Diferencia entre revisiones de «O254006a»

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(n la búsqueda de la sabiduría nos encontramos con el desengaño y hallamos la verdadera sabiduría que es Cristo quien redefine nuestra vida y nos lleva a servirle sólo a Él.)
 
(Sin diferencias)

Revisión actual del 02:11 21 sep 2016

La primera lectura de hoy, está tomada del libro del Eclesiastés; no confundirlo con otro libro de la Biblia que se llama el Eclesiástico. Curiosamente estos dos libros también tienen otros nombres por los que son conocidos: el Eclesiástico, es también conocido como “Siracida”, por el nombre del predicador, del maestro que se supone que ha compilado ese libro; y el libro del Eclesiastés, a veces es conocido también como “Qohelet” –curiosamente escrito con la letra “Q”, al principio. “Qohelet” es una palabra tomada de la lengua hebrea que quiere decir “predicador”. Entonces, lo primero hoy es distinguir esas dos obras: hay un libro de la Biblia que se llama el Eclesiástico; otro libro se llama el Eclesiastés. El que aparece hoy es el comienzo del Eclesiastés.

El Eclesiastés pertenece a los libros llamados Sapienciales, pero es extraña la sabiduría que nos enseña el Qohelet, porque lo que nos presenta este sabio en sus reflexiones, tiene un tono como de melancolía, un tono como de desengaño, que se nota bastante bien, hoy. Por ejemplo, está esa famosa frase: “¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!” (1,2). Por cierto, la palabra “vanidad”, pues es el sustantivo que viene del adjetivo vano; y lo “vano”, de donde viene también la palabra “desvanecer”, es aquello que no tiene sustancia, es aquello que es provisional, que es efímero, aquello que, al contrario de lo que es necesario, es completamente contingente. O sea, que cuando el Qohelet dice: “¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!”, está diciendo: como que nada vale realmente la pena; es la actitud de una persona desengañada, es la actitud de una persona desilusionada, o melancólica o aburrida, y a uno le puede parecer extraño que en la Biblia haya un libro así, sobre todo, porque ese tono que he llamado “melancólico” o “desengañado”, reaparece varias veces en este libro de la Biblia.

¿Qué debemos pensar de esta obra?, y, ¿en qué sentido nos ayuda a obtener sabiduría? Pues es que resulta que una parte de la búsqueda de la sabiduría tiene que ver con el desengaño. Fíjate que la persona que está fascinada, por ejemplo, por la plata, pues no va a buscar la sabiduría porque lo que está buscando es la plata; la persona que está obsesionada con alguna clase de placer, no va a buscar la sabiduría porque pues lo que está buscando es el placer; y así podríamos decir del poder, o tal vez de la fama, incluso de algunos bienes que merecen nuestro aprecio, como la salud física. Pero si una persona está obsesionada con su salud física, o con la fama, o con el poder o con cualquier cosa, realmente no logra levantar su corazón. ¡Cómo me gusta esa expresión que decimos en la Misa: “Levantemos el corazón”!, y ese es el llamado de toda vida cristiana, pero para levantar el corazón, muchas veces uno tiene que decepcionarse. Pensemos en el caso de tantas personas que han ingresado a la vida monástica -se han hecho monjes o se han hecho monjas- y cómo llegaron allá; a veces a través de un camino de desengaño.

Yo conocí en España, el caso de una religiosa de clausura que había sido campeona nacional de esgrima; durante mucho tiempo las competencias en ese deporte habían llenado por completo su vida, pero resulta que cuando llegó a la cúspide, cuando llegó a la cima, cuando se supone que ella era lo mejor de lo mejor, se sintió en el fondo vacía. Es decir, uno sí tiene que pasar por el desengaño, y en ese desengaño, ella se dio cuenta que necesitaba algo mucho mejor, y encontró a Cristo, y en ese encuentro con Cristo, definió su vida; hoy es religiosa de clausura, monja contemplativa, entregada completamente al servicio de Dios. Entonces, fíjate que hay un aspecto positivo dentro de esto que podría parecer totalmente negativo, y ese aspecto positivo es que también hay que saber despedirse de lo que es menos, para poder llegar un día a lo que es más.