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Fecha: 20020511

Título: El Nombre de Cristo es una realidad de comunion que tenemos con El

Original en audio: 22 min. 10 seg.


"Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre" San Juan 16,24, dice Jesucristo.

¿Por qué? ¿Por qué no habían pedido nada en nombre de Él? Porque no lo habían conocido. Sólo conociendo a Jesús, conocemos lo que hay en el Nombre de Jesús.

El nombre en la Sagrada Escritura es una manera de referirse a la persona misma, el nombre es la puerta para la persona, es el puente de confianza que une a dos personas, ese es el nombre.

De manera que conocer el Nombre de Jesús, no es conocer las cinco letras de Jesús; conocer el Nombre de Jesús es tener un puente de confianza que nos une con Él, y que hace que los pensamientos de Jesús sean los nuestros y los afectos de Jesús sean los nuestros.

Una vez se quejó Dios, por boca del profeta Isaías, y dijo: "Vuestros pensamientos no son mis pensamientos, vuestros planes no son mis planes" Isaías 55,8, así se quejaba Dios, por boca de Isaías.

Y es evidente que el pueblo, a quien estaba regañando Isaías, era un pueblo que sabía del Nombre de Dios; tenían, por decirlo así, las letras, pero eso no es tener el nombre; el puente de confianza y de vida estaba roto, estaba roto por el pecado y por la ignorancia, que de acuerdo con Santo Tomás de Aquino, son las dos tinieblas que nos separan de Dios: el pecado y la ignorancia.

Pero a través de Jesucristo fueron vencidas esas tinieblas. El pecado fue vencido, fue derrotado, porque con Cristo viene el perdón; y con Cristo viene la revelación de la verdadera vocación nuestra, que nos permite, en libertad, optar por el amor, optar por el plan divino.

Es decir que no sólo el pecado pasado, sino también la posibilidad del pecado presente y del pecado futuro ha quedado vencido en Jesucristo.

Por eso se ha dicho, -entre paréntesis-, nos ha indica la Primera Carta de Juan: "El que nace de Dios no peca" 1 San Juan 3,9, se refiere a esto que estamos comentando aquí.

El pecado ha sido vencido y la ignorancia ha quedado vencida, porque el rostro de Dios ha aparecido.

Jesucristo nos revela la verdad de Dios, nos revela el rostro de Dios; entonces, vencidos el pecado y la ignorancia, el puente de confianza y la comunicación de vida entre Cristo y nosotros está establecida, y ese puente está establecido.

Y si existe esa comunicación de vida, entonces el Nombre de Jesús ya no es una serie de letras, no es un sonido en nuestra boca, sino que el Nombre de Jesús es una realidad de comunión que tenemos con Él.

Esto parece explicar por qué Cristo dijo esta frase en este momento, se trata de la Última Cena.

Cristo, mientras estuvo ejerciendo su ministerio público aquí en la tierra, estaba hacienda muchas cosas a la vez, muchas, que no las podemos enumerar aquí, porque el evangelio de Juan dice que "no cabrían en todos los libros del mundo" San Juan 21,25.

Una de las cosas que Cristo estaba haciendo, era construyendo un ámbito, una atmósfera de confianza, de comunión de vida con ese grupo de sus discípulos, como comienzo de la reconciliación del universo entero, esa era una de las obras que estaba haciendo Jesucristo, construyendo esa atmósfera en la que se pudiera comunicar plenamente la vida de Dios.

Porque la gente, el común de la gente, no buscaba a Jesús, no buscaba una comunión de vida con Jesús, sino buscaba resolver sus problemas. Por decirlo de una manera cruel, utilizaban a Jesús para resolver su problema, entonces no iban hacia Jesús, sino que pasaban a través de Jesús, para volverse a sus propios intereses.

Las multitudes, el común de las personas, no buscaban a Jesús, sino que a través de Jesús, se buscaban a sí mismos.

Ahora bien, Jesús entonces estaba siendo, por decirlo así, explotado, utilizado, ¿por qué Cristo se deja utilizar así por las personas? Porque sólo regalando en abundancia tantísimo amor, podía Él, poco a poco, ir curando el egoísmo, el miedo, la rebeldía, la envidia y todas las demás lacras de la especie humana.

Es decir, Jesucristo se sometió a ser utilizado por mucha gente, que recibió favores de Él, pero que no lo conoció a Él, Jesucristo soportó eso como una manera de ofrecer un amor sobreabundante, para sanar nuestros ojos, nuestro corazón y nuestra alma llena de pecado.

Así que con la multitud no había demasiado que se pudiera hacer, esto explica por qué Jesucristo nunca le tuvo como mucha confianza a la multitud.

Jesucristo nunca creyó que estuviera construyendo o constituyendo un gran movimiento de transformación o de renovación; Jesucristo no le cree al populismo; Jesucristo no le cree a ese alboroto, no le cree a ese espectáculo de la masa, aunque sabe que es necesario un mensaje a las multitudes.

Entonces Jesucristo sirvió a las multitudes, pero lo más bello y lo más profundo y lo más verdadero de su mensaje, no está en ese espectáculo a la multitud, sino está más bien en estos diálogos, en esta cercanía con los discípulos.

Ahora bien, no es que Él quisiera enseñar a los discípulos algo que no pudiera llegar a las multitudes, eso es lo propio de las filosofías llamadas "herméticas", o de las religiones llamadas "esotéricas", que son cosas cerradas. No.

La religión de Cristo no es una religión cerrada, pero sí es una religión que necesita ser cultivada en la intimidad de una amistad profunda, en la intimidad de una atmósfera de amor y de gracia.

Entonces Cristo, podemos decirlo, construyó una burbuja en ese océano de pecado, construyó una burbuja de amor y de gracia allá con los discípulos, e infundió en esa burbuja el aire nuevo de los cielos, la gracia del Santuario celestial, el poder del Espíritu, y así cumplió su misión.

Una vez que esa burbuja, aunque fuera tan pequeñita, había recibido aliento del cielo, y quedaba establecido un puente con el cielo, esa burbuja pudo crecer, crecer y crecer, y nuestra fe dice que un día no va a ser burbuja sino que va a ser todo, porque va a ser todo en todos, nos dice el Apóstol San Pablo.

Pero por ahora Cristo tenía que contentarse con una burbujita, y esa burbuja de amor es la Eucaristía, esa burbuja de amor es la Última Cena.

En la Cena con Cristo, comiendo a Cristo, entendiéndole el lenguaje a Cristo, nosotros estamos metiéndonos en esa burbuja de amor y estamos recibiendo una comunicación de vida que nos revela el poder del Nombre de Jesús.

"Ese Nombre ante el cual se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo" Carta a los Filipenses 2,10, como dice San Pablo en la Carta a los Filipenses.

Así entendemos un poco por qué Cristo dijo: "Ustedes no han pedido nada en mi nombre" San Juan 16,24; es que no estaba construida esa atmósfera, es que no estaba todavía completo ese puente. Cuando ya Jesús les puede decir: “Pedid y recibiréis” San Juan 16,24, les está diciendo: "El puente está hecho".

Es un momento muy bello, esto se parece a lo que dijo Cristo cuando estaba en la Cruz. Dijo: “Todo está cumplido” San Juan 19,30, "misión cumplida, el puente está hecho".

Y hay una cosa muy interesante que podemos compartirla aquí, en este amor que nos une a la Palabra de Dios. Fíjese usted que los Evangelistas, creo que todos tienen esta palabra de Jesús: “Pedid y recibiréis” San Juan 16,24;San Mateo 7,7; San Lucas 11,9.

Pero hay una cosa muy interesante: si nosotros buscamos, por ejemplo, en San Mateo, “pedid y recibiréis” San Mateo 7,7 es una frase que Cristo aparece diciendo al comienzo de su ministerio, y es una frase que aparece dicha a la multitud.

En San Juan, “pedid y recibiréis” San Juan 16,24, es una frase que aparece al final del ministerio, y no aparece dicha a la multitud, sino aparece diciéndole al grupo de los discípulos.

¿Por qué destaco esta diferencia? Porque cuando se le dice a la multitud: “Pedid y recibiréis”, la gente cree que llegó un mago, que llegó un mago que les va a resolver todos los problemas. Ese no es el sentido de la palabra de Cristo.

“Pedid y recibiréis” San Juan 16,24, no es una clave mágica para que usted obtenga todo lo que usted quiera.

“Pedid y recibiréis” San Juan 16,24 es la puerta de amistad, que el Corazón Santísimo de Cristo le abre a usted para decirle: "Somos amigos, por tanto, tu problema va a ser mi problema y mi alegría va a ser tu alegría. “Pedid y recibiereis” San Juan 16,24, significa: "Vamos a ser uno".

“Pedid y recibiréis” San Juan 16,24 es una expresión de unidad, es una expresión de comunidad. Y hay una cosa tan mística aquí y tan bella, ¿no? Que dice Jesús: “Pedid y recibiréis, y así, vuestra alegría será perfecta” San Juan 16,24.

Qué bueno que uno fuera alguien bien santo y que uno tuviera ojos para entender la Palabra de Dios hasta dónde llega.

Fíjese, por ejemplo, esto que alcanzamos a vislumbrar: Cristo ha creado una atmósfera de unidad, ha tendido un puente, Él mismo es el puente entre Dios y nosotros, y en ese puente cada uno puede circular, es decir, nosotros podemos ir hacia Jesús, o, mejor, nosotros por Jesús podemos ir hacia Dios Padre, y la bondad de Dios se manifiesta en Jesús para nosotros.

Pero fíjate lo desigual para este puente. Dice Cristo: "Pedid” San Juan 16,24, esa es la parte nuestra; "recibiréis" San Juan 16,24, esa es la parte de Dios.

En nuestras peticiones van nuestras tristezas, nuestras miserias, nuestros pecados, nuestra precariedad, ¿y qué recibimos a cambio de eso? Dice Jesús: “Vuestra alegría será perfecta” San Juan 16,24.

Es decir, es una cosa que se queda uno maravillado, porque, qué negocio tan raro el que hizo Cristo, unió toda esa riqueza infinita, unió toda esa alegría del cielo, unió toda esa pureza brillante, la unió con nosotros, de manera que sí, estamos unidos con Cristo.

¿Pero por qué nos escogió de socios? ¿Por qué Él se une a nosotros, siendo así que nosotros, la parte nuestra en este contrato es: "Ustedes aporten sus tristezas, sus miserias, sus necesidades, sus peticiones y yo voy a aportar la alegría"? Es una cosa fantástica, uno se queda asombrado, uno se queda aterrado, uno se queda boquiabierto.

Decía Santa Catalina de Siena, por allá en unas de esas visiones que tuvo: "¿Y ahora yo qué digo?" Así nos quedamos nosotros frente a Dios cuando vemos este tamaño de amor, que Él establece ese lenguaje, para que nosotros le demos lo que nosotros tenemos y Él nos va a dar lo que Él tiene.

Y lo que nosotros tenemos es: problemas, pecados, peticiones, miserias; y Él nos va a dar lo que Él tiene: bondad, paz, pureza santidad, verdad, alegría.

Si entendemos eso, si vemos que ese puente quedó tendido, nos toca decir lo de Catalina: "¿Y ahora qué hacemos? ¿Ahora qué vamos a decir frente a esa misericordia, frente a esa gracia de Dios nuestro Señor?"

En este contexto también podemos comprender un poco más. “Os he hablado en lenguaje figurado” San Juan 16,25, dice Cristo. Eso del lenguaje figurado daría para otra predicación completa; pero demos aquí una pista, hasta dónde el Espíritu Santo nos ayuda y nos ayude.

Resulta que el lenguaje figurado, ¿qué era? Esas parábolas y esos enigmas de Cristo, ¿qué eran? Ese lenguaje de Jesucristo era como una oferta que su misericordia le ofrecía a las multitudes.

A través del lenguaje figurado, Nuestro Señor Jesucristo invita, Nuestro Señor llama, Nuestro Señor atrae a una comprensión más plena, a una experiencia más profunda de su amor.

Jesucristo, especialmente por esas labores de sanación, de exorcismos, de milagros, Jesucristo quiere que la gente no se quede sólo en el milagro, que no se quede sólo en la sanación, que no se queden sólo en que el demonio fue expulsado; Jesucristo quiere que más allá del triunfo sobre el mal, lleguemos a la unión con el bien.

Entonces, como la gente vive es encerrada en que le arreglen su problema, como la gente, según decimos, va hacia Cristo, -y gente somos nosotros también-, vamos hacia Cristo, resolvemos el problema para volver sobre nuestros intereses, no para quedarnos con los intereses de Cristo.

Entonces Cristo lanza, a través de ese lenguaje, a través de esas parábolas, Jesucristo lanza una invitación a conocer más y a conocer mejor la riqueza que hay en Él, la bondad que hay en Él.

Es una cosa que uno no entiende, porque es lo mismo que dijo Isaías: "¿Por qué gastáis el salario en lo que no alimenta? ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no hace bien? Venid y comed sin pagar" Isaías 55,2.

Es la cosa más loca del mundo; Jesucristo, que tiene todos los tesoros, que tiene el banquete que verdaderamente alimenta, corriendo detrás de nosotros diciendo: “Miren, coman esto que esto sí vale la pena".

Jesucristo, con su lenguaje figurado, nos está llamando para que nosotros vayamos más allá del milagrito, más allá del problema que se nos resolvió; Jesucristo, a través de este lenguaje, despierta lo más alto que hay en el ser humano, nos dice Santo Tomás de Aquino.

Es decir, despierta nuestro entendimiento, que de algún modo es la parte más espiritual del hombre, lo despierta para que busque, para que se ponga en camino.

Fíjate que es lo mismo que le dijo a la samaritana, claro que a la samaritana no lo dijo tan figuradamente, ¿no? Le dijo: "Si conocieras el don de Dios" San Juan 4,10, esa manera de hablar es: “Ponte en camino, no te quedes sólo con el agua de este pozo; ponte en camino, muévete que hay más para ti".

"Más que vencer el mal que conociste, tengo bienes para ofrecerte, bienes que tú no conoces, un alimento que tú no conoces. Tengo para darte, tengo para ofrecerte, ven, acércate, ponte en movimiento".

Por eso Jesucristo dejaba como pistas, dejaba como enigmas, dejaba como preguntas para que el entendimiento, que es la parte como más alta del ser humano, se pusiera en movimiento y buscara al autor de su salvación; pero ese lenguaje figurado, ¿cuándo termina?

Ese lenguaje figurado es una estrategia, es una metodología de Jesús; no es que a Jesús le gustara hablar raro, el lenguaje figurado es una metodología de Jesús para atraernos.

¿Cuándo termina el lenguaje figurado? Cuando ya nos atrajo, por eso este día, dice aquí: “Llegará el momento” San Juan 16,25, y otros traducen: "La hora o el día", la idea es la misma.

"Llegará el día en que ya no les hable en lenguaje figurado", ¿eso qué quiere decir? Que cuando ya estamos en la amistad con Él, cuando ya estamos con Él, cuando ya participamos de su mismo lenguaje, de su misma atmósfera, ya no se necesitan parábolas, porque la parábola era un método para que no nos quedáramos engolfados en nuestros propios intereses.

Cuando ya hemos salido de nuestros intereses, cuando ya verdaderamente buscamos a Dios, su Reino y su justicia, entonces ya no se necesitan parábolas, y aquí sí viene la parte cruel del asunto, y es que uno se pone a pensar en el sufrimiento de Cristo.

A mí me parece que una de las torturas que tuvo la vida de Cristo fue tener esas riquezas, tener ese lenguaje, y de alguna manera, no tener con quién compartirlo.

Porque claro, como cada uno venía a Él, pero sólo para sacar el milagro que necesitaba y devolverse a su propia vida y a sus intereses, entonces las riquezas más profundas y los sermones más bellos de Cristo se quedaron sin decir, eso le cuento.

Déjeme decirle, -espero no vaya a ser una herejía eso-, déjeme decirle que las predicaciones más bellas, Cristo no las pudo decir, porque no había quién se las oyera; como la gente estaba interesada era en arreglar sus problemas, no estaba interesada en la sabiduría del cielo.

Cristo se fue de esta tierra sin decir sus palabras más bellas, y por eso, ahí tiene Él un padecimiento, eso es parte de la Cruz de Cristo. Usted no piense que la Cruz es solamente clavos, azotes y espinas.

Cruz de Cristo fue, por ejemplo, esa soledad de no poder compartir lo más tierno y bello de su Corazón, no poder ofrecerlo en igualdad, en comunión de amistad con los que amaba; no pudo.

Bueno, y alguien dirá: "¿Y usted de dónde saca esa opinión?" Esa opinión la saco de lo que dice el mismo Cristo.

Cristo es consciente de que su misión en esta tierra tiene un límite, que no todo se podía lograr con la presencia de Él en nuestra carne aquí, y por eso dijo: "Cuando venga el Espíritu os conducirá a la verdad completa" San Juan 4,23.

Es decir que los sermones más bellos y las palabras más bellas vienen en la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. La revelación plena de todo lo que Cristo quiso decir pero no pudo, aparece en la Iglesia a través de la acción del Espíritu y tendrá su culminación en el cielo.

Es decir, que cuando lleguemos al cielo, con la bondad de Dios, ahí se cumplirá completamente lo que dice aquí: "Llegará el momento en que no hable en figuras" San Juan 4,25.

Efectivamente, en esa luz de la gloria del cielo, ahí no se necesitan figuras, y dicen los teólogos que ni siquiera se necesitan palabras, sino que la sola luz de la gloria nos permitirá ver en plenitud a Dios, poseerle y ser poseídos por Él, en un lenguaje que ya no tiene palabras.

Esas son las grandezas a las que nos conduce, entre otras muchas, el Evangelista San Juan, el Evangelista teólogo, el Evangelista que es águila y que se levanta para que nosotros con él nos levantemos a contemplar las maravillas de Dios.