Diferencia entre revisiones de «O246006a»

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(No dudemos que resucitaremos con Cristo, dejemos que Dios sea Dios y confiemos que Él puede hacerlo; cultivando la fe, la gratitud y la alabanza al Señor quien hace todo posible.)
 
(Sin diferencias)

Revisión actual del 06:25 15 sep 2016

La primera lectura de hoy, está tomada de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, en el capítulo quince. Si hacemos memoria, son ya varias semanas que llevamos con esta Primera Carta a los Corintios, y hay una razón: resulta, que los corintios, es decir, la comunidad de cristianos habitantes de una ciudad griega llamada Corinto, la cual, por supuesto, existe todavía (es un puerto), fue una comunidad muy complicada, una comunidad problemática, con numerosas, digamos dificultades (estoy tratando de ser caritativo), pero también con numerosos dones. Podríamos decir que Corinto es como una especie de jardín tropical donde hay de todo (es la manera como yo imagino): flores hermosísimas, mariposas bellísimas, árboles robustos, pero también, serpientes venenosas, plagas, arañas ponzoñosas y alacranes. Corinto era como una explosión de vida, donde había de todo; y el trabajo de Pablo, era el trabajo como de un jardinero que tiene que decir: mira, por aquí sí, por aquí no; cuidado con esto, esto cultívenlo, esto cuídenlo, eviten esto. Pero son tantos los consejos y recomendaciones que tiene que darles San Pablo, que estos se han convertido en una bendición para nosotros. Es decir, nosotros cristianos del siglo XXI, salimos ganando; a nosotros nos ha aprovechado mucho que la comunidad de Corinto haya sido tan difícil, porque eso le obligo a San Pablo a abordar tantas y tantas cuestiones, y por lo tanto, a regalarnos torrentes y torrentes de doctrina bella, sana y santa. Por ejemplo, uno de los temas que él trata hacia el final de la carta, es el que ha aparecido el día de hoy: Pablo, así le pareciera absurdo a quien le pareciera absurdo, habla con claridad de la resurrección, pero, no solo de que Cristo ha resucitado. Si tu recuerdas, Pablo, cuando estuvo predicando en Atenas, recibió burlas, precisamente, por el tema de la resurrección; por allá, hacia la mitad del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos encontramos a Pablo predicando en Atenas, que se había enorgullecido de contar con las enseñanzas de grandes filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles, y entonces Pablo echa un discurso muy bonito, muy bello, pero, apenas llega al tema de que Cristo había resucitado, le sueltan la risa. Para los griegos era risible el tema de la resurrección; los corintios, sin embargo, habían avanzado en su fe, de hecho, tuvieron el beneficio de tener como predicador principal durante un año y medio, a San Pablo. Yo no me imagino lo que es tener a San Pablo un año y medio; ¡¿cuánto, cuánto bien pudo hacerles?! Pero durante ese año y medio, no alcanzó a resolver todo, y entonces, había gente que sí admitía la Resurrección de Cristo, y algunos que dudaban; otros que se preguntaban: “bueno, pero ¿cómo así que nosotros también vamos a resucitar? Eso es parte de la fe cristiana y católica; nosotros decimos en el Credo: “creemos en la resurrección de la carne, y la vida eterna”, y la resurrección de la carne, no es la resurrección de la carne de Cristo, esa ya sucedió; creemos que nosotros resucitaremos, y eso como que es, hasta cierto punto, más difícil de creer. Y lo que viene a afirmar San Pablo, es: “en el misterio de nuestra resurrección, hay una continuidad y una discontinuidad”. La continuidad significa, que ese que va a resucitar eres tú mismo, soy yo mismo; pero la discontinuidad es, no le pidas datos a tu imaginación, ningún programa de computador, ninguna simulación, nada ni nadie puede describirte qué es la Gloria de Dios habitando en un cuerpo humano. Y Pablo hace esta comparación, que a mí siempre me ha parecido absolutamente magistral: si tú has vivido encerrado en una habitación, nunca has visto árboles, nunca has visto ni por revista, ni por libro, ni por televisión, ni por internet lo que es un árbol, y te presentan una semilla, por ejemplo, de un árbol de naranja, y te dicen: “mira, de aquí salen las naranjas”, dime, ¿qué esfuerzo de imaginación te podría llevar a ti, desde una semilla hasta un árbol? ¿Tú con una semilla podrías imaginar lo que es un árbol? Si nunca has visto un árbol, no tienes manera de imaginarlo (cf. 1 Co 15,35-37.42-49). Entonces, propiamente lo que Pablo dice es: “callen esa imaginación, aplaquen esa imaginación y dejen que Dios sea Dios; sepan que Dios va a hacerlo, sepan que ustedes son llamados a eso; cultiven la gratitud, cultiven la alabanza, y sobre todo, cultiven la fe”. Pablo de Tarso, gracias.