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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20081031

Título: La necesidad de encontrar un nuevo primer dia

Original en audio: 12 min. 59 seg.


He llegado a la convicción de que toda una escuela de oración y de predicación está en mirar los detalles.

El gran peligro para nosotros, sacerdotes y predicadores, como ya lo aludíamos en alguna de nuestras reuniones, es decir esta frase: "Éso ya lo sé, éso ya lo he oído, éso ya lo conozco".

Esa frase, aunque parece inocente, es un grito de rebeldía por el cual nos excluimos del número de los discípulos de Cristo. Nos declaramos por fuera y por encima de ese grupo diciendo: "Ya no tengo que aprender".

Muy al contrario, deseo para mí mismo y para cada uno de vosotros, una actitud que siempre se alegre al encontrar algo nuevo en la Palabra.

Por ejemplo, hoy, meditando en este texto de la primera Carta, me llamó la atención este detalle. Dice el Apóstol: "Habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio desde el primer día hasta hoy" (véase Carta a los Filipenses 1,5).

¡Cuántas veces los ojos míos han pasado por ese texto y como que sólo hoy caigo en cuenta de que dice: "...desde el primer día" (véase Carta a los Filipenses 1,5)!

Y pregunta uno: "¿Cómo así que el primer día?" Pablo ya había evangelizado antes de conocer a los filipenses, y luego siguió evangelizando en muchos otros sitios. Entonces, ¿por qué dice a esta comunidad específica: "Habéis sido mis colaboradores desde el primer día hasta hoy" (véase Carta a los Filipenses 1,5)?

Bueno, si vamos al libro de los Hechos de los Apóstoles, encontramos que Filipos fue la primera comunidad en Europa. Entonces, no es sólo para nosotros sino también para Pablo: ese hecho marcó un nuevo comienzo.

Esto es muy interesante, porque indica que Pablo reconoce en su conversión un comienzo. Pero, luego, en su llegada a Filipos, otro comienzo.

La conversión fue para él como el alborar de un nuevo día, el día de Cristo; mas, después de éso, hay un momento en su vida en que dice: "Esto ha sido un nuevo comienzo para mí".

Yo creo que esto es muy sugestivo, porque estamos ante el caso de un convertido, el convertido más famoso de toda la historia, San Pablo, un convertido que por supuesto considera como base de toda su existencia, su conversión a Jesucristo.

Sin embargo, ya siendo convertido, marca un punto después, el punto en que llegó a Filipos, el punto en que empezó esta evangelización en Filipos y desde ahí dice: "Este es un nuevo comienzo, este es un primer día para mí".

Al inicio de este retiro hablábamos del filósofo, hermeneuta francés, Paul Ricoeur, que habla de una segunda inocencia. Dice que al principio, cuando primero se encuentra el ser humano, el hombre frente a la naturaleza, tiene como una primera inocencia.

Luego pasa la vida; descubrimos que las cosas no siempre son lo que parecen, descubrimos que nosotros mismos no somos lo que parecemos, y entonces hay como una pérdida de inocencia.

Paul Ricoeur afirma que para un asalto a la verdad, para una búsqueda de la verdad, necesitamos aunque seamos adultos, aunque seamos mayores, una nueva inocencia.

Y es interesante, ya que no tenemos muchos textos de San Pablo que nos den testimonio de ésto: que también él tuvo nuevos comienzos, que también él en cierto momento de su vida, dijo: "Pues, aquí empieza algo nuevo".

Y éso es exactamente de lo que él está dando fe. Cuando llegó a Filipos y llevaba atravesada toda el Asia Menor, dice: "Bueno, aquí empieza algo nuevo, aquí comienzo".

Creo que el Espíritu Santo de pronto nos invita también a éso, a que nosotros digamos: "¿Y por qué no puede haber un nuevo primer día, un primer día que sea otra vez el primer día para mí, así ya haya recorrido Asia? ¿Por qué no puede haber para mí un nuevo primer día?"

Suena tan extraño en español, pero de éso se trata: tener un primer día de nuevo.

Un ejemplo notable tenéis en la persona de Teresa de Jesús. De vuestra nación, esta mujer llevaba años y años de religiosa; casi desde su adolescencia estaba en el convento.

Pero, ella tuvo un nuevo primer día, un primer día nuevo, -no sé ya ni cómo decirlo-, y ese primer día nuevo fue en alguna ocasión que estaban moviendo ciertas cosas en el monasterio. Teresa halla en uno de esos cuartos una imagen de las que se usaban para Semana Santa: era una imagen de Cristo azotado.

Y con ese realismo que suelen tener algunas imágenes de aquella época de la historia de la Iglesia, que no se ven sino llagas, sangre y huesos, con ese dramatismo, pues, esta santa como que se encuentra cara a cara con un amor descomunal, con el exceso, con el exceso de Cristo.