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Fecha: 19980928

Título: Recuperar la simplicidad de nuestro ser para hallar la verdadera paz

Original en audio: 2 min. 57 seg.


El Venerable Humberto de Romanis, quinto Maestro de la Orden de Predicadores, predicando a los frailes sobre la pobreza, decía que la mejor manera de guardar este voto era recordar de dónde habíamos venido y sentirnos siempre peregrinos.

Eso es lo que nos encontramos en el libro de Job: Job recuerda su origen, ese origen pobre que nos hermana a todos los seres humanos, esa desnudez y esa indigencia básica con la que llegamos a esta tierra.

Y Jesús quita todos los oropeles del mundo, y en la sencillez de ese niño al que abraza, muestra la sencillez con la que quiere que el Evangelio sea recibido.

De manera que estas dos lecturas de hoy, nos invitan como a quitarnos de encima tantas pretensiones, tantas codicias, tantos oropeles y por lo tanto tantos engaños, para volver a la simplicidad de nuestro ser.

Lo grande de esa simplicidad es que en ella podemos percibir que nuestra misma existencia es un regalo. Y esta es la fuente de la paz.

¿Quién pudiera permanecer en esa certeza de que su existencia es un regalo, es como tocar las manos de Dios Creador, es como sentirse siempre arropado, protegido por Él? Esta es la raíz de la paz con la que Job puede decir: "El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Bendito sea el nombre del Señor!" Job 6,21. Que Dios regale esa experiencia a nosotros y así nos regale también esa paz.

Cuando nosotros podemos tocar así las manos del Creador, podemos también mirar con misericordia a nuestros hermanos necesitados, y podemos también, desde ahí, comprender las pretensiones, las ilusiones, las mentiras que muchas veces nos decimos los hombres.