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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura de hoy, está tomada del final del Libro del Eclesiastés; es el capítulo once (esta obra tiene doce capítulos). Este pasaje, utiliza una serie de comparaciones que han llenado de preguntas a los grandes intérpretes de la Biblia. ¿A qué se refiere este libro, con todas esas comparaciones con las que describe la ancianidad? Es un tema hermoso, pero no nos vamos a dedicar a eso en este momento; yo quisiera concentrarme, mejor, en las recomendaciones que sirven algo así como de síntesis del Eclesiastés, y que podemos condensar muy apretadamente en dos verbos: “disfrutar” y “pensar”. En estas recomendaciones que hace a los jóvenes, les dice: “disfruta” tu juventud, pásala bien, no dejes que la tristeza te invada, alégrate (cf. Ecl 11, 9-10); pero, también les dice: “piensa”, acuérdate que Dios te va a pedir cuentas de todo (cf. Ecl 12,1-8). Hay como una especie de tensión entre esos dos verbos, porque uno está acostumbrado (también en nuestra época), a que disfrutar es dejar de pensar; es como dejarse llevar por el ímpetu. De hecho, muchas personas miran el disfrutar como un desbocarse, y desbocarse, ¿qué es? Es dar rienda suelta a lo que el cuerpo pida, a lo que el instinto reclame; eso es desbocarse. Bueno, pues resulta que el Eclesiastés dice: disfruta pero no te desboques; piensa. Otras personas, sobre todo cuando se va avanzando en la vida, le dan mucha importancia a la parte de la reflexión, la parte del pensamiento. Y si uno entra en esas reflexiones, y si uno se pregunta el por qué soy capaz de preguntar “por qué” y para qué me pregunto el “para qué”, pues eso es interesante, y eso está muy bueno para los filósofos, pero, uno se da cuenta que una persona que quisiera, simplemente, dedicarse a esa clase de disquisición y de búsqueda, podría también llenarse de amargura, sobre todo, porque es una búsqueda que no termina, como veíamos en otro pasaje del Eclesiastés. El número de las obras de Dios desborda la mente humana; de modo que el que se dedicara simplemente al pensar, pues, se va a enfrentar con la frustración de que nunca puede encontrar esa especie de ley universal, esa especie de clave de bóveda que lo abarca absolutamente todo. Entonces, el camino del disfrutar sin pensar, nos destruye; pero, el camino del pensar sin nunca disfrutar, también nos seca, y también nos destruye. Lo que propone finalmente el Eclesiastés, es: juntemos estos dos; “disfruta”, porque hay muchas cosas buenas en la vida, y muchas cosas bellas en la vida, pero “piensa”, porque detrás de mucha belleza hay trampa, y detrás de mucho de lo que parece bueno, en realidad hay maldad. En el equilibrio entre el “disfrutar” y el “pensar”, hay una recomendación que es exquisitamente sabia, con la que este libro de la Biblia quiere que nos quedemos. Yo creo que todos podemos aplicarla, es una recomendación que el pasaje de hoy hace para los jóvenes, pero se puede aplicar también en otras épocas: saber disfrutar, agradecer, vivir el momento amable cuando llega; pero, saber también reflexionar, cuestionar y recordar que hay un Dios que nos conoce, y hay un Dios que de nosotros espera algo más que simples retozos y juegos en el jardín del edén. Dios ha querido que nuestra vida tenga un propósito más alto, y por eso, así como somos llamados a disfrutar, también somos llamados a reflexionar y a buscarlo a Él.