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Fecha: 19970412

Título: La Iglesia se alimenta de la Palabra

Original en audio: 8 min. 51 seg.


Hasta este momento, las lecturas tomadas de los Hechos de los Apóstoles, nos han presentado dificultades que los cristianos tienen desde fuera; dificultades y ataques que vienen desde otras personas; persecución e incredulidad, burla o crueldad que provienen de las autoridades, precisamente las mismas autoridades que persiguieron y le dieron la muerte a Cristo.

Pero ya este capítulo sexto de los Hechos de los Apóstoles aparece un lenguaje distinto, en este capítulo se nos cuenta que aunque estos cristianos hayan recibido el don del Espíritu Santo y aunque hayan visto milagros tan preciosos como la sanción de aquél tullido, aunque tengan la predicación inmediata de los Apóstoles, aunque compartían sus bienes con tanta generosidad, ya se ve que aparece un límite.

En verdad ya había aparecido con ese episodio de Ananías, el que vendió el campo y se les perdió algo del dinero.

Pero aquí aparece más claramente, y con esto se nos está enseñando que aunque se trate de una comunidad cristiana maravillosa en su adoración a Dios, maravillosa en su liturgia misionera, maravillosa en su unión fraterna, también en medio de esas maravillas hay gente, hay desconfianza, hay suspicacia, hay quejas de unos para con otros.

Muchos de nosotros hemos oído de esta primera comunidad cristiana como una oportunidad absolutamente ideal, como si el infierno se hubiera bajado a la tierra, como si fuera realmente un asomo de los pueblos de los Ángeles aquí en la tierra

Y uno en la liturgia ve maravillas de amor, de predicación, de milagro en aquella comunidad; pero este pasaje y algunos otros que aparecen, bien pronto nos indican que no se deben idealizar las cosas más de la cuenta.

Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, ha querido ser como muy pedagógico en la manera de hablarle a la primera comunidad, pero es indudable que ya desde el principio, la Iglesia está marcada por la gracia, pero también marcada por una necesidad de continua conversión. Está marcada por una victoria, la victoria de la Cruz, pero está marcada también por la necesidad de que esa victoria se realice cada día hasta que el Señor vuelva.

"Es verdad que tenemos ya un tesoro, dice San Pablo, pero ese tesoro está en vasijas de barro" 2 Corintios 4,7.

Es verdad que hemos sido perdonados y hemos sido acogidos por Dios, pero aprender a acogernos los unos a los otros, aprender a definirnos con un mismo amor, aprender a renovar todas las cosas en Jesucristo, toma un tiempo y ese tiempo entre el anuncio de la resurrección y el retorno del Señor, es en la teología de Lucas, el tiempo de la Iglesia.

¿Para qué existe la Iglesia? Para llenar con su predicación, con su amor y con su continua conversión, ese tiempo que va desde la noticia de la Resurrección hasta la noticia del retorno de Jesús.

Pero el texto nos enseña también cuál es el camino de la conversión de la Iglesia. Lo primero que quieren guardar los Apóstoles no es que la administración sea eficacísima, lo primero es: “No nos parece bien descuidar la palabra de Dios". Este es el camino de conversión de la Iglesia.

Aunque los problemas no tenían que ver con la Palabra de Dios, sino con la repartición de unas limosnas, la enseñanza es clara.

El primer camino de conversión de la Iglesia es, volvemos a la Palabra y dice: “Escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos encargaremos a la oración y al servicio de la palabra" Hechos de los Apóstoles 6,3. Este es el camino de conversión de la Iglesia.

¿Qué tal explicar esto allí donde la Iglesia se hace visible, por ejemplo, en una comunidad religiosa?

El problema que vivía esa comunidad cristiana, era un problema de administración de limosnas, era un problema muy concreto, muy real, muy material incluso, pero los Apóstoles, movidos por el Espíritu, lo primero que comprenden es que también para resolver esos problemas, lo que hay que asegurar ante todo es la oración y el servicio de la Palabra de Dios.

Si está viva la Palabra que nos congregó, seguiremos unidos; si dejamos que esa vida se extinga en nosotros, no importa que tan bien organizados estén los oficios, no importa qué tantos talleres, acuerdos, contentos queramos lograr entre nosotros, finalmente la Iglesia se deshace porque la Iglesia nació de la Palabra, se alimenta de la Palabra y será consumada finalmente en la Palabra de Dios.

La palabra misma “ekklésía” significa convocación, gente reunida, congregada porque ha escuchado un mensaje.

Luego, para que la Iglesia no se deshaga, o para que una comunidad religiosa se renueve, o para que una parroquia sobreviva, o para que, en fin, para que la Iglesia sea lo que tiene que ser, el camino de conversión es, primero, acoger más y más y más la Palabra de Dios, y esto significa orar; y segundo, predicar más y más esa Palabra de Dios, y esto significa que ella sea la que dé el estilo, que ella sea la que dé la forma.

Pero al mismo tiempo, ellos no dejaban el problema; hay un problema que es real. "Escoged de entre vosotros, dice, a hombres con buena fama, pero también llenos de espíritu de sabiduría" Hechos de los Apóstoles 6,3.

De buena fama, evidentemente, para evitar que crecieran las suspicacias, que creciera la desconfianza, pero por encima incluso de esa buena fama, gente que tenga espíritu de sabiduría.

Se ve cómo la respuesta de estos Apóstoles a estos primeros problemas internos en la Iglesia, la respuesta que dan está puesta, está dada con un corazón que palpita en Dios; luego un alma que se alimenta de Dios desde la luz misma de su Palabra.

El resumen o el sumario que nos presenta Lucas, es muy típico de su estilo. En el versículo séptimo de este capítulo sexto, nuevamente alude a la Palabra: "La Palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos" Hechos de los Apóstoles 6,7. Se trata de que venza la Palabra de Dios, se trata de que el mensaje se vea.

Luego, lo he comentado en otras ocasiones y lo dijo clarísimamente el Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi: "Es que la Iglesia misma vive para que este mensaje sea dicho, para que esta Noticia y para que esta Palabra sea predicada."

Dificultades al comienzo de la Iglesia, dificultades al final de la Iglesia. Las dificultades, las desavenencias, las incomprensiones, las suspicacias nos van a acompañar siempre, pero ya sabemos cuál es el camino.

Hay que comerse esta Palabra, alimentarse de ella y escuchar la voz del Señor, que en medio del lago, nos dice: "Soy yo, no temáis" San Juan 6,20.