P064007a

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Fecha: 20100513

Título: Mirar estos dos "pocos" del evangelio como el modelo de lo que es toda vida cristiana.

Original en audio: 9 min. 55 seg.


Ante todo quiero agradecer a la comunidad conventual, al Padre Superior, al Padre Maestro y a todos mis hermanos en la vocación dominicana, la iniciativa de celebrar esta Eucaristía con motivo de mi cumpleaños.

Lo único que deseo y siento , es que ese regalo de la vida lo ha puesto Dios en cada uno de nosotros para que experimentemos el amor que Él nos tiene, y para que también transmitamos, para que comuniquemos ese amor a otros.

Que Dios me mire y que a todos nos mire con misericordia, con el fin de que podamos ser expresiones de su bondad, de su sabiduría, de su piedad.

Compartamos un pensamiento sobre el evangelio que acabamos de escuchar. Ese juego de palabras, esos dos "poquitos": "Dentro de poco ya no me veréis y un poco más tarde me volveréis a ver" (véase San Juan 16,16), no solamente es la descripción de lo que le iba a suceder a Cristo.

Estaba Él con sus apóstoles en la cena y al decirles esas palabras, estaba sugiriendo lo que tenía que pasar Él. Porque, iba a ser arrebatado de la vista de los discípulos en su Pasión y en su muerte. Pero, luego, iba a volver donde sus discípulos vestido de gloria en la Resurrección y a través del don del Espíritu.

Pues, como dice Santa Catalina de Siena: "El Espíritu no vino solo, sino que vino con la presencia del Padre y del Hijo".

De modo que estos dos "poquitos", estos dos "pocos", se refieren en primer lugar al misterio de la Pasión de Cristo, en el cual quedó como oculto tras el velo del dolor y la ignominia; y se refiere también al sepulcro, donde quedó oculto tras esa pesada losa.

Y el otro "poco" se refiere a la gloria de la Resurrección, porque Cristo se manifestó vivo y presente a sus discípulos. Se refiere, además, al Espíritu Santo que imprime en nosotros la certeza de esa presencia del Señor.

Ése es el primer significado de esos dos "pocos", de esos dos "poquitos". Mas, después, estas palabras son como la metáfora de la vida cristiana.

Nosotros continuamente vivimos esta clase de experiencia. Cuando pasamos por un momento de tentación, es como si Dios se eclipsara, como si Dios desapareciera. Y por éso, a veces uno pregunta: "¿Dónde está Dios?". Y a veces uno dice: "¿Dónde estaba Dios?"

Cuando llegó el momento duro, cuando llegó la hora de la prueba, ahí también nosotros experimentamos ese ocultamiento, y también nosotros decimos: "¡No lo veo!" Pero, luego, pasa ese momento de tribulación, pasa esa tentación o prueba, y entonces un poco más adelante vemos con renovada alegría que Dios sí estuvo con nosotros.

Yo creo que la mayoría conocemos esa parábola reciente, esa historia que circula, por ejemplo, por Internet, la historia de "las huellas en la arena": es exactamente esta misma idea.

Por si acaso alguien no la conoce, permítanme recordarla. Este el caso de un hombre que estuvo en la playa y de repente tuvo una visión. Él vio que sobre la arena de la playa había pares de huellas, que Dios estaba caminando con él y que esas huellas eran el recorrido de su vida.

Pero, también vio que en algunos parajes de su vida, sólo había un par de huellas. Entonces, él se quejó ante Dios y le dijo: "¿Por qué cuando llegaban los momentos más difíciles me dejaste solo? Yo veo que en los trances más duros, sólo hay un par de huellas".

Y Dios le respondió: "Tienes razón: sólo hay un par de huellas en esos momentos difíciles, porque en esos tiempos era cuando yo te estaba cargando".

Cuando uno llega al momento de la dificultad, la tentación es decir: "¡Dios me abandonó! ¡Dios no existe! ¿Dónde está Dios?" Pero, la Palabra de Cristo tiene que ser eficaz en ese momento.

Nosotros tenemos que saber lo que dijo Santa Teresa de Jesús: "Sufrir dura poquito; haber sufrido dura para siempre".

En el momento de la tentación o de la tribulación, lo que uno siente es que el tiempo se dilata y que éso no acaba nunca. Pero, la realidad es muy diferente. El sufrimiento, la prueba, la tentación, en verdad duran poco y el fruto que dejan en el corazón después de que se ha superado esa prueba, es permanente, es algo grande.

Por éso la invitación es: Miremos estas Palabras de Cristo, no solamente como una descripción de lo que le sucedió a Él, sino también como el modelo de lo que es toda vida cristiana.

Cuando vuelva, cuando llegue a nosotros ese momento de prueba o de dificultad, que podamos recordar esta Palabra de Cristo y podamos recordar la enseñanza de Santa Teresa: "Sufrir en realidad dura poco; el fruto que deja el sufrimiento es permanente".

Esto también tiene que servirnos a la hora de ayudar y de ofrecer nuestra misericordia hacia los hermanos. La persona que se encuentra en dificultad, siente que ése es todo su mundo, siente que más allá de su dolor y de su problema, no existe nada más. La tentación primera de la persona que está pasando por un momento malo, es absolutizar esa prueba.

Corresponde a nosotros en el instante de servir a nuestros hermanos, ayudar a abrirles camino, ayudar a que puedan ver la vida desde un horizonte más amplio, ayudar a que ellos descubran que aunque algo se ha perdido, -porque quizás se ha perdido algo-, hay demasiado todavía por ganar.

En este sentido yo creo que he conocido testimonios impresionantes, especialmente entre las personas que sufren alguna clase de discapacidad. La tentación de la persona que queda reducida a una silla de ruedas o a una camilla, es decir: "¡El mundo se me acabó!"

No obstante, muchas veces he podido conocer personas que desde una limitación física, que puede ser una limitación en su movilidad, o tal vez la ceguera, o una enfermedad, sin embargo muestran que el mundo no se ha acabado y muestran que hay todavía demasiadas oportunidades.

Que nuestros ojos, mis hermanos, no se queden únicamente mirando el problema. Porque, los problemas son como los perritos que ladran por el camino: cuanto más atención le da uno a esos perros, más ladran, más se crecen y más se asusta uno.

Que nuestra mirada sepa ir más allá de los problemas, recuperar la perspectiva y repetir la frase que hizo sabios a tantos: "Ésto también pasará, esta crisis también pasará, este momento malo no es todo, esta prueba no es el límite de mi vida".

Superando una y otra vez dificultades, cada vez encontramos con mayor alegría la fidelidad de Dios, y cada vez sentimos que Él es el Señor de nuestra existencia y el único que permanece para siempre.

A Él sea la gloria por siempre.

Amén.