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Fecha: 20110609

Título: La intencion principal en la oracion sacerdotal de Jesucristo es la unidad de los que creen en El

Original en audio. 4 min. 23 seg.


Estos días finales del tiempo pascual tiene varios propósitos: en primer lugar, que quede bien grabado en nuestro corazón el misterio de la victoria de Cristo por su resurrección. La resurrección del Señor es el centro de nuestra fe, es el motor del apostolado, es el objeto de nuestra contemplación, es también la dulce esperanza que nos ayuda a sobrellevar las dificultades de la vida. Así que lo primero es eso: ser confirmados en la verdad de la resurrección.

En segundo lugar, estos días nos ayudan a prepararnos para la fiesta de Pentecostés. Recordemos que sin Pentecostés la Pascua queda incompleta, radicalmente incompleta; sin Pentecostés la victoria de Jesús sería un hecho del pasado y un hecho que sólo podríamos referirlo a Ël diciendo: "¡Que bueno para Él! ¡Qué bella su victoria!", la de Él, pero nosotros quedaríamos de algún modo excluidos de esa victoria, porque seguiríamos sujetos a la doblez y a la inconsistencia de nuestros corazones.

Precisamente, será el Espíritu el que nos dé esa fuerza nueva, el que nos dé esa vida nueva, de modo que progresivamente avancemos en esa reconstrucción de nuestra vida delante de Dios.

Todo aquello que sucedió en Jesucristo tiene que suceder también en nosotros; así como Él tiene un cuerpo glorioso, es decir, un cuerpo que ha superado incluso a la muerte, así también nosotros somos invitados a ser llenos del Espíritu, para vencer al pecado que es muerte en esta vida y para vencer luego a la muerte que amenaza nuestra eternidad. Por eso necesitamos el don del Espíritu, y para eso están estos días.

Pero finalmente estos días también son días para descubrir el misterio de la comunidad. No somos gente aislada. Precisamente, el aislamiento y la división son los hijos, los desastrosos hijos del pecado. Por consiguiente, nosotros, que hemos tenido parte en la reconciliación, en la vida nueva que nos da Jesús, nosotros somos llamados a la unidad, unidad en la comunidad.

Esta es la intención principal en la oración sacerdotal de Cristo que estamos escuchando durante estos últimos días. En esa oración que se encuentra en el capítulo diecisiete del evangelio según San juan, la súplica central, podríamos decir, el hilo conductor es ese, la unidad. Jesús suplica la Padre Celestial que sus discípulos, es decir, nosotros, tú y yo, podamos ser uno.

Dice Jesús: "Como tú estás en mí, así permanezca yo en ellos" San Juan 17,21, y dice también: "Yo quiero que donde yo estén estén ellos" San Juan 17,24, y dice: "Yo quiero que contemplen mi gloria" San Juan 17,24, una petición que pude parecer bastante extraña, casi diría uno vanidosa o narcisista, pero no es así.

Lo que sucede es que el ser humano, todo ser humano ha sido creado por Dios para contemplar, para saciarse en la hermosura infinita que dimana de la bondad y el poder de Dios, y Esa es la gloria divina, y si uno queda privado de esa gloria, queda radicalmente frustrado. Por eso Jesús dice: "Que ellos puedan contemplar la gloria, que ellos puedan llegar hasta el final, que ellos puedan alimentarse de ese banquete de alegría, de paz, de reconciliación, que no es otra cosa que el cielo".

Es decir, Jesús lo que está pidiendo es una comunidad que sea anticipo del cielo, y un cielo que lleve a plenitud el anhelo más puro del corazón humano.