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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles. Nos cuenta la conclusión de aquella primera reunión que conocemos también como Concilio de Jerusalén. Lo hermoso de esta reunión es que nos muestra el camino por el que se pueden superar las dificultades, después de las agrias discusiones que se presentaron entre aquellos que decían: “todos tienen que cumplir la ley de Moisés” y aquellos que decían: “no hay que imponer esa ley a los paganos”. Después de toda esa discusión se llega a una conclusión, la cual se expresa por medio de un escrito y éste es enviado especialmente a un lugar, ese lugar es Antioquia de Siria, la razón por las que las conclusiones del Concilio de Jerusalén van a este lugar es porque ese fue el primer sitio donde se empezó a predicar no solamente a los que tenían un pasado judío o una relación con el judaísmo, sino también a los paganos, a gente que no tenía nada que ver con los judíos; también fue en Antioquía de Siria donde por primera vez se dio el nombre de cristianos a los discípulos del Cristo resucitado, como somos nosotros.

¿Qué podemos aprender nosotros, veinte siglos después?, ¿Qué podemos aprender de estos acontecimientos? Lo primero es que las crisis no nos deben llevar a desesperación, no debemos dejar que la perplejidad o la confusión nos hundan, necesitamos por el contrario un clima de oración de escucha y a través de esa oración de oírnos unos a otros buscar un camino juntos para saber qué es lo que Dios quiere.

También hemos aprendido que las crisis cuando se interpretan de esta manera, lejos de ser lunares u obstáculos, se convierten en ocasiones de crecimiento, la comunidad crece en la fe porque profundiza en el mensaje que ha recibido, y la comunidad crece en la caridad, porque aprendemos a acogernos, amarnos y servirnos incluso cuando no nos entendemos completamente.

Además de esas enseñanzas hay algo particular en los documentos que envían a los cristianos de Antioquía de Siria. El documento como lo escuchábamos en la primera lectura dice: “Nosotros los Apóstoles y Presbíteros les enviamos las siguientes palabras”, el hecho de que se mencione a los apóstoles y luego se mencione presbíteros, es la semilla de lo que nosotros conocemos hoy. El libro de los Hechos de los Apóstoles entre otras cosas nos cuenta cuál es el origen de las instituciones que tenemos en la Iglesia, estos Apóstoles que, por supuesto según la ley de la vida tenían que morir en algún momento, estos Apóstoles son los mismos que van a transmitir el don de la autoridad a sus sucesores y ¿Quiénes son esos sucesores? Son nuestros obispos.

La estructura que la Iglesia tiene hoy también se alimenta de aquello que vivieron aquellos cristianos, así que ellos dicen los Apóstoles y los Presbíteros. La palabra Presbítero quiere decir anciano y es una palabra que designa a aquellos que tienen autoridad según lo que sucedía en el libro de la ley de Moisés, porque en el libro de la ley se hablaba de los ancianos como aquellas personas mayores que eran las que tenían el deber de guiar al resto de la comunidad. En ese sentido de ser guía y autoridad están los presbíteros que han designado por los apóstoles. Unos nueve capítulos atrás del mismo libro de los Hechos delos Apóstoles, nos ha hablado de los Diáconos, de modo que estas palabras de Diácono, Presbíteros o sacerdote, los Apóstoles y sus sucesores que son los Obispos dicho de una manera breve, la jerarquía misma lo que conocemos como jerarquía, Obispos, Sacerdotes y Diáconos, eso tiene y hunde su raíz en la experiencia de los primeros cristianos.

En la guía del Espíritu Santo a aquellas comunidades y por eso es constitutivo de la Iglesia que sea jerárquica no es un invento que surge simplemente para ver cómo administramos el poder; el hecho de que haya una jerarquía, un orden, una autoridad dentro de la Iglesia, proviene de su mismo origen y por consiguiente es algo que nosotros hemos de recibir con la misma gratitud y con la misma fe con la que recibimos los demás elementos del Evangelio.

Que importante que comprendamos esa riqueza que está ahí, hay personas incluso teólogos que quieren trasladar a la Iglesia el mismo lenguaje de las contiendas políticas, de los partidos y de las oposiciones en donde unos suben y otros bajan y hay gente que quiere trasladar estas contiendas de poder a la Iglesia, pero más allá de los intereses humanos, hemos de recibir el don de la jerarquía como un regalo del amor de Dios, para que la comunidad cristiana, pueda crecer, ser iluminada y alimentada.