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El Evangelio de hoy está tomado de la Oración Sacerdotal de Jesucristo, así se suele llamar al capítulo 17 de San Juan.

Una de las súplicas centrales de Cristo, Sacerdote nuestro, es la súplica por la unidad: “Que todos sean uno” (Jn 17,21); pero hay una frase en la que quisiera detenerme un momento: “Yo les he dado la gloria que tú me diste” (Jn 17,22); de esa manera se expresa Nuestro Señor en el pasaje que corresponde al día de hoy.

Aunque el Evangelio de San Juan lo conocemos únicamente en su versión griega, y a partir del griego se han hecho todas las traducciones al latín, al español, al inglés, al ruso, al francés; aunque el texto griego es el que conocemos como base, no debemos olvidar que la cultura de la que proviene este texto, abunda en un lenguaje que no es ciertamente ni tan cercano a nosotros, ni tan cercano al mundo griego de la época. Por ejemplo, lo que entendemos como “gloria” en nuestro idioma castellano, en griego se dice “doxa”. Y dice Jesucristo: “la doxa que tú me diste yo la dí a ellos” (cf.Jn 17,22); pero en griego la palabra”doxa” es un poco ambigua o tiene una pluralidad de significados, porque “doxa” es sobretodo la opinión; por ejemplo hay personas que tienen distintas opiniones sobre algo, esas son “doxai”. Luego “doxa” también puede significar la “fama” porque cuando una persona tiene cierta relevancia social, pues hay muchas opiniones, hay muchos que hablan sobre esa persona y en ese caso hablamos de una “doxa”; y por ese lado se llega a un tercer estrato en el significado de “doxa” en griego y es como la “gloria”, es decir el esplendor que irradia una persona, sobre todo cuando se mira el adjetivo: “glorioso”, es glorioso aquello que tiene un impacto, que genera una doxa, una gloria, fama, opinión, reconocimiento. Todo este recorrido tenemos que hacerlo en la lengua griega, pero estamos bastante convencidos que en su origen, frases como estas no provienen tanto del ambiente griego.

La palabra “kabod” en hebreo es la “gloria”, y en hebreo la “gloria” está relacionada con algo que tiene impacto, con algo que tiene peso, con algo que se impone. Por ejemplo, en una reunión social entra Miss Universo de ese año, una mujer absolutamente hermosa, con un vestido que le queda perfecto y podemos decir que la presencia de ella se impone porque las miradas y los comentarios de inmediato van a ese rostro, a esa figura. O pensemos, por ejemplo en un desfile militar, cuando se hacen esas demostraciones de fuerza, normalmente lo que se quiere indicar es: “aquí estamos y lo nuestro es fuerte”; países como China, Rusia, Estados Unidos hacen grandes demostraciones de esa fuerza, de ese poder que tienen; algo así es lo que indica la palabra “Kabod”. Y Cristo dice que ha recibido la gloria del Padre, porque su modo de obrar, porque su verdad, su estilo, su manera finalmente causa ese impacto, se impone; y aquí podemos conectar con lo que Cristo suplica en su oración, Cristo quiere que tengamos impacto; Cristo quiere que no seamos ratones asustados corriendo a sus sacristías, a sus madrigueras; escondiéndose para no ser criticados o para no ser perseguidos; eso no es lo que quiere Cristo de nosotros. Lo que Él quiere de nosotros es que nuestra vida sea como dice San Mateo esa ciudad alta que no se puede esconder, que nuestra vida esté llena de sa presencia, de esa belleza que se impone, esa es la gloria que hemos recibido de Cristo y eso es lo que significa ser cristiano y Cristo dice que nos ha dado esa gloria, dice que nos ha dado esa fuerza; no la tenemos que ir a buscar, Él nos la ha regalado, lo nuestro es no esconderla, ¡no escondas tu ser de cristiano, no lo escondas, déjalo brillar!