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Fecha: 19980509

Título: El verdadero creyente permanece en Jesus

Original en audio: 7 min. 28 seg.


A partir de este diálogo que está a comienzos del capitulo catorce del evangelio de Juan, el Señor Jesús insistirá en un verbo que es propio de este cuarto evangelio, el verbo permenecer.

Jesús permanece en el Padre, el Padre permanece en Jesús; el que cree en Jesús permanece en Jesús y Jesús permanece en él; esto tiene una consecuencia para las obras: el Padre permanece en Jesús y hace sus obras en Jesús; Jesús permanece en el que cree en Él y hace sus obras en aquel que permanece en Él.

Permanecer. Felipe le ha dicho a Jesús: "Muéstranos al Padre" San Juan 14,8, y Jesús dice: "Quien me conoce, quien me ha visto, ha visto al Padre” San Juan 14,9. De manera que este permanecer llega casi a reemplazar el ser.

EL verbo permanecer indica en San Juan una unión tan íntima, tan completa que hace prácticamente que se fundan los seres.

Como Jesús permanece en el Padre y el Padre en Él, el que ve a Jesús ve al Padre; y las obras que hace Jesús son de Jesús, pero son las obras del Padre; de igual manera, cuando el creyente permanece en Jesús, el que ve al creyente ve a Jesús, y las obras del creyente son las obras de Jesús.

Por eso dice el Señor Jesucristo con esa frase tan audaz: “El que cree en mí, hará las obras que yo hago, y aún mayores” San Juan 14,12. Explicaciones: "Yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré" San Juan 14,12-13. Entonces, ¿quién hace las obras, el creyente o Jesús?

Pues intervienen los dos porque cuando dice: "Hará las obras que yo hago y aún mayores" San Juan 14,12, ahí actúa el creyente, pero cuando dice: "Lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré" San Juan 14,13, ahí es Jesús quien actúa.

Este permanecer, según el uso de San Juan, es un verbo tan singular que prácticamente no tiene sinónimos. Uno puede encontrar sinónimos entre palabras que se refieren a situaciones más o menos comunes; por ejemplo, lamentarse y quejarse son situaciones más o menos semejantes, y por eso, esos verbos pueden servir de sinónimos el uno para el otro.

Pero podríamos decir que para este verbo permanecer casi no tenemos explicación, casi no hay sinónimos, casi no podemos expresar con palabras.

Y si intentamos hablar sobre lo que es permanecer en San Juan, llegamos prácticamente como a contradicciones como eso que acabo de decir: bueno, ¿las obras las hace el creyente o las hace Jesús? Pero si las hace Jesús, las hace el Padre, ¿entonces al fin quién las hace? ¿El Padre, Jesús, el creyente? ¿Quién las hace?

Este es un verbo que no tiene que ser explicado con el diccionario de las palabras, sino con el diccionario de la experiencia del Espíritu en esa vida.

Jesús hace notar la diferencia que hay entre la mente de Felipe y la suya propia: "Si me conociérais a mí, conoceríais también a mi Padre" San Juan 14,7, dice Jesús.

"Muéstranos al Padre" San Juan 14,8, dice Felipe, y Jesús replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, y no me conoces?" San Juan 14,9.

Cuál es la diferencia entre Felipe y Jesús en cuanto a las palabras? Pues Jesús puede explicar, puede decir muchas cosas, pero lo que le hace falta a Felipe no son palabras, sino la experiencia de que Jesús permanezca en él y de que el Padre permanezca en él.

La experiencia de que Jesús y el Padre vengan y hagan morada en él, eso es lo que le hace falta y eso no se lo van a dar las palabras, eso es algo que sólo lo da el Espíritu, el Paráclito.

Por eso dice el Señor Jesucristo: "Os conviene que yo me vaya. Porque si no, no vendrá el Paráclito" San Juan 14,7, y sólo el Paráclito da la experiencia, la explicación de estas palabras.

Esto no puede ser explicado con diccionarios de palabras; la explicación, el sentido verdadero de ese permanecer que no es aniquilar el ser, que no es reemplazar el ser, que no es mezclar el ser, esa experiencia la da el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo.

Estas palabras entonces nos animan a rogar con insistencia el don del Espíritu, para que Jesús permanezca en nosotros y nosotros en Él, así como el mismo Jesús permanece en el Padre y el Padre en Él.

Clamemos la explicación de estas palabras. Esta es una homilía que la tiene que hacer el Espíritu en cada corazón, esta es una explicación que no puede salir de boca humana, sino que tiene que ser pronunciada por el mismo Verbo en lo íntimo del corazón y convertirse allí también en una palabra.

Nuestra oración, nuestra suplica y la disposición de nuestro corazón, lo harán posible.

Que así sea.