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Fecha: 19990517

Título: Para tener una verdadera fe en Jesucristo necesitamos tres cosas: la lucha, el valor y la paz

Original en audio: 28 min. 9 seg.


Durante este tiempo de Pascua hemos escuchado en buena parte los discursos de despedida que están en el evangelio según San Juan, estos discursos de despedida ocupan los capítulos trece, catorce, quince, dieciséis, y si incluimos la oración última de Cristo, también el diecisiete.

Es una abundancia de palabras, es un torrente de luz que nos permite, que nos ha permitido entrarnos un poco en los surcos del corazón de nuestro Señor Jesucristo.

En esas conversaciones que San Juan nos presenta después de la Última Cena, en esas conversaciones Cristo abre su alma ante los discípulos, les muestra de las batallas y de las victorias y les da recomendaciones preciosísimas, como por ejemplo, el mandamiento del amor mutuo a imagen de su propio amor; como por ejemplo, la necesidad de permanecer en Él como única necesaria y suficiente condición de victoria.

Y luego, también la promesa del Paráclito, que este evangelio de Juan llama “el otro Paráclito”, porque el primer Paráclito es el mismo Cristo. Cristo dice: “Yo rogaré al Padre y Él os enviará otro Paráclito” San Juan 14,16.

Esa expresión “paracletos” en griego quiere decir el que ha sido llamado en defensa, el que es aliado en una causa y está ahí como ayudador, como poderoso ayudador.

Pues eso es Jesucristo; pero ahora Cristo se está despidiendo y Él promete que vendrá otro poderoso ayudador, que es el Paráclito.

Nosotros, cristianos, tenemos esos tesoros en el evangelio según San Juan, ahí están, están para nosotros.

Una y otra vez, cuando queramos sumergirnos en el Corazón de Jesucristo, cuando queramos conocer los sentimientos de Cristo, podemos ir a estos capítulos del evangelio según San Juan, y ahí tendremos una luminosa contemplación de la ofrenda de Nuestro Señor y también del rumbo inicial, del rumbo fundamental que Él quiere que tengamos nosotros que somos sus discípulos.

Hay un rasgo que tiene el evangelio de Juan, al cual evangelio me gusta llamar "el evangelio infinito". En este evangelio Cristo prácticamente no responde ninguna pregunta, Cristo rebasa las preguntas que se le hacen.

Sería un poco largo presentar aquí ejemplos, pero de pronto es mejor que quede como tarea para ustedes, busquen ahí en el evangelio de Juan, en los pasajes en los que alguien le hace una pregunta a Cristo, y ustedes descubrirán cómo Cristo no se deja como agarrar por las preguntas.

Cristo en el evangelio de Juan es el ser más libre, no lo pueden agarrar con preguntas, no lo pueden cazar con sus propias palabras, no lo pueden atrapar, y cuando lo van a atrapar sujetándolo a la cruz, en este evangelio de Juan, Él llama a esa cruz "su gloria".

No lo pueden encerrar en el sepulcro porque se vuela, no lo pueden agarrar a la cruz porque el Padre lo glorifica, no lo pueden atrapar a preguntas porque la enseñanza del Señor está siempre por delante de las preguntas de sus discípulos y también de las preguntas de sus enemigos.

Cristo, en este evangelio de Juan respira majestad, respira gloria, es majestuoso. No dejaré sin comentar algo sobre esta majestad de Cristo, como aparece, por ejemplo, en la Pasión.

Recordemos ese momento del diálogo o de los breves diálogos que tiene Cristo con Poncio Pilato. Cuando Pilato se quiere presentar como el del poder, le dice a Cristo: “¿Y es que no sabes que yo tengo autoridad para condenarte o autoridad para soltarte?” San Juan 19, 10 Como diciendo: "Yo tengo poder sobre ti, estás en mis manos".

La respuesta de Cristo nos da, en una sola frase, el retrato de lo que es Nuestro Señor en este evangelio. Responde Jesús diciendo: “No tendrías autoridad si no me hubieran entregado a ti, si no te lo hubieran dado; por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor que el tuyo” San Juan 19,11.

Mira esa frase del Señor: “No tendrías autoridad si no la habrías recibido” San Juan 19,11; tú no eres el dueño ni siquiera de tu puesto de procurador romano, mucho menos vas a ser mi dueño; tu no eres el dueño ni siquiera de ese oficio que tienes, del que tanto de ufanas".

Y luego: “El que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor que el tuyo” San Juan 19,11.

Se supone que Pilato era el que podría decir quién era inocente y quién era culpable, y Cristo se le adelanta, y lo trata ya como culpable: “El que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor que el tuyo” San Juan 19,11, ya trató a Poncio Pilato de pecador. "¿Que eres tú el que me va a condenar a mi? Tú eres el pecador, y te lo estoy diciendo yo".

Ese relato de la Pasión de Jesucristo según San Juan es para leerlo, es para meditarlo desde esta perspectiva. Jesús en el evangelio de Juan es un Jesús majestuoso, es un Jesús que es Señor, que es, desde el comienzo hasta el final, expresión de la gloria del Padre.

Por eso leemos en el versículo 14 del capítulo primero del evangelio según San Juan: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” San Juan 1,14, esa es la parte que a uno le suena más en el oído, pero ¿y por que no nos acordamos de lo que sigue?: “Y hemos visto su gloria, gloria del Hijo Único del Padre” San Juan 1,14.

“Hemos visto su gloria” San Juan 1,14. Cristo en este evangelio es al mismo tiempo el Verbo en nuestra carne y nuestra carne en la gloria, las dos cosas. Para saber quién es Jesucristo, según este evangelio, hay que saber esas dos cosas: no se puede uno quedar sólo en que es el Verbo de Dios en nuestra carne, no, es nuestra carne en la gloria, “hemos visto su gloria” San Juan 1,14.

Y realmente, la gloria de Dios es como el perfume, como el aroma de Jesucristo a lo largo de todo este evangelio. su aroma, su hálito, su ambiente es la gloria del Padre, pero hay un momento por antonomasia para esa gloria y ese momento es el que Cristo le llama “su hora”, y esa hora es la hora de la Pasión.

Cansados de que Cristo no les respondiera preguntas, los discípulos deciden que ahora sí ya le entienden: “Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios” San Juan 16,29-30.

Es que eso de hacer preguntas no es tan elemental como uno se lo imagina; el que haga la pregunta es el que pone el tema, el que interroga es el que es autoridad, y el que tiene que responder es el que está bajo esa autoridad.

Si en el evangelio de Juan resulta que Cristo prácticamente no responde a ninguna pregunta, este rasgo es fascinante, es extraño, poca gente lo ha notado, pero usted lo puede leer ahí en el evangelio.

Si Cristo obra así, no es porque sea un distraído o un despistado, sino que hay una razón, llamémoslo así, teológica de eso.

Cristo no está bajo la autoridad de ninguna pregunta, y eso lo descubren finalmente los Apóstoles en el evangelio que hemos escuchado para este día: “No necesitas que te pregunten, ahora vemos que lo sabes todo” San Juan 16,30.

“No necesitas que te pregunten, por ello creemos que saliste de Dios” San Juan 16,30. Es una de las confesiones más hermosas del carácter mesiánico de este Jesús.

Cuando en el mismo evangelio de Juan se presentó esa desbandada de los discípulos, porque Cristo dijo que había que comer su carne y había que beber su sangre, y se presentó una desbandada de discípulos, desocuparon el local, aunque no era local, porque estaban allá en Cafarnaúm, bueno, se fueron, se fueron, desparecieron todos.

Cuando eso sucedió, Cristo, sin parpadear, les dijo: “¿También ustedes se van a ir?" San Juan 6,67, les dijo a los Apóstoles, y entonces entonces Pedro dijo: “A dónde vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” San Juan 6, 68.

Esa confesión de Jesucristo, esa confesión del mesianismo de Jesucristo, echa por San Pedro, es como un momento cumbre, una pequeña cumbre, una pequeña gran cumbre dentro de este evangelio de Juan.

Seguramente recordamos también esa escena en los evangelios sinópticos en que Cristo les pregunta: “Bueno, y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” San Mateo 16,15, y Pedro dice: “Tu eres el Mesías” San Mateo 16,15.

Y Jesús le aprueba la respuesta: “Bienaventurado tú, Simón Bar jona, eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” San Mateo 16,17.

Entonces Pedro sacó pecho, miró entorno y les dijo: "¿Se dan cuenta? ¿Ya ven cómo es que es? ¿Ya saben cómo es el asunto?" Claro que luego el mismo Pedro tuvo una grave equivocación que nosotros los colombianos llamamos "una embarrada", y entonces Cristo tuvo que ponerlo también en su sitio, dicen los apócrifos que Pedro no volvió a hablar como en tres días.

El hecho es que, en los sinópticos, cuando Pedro acierta y dice lo que tiene que decir, Jesús le aprueba. Aquí en San Juan hay un texto parecido: “Por ello creemos que saliste de Dios” San Juan 16,30, ¿Ah? Eso no es poco decir.

Mire: "Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios” San Juan 16,29-30.

Si ahí pararan la película y le dijeran a uno: “A ver, continúe usted, ¿qué pasó?” Uno, acostumbrado a los sinópticos, uno diría: “Y Jesús, levantándose de su sitio, le dio un abrazo a cada uno y le dijo: "¡Buena esa! Ahora sí entendieron, ahora sí captaron”.

Pero este evangelio de Juan está lleno de sorpresas; como ustedes ven, yo estoy recomendando de que se enamoren del evangelio de San Juan. Ellos dicen, con tono solemne: “Por ello creemos que saliste de Dios” San juan 16,30, respuesta de Cristo: “¿Ahora creéis?” San juan 16,31.

Entre eso y un balde de agua fría, no hay demasiadas diferencias. “¿Ahora creéis?” San juan 16,31. “Pues mira, está para llegar la hora, -dice Cristo-, mejor, ya llegó, en que os disperséis cada cual por su lado su lado y a mí me dejéis solo” San juan 16,32.

Hay un terrible desfase en la manera como hablan los discípulos, que nos puede parecer respetuosa, nos puede parecer como piadosa, y la manera como responde Cristo, una manera seca, desengañada, incluso podríamos decir, pesimista: “Ahora creéis?” San juan 16,31, donde vemos que Cristo sigue siendo el que tiene control de la situación.

Cristo sigue siendo el que sabe en dónde están los corazones. ”Ahora creemos que saliste de Dios” San juan 16,30. “¿Creéis? Responde Cristo, “¿seguro que creéis? Convencidos, aténganse".

"Ha llegado la hora en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo; pero no estoy solo porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto para que encontréis la paz en mi; en el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo” San Juan 16,32-33.

Bueno, ya que tenemos el tiempo, gracias a Dios, ya que no estamos de afán, pues detengámonos a meditar un momento eso tan extraño, meditemos por un instante eso que se nos están diciendo ahí.

¿A usted no le parece de lo más raro que los discípulos hagan semejante profesión de fe: "Tú lo sabes todo, a ti no hay que preguntarte nada; tú saliste de Dios" San juan 16,30, y resulta que Cristo les responde: “¿Ahora creéis?” San juan 16,32.

¿Qué le faltaba a ellos? ¿Qué faltaba a ellos para que realmente ese fuera un acto de fe? Porque el verbo que ellos utilizan es "creer": "Ahora creemos que saliste de Dios" San juan 16,30, y lo que Cristo les dice es: ¿Ahora creéis?" San juan 16,32. O sea que ellos hacen una profesión de fe, y Cristo se la desmiente.

"Ahora creemos" San juan 16,30, dicen ellos, dos veces aparece la hora, en la boca de los discípulos y en la boca de Cristo; y dos veces aparece el verbo "creer", en la boca de los discípulos y en la boca de Cristo.

Mira lo que ellos dicen: “Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos" San juan 16,30. Remiendo la frase, lo que ellos dicen es: “Ahora creemos que saliste de Dios” San juan 16,30, y la pregunta de Cristo es: “¿Ahora creéis?” San juan 16,32. El problema es el “ahora creemos”.

Ellos están diciendo: "Ya creemos", el sentido de ese "ahora", que debe ser " 18:31 ", en el texto griego, el sentido de ese "ahora" es "ya". Ellos se graduaron ya, ellos se declararon graduados en fe, "estamos graduados", le dicen a Cristo.

Me imagino la sonrisa de ellos: Estamos graduados", y Cristo los mira de arriba abajo, y lo que les hace ver es que todavía no estaban maduros, como dicen las señoras en la cocina, "les faltaban varios hervores", no están todavía listos, no están todavía maduros.

Ellos querían graduarse rapidito: "Al fin y al cabo estamos con Él a toda hora, no le hemos perdido palabra, hemos visto todos los milagros, ya, estamos todos listos, ya nos podemos graduar; lo que nos faltaba era ver al Padre, pero ya el que lo vea a Él ve al Padre, ¡listos! Cristo, queremos decirte que estamos graduados, hemos entendido, hemos comprendido, sabemos, vemos, estamos listos".

Y Cristo lo que les dice es: ¿Qué que? ¿Qué qué?" ¿Que los graduó quién? ¿Que están graduados? ¿Que ya acabaron? Si no han empezado; ya acabaron, y no han empezado, déjense de bobadas de que ya creen, aprendan que van a tener luchas, pero aprendan de dónde va a venir la paz". Eso es lo que les está diciendo Cristo.

"Listos ya estamos listos, nos hemos graduado". "-Se graduaron sin combate, se graduaron porque tienen algunas ideas claras en la cabecita; pero ustedes no tienen obras luminosas, ustedes no tienen las obras de la fe".

“Ahora creemos” San juan 16,30, dicen ellos, y Cristo los cuestiona: “¿Ahora creéis?” San juan 16,32.

¿Qué le faltaba al acto de fe de ellos? Yo creo que ya podemos responder, es lo que sigue: ”En el mundo tendréis luchas; pero tened valor” San juan 16,33, y antes ha dicho: "Os he hablado de esto para que encontréis la paz en mí” San juan 16,33.

“Para que encontréis” San juan 16,33, eso habla de futuro, “tendréis luchas” San juan 16,33, eso habla de futuro; “tened valor” San juan 16,33, eso habla de futuro.

O sea que a la fe de los discípulos les faltaban tres créditos para poderse graduar, les faltaban tres detallitos: luchas, valor y paz; todavía no se podían graduar, ya tenían más o menos las ideas claras en la cabecita o cabezota, según el caso, ya tenían esas ideas claras ahí.

Bueno, ya más o menos sabían como era la cosa: que Cristo salió del Padre, que el Padre lo envió, que no es para condenar, que hay que permanecer en Cristo, ya tenemos todo el andamiaje en la cabeza, ya entendemos en nuestra cabeza, ¡listos!

Cristo dice: "Bueno, ese andamio de ustedes está bonito, pero es de merengue, ese no sirve, ni crean que con esa fe van a ir hasta la esquina, esa fe de poco sirve, apenas llegue la primera prueba van a salir corriendo, no sé si tengo un grupo de discípulos o un corral de gallinas, ustedes van a salir huyendo.

Sí, ustedes tienen una fe bonita, pero es una fe de merengue, y resulta que vienen tres créditos que les hacen falta: les hacen falta las luchas, les hace falta tener valor en la lucha, y les hace falta conservar la paz cuando tengan valor en la lucha; mientras no hayan llegado a esos tres créditos, ustedes lo que tienen es un precioso andamiaje de merengue.

Yo creo que estas palabras de Jesucristo nos pueden servir a muchos de los católicos, muchos, porque tal vez, por estar cerca de las cosas de Dios; tal vez, por estar cerca de la gente piadosa; tal vez, por nuestros amigos sacerdotes o por nuestros amigos fervorosos, nosotros podemos hacernos la ilusión de que tenemos muy grande fe.

Y entonces nosotros tal vez le podemos decir a Cristo: “Ahora creemos, nosotros sabemos que tú saliste de Dios”, y entonces Cristo nos dirá: “Otro que se graduó él solo, y cuando llegue la lucha ¿qué va a quedar de usted, ¿ah? ¿Qué tal estos soldados con armadura de hojaldre?" Esos somos muchos de los católicos, soldados con armadura de hojaldre.

Por ejemplo, toda esta gente que uno la ve tan fervorosa en los grupos, en los cenáculos, en los rosarios, una gente fervorosa, arden en el amor de Dios, luego llegan a su trabajo, o a su universidad, o a donde sea, los miran feo y ya niegan la fe: "No, no, no, es que tampoco, lo que pasa es que algunos rosaritos por ahí que yo rezo, no soy fanático, yo soy una persona normal, como todo el mundo, no me excluyan".

La cantidad de católicos que viven obsesionados con que no los excluyan con sus grupos de amigos: "No me excluyan, no me excluyan", yo he visto traicionar a Jesucristo por eso, por no perder los amigos; pero mientras tanto, "yo creo, yo creo, sí, uff, creo, para creer, yo, estoy graduado doctorado y posdoctorado.

Está buena la ironía, llamémoslo así, la palabra fuerte, el balde de agua fría de Cristo: “¿Ahora creeis?” San juan 16,32, pues que se vea en las luchas, y que se vea con el valor, pero atención, que se vea la paz en el valor dentro de la lucha.

Si esas tres cosas se ven, si cuando llega la lucha fuerte, también hay valor fuerte, y se conserva la paz fuerte, entonces tal vez se puede decir que verdaderamente creemos.

Mientras no llegue eso, lo mejor es decir lo que decía un amigo mío hace muchos años, un muchacho que vivía en mi mismo barrio, un muchacho que había tenido todo tipo de problemas, y él intentaba salir de sus problemas, intentaba levantarse y caía, problemas laborales, problemas de salud, problemas con los vicios, problemas con la familia, ¡problemas!

Él podía llamarse "Pepe Problemas", ¡qué hombre para tener problemas por todas partes! Pero todos veíamos también que él se esforzaba, que él intentaba. Un día, delante de un grupito de oración en el que estábamos, a él le tocaba dar un testimonio.

La mayoría de los que estábamos ahí sabíamos de la vida de este hombre y de sus recaídas y de cómo había hecho amarga la vida, especialmente a su propia familia.

Y dijo este muchacho, -él no dejo de dar testimonio, dio testimonio-, pero mire el testimonio que él dio: “Yo quiero decirle a Dios que yo quiero creer, y quiero decirle a Dios que yo quiero quererlo, eso es lo que yo puedo decir por hoy”. Ese fue el testimonio de ese muchacho.

Me pareció más sincero que tantas y tantas otras palabras, que tal vez yo mismo o tantas otras personas, hemos dicho.

Hoy se nos invita a la humildad, se nos invita a reconocer el tamaño de la lucha, y se nos invita a acudir a Jesucristo, el único en que podremos encontrar paz, el único en quien nuestra fe puede tener su verdad y su fortaleza.

A Él la gloria y la alabanza por los siglos.

Amén.