Diferencia entre revisiones de «O325005a»

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(Vivamos la vida cristiana de forma humilde y recta de modo que esperemos el retorno de Cristo velando en oración y cantando su alabanza.)
 
(Sin diferencias)

Revisión actual del 16:30 15 nov 2016

En el Credo Largo, como a veces se le llama al Credo Niceno-Constantinopolitano, una de las cosas que se afirma, es cómo Cristo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, vendrá glorioso; Él volverá.

Ese retorno de Cristo, esa vuelta de Cristo es entonces un elemento constitutivo de nuestra fe cristiana, de todos los cristianos; no podemos permitir que la afirmación de la segunda venida de Cristo −puesto que la primera venida fue en la humildad de nuestra carne, en Belén−, se mire como un asunto de protestantes. Ciertamente, los protestantes han sido muy insistentes en este tema del retorno de Cristo, y se identifica con facilidad a los protestantes, como aquellos que utilizan esta clase de predicación, a veces, incluso, con un tono medio terrorista, como diciendo: “ya viene Cristo y se va a llevar a los que son suyos y, entonces, te vas a quedar por fuera y lo único que te aguarda es el infierno”. Ese modo de hablar, ese hacer terrorismo con la Biblia, no es algo que nosotros, los católicos, debamos imitar, pero −repito− la enseñanza de que Cristo vuelve, es parte integrante de nuestra fe cristiana.

Lo que sí hay que tener en cuenta es que la Biblia es sumamente cauta en cuanto a los tiempos y, mucho más, en cuanto a los lugares de estos hechos. Lo propio de la mentalidad fanática, y lo propio de la mentalidad sensacionalista, es apresurarse o buscar, de un modo o de otro, cómo dar fechas. Por ejemplo, hay en internet toda una manipulación de las supuestas apariciones de la Virgen María en un lugar de España llamado Garabandal; lo que yo tengo claro, es que la autoridad eclesiástica respectiva nunca le dio una aprobación a esas apariciones de Garabandal, eso no tiene aprobación de la Iglesia, pero, aún en desobediencia, muchos, que se dicen católicos, pues utilizan un lenguaje muy parecido al de los protestantes y, entonces, llegan incluso a describir una serie de acontecimientos, como la supuesta existencia de un planeta que afectará a la Tierra –esto parece ciencia ficción, pero créanme que hay gente que enseña estas cosas sin reírse–.

Hace poco estaba mirando en una página de internet −que no recomiendo de ninguna manera−, que se llama “Foros de la Virgen”; estaban dando datos, ¡ya datos!, ¿no?, de en qué fecha, un planeta, que se supone que es mayor que Júpiter, va a meterse al sistema solar y va a hacer que se dé la vuelta la Tierra, y entonces vendrán unas inundaciones, y eso corresponde con el llamado “aviso”, que supuestamente la Virgen dijo en Garabandal. Esa tendencia es muy humana, porque en el fondo es una tendencia a recuperar el control, es una tendencia a comprender las cosas de tal modo que no me tomen por sorpresa, pero resulta que lo que nos dice el Evangelio de hoy (cf. Lc 17,26-37) es, exactamente, que en cuanto a los tiempos, en cuanto a los lugares, está el elemento sorpresa, y en cuanto a los elegidos, está el elemento sorpresa. Eso no significa que sea una lotería, significa, más bien, que nosotros, en vez de estar escudriñando especulativamente esas cosas, tenemos que llevar una vida agradable a Dios, una vida cercana a Él, de manera que sea de día o de noche, sea en este siglo o en el siglo entrante, o dentro de veinte siglos, los que estemos en Cristo, llevemos la vida cristiana. Me llamó la atención que en los enlaces de todas estas historias de Garabandal, pues, tienen toda una tienda; entonces, ellos venden, por ejemplo, los mapas de cómo va a quedar el mundo después de las inundaciones, pero esos mapas no te los muestran en internet, tienes que comprarlos. ¿Cuántas personas estarán botando su dinero?, ¿cuántas personas estarán enriqueciendo a estos estafadores? ¡Por ahí no es!; el camino es una vida cristiana, humilde, recta, de modo que venga Cristo cuando quiera venir, nosotros le recibamos velando en oración y cantando su alabanza.