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Fecha: 19980512

Título: El principe de este mundo

Original en audio: 16 min. 24 seg.


Jesús anuncia que el príncipe de este mundo está cerca, advierte que "no es que este príncipe de este mundo tenga poder sobre mí" San Juan 14,28, pero dice: “Ya no hablaré mucho con vosotros” San Juan 14,30, y también nos invita a que no temblemos ni nos acobardemos.

Una obra del príncipe de este mundo que podría hacernos temblar, que podría acobardarnos, aunque no tiene poder sobre Jesucristo. Así ha aparecido en el Evangelio. En la Primera Lectura nos encontramos a estos heraldos de la paz y del Evangelio, sobre todo a Pablo: lo atacan, lo persiguen, finalmente lo apedrean y lo dejan por muerto.

Sus discípulos, que son discípulos de Cristo, lo rodean, y Él se levanta y volvió a la ciudad, dice el texto. En estas ciudades que han aparecido mucho en estos días: Derbe, Iconio, la región de Panfilia, esa región que actualmente es Turquía, en esa región estuvo predicando mucho Pablo, pasó varias veces por ahí, y en cada una de esas regiones y en cada una de esas ciudades, lo sentenciaron a muerte.

Tiene que ir varias veces, pero iba y luego volvía otra vez a seguir predicando. De manera que él está anunciando el Evangelio, él está predicando el Reino de Dios y sin embargo, aunque es mensajero de Dios y trae buenas noticias, lleva una vida dura y mala.

Vamos a tratar de relacionar las dos lecturas. Jesús hace una obra de redención y viene un ataque del príncipe de este mundo, un ataque tan fuerte, que puede hacer temblar o acobardarnos. Y en la Primera Lectura, Pablo anuncia el Reino de Dios, pero llegan ataques y persecuciones, que podrían hacernos temblar y acobardarnos.

¿Qué es lo que se nos quiere decir entonces con estas lecturas? Que la predicación del bien y la obra del bien está marcada, está delimitada, está rodeada de esto: de dolor, de debilidad, de mal, rodeada de persecución, rodeada de incoherencia, rodeada de traiciones, de enfermedades, de muertes.

A veces uno cree que lo que va a suceder con el Reino de Dios es esto, que va a empezar en un punto, vamos a decir, de un punto en un baldosín, que va a empezar ahí y luego se va a propagar a otros baldosines, a otros y a otros, finalmente, vamos a obtener como un espacio donde ya sólo reina Dios, como una especie de mancha de amor que se va difundiendo, como una mancha de paz que va creciendo.

Pero resulta que parece que no es así, porque la gente que Jesús tuvo más cerca que fueron, desde luego, sus Apóstoles, y ya en ese primer grupo hubo traición, mentira, cobardía, entonces parece que no es así. Y Pablo, cuando se queja de lo que ha sufrido, por ejemplo, en la segunda Carta a los Corintios, dice todo lo que ha sufrido por los falsos hermanos y todo lo que ha sufrido por su propia raza

Osea, que la enseñanza de hoy, no es simplemente que "el que se mete a redentor, muere crucificado"; no es algo tan sencillo como decir: "ser bueno cuesta trabajo".

La enseñanza es más profunda, creo yo. La enseñanza parece que fuera por este lado: que nunca, nosotros sentiremos que estamos en el centro del bien, que nunca, mientras valyamos de camino en esta tierra, podremos sentir que estamos en medio de los buenos, que por fin, está todo limpio y tranquilo alrededor de nosotros.

Es decir, que hay una especie de indigencia, que hay una especie de pobreza radical que tiene el ser humano en esta tierra y el Evangelio no quita esa indigencia radical.

Uno quisiera que el Evangelio obrara de esta manera: si yo estoy, por ejemplo, en una comunidad religiosa, "bueno, ya encontré un sitio donde ya todos somos de la misma mente, de la misma manera, todos estamos al mismo ritmo y del mismo modo"; "estoy colaborando en un grupo de oración, ya estamos seguros de que los que estamos aquí, todos pensamos lo mismo, seis sacerdotes, entonces, yo pienso que entre los sacerdotes, todos vamos a pensar y sentir lo mismo".

No, eso es lo que no va a suceder. Hay una soledad que el Evangelio no sana, hay una pobreza y una indigencia que el Evangelio no resuelve.

Esto quiere decir, que nosotros podemos apreciar las obras maravillosas del Evangelio de Cristo, sí, podemos vivirlo cerca de nosotros, pero apenas digamos que ahora si estoy en la familia que es, ahora si todos pensamos lo mismo, ahí vuelve a surgir la cercanía del príncipe de este mundo, vuelve a surgir la persecución de los falsos hermanos y de los hermanos de raza.

Y, ¿por qué es así? ¿Por qué Dios quiere eso tan raro? Uno quisiera, repito, llegar a algún lugar, llegar a algún sitio, encontrar una comunidad, rodearse de algunas personas en las que uno pudiera decir que "ahora todos somos de los mismos, ahora sí todos creemos lo mismo, esperamos lo mismo, somos una sola mente; ahora sí funcionemos y ese ideal, como aparece en los Hechos de los Apóstoles casi, casi se cumple, pero en los Hechos de los Apóstoles es un libro demasiado real como para dejarnos soñar tanto.

Juan Marcos, que fue compañero de Pablo, en alguna misión salió de pelea con él, no se entendieron y ya para la otra misión. Pablo dijo: "Con Marcos no vuelvo" Hechos de los Apóstoles 15,38, eso está ahí en los Hechos de los Apóstoles.

El primero entre los Apóstoles, Pedro, el más grande predicador, Pablo, quien dice: "Y nos estrechamos en señal de comunión" Carta a los Gálatas 2,9, eso por allá en Gálatas.

Pero también dice en los mismos Gálatas, que cuando estuvieron no sé donde, Pablo tuvo que salir de pelea con Pedro y decirle: "No, tú no estás siendo coherente con lo que estás haciendo, porque tú ya no sigues la ley de Moises y ahora estás haciendo las de un hipócrita haciendo parecer que... Categoría:Gálatas .

Esto quiere decir que el Evangelio es exactamente lo contrario a un club, al igual que la iglesia, nunca uno siente en la iglesia: "Ahora sí llegué, ahora si pensamos lo mismo, ahora si nos entendemos".

Eso medio aparece, eso como entre sombras aparece, pero esa no es la condición de la Iglesia, la condición más común de ésta es que nosotros llegaremos a ser uno cuando cada uno se apoye solamente en Dios, esta es la paradoja.

Si cada uno, por decirlo así, dejando de lado a sus hermanos, es decir, no poniendo su esperanza en ellos sino sólo en Dios; si cada uno, dejando a un lado sus hermanos, pone su esperanza sola, solamente en Dios, todos resultamos unidos, pero si uno levanta la mirada y dice: "Estamos todos unidos", El príncipe de este mundo se acerca.

Esto quiere decir, que ha sido voluntad de Dios, que el Evangelio nos deje en esa indigencia continua, en esa continua pobreza, en esa perpetua indigencia, ¿por qué? Porque sólo en esa perpetua indigencia uno aprende la lección y esta es: Quiéranme, quien me quiera, recíbame; quien me reciba, persígame; quien me persiga.... Mi única esperanza es Dios y sólo así, cuando yo me mantengo apoyado en Dios, puedo hacer verdaderamente hermano de mis hermanos.

Esta lección se aprende a veces con bastante dolor. Voy a comentar un ejemplo de el venerable Humberto de Romanis, maestro, hermano de la Orden de Predicadores, allá en sus comienzos. Él decía: "Cuando uno llega a la Orden, cuando uno llega a la Comunidad, uno llega pobre y humilde y todo lo recibe como un regalo.

Pasa el tiempo y uno se va llenando de derechos, uno empieza a sentir que las cosas tienen que ser de tal o tal manera. Cuando uno ya tiene derechos, quiere decir que uno está apoyado no sólo en Dios, sino está apoyado en que "aquí se acostumbra eso", "y que siempre se ha hecho eso", "y que se supone que a mí", "y se supone que yo".

Cuando uno ya tiene todos esos "se supone", uno tiene mucho de su confianza puesta en las personas y ahí es cuando surgen las divisiones, los problemas, los conflictos de intereses en una comunidad religiosa y en la iglesia. Por eso decía Humberto de Romanis, que la manera de vivir verdaderamente como religioso, -creo que lo mismo vale para la Iglesia- es vivir cada cosa como un regalo, como un continuo regalo; sentir que uno es un recogido: Dios prepara casa a los desvalidos.

En realidad esos son ustedes, somos una comunidad de recogidos: por el amor de Dios, por lo que sea, pero somos unos recogidos. Pero entonces, aquí pasa lo mismo que en las Casas de la Misericordia que las hermanas de Teresa de Calcuta tienen, donde llega el mendigo sacado debajo de un puente, llega humilde, pero cuando ya se lavó, ya se baño, ya se afeitó, ya lo despiojaron, cuando ya está listo para salir, en eso traen a otro mendigo sacado de otro puente, él ya no va a dejar ese sitio, ya es dueño.

Esto hacemos con la Iglesia, pero Dios no entra en nuestro juego, por eso Dios nos manda a que sólo nos apoyemos en Él y el que está fijándose sólo en Él, tiene entrañas para recibir perpetuamente a los otros; el que no tiene las entrañas de Cristo, siente una continua desconfianza sobre todos los otros, todos los demás son sospechosos; todo lo que no soy yo y mis amigos, eso es sospechoso, es peligroso.

Eso se llama pura carne, eso no son las entrañas de Jesús, así no es como ama Dios; así uno está defendiéndose, asegurándose. En cambio, la Iglesia funciona de otro modo, es gente que sólo se apega en Dios y el que sólo se apega en Dios, puede acoger a todos, todos le caben en el alma, porque si a todos los recibe Dios, el mismo que me recibió a mí, bendito el Dios que estás.

De las muchas personas que han vivido esto, me parece que el ejemplo más hermoso, tal vez el más conocido en la Iglesia Católica, es San Francisco de Asís, quien vivió su vida con un puro y completo regalo, y cuando inició la comunidad, la inició así: "El Señor que me regala agua, el Señor que me regala alimento, el Señor que me regala el sol y el aire, me regala hermanos también.

"¿Cómo le voy a aceptar a Dios el sol y no le voy a aceptar los hermanos? ¿Cómo le voy a aceptar el agua y el alimento y no le voy a aceptar el prójimo que Él me da? Si acepto al hermano lobo, si acepto al hermano gusanito y al hermano árbol, ¿cómo no voy a aceptar a hermano o hermanos?"

El que es verdaderamente pobre de corazón, el que sabe vivir su vida como regalo, el que entiende que nada se le debía, ni se le debía la vida, ni se le debía el perdón, ni se le debía las gracias; el que entiende que nada se le debía, este vive colgado sólo de Dios, y si queremos darle vuelta a la imagen, el que vive apegado sólo en Dios, el que vive apoyado sólo en Dios y el que está apoyado sólo en Dios, recibe, y recibe y recibe y todo el universo le cabe en el corazón, todo el mundo le cabe en el alma, porque si cabe en Dios, ¿por qué no va a caber en mí?

Nuestra enseñanza entonces, apoyarnos en el Señor, ser el lugar donde Él reina. Yo sólo puedo garantizar que Dios reina en un sitio, ¿Cuál? Tú, asegúrate de que Dios reina ahí, lo demás es tan engañoso, está lleno de tanta carne, de tanto engaño, de tanta intriga, de tanta envidia, de tanta sospecha, que no es raro que me herede el príncipe de este mundo, no es raro.

Nuestro trabajo, nuestro único trabajo, nuestro bendito trabajo es asegurarnos de que Dios reine en nosotros y a partir de ahí, convertirnos en ofertas continuas, en perpetuos manantiales que ofrecen y que manifiestan el amor, la bondad, la gracia de Jesús.

Esto fue lo que hizo San Pablo, esto fue lo que vivió San Pablo y esto es lo que estamos llamados también a vivir nosotros.

Amén.