O295006a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

La primera lectura de hoy, está tomada del capítulo cuarto de la Carta de San Pablo a los Efesios. Hay que notar que en muchas cartas de este gran apóstol hay como dos grandes secciones: los estudiosos de la Biblia hablan de un modo indicativo y de un modo imperativo. Modo indicativo es aquella parte de la carta en la que se recuerda, se profundiza, o se explica el misterio cristiano; podemos decir que es la parte donde somos discípulos que aprenden. Pero después viene otra parte, que es la del modo imperativo, es decir, también hay una respuesta nuestra; el misterio cristiano nos cuenta lo que Dios ha hecho, esa es su propuesta, pero después tiene que venir nuestra respuesta, y esa parte de respuesta es la que a veces, se llama un modo imperativo. Se nota muy bien en el paso del capítulo tercero al capítulo cuarto de esta Carta a los Efesios; Pablo nos ha venido contando la grandeza del misterio cristiano, nos ha hablado del plan de la salvación, nos ha hablado de cómo Dios ha mantenido su promesa que ha cumplido para los judíos, pero también ha extendido su promesa, que ahora se encuentra a disposición de los pueblos no judíos. En fin, nos ha regalado teología de la más alta calidad, enseñanza, doctrina, que es pan limpio, pan del cielo. Eso es lo que él nos enseña, pero hay una respuesta que viene de nosotros, y esa respuesta es la que se destaca en el texto de hoy, o empieza a destacarse en el texto de hoy, en el capítulo cuarto de la Carta a los Efesios, es decir, es como si Pablo nos dijera: “mira, Dios te ha dado esto, y te ha dado esto, y te ha dado esto, y por consiguiente, de eso que tú has recibido, piensa qué sigue para ti, es decir, piensa cuál es tu respuesta frente a toda esa bondad que Dios ha tenido contigo”. Podríamos pensar en el caso, por ejemplo, de un padre de familia que con mucho esfuerzo le ha dado la mejor educación a sus hijos, y llega el momento en el que −es natural− espera que esos hijos, pues, tengan un desempeño laboral, profesional de la más alta calidad; esa es la respuesta a todo lo que su familia les ha dado; lo mismo el agricultor que ha laborado con gran esfuerzo en su campo, y está esperando, −es lo natural−, que haya un fruto precioso. Eso es lo que nos está diciendo el apóstol San Pablo aquí; nos está diciendo que nosotros hemos recibido muchísimo, y que por consiguiente, hemos de empezar a dar, también. Pero, ese “dar”, no es dar como si nosotros fuéramos fuente, más bien, el dar nuestro, es porque somos como un conducto, como un tubo. Entonces, si Dios me ha amado, ese amor que recibo, no lo debo retener, sino abrir campo para que siga fluyendo y le llegué a mis hermanos; si Dios me ha brindado de su consolación, de su ánimo, de su esperanza, de su alegría, esas misericordias tienen que fluir a través de mí, para poder llegar a los otros hermanos; esa es la vida cristiana. Por eso, cuando Pablo dice: Sed amables, sed comprensivos, y sobre todo, buscad la unidad (cf. Ef 4,1-3), no nos está pidiendo algo, como si tuviéramos que pagar lo que hemos recibido, o como si tuviéramos que sacar de nosotros mismos, sino, más bien, de esa bondad que tú has acogido, haz un cauce para poder llevar a los demás también la alegría, también el amor, de modo que sea una, la obra que Dios hace en todo su pueblo, y sea una, la voz que se levanta en alabanza de su nombre (cf. Ef 4,4-6).