O254002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20000928

Título: Solamente admirarse de Jesucristo

Original en audio: 22 min. 54 seg.


El Eclesiastés no es un libro que tenga mucho desarrollo o mucha popularidad dentro de la Iglesia Católica.

Si vamos a atenernos a la Misa, pues, se oyen tres lecturas cada dos años. Es decir, que aún para una persona piadosa que asista a la Santa Misa todos los días, las dosis de Eclesiastés que llevará a su tumba serán pocas, porque tres lecturas cada dos años significa realmente un porcentaje muy bajo.

Pero, no es para que nos quejemos. Ciertamente, después del Concilio Vaticano Segundo se amplió inmensamente el espectro de lecturas.

Hay que notar que sobre el Eclesiastés apenas entre los Padres de la Iglesia, hay uno o dos comentarios, mientras que el pariente rico del Eclesiastés que es el Eclesiástico, ése sí suscitó muchísimos comentarios: tal vez porque la posición del libro Eclesiástico es muy constructiva, mientras que la posición del Eclesiastés no es destructiva pero sí es crítica.

Y se puede hacer más, por lo menos se pueden elaborar muchas más cosas con una postura más constructiva como la del Eclesiástico, que ése sí habla de todo lo divino y humano: sobre los amigos, sobre la familia, sobre las mujeres, sobre el matrimonio, sobre el uso del dinero, sobre el luto.

El Eclesiástico habla de muchísimas cosas; el Eclesiastés, en cambio, tiene más o menos un sólo mensaje que lo repite de varias maneras, pero que es relativamente el mismo.

Y ese mensaje ha quedado como fijado en la mente de la Iglesia con la palabra "vanidad", o con la palabra "vaciedad". "Vanidad de vanidades, vaciedad sin sentido" (véase Eclesiastés 1,2), traducen aquí.

"Todo es vaciedad" (véase Eclesiastés 1,2). Es interesante esa expresión. La vanidad viene de lo vano, la vaciedad de lo vacío. En ambos casos se trata de la experiencia de no encontrar un contenido, de sentir que las cosas tienen un aspecto pero no tienen un contenido.

Sentir que el mundo se quedó sin contenido como si uno fuera a buscar en un cántaro agua fresca y descubriera que no hay, que está seco y entonces hubiera que decir: "Esto estaba agrietado; por algún roto se le salió el agua al mundo".

Esa es la experiencia del Eclesiastés: el mundo, la creación tiene rotos. Todo tiene algún roto y por alguna parte se sale el agua, se sale el contenido, se acaba el sentido. Es lo que nos encontramos entonces en todas partes, y por eso la experiencia repetida: "Vuelve y juega, vuelve y juega".

Esa experiencia de que todo vuelve a jugar, esa experiencia en realidad no consiste en que no vaya a suceder nada o en que nunca pase nada, sino en que todo lo que pasa repite el mismo esquema.

Pero, promete y no cumple, anuncia mas era propaganda fatua. Todo es apariencia, y detrás de la apariencia no aparece gran cosa. Todo es fachada.

Son experiencias duras, son experiencias críticas, que yo creo que no están muy lejos de ciertos momentos en la vida. Si nosotros revisamos nuestra propia historia, seguramente hemos tenido momentos así, y seguramente más de un momento así.

Seguramente hemos visitado más de uno de esos cántaros y en más de uno hemos encontrado que prometió y no cumplió. Y si uno quiere encontrar en la Iglesia realmente su tabla de salvación y su fuente de sentido, pues ésa es la matica de todas estas experiencias; ahí es donde quizás se viven con más frecuencia.

Si uno lee la Biblia, -partamos de ahí-, y ve las grandezas del bautismo, lo que significa el bautizado, y llega a decir la primera Carta de Juan: "El que nace de Dios no puede pecar" (véase 1 San Juan 5,18), si yo fuera un ateo, un pagano, si estoy en proceso de conversión y leo en la Biblia éso, yo tengo que decir: "¡Qué maravilla el bautismo!"

"¿Cómo será conocer a un bautizado? ¿Qué tal llegar uno y encontrarse con un bautizado? ¡Éso tiene que ser impresionante!"

Pues bien, aquí vivimos en un país de bautizados y para encontrar bautizados no es sino meterse a un bus, o a un monasterio, o a donde sea: bautizados es lo que hay.

Pero, uno encuentra que esas grandes riquezas del bautismo, ¿dónde están? Cuando ya se le pasó a uno la "depre" porque no encontró lo que creía en los bautizados, entonces descubre, por ejemplo, la Eucaristía.

¡Qué hermosura la Eucaristía! ¡Alimento de los fuertes, pan del caminante, viático del moribundo! ¡Qué hermosura!

¡Qué hermosura! Es pan de los Ángeles! ¡La Eucaristía! ¿Cómo será?

Imaginémonos que yo nunca hubiera comulgado, soy un adulto y me cuentan sobre lo que es la Eucaristía: "¡No! Éso se me encharcan los ojos". Éso es la Eucaristía.

¿Cómo será estar en una Misa? ¿Qué tal ir uno a una Misa? Pues, Misas es lo que hay por decenas y centenas, por miles en todas partes. Y nadie se muere en Misa. Se mueren a la entrada, a la salida o en la casa, ¿pero en Misa? Es muy poca la gente que se muere en Misa.

O sea que no parece que haya así gran emoción, como que las personas sientan: "¡Jesús vivo! ¡Dios mío! Esto es más grande que todo". No, éso es muy poquita la gente que lo vive.

Y uno recorre los seminarios, recorre los conventos, y mire a ver: la gente comulgue y comulgue. Es más o menos la experiencia que nos dice el Eclesiastés.

Y así sucesivamente. Si a mí, que soy un pagano, por allá que vivo en la tierra de ateos o de moros, por allá en la porra, si a mí me dicen: "Mire, hay gente que ha llegado a entregarse totalmente para Jesús. Son consagrados a Él, se consagran a Él, viven para Él", ¿cómo será encontrarse con una de esas personas?

"-Y hay sacerdotes; son ellos los que presiden el pueblo de Dios. Y conocemos religiosas..." "-¿Cómo va a ser? ¿Cómo será éso, encontrarse uno con una religiosa? ¡Dios mío! ¡Una mujer que es de Dios!"

"-Es de Dios, no tiene esposo en esta tierra; ella es de Dios". "-O sea, una mujer de ese estilo tiene que vivir con una experiencia de amor la cosa más tremenda de este mundo, tiene que vivir como arrobada, como lanzada hacia los Cielos".

Temo decirle que no. Hemos conocido casos de algunas de ellas que tienen tres y cuatro consagraciones encima y no: viven es pendientes de otras cosas, de su pedacito de poder y de si las quieren, de si las escuchan.

"-Ay, pero, ¿y Dios?" "-Pues, bueno, sí, también, también. ¡También!" "-O sea que Dios es uno más dentro de la cuenta del día". "-Pues, sí".

En la mayoría de los casos Dios es uno más porque tienen que ponerle cuidado a tantas cosas, tienen que atender tantas cosas y tienen que caerle bien a tanta gente. Sufren tanto por tantas cosas, que, pues, sí, ésa es la realidad, éso es lo que parece.

"¡Ah, pero, pues sí! ¡Pues, sí!" Son así. ¿Y entonces? Entonces uno siente que el Eclesiastés tiene razón.

O sea que ésta no es la experiencia del hombre mundano, adicto de placeres, desengañado de la vida, que de pronto un día dice: "Cansado de caminos de esta tierra, caminos de Cielo me pide el corazón. Me voy a buscar caminos de Cielo". No, ésta es también la experiencia de uno. ¡Es la experiencia de uno!

"Lo que pasó, éso pasará" (véase Eclesiastés 1,9). Uno quisiera que esta Palabra no fuera cierta: caso único ante la Biblia. Uno quisiera que éso no fuera cierto: "Lo que pasó, éso pasará" (véase Eclesiastés 1,9).

Pero, uno siente que sucede así. Uno siente que sucede así, que pasa el tiempo y que la historia se va volviendo como cíclica: vuelve y juega.