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Fecha: 20060510

Título: Una Iglesia saludable.

Original en audio: 18 min. 36 seg.


Amigos Queridos,

La primera lectura de hoy nos puede servir para descubrir cómo es la Iglesia en buena salud.

Uno casi siempre usa la palabra salud para referirla a una persona: una persona está en buena salud, ¿cómo sabemos que una persona está en buena salud? Pues porque no tiene enfermedad, porque no tiene dolor, porque tiene capacidad de trabajo y tiene también capacidad de disfrutar de la vida.

Esas son como las señales de la buena salud, no hay enfermedad, no hay dolor, sí hay capacidad de trabajo y sí hay capacidad de disfrute. Si a una persona le falta alguna de estas cuatro características, normalmente decimos que no tiene buena salud; la persona puede tener todo, pero hay un dolor permanente en su cuerpo, pues no decimos que tenga buena salud.

No es normal que a todas horas de la vida a uno le esté doliendo una rodilla, algo anda mal, o de pronto la persona no tiene ningún dolor, pero hay una enfermedad que le está prosperando, -esto sucede con los tumores-, hay tumores que se van formando y no duelen pero le hacen un examen a la persona y se descubre que se está formando ese tumor.

Por eso en muchos lugares le recomiendan a la gente que se haga examinar el cuerpo así no tenga dolor, en muchos países le recomiendan a las mujeres háganse exámenes del seno, porque es posible que tengas algún tumor en algunas de tus mamas y no te hayas dado cuenta, pues no produce ningún dolor pero está creciendo.

Lo mismo para nosotros los hombres, se recomienda después de cierta edad exámenes rutinarios de la próstata, es decir, la salud incluye estos cuatro elementos, tengámoslos en cuenta. Que no haya dolor, que no haya enfermedad o algún mal que esté caminado dentro de uno, que uno pueda trabajar, y uno muy importante: que uno pueda disfrutar.

También es importante, es clave en la salud cuando una persona tiene todo pero no puede disfrutar de lo que tiene, usualmente cae en depresión, una de las características de la depresión es que la persona no disfruta la vida, casi podríamos decir que la depresión consiste en eso: en una incapacidad de disfrutar, por muchas razones. Aquí no vamos a hacer un tratado sobre la depresión.

Esa idea de salud, uno la aplica normalmente a una persona y al cuerpo, pero luego también podemos hablar de una buena salud en la pareja, ¿cómo será una pareja que tiene buena salud? Vamos a hablar de una pareja de enamorados o de una pareja de casados que está en buena salud.

Quiere decir que aprenden a tratarse de una manera que no se lastiman, pero no hay dolor, quiere decir que no hay ninguna enfermedad, que no hay ninguna amenaza que esté corroyendo o que esté erosionando esa relación por dentro, además forman un buen equipo, por eso pueden trabajar juntos y además disfrutan estando el uno con el otro.

Eso es una relación saludable, es muy bello sentir la salud en nuestro cuerpo, es algo tan bello y es algo tan importante que en muchos lugares del mundo, se da el caso de que la sanación es como la gran puerta, es decir, mucha gente llega al Señor buscando salud, buscando sanación.

Salud del cuerpo, salud de la pareja, ¿cómo será la sanación de una familia? Algo parecido. La salud de la familia consistirá en que no hay heridas, no se hieren los unos a los otros, además no hay enfermedad; es decir, no hay traición, infidelidad, no hay trampa ni mentira que estén creciendo como tumores dentro de la casa, además trabajan bien, forman un buen equipo.

La familia tiene que ser un buen equipo que produce resultados, resultados maravillosos para la sociedad; y además disfrutan juntos. Esa definición de salud me gusta mucho a mí. Las cuatro características de la salud.

Pero podemos aplicar eso a otros grupos, a una comunidad, y podemos aplicarlo a la sociedad, podemos, por ejemplo, pensar cuál es la salud de nuestros pueblos en Latinoamérica, ¿qué sería lo saludable aquí en Latinoamérica? ¿Qué sería lo saludable en Bolivia? Pero podemos responder desde este estilo, si hay dolor, si una parte de Bolivia está doliendo, está sufriendo, entonces no está completa la salud.

Tenemos que buscar la salud de todos, o si hay una enfermedad que está caminando dentro de Bolivia, entonces hay que controlarla así no produzca dolor. Ahora mismo, entonces, hay problemas que son como una olla a presión, van caminando y no le ponemos atención y de pronto explotan. Hay que estar atentos a eso.

Además, Bolivia tendrá salud si cada uno de los estamentos, si cada uno de los grupos de la sociedad puede trabajar de una manera normal, si quiere conseguir un empleo, lo puede adquirir, si el que quiere estudiar, que es una cosa noble, lo puede hacer; si el que quiere casarse lo puede hacer; el que quiere educar a sus hijos de una manera cristiana, recta lo puede hacer.

Esa es salud de una nación como Bolivia, y desde luego que todos nos sintamos felices de estar en este país, y ustedes que son bolivianos puedan sentir la alegría de pertenecer. Esa sería la salud de Bolivia.

Toda esta explicación se puede extender a muchas cosas, y también puede servir para hablar de la salud de la Iglesia, porque lo que aparece en la primera lectura de hoy lo que aparece es la salud de la Iglesia.

¿Cómo será una comunidad cristiana llena de salud? Eso es lo que aparece ahí en la primera lectura, esto esta tomado del capítulo doce del libro de los Hechos de los Apóstoles, versículos veinticuatro y siguientes.

Hay esta una descripción de lo que es una comunidad con salud. Cuando usted quiere mejorar su cuerpo ¿usted qué hace? Usted mira un cuerpo saludable; por ejemplo si usted está un poco pasado de peso, entonces uno mira a las personas que no tienen sobre peso y esas personas me sirven a mí de modelo, porque esas personas tienen mejor salud que yo. Cuando uno quiere mejorar la salud, uno mira a los que tienen mejor salud.

Si nuestra Iglesia Católica quiere mejorar su salud, tiene que mirar las comunidades con buena salud, y eso es lo que nos presenta el capitulo doce. Vamos a conocer cómo es una comunidad cristiana con buena salud.

Dice: “La Palabra de Dios se difundía incesantemente” Hechos de los Apóstoles 12,24, éste es el primer elemento: para que haya salud en la Iglesia, tiene que haber mucha y muy buena predicación.

Si ustedes quieren tener una Iglesia saludable, imploren del cielo buenos y santos predicadores, de manera que haya mucha y muy buena predicación, que haya esto que dice la primera lectura, Palabra de Dios que se difunde incesantemente, esto quiere decir sin parar, como un río que está continuamente lavando, continuamente refrescando, continuamente lavando, esa sed infinita de amor y de sabiduría que hay en el corazón humano.

Esa es la primera característica de una Iglesia saludable, con una predicación abundante, con una predicación que no cesa. Segunda característica: hay profetas y hay doctores. La expresión “doctor” aquí tiene el sentido de “maestro”, doctor viene del latín, del verbo docere, de donde también viene docencia; la docencia es la enseñanza.

La Iglesia, para tener buena salud, necesita doctores, es decir, necesita maestros, que haya muchos y muy buenos maestros, personas que expongan no sus ideas, ni sus gustos, sino los gustos de Dios y las ideas de Dios, esos son los maestros que necesitamos.

Los necesitamos mucho, los necesitamos en las catequesis, los necesitamos en los grupos de oración, los necesitamos en la radio, necesitamos muy buenos maestros, que tomen los micrófonos y que difundan la Palabra, la luz de Cristo, pero también se necesitan los profetas, ¿cuál es la característica del profeta?

Uno suele identificar la palabra profeta con aquel que hace predicciones, algo así como el que sabe el futuro, pero lo esencial de un profeta no es eso, lo esencial del profeta no es hacer predicciones, sino vivir tan cerca de la mente de Dios, vivir tan cerca de su pensamiento, que puede descubrir la opinión de Dios, el juicio de Dios, para los acontecimiento de la historia humana.

Eso es lo propio de un profeta, el profeta es el que está cerca de Dios, el más grande profeta del Antiguo Testamento es Moisés mismo, y de Moisés la Biblia hace elogios como este: “Dios le hablaba a Moisés, como un hombre habla con su amigo” Exodo 33,11.

Moisés era el hombre más humilde de la tierra, Moisés era el hombre más sufrido del mundo" Números 12,3.

Estas expresiones muestras cómo Moisés tiene una participación especial en el plan de Dios, pero sobre todo una amistad, una relación íntima con el Señor y con sus designios.

¿Quiénes son los profetas hoy? Esta es una gran pregunta. En parte podemos encontrar esos profetas ahí donde hay dones especiales del Espíritu Santo, pero es un tema discutido.

A mí me parece que los profetas que principalmente necesita la Iglesia hoy, no son tanto los que puedan hacer predicciones o decir palabras especiales en un grupo de oración; esa parte esta bien y esos profetas están bien.

Pero necesitamos profetas sobre todo que con sus actitudes, con sus iniciativas, con su visión, con su luz, abran caminos nuevos, por ejemplo, que nos muestren cómo podemos llegar al corazón de miles de personas que nunca se acercan a la Iglesia, gente con una visión penetrante, una visión muy especial venida de Dios que logra descubrir lo que está aconteciendo en la historia.

Por ejemplo, ¿qué tenemos que hacer nosotros, cristianos católicos, en el hoy? Ahí necesitamos profetas, es decir, necesitamos una luz muy singular, gente que tenga como una intuición muy profunda venida de parte de Dios, para descubrir cuál es el querer de Dios hoy.

Tiene que ser gente de mucha oración de mucha intimidad con Dios, de una tremenda humildad y de una gran capacidad de aguante y de sufrimiento, necesitamos eso. Una Iglesia saludable, es una Iglesia que tiene maestros, pero que también tiene estos profetas, gente movida por el poder del Espíritu Santo, gente que está abriendo nuevos caminos.

¿Qué más había en esa Iglesia saludable, en esa Iglesia de Antioquía? Celebraban el culto del Señor y ayunaban; una Iglesia saludable, es una Iglesia capaz de adoración, capaz de alabanza, capaz de una buena liturgia, y capaz también de ayuno.

El ayuno y la oración, la penitencia y la alabanza, la adoración y el recogimiento; estos son síntomas de una comunidad cristiana saludable.

¿Qué más tenemos ahí? El Espíritu Santo les dijo: “Resérvenme a Saulo y Bernabé, para la obra a la cual los he llamado” Hechos de los Apóstoles 13,2, y finalmente los enviaron a Saulo y a Bernabé (Saulo es el mismo San Pablo).

“Los enviaron”, ¿qué quiere decir que los enviaron? Misión. Una Iglesia saludable es una Iglesia misionera, es una Iglesia que no se encierra en sus límites geográficos, históricos, culturales; que no se encierra en la comodidad de los que ya conocemos, ya tratamos, ya nos sentimos a gusto los unos con los otros.

Una Iglesia llena de salud, es una Iglesia llena de impulso para ir más allá de sus fronteras, a contar a otros pueblos a contar a otras razas y personas que el amor está vivo, que Jesús se ha levantado del reino de la muerte, y que Él es el Rey de Reyes, Él es el Emperador de toda la creación.

Eso es lo que hemos aprendido en este día, queridos hermanos, hemos hablado sobre la salud, cuidar la salud del cuerpo y la salud del alma, cuidar la salud de la pareja, desde aquí les envío un saludo muy cariñosos a todos los que tiene pareja, vivan con alegría su relación de enamoramiento, de noviazgo, vívanla con pureza también.

Precisamente, para que no se acabe la alegría, vívanla con pureza, la impureza les va a acabar la alegría y no vale la pena, siéntanse felices de tener a quién amar y de ser amados. Decía un poeta español:”Amar y ser amado es tener el sol por ambos lados”.

De manera que siéntanse felices de amar; y los que tiene familia, siéntanse felices de tener familia; y pidamos a Dios que tengamos muchas familias saludables. Pero el mensaje, segunda parte es: tenemos que buscar una Iglesia que sea llena de salud.

Nos hemos apoyado en el capítulo doce de Hechos de los Apóstoles para descubrir unas características de Iglesia saludable: es una Iglesia que tiene mucha y muy buena predicación, que tiene maestros, que tiene profetas, gente de oración que tiene alabanza, que tiene ayuno y que tiene también un gran impulso misionero.

¡Qué Dios conceda a nuestras comunidades avanzar por esos caminos, ser comunidades llenas de la salud y de la presencia del Señor.

Amén.