O302004a

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El Evangelio de hoy, está tomado de San Lucas, en el capítulo trece. Cristo utiliza dos comparaciones para llamarnos a la confianza sobre la fuerza interior del Reino de Dios para abrirse paso: la primera comparación es la de la semilla de mostaza, que es tan pequeñita, pero llega a convertirse en una planta tan grande, y que puede incluso acoger a los nidos de las aves del cielo (cf. Lc 13,19); la segunda comparación es la de la levadura: una mujer mezcla un poquito de levadura y toda la masa fermenta (cf. Lc 13,21). Así que, en ambos casos está la relación entre lo que es muy pequeño, como la semillita, y lo que es muy grande, como el árbol ya crecido, o como la masa ya fermentada. ¿Por qué utiliza Cristo esta comparación? Una de las razones, parece ser, es porque cuando uno empieza a tomar en serio el Evangelio, empieza a sentir, también, que somos pocos, y empieza a sentir que somos pequeños, y uno empieza a sentir que nuestras armas son como ridículas frente a todos los recursos del adversario. Para que se vea que no estamos hablando, simplemente, en abstracto, tomemos algunos casos. ¿Cuántos millones de dólares tienen empresas, centros de poder transnacionales, para buscar a toda costa sobornar –porque no hay otra palabra− a nuestros legisladores para que empiecen a legislar, precisamente, en contra de la vida; leyes que quieren aprobar o extender el aborto hasta convertirlo en un exabrupto, en un “derecho de la mujer”, y además un derecho que debe ejercerse de manera gratuita, de modo que los impuestos de todos, incluso de quienes no creemos en ese esquema de muerte, tienen que pagar el asesinato de esos inocentes. Son muy poderosos nuestros enemigos. Lo mismo hacen para imponer su ideología de género; esa tristeza, como la llama el Papa Francisco. El matrimonio es algo muy bello, y es muy triste que se quiera corromper a los niños, nos dice el Papa Francisco; pero los que están haciendo esta propagación de la ideología de género, son personas muy poderosas, muy influyentes en medios de comunicación, muy influyentes en la política, muy influyentes porque tienen bolsillos abultados, cuentan con muchísimos recursos. Frente a esta potencia, frente a esta fuerza para prevalecer que tiene el mal, muchas veces el cristiano se siente pequeñito, y siente que sus esfuerzos se van a disolver en la nada, entonces es cuando recordamos estas palabras de Cristo. Parece tan pequeña esa porción de levadura, pero sabe abrirse campo, y sabe llegar a toda la masa; parece tan pequeña esa semillita de mostaza, pero sabe abrirse campo, y sabe levantarse por encima de las demás plantas del huerto. Así que no tengamos miedo; lo que a nosotros se nos pide, es que hagamos lo que nos corresponde, hagamos lo que nos toca, el fruto lo dará Dios, y lo dará cuando Él quiera y como Él quiera. No nos asustemos porque sea grande la oposición: no nos asustemos por el tamaño o el rugido de los leones que nos acechan; no nos asuste la altura de Goliat –según la descripción de la Biblia, era un gigante que casi llegaba a los tres metros de altura−; no te asustes por la altura de Goliat, no te asustes por el poder y el dinero que inyectan estos enemigos de la vida y de la fe. No te asustes; siembra bien tu semilla, amasa bien tu levadura, y Dios dará la victoria.