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Fecha: 19970513

Título: El regalo de la Eucaristia tiene sus propias palabras que le dan sentido

Original en audio: 6 min. 2 seg.


Queridos Hermanos:

Las dos lecturas que nos ofrece la Santa Iglesia en este día tienen tono de despedida. La despedida de Pablo del grupo de presbíteros de Éfeso, y la despedida de Jesús del grupo de sus Apóstoles después de esa Última Cena.

Y si se hace una lectura comparativa de esas dos despedidas, descubrimos el hermoso y sorprendente parecido entre ellas, es decir, las palabras que puede decir Pablo al dejar Éfeso, él siente que por ultima vez en su vida, y las palabras que puede decir Cristo al dejar este mundo, precisamente para donar su vida en el sacrificio de la Cruz.

Dice Pablo: "A mí no me importa la vida, sólo me importa completar mi carrera" Hechos de los Apóstoles 20,24, y dice también: "Nunca me he reservado nada, porque anuncie íntegro el mensaje" Hechos de los Apóstoles 20,26; dice Nuestro Señor Jesucristo: "Yo les he dado las palabras que tú me confiaste, y ellos han creído que yo salí de ti" San Juan 17,8.

Dice el Apóstol Pablo: "En privado y en público he insistido en que crean en Dios y en Jesucristo" Hechos de los Apóstoles 20,20; y dice Nuestro Señor Jesucristo: "Ellos han creído que yo salí de ti" San Juan 17,8.

Y lo dice precisamente en la intimidad de esa Cena en la que ha revelado como los últimos secretos, como las últimas confidencias de su corazón atribulado por la Pasión que se acerca, pero al mismo tiempo, alegre en la generosidad de la gloria que Él le da al Padre y que el Padre le da a Él.

Pablo y Cristo ponen su mirada en ese futuro que sólo Dios puede crear. Pablo y Cristo al momento de despedirse de sus respectivos amigos, hacen como una última y solemne declaración del amor. Y es esa declaración solemne y decisiva de amor la que le da su contexto y la que le da su realidad a la Eucaristía.

La Eucaristía es un regalo acompañado de palabras. Una de las diferencias entre comprar un objeto y recibirlo como regalo, es que los regalos van acompañados siempre por las palabras que les dan sentido: “Esto te doy como signo de amistad”, "esto te doy en agradecimiento por tus beneficios".

En cambio, el vendedor no acompaña ninguna palabra, porque el sentido de lo que se recibe está completamente en el dinero que se ha dado para adquirirlo.

Pues la Eucaristía, que es el regalo por excelencia, que es el don por excelencia, tiene su palabra que le da sentido, tiene su contexto que es el que nos ilumina y nos permite reconocer a Jesucristo. Y ese contexto es la solemne declaración de amor: Aquí estoy todo yo; "todo lo que me ha revelado mi Padre os lo he dado a conocer" San Juan 15,15.

Y por eso, como antes lo hemos escuchado en otro pasaje: "Ya nos os llamo siervos, os llamo amigos, porque todo lo que me ha mostrado mi Padre, todo lo que me ha dicho mi Padre, os lo he dado a conocer" San Juan 15,15.

"Aquí estoy yo, así soy, ahí estoy entre ustedes". Quien ha entendido esta declaración generosa, irreversible de amor, entiende también el sentido de las palabras de la Eucaristía.

Cuando uno se siente casi avasallado por ese torrente del amor de Dios, entonces entiende qué es lo que quiere decir eso de: “Tomad y comed: este es mi Cuerpo; tomad y bebed: este es el cáliz de mi Sangre, que se entrega para el perdón de los pecados" San Mateo 26,27-28.

Esas palabras de la Eucaristía no son sino la reanimación en acto, en acto sacramental, de aquello que Él nos ha venido diciendo, no sólo en esta Cena de despedida, sino desde que inició su predicación allá en Galilea, y si lo miramos mejor, desde el momento mismo de la Encarnación.

Cristo es Pan de Vida, dado para restauración, para sanación y para alimento del mundo, desde el primer momento de su existencia.

Y ese vivir para el otro, ese continuamente darse, ese no reservarse nada, ese completar la carrera en la gloria de Dios, es lo que tiene su realización en cada Eucaristía cuando Él dice: "Este es mi cuerpo, así soy y soy para vosotros en la gloria del Padre". Esta es mi sangre, así soy y soy para vosotros, para salud vuestra y gloria del Padre Celestial".

Que nos brinde ese amor, ese amor de Espíritu, ese amor de Dios, que es regalo y palabra, para que podamos reconocer al Señor al partir el pan, y nuestra vida enriquecida transformada por ese don, se convierta también en don para la vida del mundo.

Amén.