O274003a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20001012

Título: Saber centrarse en lo esencial produce una profunda libertad en el corazon humano

Original en audio: 8 min. 7 seg.


Rápidamente va tomando cara de regaño la Carta a los Gálatas, los trató de insensatos, embrujados y estúpidos. O sea que, realmente, es una Carta escrita con un sentimiento de santa ira, valga la propaganda para recordar lo que nos dice Santo Tomás: “Un poco de ira a tiempo, es señal de buena salud en la virtud de la justicia”.

"Las personas que nunca se disgustan por nada tienen poco amor a la justicia", dice Santo Tomás de Aquino, que yo sepa, nadie le ha corregido eso.

Es un hecho que hay que tener en cuenta porque a veces nos parece que es gran virtud nunca poner problema por nada. Puede ser, puede ser en ciertas circunstancias, pero también puede ser falta de amor a lo que es justo, a lo que es correcto, al bien común. La justicia mira al bien común.

Cuando una persona no tiene amor a la justicia, usualmente no tiene amor al bien común sino al bien particular, y ve que su bien particular queda a salvo y por eso no se mete con nadie. Una persona así puede resultar peligrosa para la comunidad eclesial.

Pablo, en cambio, prefiere perder incluso las amistades humanas, y por eso los trata así de embrujados, torpes, estúpidos, les dice una serie de palabras que intentan despertarlos, y todo ¿por qué?

Porque Pablo había estado predicando allá en Galacia, y después de Pablo habían llegado otros predicadores que les decían: “Bueno, ya empezaron bien, entonces ahora sigan bien, ahora tienen que observar toda la Ley de Moisés", y los Gálatas, "Bueno, sí, señor, claro que sí", y ya estaban metiéndose en toda la observancia de la Ley de Moisés.

Según la enseñanza de la lectura de hoy, ser bueno no es atender a todos los maestros, a todas las indicaciones, a todas las predicaciones. Uno tiene que tener cierto discernimiento.

Es verdad que todos necesitamos la obra que hacen los maestros, los profesores, los predicadores. Pero es tan aburrido, me parece a mí, y eso sucede tanto en las comunidades, que lo que cree la comunidad es lo que haya dicho el último retiro, y lo que cree la comunidad es lo que se haya dicho en la última clase.

No, uno tiene que tener cierta solidez, uno tiene que tener cierta consistencia, porque el gremio femenino, con el debido respeto, especialmente la vida consagrada femenina, ha sido manipulada a lo largo de los siglos para las más diversas causas.

Creo que ya dije en este mismo lugar, que por ejemplo Arrio, tenía una cantidad de seguidoras, tenía sus vírgenes y tenía consagradas y tenía no sé qué, y allá iban detrás del cordero, que no era el Cordero sino detrás de Arrio, donde quiera que fuera.

Eso es muy peligroso y eso habla mal de la Iglesia. Eso no se puede estar detrás de todo lo que se oye, ese fue el caso de los Gálatas. Uno tiene que saber escuchar y tiene que saber discernir y tiene que saber decir: "Mire, muy querido el padre, o el obispo, o el profesor, o lo que sea, pero desconoce tales y tales aspectos; no lo noto consistente en esto o en esto y en esto otro."

En eso hay que saber fortalecerse, no se puede entregar la vida del espíritu, no se le puede dar el corazón a lo que vaya apareciendo, esa es la segunda enseñanza.

Y qué fue lo que pasó? Pues que estos señores empezaban en la observancia de la Ley y creían que Dios les iba a tratar bien, o les iba a amar, o les iba a ayudar, o yo no sé qué se imaginaban, precisamente por esa observancia de la Ley, precisamente por eso,por ese cuidado de la Ley de Moisés.

Cuando Pablo habla de las obras y dice que no son las obras sino la fe, ya los protestantes entonces nos dijeron: "Las obras son las Misas, las Confesiones, las Novenas y todo ese tipo de cosas. Las Misas son las obras de misericordia, las penitencias después de confesarse y lo que se le parezca".

Pues no, señor, las obras, cuando habla San Pablo, son las obras de la Ley, y se está refiriendo a las personas que ponen su confianza en las obras de la Ley de Moisés, es decir, en los que creen que van a ser salvos por la Ley de Moisés.

Aquí viene entonces nuestra tercera enseñanza, esa oposición en Pablo entre obras y fe no es entre todas las obras, entre todo lo que uno haga y fe, sino entre las obras de la Ley de Moisés y las fe en Cristo Jesús resucitado entre los muertos.

Pablo, lo que quiere, es que uno no vaya a caer en lo que predicaban esos judaizantes poniendo su esperanza en la práctica de las obras de la Ley de Moisés. O sea que uno no puede dejar, sería nuestra tercera enseñanza, que cualquiera coja la Biblia y haga lo que le parezca, entonces aquí dice: “Las obras”, entonces las obras son las del Catolicismo".

Esos cortos circuitos queman el cerebro; hay que tener cuidado con esos cortos circuitos. A lo que se refería Pablo era a las obras de la Ley de Moisés y a retirar la fe en Cristo Jesús.

Pero, cuarta y última enseñanza que queremos sacar de este regaño de hoy, es: démonos cuenta de que la vida cristiana goza de una maravillosa simplicidad, a la que también se refiere el evangelio.

Si precisamente todo está en esa fe y en esa unión con Dios, porque Dios me trata como Padre y como Padre bueno, démonos cuenta de qué profunda y hermosa simplicidad tiene nuestra fe cristiana; démonos cuenta en la hermosa simplicidad en la que debe desenvolverse nuestra vida.

¿Por qué digo eso? Para que tomemos este regaño, no para sentirnos regañados, sino para sentirnos fuertemente convocados a una vida centrada en lo esencial, centrada en lo fundamental.

Especialmente la vida consagrada y particularísimamente la vida monástica está hecha para eso, para centrarse en lo esencial, para no depender sino de lo esencial, para vivir, podríamos decir, en el terreno de lo que es básico, de lo que es fundamental, de lo que es esencial.

Todos los fundadores de la vida monástica han buscado la simplicidad, el desprenderse del peso muerto, el buscar lo que es fundamental, simple, esencial ante Dios.

Y este llamado a lo esencial produce una profunda libertad en el corazón. Tengo que dejar muchas cosas. Unas, tendré que dejar de hacerlas, otras, tendré que dejar de darles tanta importancia.

Saber centrarnos en lo esencial y darle importancia a lo esencial, ah, es un principio de libertad muy grande que la Carta de los Gálatas nos brinda siglo tras siglo.