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Fecha: 19970512

Título: Creer en el bautismo de Jesus es ponerme en sus manos para que El me haga de nuevo

Original en audio: 7 min. 23 seg


Se aproxima la celebración de Pentecostés, el don del Espíritu Santo. Y las lecturas de esta semana nos preparan para recibir un regalo, ¿sabe usted que no es fácil recibir regalos? Estamos tan acostumbrados a que todo tiene su precio, y a veces uncluso la santidad parece que tiene su precio.

Dicen que ninguna obra buena se hace impunemente. Estamos tan acostumbrados a que todas las cosas tienen su precio, que nos cuesta trabajo recibir regalos. Y el Espíritu Santo es eso, es don, mejor, es Dios mismo regalándose. Qué significa esto nos ayuda a entender la comparación entre el bautismo de Juan y el bautismo de Jesús.

Pablo se encuentra a aquellos cristianos o catecúmenos, deberíamos decir, preparándose para el bautismo, preparándose para la fe en Cristo. "¿Recibid, pues, el Espíritu Santo al aceptar a fe?" Hechos de los Apóstoles 19,2, es la pregunta que hace Pablo; y hemos oído hablar de un don del Espíritu Santo.

"Qué bautismo habéis recibido?" Hechos de los Apóstoles 19,3. "El bautismo de Juan" Hechos de los Apóstoles 19,3.

El centro está en este pensamiento: el bautismo de Juan era signo de conversión, y Juan decía la pueblo que creyeran en el que iba a venir después, es decir, Jesús.

El bautismo de Juan era el signo exterior de la convicción que uno tiene por dentro de que debe convertirse. El bautismo de Juan es una convicción, un acto interior de la persona, expresa algo que ella ha hecho. Eso es de mucho valor, porque representa la grandeza de Dios y la certeza de que uno ha sido ingrato o que ha desobedecido.

Pero este bautismo de Juan es algo que hace la persona; el bautismo de Jesús es algo que Dios hace, algo que Él obra en nosotros.

Por eso, ¿qué se necesita para recibir el bautismo de Juan? Haberse convencido de que ha obrado mal, haberse convencido uno de que tiene que cambiar, de que tiene que convertirse. Es una convicción a la que se llega, por ejemplo, viendo las malas consecuencias de la vida que uno ha llevado, o escuchando los argumentos que le muestran a uno que ha obrado mal. Así se llega al bautismo de Juan.

Y finalmente uno llega a la conclusión de que tiene que dejar esa antigua vida y buscar un signo para expresar que uno objetivamente quiere comprometerse en ese cambio. Pero al bautismo de Jesús no se prepara uno así. A este bautismo de Jesús, a esta gracia del Espíritu Santo se prepara uno creyendo; y así nos aparece una dimensión muy linda de lo que significa creer.

¿Qué es creer dentro de ese contexto? ¿Qué significa creer aquí? Significa no alegar nada ni a favor ni en contra; no alegra nada no es decir uno: "Mire, yo no soy tan malo porque yo he hecho esto bueno", ni es decir uno: "Yo soy muy malo porque he hecho esto malo", no. Creer es suspender el juicio sobre uno mismo.

Uno tiene la convicción de que uno tiene que cambiar, pero uno no presenta el juicio ante Dios sino que uno se pone en las manos de Él, se pone en la presencia de Él; uno no alega sobre las culpas o los méritos de uno, o sobre los méritos o las culpas de otras personas. Creer aquí es como abrirse a que Él obre como Él quiera, como a Él le parezca. Y esta es la predicación que les hace Pablo, ese es el bautismo que reciben, y entonces se manifiestan esas gracias especiales del Espíritu Santo.

Entonces recojamos la enseñanza de hoy de estos textos: hay el bautismo de Juan y el bautismo de Jesús. El bautismo de Juan en el fondo es algo que yo hago desde mis convicciones; el bautismo de Jesús es algo que Dios hace desde sus convicciones. En el bautismo de Juan yo me juzgo, dejo de decirme mentiras y llego a una conclusión: "Tengo que cambiar", y me comprometo.

En el bautismo de Jesús la Palabra de Dos me convence de que el juicio le pertenece a Él, entonces yo suspendo todo juicio sobre mí mismo, no me declaro ni inocente ni culpable, me pongo en las manos de Él y confío en que su palabra sobre mí y su designio sobre mí son como a Él le parecen, como Él quiere. Pero ya nos ha mostrado o que Él quiere precisamente en Jesucristo, en el amor de la Cruz y en la gloria de la Resurrección.

Entonces, me abro al bautismo de Jesús, creyendo, y desde esa fe recibir como un regalo, sin negocio de ningún género, sin poder dar nada a cambio, sin poder ofrecer nada en retorno, recibo creer, creer en Dios y creer en la gracia que viene de creer en Él.

Uno no ha tenido un acto así. ¿Qué ha recibido uno que sea tan absolutamente gratuito? Solo una cosa: ser. El acto de fe será perfectísimo cuando uno recibe la fe como recibe el ser. ¿Qué hice yo para empezar a existir? Nada, yo no podía crearme a mí mismo de la nada.

Creer en profundidad es aceptar la redención como acepté la creación; creer es ponerme en manos de Dios como para que Él me haga de nuevo, como para que Él haga de mí una nueva creatura. Esa nueva creatura hecha por Él es hecha por el Espíritu Santo, es decir, el Espíritu Santo es la fuerza creadora de Dios. Cuanto más amplio sea el terreno que le dejemos a Dios para que Él haga la nueva creatura, más pronto aparece su obra, su belleza, su transformación, su alegría y los frutos del Espíritu.

Así nos lo conceda Dios por su bondad, Él que nos ha otorgado todo en Jesucristo.

Amén.