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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19981008

Título: Hay que perseverar en la oracion, aunque nos parezca que Dios no nos escucha

Original en audio: 12 min. 14 seg.


Parece haber como una ligera contradicción entre las dos lecturas que hemos proclamado hoy.

El Apóstol San Pablo, encendido de cólera, regaña abiertamente a los Gálatas, ¿y por qué los regaña? Porque se han apartado del anuncio de la gracia y porque se vuelven a las prácticas de la Ley, porque empezando en el Espíritu, ahora parecen terminar en la carne.

Es decir, parecen cifrar su confianza en las prácticas de la Ley de Moisés, y se apoyan entonces en sus propias fuerzas y en sus propios méritos, y no en los méritos infinitos de Jesucristo crucificado.

Se apoyan en el estímulo, se apoyan en el reconocimiento de los hombres y no buscan el reconocimiento de Dios, y Dios en verdad nos reconoce cuando vemos nosotros la imagen de su Hijo, esa imagen que nosotros acogemos por la fe y solamente por la fe.

De manera que la primera lectura ha sido una vigorosa predicación sobre la gracia, una predicación casi agresiva, con insultos: insensatos, estúpidos, ¿qué pasó con ustedes? Mientras que eso es la primera lectura, que nos invita a aceptar el Evangelio como puro regalo y como pura gracia, parece que el evangelio, en cambio, nos pone a trabajar de nuevo.

Nos pone a insistir en la súplica, insistir en la oración, insistir en la búsquedaen,insistir en la llamada. Mientras que Pablo parecía subrayar la continua llamada de Dios hacia la gracia, aquí está Jesucristo en el evangelio, -capítulo once del evangelio de Lucas-, está Jesucristo pidiendo que nuestra llamada sea insistente.

Pablo nos dice que Dios insiste llamando, y Jesús nos invita a que nosotros insistamos llamando; Pablo nos dice que recibamos la salvación como un puro regalo, y Jesús, en cambio, nos dice: "Llamad, buscad, pedid" San Lucas 11,9. Esos son imperativos, de manera que por un lado Pablo nos regaña, y por otro lado Jesús nos corrige.

Hoy vamos a resultar especialmente purificados por la Palabra de Dios, porque está llena de imperativos en este día. Entonces necesitamos aprender a reubicar esas dos cosas: ¿cómo es posible que la salvación sea puro regalo, pero al mismo tiempo haya que pedir y que buscar y que llamar?

Pero es que tal vez esos imperativos no hay que entenderlos como regaños. Hay veces que cuando se está argumentando, el que está arguyendo dice: "En el peor de los casos", por ejemplo, un vendedor, un vendedor le dice a algún posible comprador: "Mire, en el peor de los casos, si no le funciona el aparato, yo le devuelvo la plata".

"En el peor de los casos". Es una manera de convencer a las personas: "Usted no va a perder nada, porque en el peor de los casos, va a suceder esto".

Así está hablando Jesucristo aquí. El peor de los casos es que Dios sea un egoísta, que se encierra en su casa precisamente de noche cuando más se le necesita, pues Jesús nos está diciendo: "Aunque Dios fuera el peor de los casos, aunque se encerrara en su casa cuando tú lo necesitas, incluso de ahí podrás sacar el pan que te hace falta; también en el peor de los casos".

Y así, propiamente lo que nos está enseñando Jesucristo, no es que Dios sea difícil de convencer, no; sino que, aunque fuera difícil de convencer, finalmente nosotros obtendremos de Él lo que necesitamos.

Aunque la imagen de Dios que tengamos fuera tan terrible, como ese falso amigo que prefiere el calor de las cobijas y la seguridad de estar con sus niños y la pereza de tener la puerta ya atrancada, aunque Dios fuera ese perezoso, negligente, egoísta, aún en el peor de los casos, habrá para ti los panes que te hacen falta.

Tal vez nosotros digamos: "Bueno, pero eso vale para las personas que se van a imaginar que Dios es un egoísta, un negligente, un perezoso, un distraído; y vale sólo para esas personas".

No, no es cierto, hay mucha gente que tiene destruida la imagen de Dios, y hay mucha gente así también en los conventos, hay mucha gente que siente que cuando más ha necesitado a Dios, Dios se ha encerrado en la casa y no le ha dado lo que le hacía falta.

Cuando Dios calla, cuando nuestras súplicas parecen estrellarse con una pared de indiferencia, cuando nuestra voz parece perderse en un desierto sin respuestas, cuando no nos arropan las cobijas, sino nos envuelve el frío de la noche y golpeamos y no parece haber respuesta.

En el fondo del corazón es como si una vocecilla malévola se burlara de nosotros y dijera: "¿Viste tu fe? ¿Viste que no te iba a cuidar? ¿Viste que no te iba a ayudar? ¿Ves cómo es inútil la oración? ¿Ves cómo estás perdiendo el tiempo? ¿Ves como nadie se convierte? ¿Ves cómo todo sigue igual? ¿Ves cómo sólo tienes por respuesta el silencio y el frío y la soledad de la noche? ¿Ves que no hay nada?"

Esa vocecilla maliciosa, malévola, esa vocecilla que cansa y desgasta nuestra oración, esa vocecilla malévola que destruye a las almas contemplativas, porque las saca precisamente de los momentos más profundos de purificación.

Esa vocecilla está siempre ahí para decirnos: "Dios está muy ocupado y Dios no va a mirar tus necesidades, Dios tiene cosas más interesantes qué hacer, Dios tiene sus hijos, Dios tiene sus niños, y los niños y los hijos que tiene Dios, esos están con Él".

"Tú estás afuera, tu estás en el frío, tú estás en la noche, no importa cuánto grites y no importa cuánto insistas, no vas a lograr nada, ¿no ves que no logras nada? ¿No ves que el mundo sigue igual? ¿No ves que sólo la noche y el frío y la soledad y el silencio son las respuesta a tus súplicas?"

Y esa vocecilla malévola, maliciosa, satánica, esa vocecilla destruye al corazón del orante, esa vocecilla es como un gusano que roe la médula de la fe y hace que la persona se canse, hace que la persona baje la guardia, hace que la persona entregue las armas y entonces diga: "Yo mejor no pido más por ese caso, yo mejor ya no me intereso más, yo mejor dejo que la vida transcurra, yo no me meto en más problemas, que cada cual haga su capa un sayo".

"Entonces si ya Dios se metió en su casa, pues que cada uno vaya y se meta en su casa también; y yo me voy para mi casa y me voy para mis intereses, y que si se quieren podrir, púdranse, porque yo me voy a lo mío, yo me voy es a cuidar de mis cosas".

De manera que esa imagen, que desde luego es una imagen blasfema de Dios, porque es una acusación de que Dios es negligente, es egoísta, de que Dios es perezoso, desentendido, descuidado, esa acusación no está lejos de nosotros.

Esta es la vocecilla que siente todo orante y lamentablemente, doloroso es decirlo, parece que ese gusano siempre como que alcanza a lograr bastante; incluso en corazones muy buenos y en corazones muy consagrados, ese gusanito siempre alcanza a comerse buena parte de la madera y alcanza a echar a perder bastante, bastante el alma y a bastantes almas de oración.

Por eso es necesario, como decía San Ignacio de Antioquía, es necesario refugiarse en el Evangelio como si en él estuviera corporalmente Cristo; es necesario acogerse estas palabras y decir: "Pues aunque me parezca que no hay sino silencio y noche, aunque me parezca que no hay sino frío y desierto, también ahí la voz de Jesús, el susurro de Jesús: "¡pide, sigue pidiendo!; ¡busca, sigue buscando!; ¡llama, sigue llamando!"

El susurro de Jesús, la exhortación de Jesús tiene poder para vencer a esa vocecilla malévola, el susurro de Jesús: "Pide, sigue pidiendo; sigue buscando, sigue llamando, no te detengas, que aunque Dios fuera ese amigo malo, aún en el peor de los casos Él tendrá una respuesta para ti".

"No pierdas tu vocación de amor, no pierdas tu tiempo de oración, no te dejes enredar, no te dejes envolver, no te dejes desanimar, aunque parezca que nada te responde, no te dejes desanimar; sigue, sigue, persevera, que aunque Dios fuera tan malo como esres tú, Dios tiene una respuesta buena para ti".

Fíjate en lo interesante, en el ejemplo que presenta al principio Jesucristo, ese falso amigo, que a veces es la imagen que nos tienta, ¿no? Que Dios es como un falso amigo que se va a esconder y me va a dejar colgado de la brocha, ese falso amigo dice: "Mis niños y yo estamos acostados" San Lucas 11,7.

Como quien dice: "Tú no eres de los nuestros, tú no eres de mis niños". ¿Pero cómo termina el pasaje que hemos oído hoy? Termina diciendo: "Si vosotros que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre celestial...." San Lucas 11,13.

¿Cuál era tu temor? Tu temor era que Dios tuviera sus niños por allá arropados lejos de ti; hombre, escucha, escucha lo que te dice el evangelio: tu Padre celestial te dará el Espíritu Santo" San Lucas 11,13, "y con la fuerza de ese Espíritu, tu seguirás perseverando en la oración; tu padre celestial te va a dar el Espíritu.

O sea que ¡tú eres de los niños de Él! ¡Tú eres de los hijos de Él!¡Escucha la voz de Jesús! ¡Escucha el susurro de Cristo! ¡Déjate convencer por la voz de Cristo, no sea que te convenza la voz del gusanillo malévolo, el gusanillo satánico, ese demonio meridiano que destruye la oración, que destruye la perseverancia en la fe.

Deja que te gane la voz de Jesucristo, persevera en la oración, recibe el don del Espíritu Santo y abre ampliamente tus manos y tus brazos, que Papá Dios tiene mucho, mucho para entregarte.