Cristo: "Ustedes no son los del mundo" San Juan 17,14, pues claro que no somos del mundo.

Nosotros somos gente sin remedio, estamos aquí en este país o en cualquier lugar, pero somos gente sin remedio, no tenemos solución, no nos vendemos a cualquier precio, no se nos puede asustar, ¿qué va a hacer el mundo con nosotros? No puede hacer nada, esto es lo que Cristo llama: "Yo he vencido al mundo" San Juan 16,33, esa es la victoria de Jesucristo sobre el mundo.

Y el pobre Festo no tenía idea de lo que tenía ahí en la cárcel, para Festo tal vez el problema no existió, tal vez Festo se murió sin saber ni qué caridad, ni qué belleza, ni qué verdad estuvo a su lado; seguramente no se dio cuenta de eso.

Seguramente, Festo, que era el encargado de esa cárcel, el que tenía potestad de sacar a esos presos, seguramente Festo no se dio cuenta de que entre sus prisioneros había alguien más libre que él; seguramente no se dio cuenta de que él mismo era más prisionero que uno de sus prisioneros, Pablo de Tarso.

El mundo está presa de sus miedos, está presa de sus conveniencias, está presa de sus alianzas, está presa de sus amenazas y he aquí que un prisionero, era en este momento, el hombre más libre del mundo.

Mis hermanos, esta es la gloriosa libertad de los hijos de Dios, si no la conocíamos, conozcámosla, somos libres, ¿cuál es la condición de nuestra libertad? Los ojos fijos en Cristo, en su batalla en la cruz, su descanso en el sepulcro y la gloria de su resurrección.

Nuestras fuerzas, quedó un último un inconveniente, no son las fuerzas de Cristo, no tenemos sus mismas fuerzas, problema solucionado. Las fuerzas de Él, pueden ser como las tuyas, porque Él lo pidió al Padre, El oró por ti, y por todos los que escuchan estas palabras.

Y en su oración Cristo rogó el don del Espíritu Santo para ti: "Yo le rogaré al Padre y El les enviará el Paráclito" San Juan 14,16; es la oración de este Santo de los santos la que asegura la perpetua efusión del Espíritu en tu vida, y con esa efusión maravillosa del Espíritu, tus fuerzas ya no van a ser las tuyas, Dios te dará de su propia fuerza.

Con esa fuerza en tu cuerpo y en tu alma, con esa luz en tu inteligencia, con esa gracia en tu corazón, con esa sabiduría en sus palabras, ¿qué temor hay que tener? Así revestidos, así armados de Dios, pues que tiemble el infierno, que se acobarde el mundo, pero nosotros ¿por qué?

Que venga sobre nosotros ese rocío del Espíritu Santo que ya está próximo; Pentecostés ya está a a las puertas, que venga sobre nosotros la gracia inefable del Espíritu Santo, que nos dé una comprensión profunda, que nos dé vida, que nos dé la misma vida de Dios, que nos dé la misma gracia de Dios.

Pasaremos por cárceles, por naufragios, por azotes, por hambres, por enfermedades, pero allá al final, encontraremos esa vida que desde hoy estamos poniendo en las manos de Cristo resucitado.

Que Él reciba desde hoy toda nuestra fe, todo nuestro amor, y que nosotros recibamos de Él desde ya, y especialmente en Pentecostés, la unción del Espíritu, que hará de nosotros gente que sólo pertenece al género glorioso de Jesucristo.

Amén.