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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo 18 de los Hechos de los Apóstoles. Siempre me ha llamado la atención ese pasaje que encontramos hoy por dos razones: primera, porque es el encuentro entre dos grandes predicadores, ambos con una gran preparación en la Sagrada Escritura. Uno es nuestro muy conocido apóstol San Pablo, el otro es un judío versado en la escritura llamado Apolo (cf. Hch 18,24) y precisamente ese nombre, es el que me llama la atención, porque haber un judío que se llame Apolo, sabiendo que Apolo es el nombre de uno de los dioses, dioses falsos por supuesto, de los antiguos griegos; entonces esas dos cosas me llaman la atención. El hecho de que se encuentren dos grandes predicadores, esto sucedió en la ciudad de Éfeso. Dos de los más grandes predicadores de la antigüedad, en un solo sitio, en Éfeso Pablo y Apolo. Y segundo, el nombre de este hombre, de este judío que era natural de Alejandría en el norte de Egipto, y qué… pues llevaba un nombre de Dios pagano. Pero si lo pensamos bien, ¿qué es lo que está indicando el nombre mismo de este predicador judío?, está indicando, que la fe judía, la religión judía, se había propagado por muy, muy amplias regiones. Fíjate que él era judío, pero no judío de Jerusalén, no judío de Judea, sino judío de la colonia judía en Alejandría. Es decir que, el hecho de que esté fuera judío pero de Alejandría nos está hablando, de esa presencia de comunidades judías en tantos lugares del mundo antiguo. De hecho, había toda una red de comunidades en esos sitios, y esos sitios son los que aparecen con mayor frecuencia en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Había comunidades judías en Antioquia de Siria, en Antioquia de Pisidia, en Listra, en Derbe, en Pergé, en Éfeso; en muchos sitios había comunidades judías, en Filipos, en Roma y esas comunidades que habían salido, habían tenido que emigrar en distintas circunstancias; son conocidas con el nombre genérico de la diáspora, es decir, la dispersión. Es un hecho lamentable, porque esto nos habla de la violencia que ha sufrido el pueblo de Dios en todas sus etapas, el hecho de que estén dispersos, el hecho de que haya una diáspora, pues está hablando de la violencia que ha sufrido el pueblo de Dios. Pero, es importante ver que esa dispersión fue también dentro de los planes tan insondables de la providencia divina; fue la ocasión para que el Evangelio tuviera, por así decirlo, un escalón, un estribo, un puerto a dónde llegar en medio de ese océano gigantesco del paganismo, que por supuesto lo invadía todo, y por eso hay hombres como éste judío, que tiene un nombre griego, se llama Apolo. Pues se llama Apolo, así como entre los discípulos de Cristo había uno que se llama Felipe; Felipe no es ningún hombre judío, Felipe es un nombre que proviene del imperio de Macedonia, proviene de Filipos, el papá de Alejandro Magno. Así que, el hecho de que Cristo tuviera un apóstol llamado Felipe indica hasta donde esa cultura griega, pagana iba entrando por ejemplo a través de los nombres que se ponían de moda.

Otro discípulo de Cristo se llamaba Andreas, Andreas es o Andrés como llamamos nosotros, es un nombre que proviene de esa cultura griega. En griego Aner, Andros quiere decir varón. Entonces, Andrés o Andreas es un nombre típicamente griego.

Así que, había una especie de puente cultural entre el judaísmo y el mundo pagano y ese puente, aunque tuviera un origen tan agresivo, tan violento; repito fue ocasión para que la providencia de Dios hallará surcos en dónde sembrar el Evangelio en tierras cada vez más lejanas, más exóticas y así de hecho pudo llegar el Evangelio hasta Europa.

Demos gracias a Dios, por estos caminos de providencia y no descalifiquemos tan rápidamente, aquellas circunstancias que nos rodean y que nos pueden parecer a veces muy duras, a veces cuando uno está en una circunstancia particularmente fuerte, uno dice aquí no se puede hacer nada, pero tú no sabes, si a través de esas dificultad Dios te está preparando una siembra más amplia y más hermosa para su divina Palabra.