Diferencia entre revisiones de «O222007a»

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(La salvación no se consigue simplemente estudiando y memorizando versículos de la Biblia, la Palabra divina puede salvar si realmente se convierte en criterio de vida.)
 
(Sin diferencias)

Revisión actual del 12:48 31 ago 2016

El Evangelio de hoy, está tomado de San Lucas en el capítulo cuarto: Cristo está en la sinagoga, eso no nos debe extrañar; pero en la misma sinagoga hay un hombre endemoniado, y esto sÍ nos debe extrañar (cf. Lc 4,31-37).

¿Qué hace un endemoniado en la sinagoga? Bueno, ¿qué era la sinagoga? La sinagoga era el lugar de reunión de los judíos para escuchar la Palabra de Dios y para hacer algunas oraciones compartidas, sobre todo, apoyándose en los Salmos. La sinagoga era el lugar de la oración, el lugar de la predicación, el lugar de la reflexión sobre la Palabra de Dios. Uno podría decir que ese no es el lugar más atractivo para un demonio; pero, precisamente, una de las enseñanzas que nos trae el pasaje de hoy, es que debemos conocer un poco mejor, cuáles son las estrategias del enemigo cuando se trata de buscar sus propios fines y propósitos.

Sabemos, por ejemplo, en el pasaje de las tentaciones, cómo ataco el demonio a Jesucristo, qué fue lo que utilizó principalmente, y seguramente lo recordamos: su estrategia principal fue tomar versículos de la Sagrada Escritura, como en el que el demonio condujo a Jesús a la parte más alta del Templo de Jerusalén, y le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra” (Lc 4, 9-11), y el demonio dijo esto, porque sabía que así estaba escrito en el salmo 91: “porque él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos. Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra” (11-12). Se ve que el demonio tenía bien estudiada la Sagrada Escritura, parece que tiene muy buena memoria para la Biblia, y por eso ataca a Jesucristo, usando la Biblia.

Por eso, también debemos entender que la presencia del endemoniado en la sinagoga, aunque sea solamente por una analogía, no tiene que extrañarnos tanto, porque parece que el demonio está muy interesado en la Biblia, en los estudios bíblicos. Y de aquí debemos sacar dos enseñanzas muy importantes: primera, la Biblia no es un libro mágico, es decir, el hecho de tener mucho conocimiento de la Biblia, el hecho de saber muchos versículos y de poder citar muchos textos, todavía no significa que tú seas salvo. Especialmente en el mundo cristiano no católico -es decir, el mundo protestante-, se ha afianzado una idea que yo llamo “casi una idea mágica sobre la Biblia": si yo conozco muchísimo de la Biblia, entonces, ahí está mi salvación; pero se ve que el demonio asiste a la sinagoga, y se ve que el demonio es capaz de retener en su memoria muchísimos textos de la Biblia. O sea, que no es el simple estudio de la Biblia, y no es la simple memorización de textos, lo que te va a dar la salvación; esa es la primera advertencia.

Entonces, ¿cuál es la segunda advertencia? Si no basta con estudiar, y no basta con memorizar, ¿qué es lo que realmente hace la obra? Que esa palabra que tú conoces, tenga poder sobre ti, eso es lo que hace la diferencia; cuando esa palabra se convierte en tu criterio de vida, es decir, cuando esa palabra realmente llega con calidad de Señor, a tu vida, entonces, esa es Palabra de Salvación. Hay un modo mucho más sencillo de decir esto, es: “obediencia”; el solo estudio de la Palabra Divina, el estudiar y estudiar la Palabra, todavía no es tu salvación; el conocer muchísimo, todavía no es tu salvación. Y por favor, atención que hay gente que hace muchos estudios bíblicos, pero, algunos de los grandes herejes, incluyendo personas como Martín Lutero, fueron personas que estudiaron mucho la Biblia. ¡No!, no basta eso; se trata de la obediencia: “la obediencia a la Palabra, y en la obediencia a esa Palabra Divina, entonces, sí está mi salvación”. Ciertamente, la obediencia a esa Palabra incluye reconocer que esa es la Palabra que crea a la comunidad, así como la comunidad es la guardiana de la Palabra. Pero, ¡qué digo yo “comunidad”!, hay una palabra mejor, es: “Iglesia"; la Iglesia es alimentada por la Palabra, pero la Iglesia, también custodia la Palabra Divina. Y solamente cuando la Iglesia está custodiando esa Palabra, y cuando la Iglesia está dando testimonio de esa Palabra, esa Palabra llega a tener verdadera autoridad en mí. Porque decir, como dicen los protestantes, “que cada uno entienda la Biblia a su manera” -es decir, el libre examen- y “que yo interprete solo la Biblia”, es un peligro terrible y es una fuente inagotable de errores, porque cuando yo interpreto la Biblia a mi acomodo, entonces yo le doy poder a esa parte de la Biblia que conviene con mi historia personal, con mis gustos, con mis preferencias, y lo demás, pues se pierde.

Quien habla de tener el libre examen, o el examen particular, o la interpretación privada de la Biblia, en realidad lo que está diciendo es: “yo no voy a obedecer a la Biblia, sino que yo voy a seguir lo que a mí me parezca”. Y ya vemos que cuando se estudia mucho la Biblia, pero no se obedece en realidad, esa no es fuente de salvación. Por eso la Biblia, solo puede ser entendida correctamente, dentro de la comunidad cristiana que a la vez se alimenta de la Biblia y es custodia de su sentido genuino: la Biblia en la Iglesia.