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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy, está tomada del capítulo sexto de San Juan. Es la continuación del relato de la multiplicación de los panes.

Es interesante cómo este evangelista a partir de un hecho que podemos llamar “fisiológico”, puramente relacionado con nuestro cuerpo, nos va llevando con una gran pedagogía para descubrir cuál es el verdadero alimento y, por consiguiente, en dónde debe estar nuestro verdadero esfuerzo (cf. Jn 6,22-29). Eso es exactamente lo que se plantea en el Evangelio de hoy. Podemos decir que la pregunta fundamental en este Evangelio es: ¿En qué debemos ocuparnos?, ¿cuál es el verdadero trabajo?, ¿qué es lo que verdaderamente vale la pena? Y la respuesta que da Jesucristo tiene que inspirar también nuestras propias labores, porque Cristo dice: “Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna” (Jn 6, 27).

Recuerdo una frase que se atribuye a San Agustín: “¿Qué tiene que ver esto que estoy haciendo, con la eternidad?”. Esa pregunta que relaciona el momento presente, con el presente de Dios, es decir, con la eternidad, sirve de verdadera guía para nuestras labores cotidianas, porque aquella persona que se concentra únicamente en lo que puede obtener y en lo que puede disfrutar en el hoy, en el aquí y en el ahora, es una persona que fácilmente cae en aquello que denuncia el apóstol San Pablo, porque cuando una persona se queda únicamente en el aquí y en el ahora, es muy fácil que llegue a esta conclusión: “comamos y bebamos, que mañana moriremos”. El lema del disfrute pagano, el disfrute idolátrico de este mundo: “comamos y bebamos, que mañana moriremos”, es una manera de interpretar la brevedad de la vida, de un modo, podríamos decir, idolátrico: “embriaguémonos del placer presente, porque no existe un mañana”. Pero, resulta que la fe cristiana mira las cosas exactamente al contrario: si el momento presente es breve, quiere decir que toca aprovecharlo al máximo para aquello que nunca ha de terminar.

Yo me acuerdo de un personaje muy querido en mi país: el Padre Rafael García Herreros; este Padre, que hizo tanto por la evangelización, especialmente a través de la Renovación Carismática Católica, en su juventud predicando retiros y dirigiendo espiritualmente a los seminaristas según la vocación propia de los Eudistas (su comunidad fue la de Juan Eudes), se dio cuenta que la brevedad de nuestra vida reclama una respuesta sabia y, a la vez, generosa frente a Dios. Entonces, en sus retiros él empezó a decir a la gente, y empezó a decir a sus seminaristas: “Mira, tu vida es breve, es como un minuto; pero, si va a ser un minuto, que sea un minuto de Dios". De ahí viene esa expresión que le da nombre a todo un barrio en Bogotá (“Minuto de Dios”) y a muchas otras obras que han continuado los Eudistas hasta este tiempo, “Minuto de Dios”.

O sea, que la vida es breve, eso lo sabemos, pero, ahora, ¿qué vamos a hacer con la brevedad de la vida?, ¿la vamos a entregar como una especie de hojarasca que se quema en el altar del placer? Eso es lo que vive el paganismo: “comamos y bebamos que mañana moriremos”, “todo se acaba, disfrutemos simplemente el presente”; el cristiano, en cambio, con sabiduría y con generosidad entiende: “Si mi vida es un minuto, que sea un minuto para la gloria de Dios". ¿Por qué? Porque aunque pase la figura de este mundo, no pasa mi propia existencia y, sobre todo, no pasa el amor y el poder de Dios. Puesto que voy a enfrentarme a una eternidad, que esa eternidad esté sellada por la generosidad y por la sabiduría de una vida bien vivida. “Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el que da vida eterna”, nos ha dicho Jesucristo.