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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20030523

Título: Para entender la vida cristiana necesitamos pasar nuestros amores por el filtro de dar la vida.

Original en audio: 6 min. 25 seg.


Jesús hoy nos manda dos cosas: nos manda amar y nos manda dar la vida. Amar, suena dulce; dar la vida, suena difícil, suena áspero, suena amargo.

Pero las dos cosas han salido de la misma boca, que es la boca de Cristo, y las dos cosas han salido del mismo corazón, que es el Corazón de Cristo. Y yo creo que si uno aprende a relacionar estas dos cosas, es decir, amar y dar la vida, llega a comprender eso de ser cristiano.

Quedarse sólo con la palabra amor puede ser engañoso, porque uno llama amor a muchas cosas, y muchas veces esa palabra amor queda reducida a un gusto, a un placer, incluso, a la capacidad de disfrutar o utilizar a una persona.

Si uno se queda sólo con el aspecto de dar la vida, entonces la religión se vuelve muy triste, porque dar la vida es estar en la actitud permanente de morir, morir a sí mismo, ceder, buscar el bien del otro y esto, pues, indudablemente, es duro, es imposible de hecho, si no se tiene amor.

Para tener clara la vida cristiana necesitamos mirar las dos cosas, entonces, necesitamos pasar nuestros amores por el filtro de dar la vida.

Cuando un muchacho le dice a la novia que la ama, debe preguntarse esto: ¿qué está dispuesto a perder por ella? Cuando los esposos se dicen que se aman o que aman a los hijos, tienen que preguntarse si están dispuestos a perder qué por ellos.

Yo les hablo un poquito desde una angustia que llevo por dentro por la la situación de las familias y de las parejas en nuestro tiempo.

Porque es que mire usted que es que yo he pensado que la Iglesia Católica debería cambiar los cursos prematrimoniales, los cursos prematrimoniales deberían ser un poco más vivenciales, no una cosa tan teórica.

Por ejemplo, en un curso prematrimonial deberían llevar a las parejas a un hogar de los niños que llaman especiales. Una pareja debería pasar por eso: mire los niños con síndrome de Down, los que llaman popularmente mongólicos; mire a los niños, abrace al niño; "-no, no, no, no me atrevo"- "-Pero usted va a tener hijos". "-Supongo que sí". "-¿Y qué, es imposible que le llegue un hijo así a usted?"

Es decir, la gente se casa con una noción de amor supremamente irreal; el amor es esto, ¿usted está dispuesto a eso? Se casan como si no se fueran a enfermar nunca; el día que se les enferma el esposo, que se les enferma la esposa, en ese momento aparecen muchas dimensiones del amor.

Cuántas parejas conoce uno en que el amor no se tradujo en muchas tarjetas, muchos chocolates y muchas caricias, sino años junto a la cama de un esposo enfermo, como tenemos un caso en este mismo grupo; años de amar a un hombre, seguramente muy limitado, seguramente muy exigente en sus necesidades. ¿Estamos dispuestos a eso?

Entonces, la invitación es a pasar la palabra amor por ese filtro, eso nos haría muchísimo bien, para ver cómo vamos a organizar las parejas del futuro, para ver cómo vamos a organizar las familias del futuro, eso nos haría muchísimo bien.

Pero, también está el otro factor; no nos podemos quedar solamente con el heroísmo, solamente con el esfuerzo, Cristo nos llama a dar la vida, pero ese dar la vida es la culminación, es el fruto máximo, es lo más grande que brota del amor.

Esto también es una enseñanza para nosotros, porque en nosotros también hay generosidad; la generosidad es lo que nos lleva a gastar nuestro tiempo, nuestras fuerzas o nuestro dinero en otras personas.

Pero, atención, que uno puede ser generoso por ostentación, uno puede ser generoso porque le toca, uno puede ser generoso porque no tiene otra opción; hay veces que la generosidad es eso.

Y se convierte en una generosidad forzada, dura, amarga. Hay que pasar la generosidad por el filtro del amor. Sí, la vida te obliga a ser generoso en muchas cosas, por ejemplo, a respetar a los papás; o la vida te obliga a ser generoso cuidando de tu esposa enferma; la vida te obliga a ser generoso ayudando en tu parroquia.

Pues, cuando te veas "obligado" a ser generoso, hay que hacer esta pregunta: ¿Amas? ¿Amas? Alguien dijo que la felicidad no está tanto en hacer lo que uno quería, sino en querer lo que uno hacía.

Llena de amor lo que haces, no solamente buscar hacer lo que amas, sino llenar de amor lo que haces. Y a medida que vamos llenando de amor las cosas que hacemos, descubrimos cómo es posible la generosidad y descubrimos cómo es posible la comprensión.

Pidamos al Señor, que con la fuerza de su Espíritu y con el ejemplo de Cristo, nos eduque para que las comunidades, las parejas y las familias del futuro estén cada vez más conformadas a la imagen del Corazón de Jesucristo.

Sigamos nuestra celebración, y al alimentarnos del pan y el vino, del Cuerpo y la Sangre del Señor, recibamos también de su mismo amor.

Amén.