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Fecha: 19980525

Título: Aprender a ser íntimos de Jesucristo

Original en audio: 35 min. 10 seg.


Las palabras que le dicen los discípulos a Jesús en el evangelio de San Juan que acabamos de escuchar, capítulo dieciséis, son palabras profundas, bellas, fecundas.

Le dicen ellos: "Ahora sí que hablas claro, y no usas comparaciones" San Juan 16,29. Y dicen también: "No necesitas que te pregunten, ahora creemos que saliste de Dios" San Juan 16,30.

Estas Palabras se encuentran después de que Jesús les ha llamado “amigos” “Vosotros sois mis amigos, ya no sois siervos, sino amigos” San Juan 15,15. Y esa relación, esa confianza de amigos suscita este comentario de los discípulos en la conversación que tienen en esa Cena de despedida, en esa Última Cena.

Yo le estoy pidiendo internamente al Espíritu Santo que abra nuestra inteligencia y nuestro corazón para el sentido profundo y bello que tiene Cristo. Son dos cosas. primera: "Ahora ya no dices muchas comparaciones" San Juan 16,29. Y segunda: "No necesitas que te pregunten" San Juan 16,30.

¿Qué quiere decir eso de "hablar claro o no necesitar comparaciones"? San Juan 16,29, ¿y ¿qué quiere decir: "No necesitas que te pregunten"? San Juan 16,30.

¿Qué quiere decir eso: "Ahora creemos que saliste de Dios"? San Juan 16,30. Yo me atrevo a decir que esta es una de las más grandes escenas de toda la historia de la humanidad. Esta que acabamos de escuchar.

Cuando el grupo de discípulos le dice a Jesús: "Ahora ya no estás utilizando comparaciones" San Juan 16,29, y cuando le dice: "Ahora ya no necesitas que te pregunten” San Juan 16,30.

Esas palabras las dice el amigo de Jesús, aquel que ya no es un esclavo, un asalariado, un empleado, un visitante. Ahora es amigo de Jesús.

Y en la intimidad de la amistad, puede decir: "Ahora me estás hablando claro" y puede decir: "Ahora no tengo nada que preguntarte". Eso quiere decir que para mi, para mi gusto, para mi conocimiento, este es el evangelio que mejor retrata lo que significa ser íntimo de Jesucristo, lo que significa ser amigo de Jesucristo.

Nos da como un criterio, como una medida para que descubramos qué es ser íntimo de Jesucristo. Y si repasamos el encuentro que estamos culminando ahora precisamente con esta Eucaristía, sabemos que la raíz y la fuente de todo lo que se pide de un servidor, de un predicador, de un ingeniero, lo único que se necesita para alcanzar todo lo que nos han dicho en todas las predicaciones, es solamente una cosa: ser íntimo de Jesucristo.

El que es íntimo de Jesucristo, el que es amigo de Jesucristo, ése vivirá en plenitud lo que significa servir a la Palabra de Dios, servir a la gloria de Dios y servir al pueblo de Dios. Porque esos son como los tres grandes servicios que nosotros tenemos.

Pues bien, para alcanzar esa vocación de servidores, sólo una cosa es necesaria, ser íntimo de Jesucristo. "El que permanece en Él no peca" 1 San Juan 3,6, dice San Juan en su Primera Carta. ¡Eso es maravilloso!

Permanecer en Él significa tener victoria sobre el pecado, significa que nuestras antiguas culpas y mañanas ya no van a tener poder sobre nosotros. Esto es maravilloso, pero más allá de la victoria sobre el mal, está todo lo que significa recibir directamente de Él la fuerza, la gracia, la alegría el testimonio, y también los carismas para que el pueblo de Dios sea edificado en el amor.

Es decir que todo lo que se nos pide, es sólo una cosa: que aprendamos, que descubramos cómo ser íntimos de Jesucristo. Porque el que es íntimo de Jesucristo lo tiene todo, y el que no es íntimo de Jesucristo, traicionará y caerá Esta es casi la escena más gloriosa de la Biblia,

Sin embargo, se rompe bruscamente, porque después de que ellos han dicho: "Ahora creemos que saliste de Dios" San Juan 16,29, Jesús se muestra desconfiado: "¡Ahora creéis?". Llegará la hora en que me dejéis solo" San Juan 16,31-32.

Pero bueno, aunque no eran perfectos habían alcanzado una cima muy alta, una cima de intimidad con el Señor. Y a mí me parece que nosotros estamos llamados a pasar por esa intimidad con Cristo.

Sobre este tema de la intimidad, o mejor, ser íntimo de Jesucristo, no se predica mucho. Una apuntación que tiene un predicador, es hacer de Jesucristo como una especie de biblioteca, o de disco duro, o como se quiera comparar, del cual yo saco material para decirles a otras personas.

Yo tomo de Cristo y le doy a otras personas. Esto es hacer labor de correo. Esta todavía no es la verdadera vocación de predicador.

El predicador, el servidor de una comunidad de oración está llamado a ser alguien que hable de tal manera que Jesús mismo se hace presente. No se trata que hable de Jesús, sino que hable Jesús. No se trata de contar una historia sobre Él, sino que Él se haga historia. No se trata de que Él sea una luz para nosotros, sino que el mismo predicador sea luz.

"Vosotros sois luz y sal de la tierra" San Mateo 5,13 San Mateo 5,14, todo esto significa la intimidad con Jesucristo. La intimidad con Jesucristo, de acuerdo con este pasaje del capítulo dieciséis del evangelio de Juan, tiene dos rasgos para que sepamos qué es ser íntimo de Jesucristo, dos rasgos extrañísimos.

Primero, ellos dicen: "Ahora no utilizas comparaciones" San Juan 16,29, y segundo: "Ya no necesitas que te preguntemos nada; ahora creemos que saliste de Dios” San Juan 16,30. Cuando una persona puede decir estas dos cosas, quiere decir que es íntimo de Jesucristo.

Pero hay un detalle, cuando ellos dicen esto en la Cena de despedida, según el evangelio de San Juan, Cristo les ha dicho: "Vosotros estáis ya limpios por las palabras que yo he dicho" San Juan 15,3; y también, en el capítulo diecisiete, Jesús ora y le dice al Padre Celestial: "Yo los guardaba, yo los cuidaba" San Juan 17,12.

O sea que la plenitud de la santidad está en ser íntimo de Jesucristo, y el vivir en el Espíritu Santo. Vivir, acoger la gracia del Espíritu Santo. Pero, no voy a predicar sobre la venida del Espíritu Santo o la fuerza del Espíritu Santo, sino lo que significa ser íntimo de Jesús. Porque, ahí está la clave de todo.

Lo que sí les adelanto es con el Espíritu Santo. Eso que usted comprenda hoy, se va a realizar, y va a permanecer en usted. Son dos palabras muy extrañas las que utilizan los discípulos: "Ahora no utilizas comparaciones" San Juan 16,29.

Preguntémonos: ¿qué querían decir ellos con eso? ¿Y qué quiere decir lo que le dicen al Señor: "No necesitas que te pregunten"? San Juan 16,30.

Porque esos son los dos rasgos del que es íntimo de Cristo. El que quiera meditar la Escritura, dicho sea entre paréntesis, debe acostumbrarse a preguntar muchas veces con una oración en los labios: "Señor, ¿qué quiere decir esto?" ¡Cuántas veces hemos pasado por encima de estas palabras!

Hoy, pedimos a Dios que nos abra los sentidos, que nos ayude, que nos ilumine, que nos muestre cuál es el sentido? Dijeron los discípulos a Jesús: "¿Ahora sí?" San Juan 16,31. O sea que antes no. ¿Qué querían decir ellos con eso de: "Ahora sí hablas claro"?San Juan 16,29. ¿Cómo era antes?

Entonces, recordemos lo que fue la predicación del Señor. ¿Cómo era la predicación del Señor? Él decía continuamente: "El Reino de Dios se parece a un hombre que echó semillas en un campo, y esté dormido o despierto, la semilla crece" San Mateo 13,24, o "el Reino de Dios se parece a una perla" San Mateo 13,45.

Pero, ¿cuándo va a decir lo que sí es, no a qué se parece, sino cómo es? Porque, Él siempre decía sus comparaciones, y normalmente las comparaciones no se las entendía nadie.

Porque a los de fuera, como dice el Evangelio de Marcos, todo les quedaba en enigma; y a los de adentro, a los discípulos, les quedaba la oportunidad de preguntarle. Ahí está la clave para lo segundo.

Jesús decía una comparación, y cómo no le entendían la comparación, entonces le preguntaban en privado: "Oye, ¿qué quiere decir?" Dice la Escritura: "En privado le preguntaban: ¿qué quiere decir esa parábola del Sembrador?" San Mateo 13,36.

O sea que fíjate que las dos cosas van unidas. El que ya no necesita comparaciones, tampoco necesita que le pregunten; porque, precisamente, lo que suscita la pregunta es una comparación.

Señor, si el Reino de Dios es como una perla escondida, ¿cuál es la perla que yo no he encontrado? ¿Entonces eso cómo se aplica? Y si ahí dice que uno tiene que vender todo, eso ¿qué quiere decir, que yo tengo que dejar mi trabajo?

Cuando se dice una comparación surge una pregunta. Los discípulos dicen: "Ahora sí que hablas claro, no utilizas comparaciones, y ahora, ya no tenemos qué preguntarte"? San Juan 16,29-30.

Esto quiere decir que en el momento de la Última Cena Jesús reveló lo que era el Reino. Lo reveló sin comparación, sin utilizar comparaciones. Los discípulos se dieron cuenta que estaba hablando claramente y entonces dijeron: "Ahora sí hablas claro" San Juan 16,29, "y ahora sabemos que saliste de Dios” San Juan 16,30.

Bueno, ahí vamos comprendiendo poco a poco.

Estoy haciendo un ejercicio con ustedes en este momento. Lo que se llama: “Lectio Divina” Una meditación en voz alta sobre un pasaje de La Biblia. Cuando hay tiempo, pero sobre todo cuando hay amor como el que hay en ustedes, la homilía se puede volver Lectio Divina.

Pero sigamos, ya sabemos la relación que hay entre las comparaciones y las preguntas; pero esto suscita inquietud en nosotros, suscita por lo menos tres inquietudes.

Primera: si Jesús podía hablar claramente del Reino de Dios, ¿por qué se pasó la vida diciendo parábolas, comparaciones? ¿Por qué no dijo desde el principio claramente las cosas? Esa es una pregunta que uno se puede hacer.

Y algunas veces, hay personas que le preguntan a uno también así: "Fray, usted habla de primeras, segundas y terceras generaciones. Usted habla de un camino de santidad. ¡Explíqueme qué es la santidad! ¡Diga, pero concretamente qué es aguantar, resignarme! ¿Qué es? Explique".

Entonces, una primera inquietud es: sí Jesús podía hablar claro, porque se ve que podía hablar claro, ¿por qué hablaba con comparaciones? ¿Por qué? Esa es una primera pregunta que nos hacemos.

Segunda pregunta que nos hacemos: ¿por qué Jesús empieza hablar claro cuando ya se va a ir? Estamos en la Última Cena. Estamos a contados minutos de que salgan para Getsemaní y de que Judas Iscariote lo entregue a la policía de los sumos sacerdotes.

¿Por qué empezó a hablar claro tan tarde? Él mismo lo reconoce, mire: "¿Ahora creéis? ¡Mirad! Está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado" San Juan 16,30. ¿Por qué, Jesús por qué empezaste a hablar claro cuando ya había llegado la hora? Cuando ya llegó la hora de la persecución, de la tortura, ahí sí empezó a explicar las cosas, pero si ya se iban a ir.

Mire, en el evangelio de San Juan, después de estas Palabras que hemos escuchado, ya lo que sigue es una oración que hace Cristo en el Capítulo diecisiete, y se acabó: a la Cruz, al sepulcro. Y claro, a la Pascua, y a la gloria. Entonces, si se pregunta, ¿por qué Jesús obró así? ¿Por qué hasta última hora empezó a hablar claro?

Y en tercer lugar, la otra pregunta: ¿por qué, si ellos vieron que Cristo había salido de Dios, por qué, el mismo Cristo desconfía de la fe de ellos? ¿Es que acaso podían confesar una fe más abiertamente que lo que dijeron?

Le dicen: "Ahora creemos que saliste de Dios" San Juan 16,30. Y Cristo les responde: "¿Qué, ahora, creéis? Está para llegar la hora, mejor, ya llegó, en que os dispersaréis cada uno poe su lado y me dejaréis solo; pero yo no estoy solo, pues el Padre está conmigo" San Juan 16,31-32.

¿Por qué Cristo tiene que utilizar comparaciones? ¿Por qué habló claro sólo al final, y por qué los discípulos aunque confesaron su fe, luego lo traicionaron? Estas son nuestras preguntas, y con la ayuda del Señor, queremos responderlas, porque nosotros queremos ser íntimos de Jesucristo.

Además hay un detalle: sólo el que es íntimo de Jesucristo comprende los misterios de la Cena. El que no es íntimo de Jesucristo, así diga con sus palabras que cree en la Presencia de Cristo en la Eucaristía, se le escapa el misterio.

La Eucaristía, ¡óigalo bien! Va a ser solamente otra comparación. ¿Me está entendiendo lo terrible que es esto? Aunque usted diga como católico: "Yo creo que Cristo está presente en la Eucaristía", si usted no es íntimo de Jesucristo, la Eucaristía va a ser, sólo, otra comparación. Va a ser, en el fondo, solamente símbolo.

Nuestra primera inquietud es, ¿por qué Jesucristo habló en comparaciones, si también podía hablar claramente? A esto hay que responder drásticamente, mis amigos, Jesús se quedó sin decir sus mejores palabras. Jesús se quedó sin predicar sus mejores sermones.

Esto hay que decirlo abiertamente: Jesús no dijo todo lo que sabía, no lo dijo, y eso no es invento mío; en la Eucaristía de algunos días pasados lo estábamos oyendo, Jesús les dice: "Muchas cosas más tendría para deciros, pero no podréis cargar con ellas” San Juan 16,12.

Jesús habló con comparaciones, comparaciones que despertaban preguntas, porque los discípulos no tenían manera de cargar con su enseñanza. Como quien dice: Jesús, primero tuvo que hacerlos capaces de cargar la enseñanza, para luego darles la enseñanza. El problema no está en la boca de Jesús, sino en los oídos de los discípulos.

Jesús tuvo que utilizar comparaciones, porque primero, tenía que prepararlos a ellos, y ¿en qué consistía esta preparación? Si nosotros lo miramos bien, Jesús los estaba preparando, no solamente con sus palabras, sino con todo lo que hacía, con sus milagros, y sus sanaciones, con sus exorcismos, con sus predicaciones, Jesús los estaba preparando.

En cambio, cosa curiosa, en la Última Cena Jesús no hace ninguna sanación; no fue que llamara a Bartolomé que estaba un poco agripado y le dijera: "Bartolomé, vamos a sanarte aquí en medio de todos ellos". Jesús no hizo eso, no sanó ningún dolor de cabeza a ninguno de ellos.

Jesús no hizo ninguna sanación, no expulsó ningún demonio, ni un prodigio, no acalló la tempestad y las olas. Jesús no hizo nada de eso. Esto quiere decir que todas esas otras cosas, todos esos otros milagros y prodigios y exorcismos, todas esas cosas, en cierto modo, eran una preparación.

¿Y en qué consiste la preparación? ¿Cómo nos hace capaces para luego soportar esas palabras? Porque hoy dice: "Ya no les puedo hablar más, porque no soportan más, no pueden cargar más"

¿Cómo es eso, cómo es que Cristo nos prepara para cargar más? Cristo nos prepara para cargar más, sacándonos de nuestros intereses. Durante todo su ministerio público Jesús estuvo al ritmo de las necesidades de las personas.

"Llegó un ciego, ¡bueno, vamos a sanarlo!" "-Mira, allí hay un paralítico". ¡Bueno, vamos a curarlo! "-Aquí te traigo a mi hijo que está poseso". "¡Bueno, vamos a liberarlo! "-Mira que nos hundimos". "-¡Bueno, cálmese la tempestad!" Jesús durante todo su ministerio público estuvo al ritmo de las necesidades de los demás.

Y mientras nuestras necesidades marquen el ritmo de la relación con Cristo, no somos íntimos de Cristo. Esta es una afirmación tremenda. Mientras el ritmo de mi relación con Cristo sea el ritmo de mis necesidades, de mis expectativas, entonces, Cristo estará al ritmo de mis expectativas.

Pero no podrá decirnos sus palabras de amor. No podrá revelarnos los secretos últimos de su corazón, porque Jesús es, no voy a decir como una persona, sino la persona más servicial del universo.

Y si Jesús ve que tú estás necesitando algo, y que tú pones por delante tu necesidad, o tu interés, Jesús va a responder en primer lugar a tu necesidad y a tu interés. Lo de Él no lo va a decir.

Imagínate, por ejemplo, un médico que está preocupado porque su hijo menor va muy mal en el colegio, y en esos momentos llegas tú con un dolor salvaje, con un cálculo que tienes en la vesícula; el médico deja de lado su problema familiar, se olvida del niño que es mal estudiante, y se dedica a tu dolor.

El médico no habla de sí mismo, habla de tu problema. Habla de tu necesidad. Yo supongo que Cristo empezó así.

El ministerio público de Cristo fue exactamente eso: "-Mira que aquí hay un ciego", "-hay un sordo", "-que ayúdame, aquí", "-que perdóname acá. Ahí estuvo Cristo como un médico en una inmensa, gigantesca sala de urgencias: atendiendo y atendiendo gente. Y ahí Jesús no estaba hablando nada de Él, de lo que pasaba en Él.

Porque hay que saber que el corazón de Cristo es el primer lugar donde Dios reina, y por consiguiente, mientras no se abra el corazón de Jesús, no sabremos cómo es el Reino de Dios.

Pero Jesús no puede abrir su corazón, mientras tú le impones el ritmo al corazón de Cristo. Y, tú le impones el ritmo al corazón de Cristo, cuando son tus necesidades, tus problemas, tus cuestiones las que importan, incluso, tus alabanzas, tus sentimientos, tus agradecimientos.

Por favor, ¿quién tiene tiempo para sentarse junto a Jesús y decirle: "Bueno, ¿y tú? Todo el tiempo, Jesús, hemos hablado de mí: que me duele la rodilla, me duele el corazón, me duele mi papá, me duele mi abuelito, el pecado intergeneracional, el mundo que se pudre". ¡Todo el tiempo hemos estado hablando de nosotros!

¿Quién tiene tiempo para sentarse junto a Jesús y decirle: "Jesús ,y a ti, a ti qué te duele? ¿Té que esperas? ¿Tú que anhelas? ¿Tú qué deseas? ¿Cuál es tu proyecto? ¿Cuál es tu estilo?" Seguramente, algunos de los aquí presentes hemos tenido momentos así, pero no basta el sólo sentimiento, hay que tener el tiempo.

El tiempo para que Él hable a su propio ritmo, porque si uno llega donde Jesús y le dice: "Jesús, dime una cosa: ¿Tú qué quieres del hombre? Porque yo por lo menos me siento tan deprimido2, entonces, ya Jesús se va a fijar en tu depresión, y no va abrir su corazón.

Jesús, ¿qué es para ti buscar la gloria del Padre? Estoy tan desorientado", entonces, Jesús se va a tu desorientación. ¿Ustedes me entienden lo que estoy diciendo? Sólo el que es contemplativo en sentido pleno, logra entender el Reino de Dios, sin comparaciones.

Sólo el que se acerca a Jesús para decirle: "Señor, lo que tú quieras, como tú quieras. Tu voluntad y tu plan. Tú dispondrás de mí. Haz lo que quieras conmigo. En cierto sentido, no importo yo. Mejor dicho, ya sé que te importo demasiado, que tú harás conmigo lo que quieras. Importas tú, Señor, pero dime pronto".

Al decirle: "Pronto", Ya apareció tu afán, entonces, Jesús tendrá que solucionar tu afán, y ya no te habla de Él. No le pongas ninguna condición, ninguna. Acércate donde Él para ser, solamente, amigo.

Y que Él hable como Él quiera. Cuando Él quiera. Para lo que Él quiera. Ese fue el milagro que se dio con los Apóstoles de aquí. Y cuando por fin ellos se pudieron sentar, y no le pidieron ningún milagro, ninguna liberación, ninguna sanación, ningún exorcismo, sólo en ese momento Jesús pudo contar lo que era el Reino de Dios.

Hay una cosa muy importante, ellos dicen: "Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones" San Juan 16,29. Es que la claridad más grande de Cristo, es el propio Cristo. Cuando Jesús abre su propio ser, entendemos qué es el Reino de Dios.

Pero nosotros no vamos a entender el Reino de Dios, mientras sean nuestras necesidades las que marquen nuestra relación con Jesucristo. Los discípulos pudieron dejar de lado sus necesidades.

Estaban, simplemente ahí, oyéndolo. ¿Te imaginas la escena? Estaban ahí oyéndolo, dejando que el corazón de su Amigo, de su Maestro, de su Señor se expandiera, se derramara en amor, en luz. No estaban como pidiendo nada, estaban simplemente escuchando y amando.

Once corazones así. Ese es el que conoce a Cristo. Las otras personas sabían de sus milagros pero no sabían de Él. Si una persona había estado ciega y había sido sanada, sabía que sus ojos habían cambiad; pero el misterio de Cristo queda allá, como en la penumbra.

Esto quiere decir que la verdadera vocación de un servidor, de un predicador es una vocación contemplativa. ¿Y quién es un contemplativo? El que tiene amor, escucha, y tiempo para estar con Jesús.

Para que Jesús abra su alma. Para que Jesús declare su corazón al ritmo que quiera, como Él quiera. Él que está ante Jesús así y lo contempla así, ve sin comparaciones qué es el Reino de Dios.

Porque en realidad el Reino de Dios es Jesucristo. ¿En dónde reina Dios? ¿En dónde? En Cristo. Cuando uno ve por fin a Cristo, ¡atención, a Cristo, no la solución de mi problema; cuando uno ve a Cristo como la solución del problema, entonces uno está viendo es la solución del problema de uno, y no a Cristo.

Pero cuando uno por fin ve a Cristo, y se sienta, como estos amigos a oírlo, que diga lo que tiene que decir.

Ningún discurso tan largo de Jesús en toda la Biblia como estos discursos de la Última Cena. Te doy una idea del tamaño: empieza en el capítulo trece del Evangelio de San Juan, y llega hasta el capítulo dieciocho.

Del trece al diecisiete, son cuatro capítulos, donde Jesús se puso hablar de la llegada del Paráclito, de que Él era la Vid verdadera, se puso hablar de lo que era permanecer en Él y dar fruto.

Por fin pudo hablar Él, no lo que la gente quería oír, sino lo que Él quería decir. ¿Comprendemos lo que es ser contemplativo? Es lo que Él quiera decir, no lo que yo quiera oír; es lo que Él me quiera dar, no lo que yo le quiera pedir; es lo que Él vaya a realizar, no lo que yo quisiera que Él realizara, que Él hiciera por mí.

El que obra así llega a ser plenamente contemplativo y ya no tiene que hacer ninguna pregunta. Ellos, deleitados en su corazón, saciados en su alma, le dicen: "Ahora, sí que hablas claro y ya no necesitamos preguntarte nada" San Juan 16,29.

Y cuando Jesús aparece ante nosotros, cuando aparece el misterio de Cristo, ¿qué aparece? Dios revelándose en Él. De manera que un contemplativo, un verdadero contemplativo ve a Cristo, y en Cristo ve a Dios, tanto como puede ser visto en esta tierra. Eso es ser contemplativo.

El que ve a Cristo así con mirada de amigo, con tiempo, con escucha, con desinterés, con amor, ve el misterio de Cristo, y ahí ve a Dios hasta donde puede ser visto en esta tierra, que desde luego no es la plenitud última, que sólo se alcanza en el cielo.

Esto es grande, mis amigos, y de esta fuente se alimenta el verdadero predicador, el verdadero sacerdote, el verdadero servidor. Nos hace falta una última inquietud. Y si estos hombres fueron tan contemplativos, ¿cómo fue que lo traicionaron? Mira, estaban en la cima de la contemplación.

Estaban ahí con Él, recibiendo, bebiendo sus palabras, alimentándose de Él, ¿cómo fue que unas horas después lo negaron, lo traicionaron? Es que faltaba el don del Espíritu Santo.

Sólo el Espíritu Santo logra imprimir en nosotros, dejar en nosotros una presencia tan plena de Cristo y tan permanente de Cristo, una inhabitación. Hacen morada en nosotros las Divinas Personas. Sólo por el don del Espíritu Santo, Dios habita en nosotros.

De modo tal que esta contemplación, no es sólo un accidente. Hay una contemplación por accidente. Que esta contemplación no sea un accidente, sino sea la manera de vida. Esto es ser santo, y esto es ser fecundo.

Mis amigos, estamos celebrando la Eucaristía. Si nosotros somos contemplativos, si tenemos el tiempo y el amor, si estamos como estos discípulos, dispuestos a acoger, entonces va a aparecer cómo Cristo sale de Dios, podemos decirlo, antes de que suceda, para que cuando suceda, sepamos que Él lo ha hecho.

Sí, este pan salió de la tierra, pero Cristo sale de Dios. Delante de nosotros, ante nosotros vamos a ver cómo Cristo sale de Dios, cómo se presenta, cuántos misterios nos revela.

Y cuando veamos así, con ojos contemplativos a Cristo, ya no este pan; cuando eso veamos, Cuando lo estemos mirando, ninguna comparación nos va a servir, ninguna comparación será necesaria, no tendremos que preguntar nada.

Simplemente, entenderemos todo. En el infinito acto de admiración, de amor ante la Eucaristía, vamos a entenderlo todo. Decía una escritora, creo yo francesa: "La admiración no hace preguntas; con admirar comprende"

Con un infinito acto de admiración; con un perfecto acto de contemplación y de amor, ya no necesita hacer ninguna pregunta. Ahí miramos a Dios reinando. Vemos a Cristo saliendo de Dios. Permanecemos en Él, y Él en nosotros. ¡Que alegría! ¡Que bendición ser discípulos! ¡Que gozo para nosotros celebrar la Eucaristía!

A Dios alabanza, honor y amor. Amén.