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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura de hoy, está tomada del Libro de Job. Con toda probabilidad hemos oído hablar de este personaje; de seguro lo asociamos con la palabra “paciencia”. Se habla de la paciencia del santo Job, y el texto que encontramos en la lectura de hoy, realmente justifica este apelativo, porque la paciencia de Job, frente a las muchas calamidades que le llegan, es realmente ejemplar (cf. Jb 1,6-22). Pero, conviene que sepamos un poco de qué trata este libro, y conviene que sepamos qué es lo que se propone, porque muy pronto vamos a encontrar en las lecturas de esta semana, que ese que llamamos “el paciente Job”, parece que se le acaba la paciencia, y hay que mirar muy bien, entonces, qué es lo que nos quiere enseñar este libro, no sea que terminemos confundidos, porque alguien podrá decir: “si esa es la paciencia de Job, ¿entonces qué queda para nosotros?”.

Creo que la mejor manera de acercarse a este extenso libro de la Biblia, que tiene unos cuarenta capítulos, es compararlo con la manera cómo Jesucristo quiso inculcarnos muchas de sus enseñanzas. Sabemos que Cristo no obró como una especie de profesor, que va explicando punto por punto las distintas áreas de su materia; Jesucristo tampoco obró a la manera, muy pedagógica por demás, de los catecismos que a base de preguntas y respuestas, pues, van aclarando las ideas de nuestra mente. Jesucristo no hizo teología en ese sentido, de un tratado como un santo Tomás o un San Buenaventura, y tampoco hizo un catecismo. La mayor parte de la enseñanza de Cristo, se basó en lo que llamamos parábolas; pequeñas narraciones que tienen una semejanza, que tienen una analogía con el mensaje que Él quiere darnos, que es el mensaje del Reino de Dios. Así nos enseñó Cristo.

Podemos decir en ese sentido, que las palabras de Cristo son como una especie de teología en acción, o que es una teología narrativa; algo parecido, hay que decir del Libro de Job. El Libro de Job nos plantea problemas teológicos muy duros, muy difíciles, pero esos problemas no aparecen enunciados como lo haría un San Buenaventura, como lo haría un Duns Scoto, o algún otro teólogo. Ese problema aparece en una narración, y lo que hemos escuchado hoy en la misa, es el comienzo de esa narración; algo así como si uno se preguntara: “¿Tú cómo reaccionarías si te sucediera esto, y esto, y esto otro?”. De lo que se trata, es de una especie de hipótesis que se plantea en la manera de un relato, pero detrás de esa hipótesis, detrás de ese relato, hay preguntas que indican un punto muy particular en la maduración en la fe dentro del pueblo elegido, el pueblo de Dios.

Concretamente, las preguntas se pueden condensar, sobre todo, en una: ¿Por qué sufre el inocente? Parece muy lógico que si una persona es desobediente a la Ley de Dios, le vaya muy mal; lo lógico entonces es que si una persona hace las cosas correctas, le debería ir muy bien. Pero, nos encontramos a veces con un cruce de destinos, porque el que obra mal, parece que disfruta mucho la vida, y el problema que plantea Job, es el reverso, porque se supone que Job es una persona recta, justa, que se apega a la Ley de Dios, que le da a Dios el primer lugar y, sin embargo, se ve de repente lleno de sufrimiento.

¿Por qué sucede esto?, ¿cuál es el sentido de ese sufrimiento? Como se trata de una narración, no esperemos del Libro de Job, una respuesta en forma de una sola frase; más bien, lo que hace el Libro de Job, es contarnos las etapas de la respuesta. Y la primera etapa, podríamos decir, la primera manera como Job reacciona, es con una absoluta abnegación, rindiéndose completamente al querer de Dios: está bien, “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó, ¡bendito sea el nombre del Señor!” (Jb 1,21). Esa fue la primera fase de su respuesta, pero luego, él mismo se ve enfrentado a sus propios límites, y entonces pasa por varias crisis, y esas crisis por las que Job pasa, también son enseñanza para nosotros, porque también nosotros hemos experimentado que tenemos límites en nuestra resistencia. Sigamos, entonces, el camino que nos muestra Job, y descubramos a lo largo de estos textos, qué podemos aprender cuándo parece que la vida nos presenta, no cosas muy lógicas, sino, más bien, contradicciones. Preparémonos pues, para recibir estas enseñanzas, no solo de este día, sino de los siguientes días, en la santa Misa.