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Fecha: 20010526

Título: Pedir en el nombre de Dios el don del Espiritu

Original en audio: 8 min. 35 seg.


Durante esta Pascua, hemos acompañado la aventura, podríamos decir, el paso poderoso del Espíritu Santo a través de la obra de distintos Apóstoles.

El libro que más hemos leído en la Pascua es el libro de los Hechos de los Apóstoles; pero los Evangelios lo que nos mostraron de los Apóstoles fue hombres llenos de temores, capaces de traición, enfermos de rivalidades, duros de entendimiento, cómodos.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos ha presentado a unos hombres distintos: no son cómodos, sino que sufren hasta el martirio; no son tardos de entendimiento, sino agudos para comprender la Palabra y para exponerla; no se dejan llevar por las rivalidades, sino que por medio de la oración y del diálogo, encuentran la voluntad de Dios, y lejos de traicionar a Cristo, están dispuestos a padecer por Él.

Si uno conociera solamente los Evangelios y le dijeran que hay un libro que se llama Hechos de los Apóstoles, uno diría: "¡Qué va a contar ese libro de estos pobres hombres!"; y resulta que el libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta la epopeya maravillosa, el nacimiento de toda esa fuerza de vida que es la Iglesia.

¿Quién los hizo distintos? El mismo libro nos lo explica; el capítulo segundo de los Hechos nos cuenta, después de la elección de Matías, la efusión del Espíritu Santo. Por esto alguien ha dicho que este libro no debería llamarse Hechos de los Apóstoles, sino Hechos del Espíritu Santo.

Y en realidad, a lo largo del libro, son distintos los protagonistas, se le da amplio espacio a Pedro, a Juan, al discurso de Esteban y, sobre todo, a Pablo.

Pero si lo pensamos mejor, no es que sean distintos protagonistas, sino que hay un solo protagonista, que es el Espíritu Santo, el que le da vida, el que le da sabiduría, el que le da su gracia a todos ellos y también anosotros, si pedimos ese don.

Jesús nos anima en algún pasaje: "Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cómo no dará el Espiritu Santo mi Padre al que se lo pida! San Mateo 7,11.

Contrastando el Evangelio y los Hechos, no tenemos duda: hay una transformación en esos hombres, y tampoco tenemos duda, la transformación la hizo el Espíritu, y tampoco tenemos duda, el Espíritu está también para nosotros.

Por eso, alegrémonos en esa Primera Lectura donde se ve la diferencia entre una predicación erudita, sabia, bien hecha, pero que no produce mayores frutos. Eso es lo que hacía Apolo.

Apolo sabía de la vida de Jesús, pero toda la historia de Jesús que conocía Apolo terminaba en el bautismo de Juan, es decir, terminaba en la comprobación de que somos unos grandes pecadores, porque eso es lo que da el evangelio de Juan. Y es muy triste que la predicación llegue solamente hasta eso, hasta la comprobación de que somos unos miserables ante Dios.

Estos hombres, este matrimonio, Priscila y Áquila o Aquíla, de ambos modos le he visto acentuar, hablan con Apolo y le hacen ir más allá: "Tú no debes terminar tu discurso diciendo que el hombre es un pecador y un miserable; tú debes terminar tu discurso diciendo que con Jesús ha llegado una obra nueva, un bautismo nuevo, una efusión nueva, que es la del Espíritu Santo y que es el cumplimiento de las promesas antiguas.

Pero Apolo recibió ese mensaje y empezó a predicar de una manera irrebatible, dándole la gloriaa Dios.

A veces nosotros nos volvemos pesimistas; nosotros, como Apolo, llegamos solamente hasta ahí, hasta comprobar que la naturaleza humana está enferma y se cansa, y descubrimos que todos nos cansamos, que todos llegamos a la mediocridad, que incluso comunidades, fundaciones, que empezaron con mucho fervor, resbalan y resbalan hasta llegar a una gran mediocridad, y eso ha pasado siempre.

Pero hoy el Espíritu Santo nos invita a no quedarnos ahí. A través de Priscila y Áquila, ese matrimonio evangelizador, ¡qué maravilla!, a través de la fuerza del Espíritu, Dios nos está dando un mensaje, y es: "Tú no debes terminar tu discurso en las llagas del hombre, sino en las Llagas de Cristo Dios, que son Llagas fecundas, que son Llagas de redención y que son fuentes en las que brota el Espíritu Santo.

Sigamos nuestra celebración -ya está próximo Pentecostés-, sigamos nuestra celebración pensando en esas palabras que nos dijo Jesús en el Evangelio" Todavía no habéis pedido nada en mi nombre" San Juan 16,24.

¡Qué tal que nos unamos a pedir, en el nombre de Jesús, el don del Espíritu para La Paz, para Bolivia, para América, para la Orden Dominicana!

Jesús nos dice hoy: "Todavía no habéis pedido" San Juan 16,24, "falta pedir, pide en mi nombre el don del Espíritu". Y Dios quiere hacer esa obra, y Dios la va a hacer.